viernes, 2 de diciembre de 2016

Cómo discutir con racistas

Hay un fenómeno curioso que se produce cuando mucha gente está de acuerdo en un tema: no sabemos si realmente está todo el mundo de acuerdo o si simplemente algunos deciden no discutir. Que las expresiones artísticas y los medios de información refuercen la apariencia de consenso tan solo logra que se oculten todavía más los armarios de la disensión.

Entonces un bendito día alguien abre la puerta de uno de esos armarios y se encuentra con una buena zorrera montada. Los que tenían fe en el poder del consenso se encuentran en un nuevo mundo para el que jamás nadie les había preparado.


Por ejemplo, ¿alguna vez habéis discutido contra un racista? Delante de un micrófono es dificil que alguien se reconozca como racista debido al ostracismo que eso implica y es curioso porque política basada en la identidad de grupo tenemos a espuertas y algunos hasta reciben homenajes. Pero no quiero detenerme en la política española donde ocurre lo que ocurría en la economía cubana: tú haces como que trabajas y yo hago como que te pago. Creo que los problemas más gordos siempre son los que están por venir y la nueva moda política suena a problema para aquellos que delante de un micrófono no nos definimos como racistas (lo de la retranca me lo voy a tener que mirar).

Si de forma aleatoria cogemos a un pepito y lo ponemos a discutir con un evangelizador racista delante de público, el pepito ganará la discusión siempre. Si les quitamos el público el pepito perderá el 90% de las veces. Esto que digo para el tema del racismo sirve para otros muchos temas: toros, aborto, eutanasia, religión en el cole, cámaras en las calles, etc.

Vivimos en una época en la que todo el mundo alberga opiniones y según el apego emocional de cada cual las opiniones serán más o menos fuertes. La mayoría de quienes están contra la tauromaquia no tiene una posición fuerte porque los toros solamente los ha visto por la tele y se la suda bastante el tema. La mayoría de quienes están contra el aborto sí tienen una posición fuerte ya que existe un vínculo emocional que tiene que ver con la moral por motivos religiosos o profesionales (los médicos que están contra el aborto suelen ser activistas). La lista sigue.

Lo que quiero decir con esto es que en España el racismo no es un tema de debate público porque existe un consenso aparente en su contra. Salvo cuatro ONG vinculadas con la inmigración, algunos católicos que van de misiones y grupos ultras que se entretienen con banderitas igual que se podían entretener con Dragones y Mazmorras, el 99% de la población es ajena al tema y si le preguntan tendrá una opinión contraria para que el encuestador le deje en paz. Y después de tirarme a la piscina escribiendo esto con la única ayuda de mi intuición comprobé en los barómetros del CIS que efectivamente el racismo no es considerado un problema por los españoles. Ok.

Aquí no hay ningún racista —paso por alto el asunto del establishment racista que gobierna alguna región de España— y el racismo no es un problema para nadie. Fin del asunto ¿no? Dejemos el tema como sabido y así el pepito que discuta con un evangelizador racista perderá. La gente no está preparada para discutir de racismo porque carece de argumentos, nunca se vio en la necesidad de discutir (podríamos hacer el mismo juego con el asunto del sistema representativo de gobierno, creo que el 90% de la población no tiene argumentos para defenderlo). Por su parte el evangelizador racista es un evangelizador, es un tipo que dedica parte de su tiempo todos los días de su vida a formarse para hacer proselitismo. Nuestro pepito no tiene ninguna oportunidad.

Discutir con un racista

La capitana Sam Cristoforetti de la Aeronautica Militare no sé si es mala aparcando, pero ha viajado al espacio más veces que tú.
Antes que nada está el impulso de llamar racista al racista para insultarle. En toda discusión, si comienzas insultando has perdido. Te quedas a gusto, no digo que no, pero has perdido. También hay que decir que hay racistas a los que que les llamen racista no les importa. Y luego están los sibilinos, los de la escuela progre, que te corregirán y te dirán que no son racistas sino un eufemismo extraño: racialistas, esencialistas, defensores de la biodiversidad humana, etc.

Hay que decir también que no todos los racistas son iguales. Están por ejemplo los nacionalistas negros como Malcolm X que abogaba por una nación independiente para los negros. El nacionalismo blanco es igual pero con los blancos y además tenemos la derivada del supremacismo que son los que consideran que los blancos deben tener una posición de dominio porque así lo dice su historia inventada, su particular dios, los marcianos o lo que creen que es la naturaleza.

Algunos ya os habéis percatado del primer error que he cometido: he asumido el discurso del enemigo desde el primer momento. He aceptado en el anterior párrafo que existen negros y blancos como grupos humanos diferenciados. La realidad es más compleja. Desde el punto de vista de las ciencias puras, hablar de razas del hombre es un error porque lo que existe son variaciones clinales. Efectivamente si tenemos delante a personas con muy diferentes colores en la piel los distinguimos como blancos, negros o chinos. Con dibujos se entiende mejor.

El error sería partir de esto:
En lugar de esto:

Desde el punto de vista exclusivamente científico se acabó el debate. Pero hay que reconocer que este no es desde hace cincuenta años un problema científico sino político y moral. Hay que partir por lo tanto de una situación ruandesa: hay hutus y tutsis, ¿por qué? Porque sí. Parece tonto y lo es pero esta es la base de toda política basada en la identidad de grupo.

Existe un riesgo muy grande a que el debate degenere en qué hacer o cómo comportarse con cada uno de los subgrupos. En ese momento has perdido el debate. Lo único que tiene que hacer el racista para ganar es que su interlocutor incluya entre sus argumentos la existencia de estos subgrupos. "No hay que tratar mal a los afro-seres humanos de color moreno", puede decir el antirracista progre de turno, a lo que el racista le responderá "no digo que haya que tratar mal a nadie". ¿Veis cómo es muy fácil perder? Pero esto es algo que sirve para cualquier debate: usar las palabras del enemigo es perder.

Hay ciertos asuntos en los que se puede poner al racista en un brete. Mi posición de partida, como véis, es una negación frontal de la base de su discurso: la construcción de esos subgrupos humanos es arbitraria. Hay datos más allá de la biología que avalan esto. En Estados Unidos existía la ley de la gota de sangre. Durante la segregación se consideraba negro a quien tuviera una gota de sangre negra. Hubo mucha gente muy blanca que fue legalmente considerada negra (graciosamente nadie propuso una ley de la gota de sangre blanca porque igual había que considerar al 80% de los negros americanos como blancos). Hay algunos estudios sobre la mezcla racial en los Estados Unidos que están cogiendo polvo divinamente.

El profesor Hawking no sé si es un incordio en un pasillo estrecho pero su teoría sobre los agujeros negros revolucionó nuestra forma de estudiar el universo.
Siguiendo la trituración de la división de grupos humanos de forma arbitraria tenemos que no sólo no está claro a qué subgrupo pertenece cada persona sino que tampoco sabemos qué grupos hay. En la época en la que no ser racista estaba mal visto (hace 80 años, que no es nada de tiempo: por muy modernos, cupcake, muffin, fibra óptica y cool que nos creamos todos. La generación de nuestros abuelos o bisabuelos vivía entre gorrinos y tuberculosis. Eso es ayer).

El padre Feijoo investigó el asunto en su monumental Teatro Crítico Universal, concretamente en su tomo séptimo (1736) investigaba el problema del color etiópico. El sacerdote ilustrado se preguntaba por qué los etíopes tenían un color oscuro en la piel y falsaba argumentos comunes de su época, la mayoría relacionados con la religión pero alguno relacionado con el clima y la geografía. Feijoo descartó un montón de argumentos —que hoy todavía circulan— y nos dejó alguna píldora que no está nada mal, como que las diferencias son más aparentes que otra cosa ya que un etíope criado en España era indistinguible en sus modales e inteligencia de cualquier español.

Esto es muy bonito porque tiene que ver con que el prejuicio racial es un fenómeno reciente que tiene su origen entre las clases humildes. Contra lo que se suele leer en las historias marxistas, el conflicto racial no es una invención de los poderosos para dividir a los explotados: ningún poderoso tiene problema alguno con que otro poderoso tenga otro tono de piel. Cuando los ingleses empiezan a tener esclavos en América, en época muy temprana ya aparecen dueños de esclavos sin ascendencia inglesa. En el sur de Estados Unidos había indios y negros dueños de esclavos. Con la revolución haitiana la nueva aristocracia negra hace otro tanto de lo mismo. Cuando dejamos de leer la historia como una lucha de clases aparecen cositas.

De la misma época es el Systema Naturae de Carlos Linneo. En esa obra que inaugura la taxonomía el sueco diferencia cuatro razas del hombre: la europea, la asiática, la africana y la americana. A cada una de estas razas le atribuye características físicas: los europeos son rubios, los americanos tienen pecas, los asiáticos tienen el pelo fosco y los africanos los labios gruesos y la nariz simiesca. No se queda contento y a las características físicas les añade el caracter. Los europeos son ingeniosos, los americanos son alegres, los asiáticos son severos y los africanos son perezosos. Toda taxonomía humana posterior tiene su base en esto y algunas de estas características se convertirán en prejuicios.

Viena, 1908.
Durante el siglo XIX a la gente le entran ganas de usar la ciencia para justificar sus actos ya que la Biblia había perdido una batalla contra la Revolución Francesa. Así, el mito bíblico de las razas del hombre (los hijos de Noé) es sustituido por la poligenesia: cada raza tiene un origen natural diferente en cada continente. Esto servirá para justificar la esclavitud. Hay que decir que ni mucho menos había consenso científico. Entre los antropólogos del XIX encontramos abolicionistas y no abolicionistas. Las siguientes décadas serán testigo de mucha gente que viene a hablar de su libro, con teorías tan científicas como mis zapatos (teorías rechazadas en la propia época).

En todo este camino de categorización de razas humanas la nota dominante es la arbitrariedad. Tenemos por ejemplo la clasificación de Hans Günter no ya de las razas humanas, sino de las razas europeas que fue usada en los libros de texto de la Alemania nazi: la nórdica (Alemania, Escocia y países escandinavos), la fálica (de Westfalia, jeje), la occidental (Inglaterra, Francia, Renania), la dinárica (Baviera, Alpes, Croacia), la oriental (Francia, Alpes, Italia) y la báltica oriental. En los libros de texto escolares cada una de estas razas venía con el dibujo de una calavera (algunas más redondas y otras más cuadradas). De estas razas unas son más pasionales, otras más honestas, etc, según le soplara el viento a Hans.

Varios autores tenían distintos modelos raciales de Europa y de Alemania y competían por ser los nazis más chispeantes del momento. El lío fue tal que la doctrina oficial pasó a considerar la raza alemana sin más fruslerías. Esta raza era la raza suprema y estaba por encima de las demás, con una jerarquía que clasificaba a los eslavos y gitanos como sub-humanos (y por tanto fuera de las razas humanas) y a los judíos los pintaban directamente como ratas (como en el éxito de crítica y público, Der ewige jude, El judío eterno). Este runrún terminó con el aseinato a escala industrial de millones de seres humanos en lo que conocemos como Holocausto.

En este punto el evangelizador racista dirá que él no es nazi y que no quiere matar a nadie, que sacas la tarjeta nazi porque no tienes argumentos. No sólo eso, además te dirá que si hay alguien en contra del genocidio es él y los que opinan como él ya que están en contra del genocidio contra la raza blanca que está teniendo lugar en los países donde aumenta la mezcla racial. Te hablará del invierno demográfico, de delitos cometidos por inmigrantes, del interés de las grandes corporaciones en aumentar la inmigración y de que a los políticos no les importas porque favorecen a los de fuera e imponen un clima (mediante televisión, cine y demás medios) en el que no se pueden discutir estas cosas. Un clima de discurso hegemónico que llaman "marxismo cultural" al que quieren que el resto del mundo les llame así.
Creo que en este punto del debate se produce una separación en función de si el no racista es progre o no. El progre dirá cosas como que todo el mundo tiene derecho infinito a todo, que la inquisición española mató a millones de indios en América, que la culpa de la inmigración (nótese "culpa" de la inmigración) la tiene el colonialismo, que las multinacionales que quieren ganar dinero producen pobreza y que este año no habrá función de Navidad en el colegio para no discriminar a los niños multirreligiosos humanos que se merecen todo nuestro respeto.

Insisto: eso de ahí es lo que contestaría el progre metafísico. Pero aquí no somos progres. Hay una historia muy bonita y poco explorada sobre los antifascistas no comunistas de antes de la guerra. El padre de la familia Von Trapp no parece un agente de Moscú pero lamentablemente, dinero de Moscú por medio, los intelectuales europeos, parte de los americanos y los movimientos sociales y artísticos fueron copados por tontos útiles. Poquito a poco los que merecían la pena fueron cayendo del guindo pero todavía quedan los rescoldos de relacionar fascismo con anticomunismo. Hace veinticinco siglos cualquier griego listo te desmontaba este silogismo pero hoy no hay filtros y la información se expande como balsa de aceite ya sea ésta veraz o degenerada.

Fotograma con 0% de comunismo.
Yo quiero que todo el mundo viaje libremente por todo el mundo. Que viaje, que estudie, que trabaje, que busque tesoros submarinos, que cace vampiros, etc. Que todo el mundo pueda entrar en la casa de todo el mundo e incluso apalancarse toda la vida en el sofá. Ahora bien, que antes llame a la puerta.

La evolución demográfica de Europa no es una crisis. Una crisis es algo de lo que se sale. El invierno demográfico es crónico y aunque se retomara la tasa de reemplazo habría una zanja temporal en la que se seguiría necesitando gente. La historia ha demostrado que los países que se cierran al mundo exterior se quedan atrás y tal como tenemos montado el sistema, incluso por egoísmo, necesitamos gente joven. Esta supuesta invasión peligrosísima es la excusa que lava la cara al prejuicio. El caso es que hay datos que faltan en este punto del debate: primero, la UE o Canadá no tienen una política de puertas abiertas. No es que sean el Reich australiano con sus discretos campos de concentración en Nauru, pero aquí no entra cualquiera de cualquier forma. Son miles los deportados cada año, ejército y policía pelean contra las mafias de tráfico de personas, tenemos normativas nacionales y europeas y esto no es Jauja.

En segundo lugar, el flujo de inmigración global no existe tan solo de África y Oriente Medio hacia Europa. En esa parte desconocida del mundo donde viven la inmensa mayoría de seres humanos también hay flujos de migración. No, no existe ninguna conspiración mundial que pretenda hacer más mestizos a los países de Europa Occidental, la causa de que tengamos esta inmigración y no inmigración malaya o sueca en todo caso es de la geografía: a las costas europeas las separa del continente afircano una lengua de agua (por cierto, ¿los moros son de raza mora? ¿Los afganos de ojos verdes también?).

Metidos en el asunto de la inmigración el asunto de las razas se diluye. Aunque existe una realimentación entre Estados Unidos y Europa sobre este tema me parece que hay que separarlos. La inmigración hispana (o española) a Estados Unidos es especial ya que junto a los descendientes de los nativos americanos que sobrevivieron al genocidio de los anglosajones (toma razas) ellos son la población original del oeste de Estados Unidos. No es que los hispanos crucen la frontera es que la frontera les cruzó a ellos, que es distinto. Volviendo a Europa, no se trata tanto de la diferencia racial sino de la religiosa, moral, educativa y de costumbres. Aquí la excusa para el prejuicio es que los moros tienen una religión diferente. Y esto te lo dice gente que sólo va a misa si después sabe que se puede emborrachar en una fiesta.

Wat Rong Khun es un templo budista e hinduista que hay en Tailandia.
Aquí entramos en el tema de la morisma. La de expertos en estudios coránicos que hay, Abu Bakr estaría orgulloso (bueno, en la época de Abu Bakr no existía el Corán. De hecho me gustaría saber si alguien en la batalla de Guadalete decía "Alá", porque para mí que la población cristiana del norte de África hablaba latín vulgar).

Si toda la información que te llega sobre el islam es a través de filtros prejuiciosos, toda la información que tendrás será prejuiciosa. Tenemos una tendencia natural a comparar las cosas que no se conocen con las cosas que se conocen y al islam se le atribuyen características del cristianismo. La relación más tonta que veo es la que se establece entre Corán y Biblia. "El Corán es el libro sagrado de los musulmanes igual que la Biblia lo es de los cristianos, pero los musulmanes radicales se lo toman al pie de la letra". No hay peor mentira que una medio verdad (o una estadística). El Corán no es solamente un libro religioso. El Corán es un libro de autoayuda, es un código de leyes, es un compendio de costumbres, es un manual para crear una sociedad que tuvo una utilidad práctica en su momento: cuando se compiló, el califato era tan heterogéneo y ya contaba con las experiencias de las primeras fitnas que lo que se buscaba era la homogeneización, el sometimiento de sectas y lealtades ajenas a la del califa. ¿Qué ocurrió? Que no cumplió exactamente su cometido ya que el sustrato de rencillas que existía en tan vasto territorio le ganó la partida. Así, desde época muy temprana aparecen en el islam diferentes ramas. Estas diferentes ramas no se parecen a las diferentes ramas del cristianismo (dejemos ya de comparar con el cristianismo, todas las sectas cristianas tienen el concepto de iglesia, un concepto que implica la intermediación de los hombres y por tanto su falibilidad, los musulmanes carecen de instituciones intermedias entre el hombre y dios y por lo tanto operan con el concepto de la infalibilidad. Bueno, en puridad los chiítas tienen instituciones intermedias).

Faltaría más que tuviera un problema con que se critique al islam. Mi problema aparece cuando se considera al islam un todo único y homogéneo. En otros escritos ya hablé del tema así que no me enrollo. Pero vamos, el islam, como toda doctrina, puede servir de excusa para cualquier cosa. Luego están los ibadis, que como no se meten con nadie, nadie habla de ellos y son religión oficial en la única monarquía absoluta que sigue existiendo sobre la Tierra. Y los drusos, que tradicionalmente fueron considerados musulmanes hasta que un califa egipcio decidió que no e intentó matarlos a todos (hoy sirven en el ejército israelí, ya que con el Líbano es el único país de la zona que no los persigue). Lo que predomina en la historia del islam, aparte del secuestro de esclavas cristianas, son los conflictos internos. El secular conflicto turco-árabe nunca les ayudó a desarrollarse (occidentalizarse) y tras la descolonización de posguerra nos encontramos a vendedores de camellos con armas automáticas. ¡Buen trabajo, islam!

Supongo que el prejuicio y odio a lo foráneo no se limita a lo religioso, el problema es que sus costumbres son árabes. Al racista se le podría decir que hay cristianos que rezan el Padrenuestro en árabe antes de que su aldea levantara la primera ermita. La Iglesia Católica Oriental, con sede en el Líbano, utiliza el árabe para la liturgia y está en plena comunión con Roma. Estas pequeñas cosas no se conocen si uno no sale de su burbujita endogámica.

La curva de Bell

Alejandro Dumas, no se si escuchaba rap pero escribió libros de aventuras que se siguen leyendo doscientos años después.
Si tenéis mala suerte y os toca debatir con un racista del subgrupo pesado, os lanzará a la cara estadísticas de inteligencia por razas. En concreto os tratará de llevar a su terreno anticatólico (con perdón) con alguna obra derivada del libro de 1994 "La curva de Bell". Este polémico libro se trata de un estudio de inteligencia que retomó para la prensa y el público general lo que para la ciencia es un obsoleto debate entre caracteres adquiridos o innatos. En él, los negros americanos puntuaban peor en inteligencia que los americanos de piel blanca o rosadita. El problema de las estadísticas es que puedes formular las preguntas para tener los resultados que quieras. El libro ha sido descartado por los gurús científicos docenas de veces (e incluso a veces con críticas tan manipulativas como el propio libro). Me parece muy curioso que sigan usando esto para justificar la separación racial porque conocemos la epigenética desde bastante antes de la aparición del libro. Y de aquí saltamos a los Países Bajos, en el invierno de 1944. :)

Hongerwinter

Holanda era uno de esos países que los nazis ocuparon de forma blandita, como Dinamarca, pero cuando los ejércitos de la democracia avanzaron hacia sus fronteras los holandeses empezaron a pasarlas todavía más canutas. La operación Market Garden pretendía ser un movimiento audaz que liberara los puertos del país para las tropas británicas y para llevar a cabo el plan, los sindicatos de transporte holandeses se pusieron en huelga para perjudicar la defensa alemana. Los ingleses fallaron y los alemanes se vengaron de los holandeses imponiendo un embargo a los transportes de comida. A esto se le sumaba que los alemanes inundaban los campos de labranza abriendo las esclusas de los estuarios para empantanar el avance aliado. Se calcula que durante aquel invierno de 1944 murieron casi 20.000 holandeses de hambre. Y los que no morían estaban en condiciones de malnutrición severa.

La hambruna fue tal que sus efectos se siguieron viendo varias generaciones después. De hecho, daba la casualidad de que Holanda era un sitio donde había muchos investigadores y médicos que de forma abrupta cayó a niveles calóricos peores que los del Tercer Mundo y por tanto tenemos muchos datos y mucho seguimiento de los efectos de esa hambruna. No solamente los niños que nacieron aquel invierno tuvieron problemas de salud, sino menores tallas y lo que es más desopilante, sus hijos también tuvieron menores tallas. Factores medioambientales determinan la expresión genética. Oh, sielos Leonsio.


El Dr. Daniel Hal Williams, no sé si comía sandías pero fue pionero en la cirugía del pericardio en el Chicago de finales del XIX.
El argumento que más me gusta

A pesar de todo lo dicho el argumento que más me gusta es uno que está emparentado con la Ley de los Grandes Números. Veréis: podemos dividir a la humanidad en distintos grandes subgrupos basados en diferencias arbitrarias que siempre se encontrarán más diferencias intragrupo que intergrupo. Bum.

Por último está el argumento egoísta que tiene que ver con el trasplante de órganos y la donación de sangre. Bum, bum.


Continuar leyendo...

sábado, 26 de noviembre de 2016

Fidel y el bobo

Murió, sí, pero en la cama. El sentimiento agridulce que provoca la muerte del tirano tropical por excelencia es fácilmente explicable para todos los que defendemos cierta idea de dignidad humana: por una parte el mundo se libra de un personaje abyecto, un tirano inspirador de tiranos, el creador de la prisión más grande del mundo, un militarote con ínfulas que instituyó el modelo de tiranía que le robó el siglo XX a todos nuestros compatriotas del otro lado del mar; este alivio no compensa la decepción que provoca pensar que no hubo un Nuremberg para Castro. El tirano homicida no se sentó ante un tribunal ni respondió ante sus innumerables crímenes. Se trata de una derrota para los buenos pero no perdamos la esperanza: todavía existe la oportunidad de sentar en el banquillo —y esperemos que llevar al patíbulo— a muchos de sus compinches, a la pestilente gerontocracia y a sus acólitos que todavía hoy, casi 60 años después del rapto de Cuba, siguen pisando esa tierra como si fuera de su propiedad.


Murió Castro y se comprende el lamento de su camarilla. Lo que no se comprende es el lamento del bobo —bourgeois bohème— del primer mundo. El bobo del mundo desarrollado que disfruta de una libertad ganada en los campos de batalla europeos se lamenta de la idea utópica, del referente histórico, de la excusa de mal pagador. Es dificil que una dictadura comunista dure tanto tiempo sin el apoyo de la opinión pública que la justifica a miles de kilómetros de distancia, en la seguridad de sus hogares democráticos y en la abundancia de sus economías capitalistas. Sudán, Yemén del Sur o Camboya no duraron demasiado porque el bobo no sabía ubicarlos en el mapa. Cuba, la China Roja o Rusia duran demasiado porque siempre hay quien está dispuesto a ser contemporizador con el dolor que no sufre en propia carne.

Fenómeno extraño que escapa a la comprensión incluso de los ideólogos más chiflados del comunismo: la mejor arma del comunismo no son los kalashnikov o la arbitrariedad de su proceder, sino el bobo de la adversativa. "Hicieron cosas malas, pero". En una de las películas del Planeta de los Simios decían que la palabra más poderosa era "no", quizás la palabra más poderosa sea "pero". Échale cualquier cosa encima a un pero y se lo tragará, lo destrozará entre sus fauces, los masticará  y te lo escupirá a la cara en forma de despojo sanguinolento para a continuación ladrarte y cubrirte de babas (vaya, lo que hace una adversativa se parece mucho a lo que hace el comunismo).


Hay un proceso mental en el bobo que me resulta especialmente repugnante: el de la atracción por lo exótico o por lo que ellos, en su microplaneta sin oxígeno, creen que es exótico. Sucede con la comida, con el turismo, con las dictaduras homicidas, con la música, $c. Es como si se tratara de una ética personal fundamentada en el relativismo. La contemporización, la tolerancia entendida como vasallaje, la fascinación por lo ajeno y la repulsión por lo propio. El mismo proceso mental que opera al ignorar las denuncias del lamentable estado insalubre de la sanidad cubana o del ínfimo nivel académico de lo que llaman sistema educativo opera en el bobo cuando prefiere ir a Puket de vacaciones antes que a Soria.

Hago un necesario paréntesis para las víctimas de la LOGSE, analfabetos funcionales, ofendiditos de guardia y demás gente que vive aterrorizada: no digo que no vayas a Puket o que no comas una porquería como el chukrut, lo que digo es que si puedes ir a Puket, seguro que puedes ir a Soria y si no lo haces por algún motivo mágico/ideológico/incognoscible no te me acerques. Ve, sal a correr desnudo por la jungla como un animal o quema alguna biblioteca, que es lo tuyo.


Continúo. La fascinación del bobo por la llamada revolución cubana es similar a la que ejerció la propaganda soviética entre los intelectuales europeos y americanos. Como sucede hoy con los reportajes que vemos de Corea del Norte, estas dictaduras son capaces de controlar todo el entorno al que se expone el visitante foráneo que dependiendo de su credulidad y juicio puede aceptar o no la versión que le cuentan unos tipos armados (toda la historia del comunismo siempre se reduce a unos tipos con pistola que se dedican, como decía Orwell, a aplastar con una bota militar un rostro humano durante toda la eternidad).

Es evidente que el diputado (¿o era senador?) socialista español de turno que va a Cuba a violar niños no está interesado en visitar el ala psiquiátrica de un hospital. Los testimonios de gente detenida arbitrariamente que nos hablan de insufribles sesiones de electroshocks y que debido al caracter arbitrario del sistema son incapaces de aportar pruebas documentales son tan espeluznantes e increíbles que mejor no atragantar a la gente que está cenando a la hora del noticiario.


Y qué me decís de esos individuos incapaces de destacar en nada que no sea hablar de sí mismos, conocidos por el efuemismo de estrellas mediáticas, que mientras disfrutan de lujos inimaginables para el cubano común prefieren no preguntar de dónde salen esas frutas tropicales del desayuno. Yo no quiero que se atragante ningún actor español "comprometido" o ningún reporter Tribulete que va a contarnos que el líder de una narcodictadura como Castro y el deportista de fama mundial por ser deportista y cocainómano son amiguitos. Casi prefiero que nadie les diga cómo sacan en plena noche a gente de sus casas, las suben en camiones y, si no mueren en accidente de tráfico por el camino, se pasan semanas en la cosecha. De los efectos del trabajo duro a pleno sol combinado con insalubridad generalizada y carencia de una dieta e hidratación básicas ni hablo.

La "ignorancia elegida" de los bobos que hemos visto durante décadas en Cuba —y que seguimos viendo a juzgar por los emotivos obituarios que le dedican quienes no sufren tortura o persecución— se entiende mejor desde el comienzo de este siglo (eso de "comprender" al terrorismo islamista). El fenómeno hasta tiene nombre: izquierda regresiva o reaccionaria. Llenarse la boca pontificando sobre derechos en el mullido y acogedor occidente civilizado y soltar grititos a lo Flanders cada vez que alguien les corta el rollo es lo que les identifica. Ahora bien, su exigencia de derechos acaba justo en el limes que nos protege. Se pueden denunciar los abusos contra lo que llaman derechos humanos siempre y cuando el criminal no esté protegido por ciertos arcanos mágicos. Da igual si en dos países de mierda dos tiranos hacen milimétricamente las mismas cosas, en función de las palabras que digan o de los símbolos que empleen, nuestros bobos o nuestra izquierda regresiva elevarán a uno a los altares y condenarán al otro.

¿Dictador portugués? Malo. ¿Dictador cubano? Bueno. ¿Dictadores griegos? Malos. ¿Dictador venezolano? Bueno. Que la mayoría haya hecho exactamente las mismas cosas es lo de menos para nuestros cabezas de chorlito. Sustituyeron la misa por otras cosas pero la liturgia y la oración siguen siendo importantes. Ser acólito de la Iglesia de la Izquierda Reaccionaria es el primer paso para entrar en ese paraíso que es tener reconocimiento público por parte de un público que desconoce qué es el reconocimiento y para salir en las portadas de las revistas de moda del momento, que es algo así como que el cura te nombre en misa.




Continuar leyendo...

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo