sábado, 2 de septiembre de 2017

Secesión en una placa de Petri

Una cosa muy buena que tiene Rallo es su capacidad para alborotar el gallinero. La calma chicha es tediosa, aburrida y nada provechoso se saca de ella, pero cuando el oleaje bate con fuerza contra las rocas el jugoso molusco prospera y a todos nos gustan los percebes. En esta ocasión el delicioso molusco es la perspectiva liberal de la secesión política. No podemos ignorar que el problema de la secesión política aparece en el origen mismo de la historia contemporánea de las ideas políticas y en no poca medida está relacionado también con el propio origen del liberalismo.

—Artículo doce: uno adquiere o abandona la nacionalidad a voluntad.
—Un momento, creo que tenemos que volver a empezar: no estamos hablando del club de petanca de Manolo.

Por resumirlo mucho se podría decir que Rallo está en contra del nacionalismo por ser una doctrina colectivista (con lo que ello implica en su dialéctica con el individualismo metodológico, que es la filosofía de partida de Rallo) y al mismo tiempo defiende el derecho a la secesión como fórmula pacífica para resolver un problema de lealtades de grupo (pacífica porque si la secesión es legal el delito de sedición no existiría). Mejor que le leáis vosotros y saquéis vuestras conclusiones. A este artículo le ha seguido una respuesta de José Carlos Rodríguez que trata de definir los límites del debate. Creo que el mismo artículo de Rallo ya apunta a que el separatismo catalán no aspira a resolver ninguno de los problemas de base relacionados con la separación, es más, los separatistas parecen dispuestos a fotocopiar las leyes españolas; en este sentido se trataría de una separación estética, una separación de querer mimitos.

En debates complejos como este yo recomiendo partir de definiciones comunes para saber de lo que estamos hablando. Esto es fundamental porque precisamente se están invocando conceptos altamente controvertidos (nación, pueblo, país, sociedad...). Si dos personas pronuncian la misma palabra pero están pensando en cosas distintas, el diálogo resultante es inútil. También podríamos ponernos de acuerdo en el nivel de cinismo del debate: yo podría zanjar cualquier discusión sobre el asunto mencionando que toda secesión es posible siempre y cuando se disponga del suficiente número de armas (es más, todo cambio político es posible disponiendo del suficiente número de armas). Luego está el asunto de los límites del debate y de las posiciones de partida consensuadas: creo que entre los partidarios de la libertad todos estamos de acuerdo en que en el momento en que una comunidad política se vuelve tiránica y no hay opción a cambiarla por vías pacíficas la rebelión es algo que se puede poner sobre la mesa (habría que definir qué es tiranía).

Presentada la cuestión, vamos al lío.

La forma


En mi opinión Rallo tiene un problema al plantear este asunto. Es más, este problema yo lo veo en otros muchos debates. Podemos llamarle excesivo academicismo o similar; y es que Rallo se aproxima a temas que tienen que ver con el pan cotidiano como el microbiólogo que se aproxima a una placa de Petri. Esta es una mala aproximación a cualquier debate público porque tu audiencia no tiene tus lecturas ni tus referencias y el mundo en que vivimos es rápìdo y hedonista: la gente quiere confirmaciones de sus ideas de forma inmediata y si no las obtiene o no te entiende, pasas a ser el enemigo. Como ya sabían los griegos antiguos los debates requieren de una parte de seducción. Hay algunos recursos muy manidos en la creación de un discurso seductor como las referencias cotidianas, el humor, etc. Esto tiene que ver con la forma, no con el fondo, pero la forma hoy es muy importante y comento esto porque ya he visto más de un comentario oligofrénico al artículo de Rallo.

Secesión individual

Esto que digo ya puede señalarse como una crítica a la postura de Rallo: esa aproximación "placa de Petri" se ve muy bien en una conclusión/sugerencia que aporta el economista: un derecho de secesión individual que mediante acuerdos voluntarios cree pequeñas comunidades en forma de enclaves y exclaves. Si vamos al mundo real tenemos evidencias de cómo funcionan las galaxias de enclaves en el mapa y pongo un ejemplo: la región fronteriza entre India y Bangldesh concentra el 80% de los enclaves y exclaves del mundo (vídeo). Ahí tenemos casitas que pertenecen a un país y que están rodeadas por una aldea de otro país que a su vez está rodeada por fincas del primer país. Pese a que estos países han firmado algunos acuerdos bilaterales ésta es una de las zonas con mayor economía sumergida del mundo donde grupos de "vigilantes" disparan a matar. No mola.

Luego está lo de la secesión política individual: que cada individuo sea una entidad política soberana. De esto no tenemos precedentes porque el concepto de soberanía por definición es inaplicable al individuo (es como mencionar la lluvia seca o la nación de naciones o la Scarlett Johansson fea, son conceptos absurdos por definición). Sí podríamos especular —haciendo un juego lógico— con la nacionalidad electiva: que cada persona en algún momento de su vida pueda elegir su nacionalidad igual que algunas (muy pocas) hacen con la religión o su equipo de fútbol favorito. De esto casi tenemos precedentes: en muchos países europeos los judíos históricamente formaron —o les hicieron formar, ejem— comunidades políticas separadas (el código de leyes que se les aplicaba era distinto al de la población general), ocurrió lo mismo con judíos y cristianos en el Imperio Otomano e incluso podemos forzar el ejemplo con las nacionalidades de origen en la antigua Yugoslavia (aquello acabó como acabó) o las sociedades de castas en China e India (en ninguno de estos casos uno podía elegir). En general no se puede decir que los precedentes históricos sean favorables a la posición de Rallo. Él mismo comenta que «las dificultades técnicas no deberían servir como excusa para institucionalizar el cercenamiento radical de la regulación del derecho individual de separación política». El problema que veo es que la palabra "dificultad" se queda muy corta. Placa de Petri.

Nación


Más allá de experimentos lógicos entretenidos, la diferencia sustancial que creo divide a muchos liberales (o que hace que muchos liberales miremos con recelo a los individualistas más radicales) la tenemos en la idea de nación. ¿Por qué? Porque la nación (hablo de nación política) tiene que ver con el universo de leyes que afectan al individuo y también tiene que ver con la importancia o no que tiene la historia y la organización del mundo.

El problema de partida es que al considerar a la nación una creación artificial es como si tuviera menos valor. Considerar la nación una mera agregación colectivista es algo que se queda corto debido a la importancia que tiene la nación en la forma que tenemos los humanos de organizar nuestro mundo. Es más, yo no acabo de comprender las críticas al colectivismo de la nación entre los liberales más individualistas: la nación política es de hecho el invento liberal por excelencia. Hace dos siglos los primeros liberales decían que esta tierra que pisamos no es la finca de ningún señor agraciado por Dios sino que pertenece a toda la población. Al sustituir la soberanía real por la soberanía nacional los liberales no inventaron de forma artificial los límites la nación sino que las fronteras del territorio ya venían en el paquete de la herencia histórica (lo que el filomat llama nación canónica. También recuerdo que en los debates constitucionales de Cádiz los liberales hablaban mucho de las cortes medievales y hasta de los visigodos: la nación no crece en los árboles). El invento de la nación política trajo de la mano la igualdad ante la ley, la prohibición de la censura, el derecho a un proceso debido... estas cosas no se pueden separar. Yo defiendo que es importante tener presente el peso de la historia. No somos seres atómicos en el espacio ni en nuestras relaciones y tampoco lo somos en el tiempo.

Las doce tablas fueron el segundo conjunto de tablas más famoso de la historia.
¿Estoy diciendo que las naciones son imperecederas e inmutables? No. Precisamente algo que solía venir con ese invento de la nación era la constitución: una norma fundamental sobre el resto de normas del ámbito soberano de la nación. En la constitución se pueden definir los mecanismos por los que la nación puede ser modificada. El mismo Rallo parafrasea a Albert Hirschman cuando dice que las disputas dentro del grupo pueden resolverse mediante la voz, la lealtad y la salida.

La constitución y la organización política más o menos representativa que suelen tener las naciones soberanas son la voz que resuelve los conflictos sin embargo Rallo defiende que la postura de partida del liberal es la de salida (formo parte de la nación mientras me convenga, de forma voluntaria). Esto es muy criticable porque el liberalismo no es posible sin representación política. Es decir, el liberalismo no niega la salida pero demanda la voz. Me preocupa la forma tan rápida con la que Rallo despacha la voz como resolución del conflicto para el liberal.

A partir de ahí el hilo argumental es que las constituciones exigen lealtad porque a todo nacional se le obliga a contribuir al destino histórico de la nación. Esto me cuesta seguirlo porque no creo que exista ningún destino histórico (excepto la colonización de la galaxia y la liberación de Constantinopla con cientos de fundíbulos, cosas que por cierto no estamos haciendo). También me cuesta seguirlo por otra razón: los contratos son vinculantes. Al ser nacional de un país tú tienes un contrato vinculante con el país, ese contrato no es tiránico porque tú puedes modificarlo e incluso si no logras modificarlo puedes hacer las maletas e irte a un sitio más acorde con tu forma de ver el mundo como Lesotho o Francia.

La alegría con la que uno puede formar parte de una nación o dejar de formar parte de una nación que defiende Rallo para mí es dificil de verla con la compañía del agua, ya no digamos con la nación que es la arquitectura política sobre la que se construyen las leyes.

El caso del separatismo catalán

Haine.
Una cosa que echo de menos mencionar es que la condición de nacional no depende de las opiniones sobre la nación. La nación depende de los leales y de los desleales (la libertad es complicada). Ninguna nación está formada exclusivamente por gente con banderitas (a no ser que que esté gobernada a punta de pistola). La crítica de Rallo a la secesión catalana tiene que ver con que esa secesión no busca el establecimiento de una comunidad política voluntaria sino un calco de la actual cárcel democrática y constitucional que es España.

Haine.
Yo creo que desde el liberalismo la crítica a la secesión catalana se puede hacer por la vía del cumplimiento del contrato, por la vía de la definición de la soberanía nacional, por la vía de las libertades civiles y por la vía de los derechos individuales (¡no son pocos hilos de los que tirar!). Efectivamente, como dice Rallo, el plan separatista no aspira a ganar mayores cotas de libertad y yo añado que incluso desea reducir esa libertad. Dicho esto, si se trata de un plan para reducir la libertad, desde el liberalismo la objeción al separatismo catalán tiene que partir de los principios fundamentales que compartimos todos los que más o menos somos partidarios de la ibertad. Es decir, incluso un liberal australiano debe oponerse a la secesión catalana porque esta reduciría la cantidad total de libertad que hay en el planeta. E incluso aunque no aspire a reducir la libertad (que no es el caso) si lo que quieren es mantener el mismo nivel de libertad, se trataría de crear otro estado. Oposición por principios.


1 comentario:

Fernando García Orza dijo...

Podría haberlo escrito yo mismo (si tuviera un blog).Muchas gracias.