domingo, 19 de octubre de 2014

La navaja de Ockham celta

En ocasiones visito los sitios web en los que los idealistas esencialistas dejan sus deposiciones acerca de ese invento alemán de la "Kultur". Hago doble combo cuando tales monumentos al horror premoderno los encuentro en páginas relacionadas con colectivos que afirman ser marxistas-leninistas. Tal contradicción de términos nos asegura entretenimiento, pues son lo mismo que visitar páginas de negros del KKK. No me digáis que no tiene su gracia.

¿Os acordáis de esta película? Pues ese es el cacao del que hablo.
Pues bien, la sección de Kultur del órgano de propaganda de la Unión do Povo (sic) Galego (lo que viene siendo el BNG) nunca defrauda. Si no estuvieran todos completamente chiflados, hasta me quitaría el sombrero reconociendo el esfuerzo que supone tratar de hacer real lo que no existe y sus intentos infatigables por que la historia que escribieron algunos que no sabían historia en el siglo XIX, se convierta en la historia oficial de lo que ocurrió siglos atrás en el territorio que rodea el lugar donde guardo mis juguetes y mis mortadelos, es decir, Galicia.

No falla: tema aleatorio que eligen, tema en el que se inventan lo que les da la gana. Es enfermizo. Todo está mal. Todo lo dicen al revés. Todo lo pasan por una centrifugadora idealista por la que se supone que existe un espíritu colectivo que emana del suelo en cierta parte de la superficie terrestre que coincide con la parte que quieren dominar mediante la miseria, la ignorancia y la comida vegana. Si al menos se tratara de gente que ha leído a Knut Hamsun uno lo entendería, pero no, se dicen comunistas: aquí vale todo. La confusión no es buscada pero entiendo que es el resultado de la ignorancia de su propia filosofía política. O puede que sea tan solo una mera pose estética. Igual se dicen comunistas por tener esa palabra un poso romántico. La gran desgracia del siglo XX es que no hubo un Nuremberg para la Unión Soviética.

Bueno, pues lo de hoy lo firma Felipe Senén López y va sobre la tipografía gallega.  El mismo artículo aparece en La Opinión de A Coruña, del Grupo Prensa Ibérica, porque qué más da, suena a Kultur y debe haber una cuota de Kultur aunque sea propaganda de la UPG.

Hay algún detalle gracioso en el artículo como cuando dice que Castelao «bebió de las "Fontis Galleciae"». Supongo que la frase es un inocente latinismo para referirse a la historiografía gallega, pero me temo que está ahí puesta para hacer creer al lector que existe algo llamado "Fontis Galleciae". No, no existe. Y poner eso ahí, sabiendo que la gente sabe poco o nada de historia da lugar a errores.

El autor explica cómo Castelao se inventa una tipografía para poner en las portadas de sus libros. Castelao fue —entre otras cosas— dibujante, y me parece estupendo que diseñara letras. Para alguien mentalmente equilibrado aquí acabaría el artículo. Pero no. Hay que hurgar y hay que pasarlo todo por la batidora del irracionalismo telúrico, de las hadas y de los trasgos.

Ejemplo de la milenaria tipografía diseñada por Castelao hace menos de cien años.
El autor se queja amargamente de que las campañas de márketing que quieren evocar a Galicia no empleen esa tipografía, sino una basada en la tipografía gaélica de la que, según él, «desde antiguo presumen irlandeses y escoceses». Uf.

La famosa tipografía gaélica es un invento moderno de los ingleses.

Como la falda escocesa, ya que estamos.

Tipografía gaélica, uno de tantos inventos ingleses, como el genocidio de Tasmania.
Claro, estas cosas las dices y nadie te cree porque el relato mítico de la historia inventada está marcado a fuego. Y una muestra de ese proceso de estupidización de la sociedad lo vemos en la decisión del diario La Opinión de reproducir el panfleto que tenemos ante nosotros. No hay criterio porque la gente ya parte de una base viciada. El jefe de redacción de La Opinión no es el demonio, es alguien simplemente sin tiempo ni ganas para hacer bien su trabajo. Y los interesados en la estupidización de la población están de enhorabuena.

La famosa tipografía gaélica es evolución de la tipografía uncial del Bajo Imperio Romano (a estos casi les molesta lo mismo que les hables de Roma que de Ronald Reagan, ¡están chiflados!). La variante gaélica fue la tipografía empleada por los ingleses tras la Reforma Protestante para convertir a la católica Irlanda a la nueva Iglesia de Inglaterra.

No me olvido de la falda escocesa. En este caso hasta sabemos quién fue su inventor: Thomas Rawlinson, un cuáquero inglés del siglo XVIII.

Es como si fueran en moto.
Yo recomendaría hacer uso de una variante de la navaja de Ockham cuando la gente hable de historia. Mi recomendación es poner en cuarentena todo lo que tenga que ver o suene a celta. Sin justificación detallada, probablemente sea mentira que esa costumbre, esa fiesta, ese instrumento musical o esa palabra tenga un origen celta. Si salimos de Francia las probabilidades tienden a cero con más fuerza todavía.

Y lo más gracioso es que todo lo que se supone celta (en serio, los historiadores de finales del XIX sabían tanta historia como mis zapatos) es en realidad romano. O casi todo. ¿La gaita? Una bonita modificación de la cornamusa que los romanos trajeron de oriente. Es que no falla. Y advierto cierta ironía en esto: para los historiadores gallegos de hace cien años (en quienes se basan los historiadores nacionalistas actuales porque ¡fiesta, drogas!), Roma era el enemigo. Existe un relato histórico inventado en el que se supone que los celtas se enfrentan a la dominación romana. El testimonio arqueológico de los castros (del que hoy conocemos más que hace cien años), indica que en el Bajo Imperio quienes vivían en los castros era población romana (incluso en la fabulosa "época sueva" había castros donde seguía viviendo gente).

Yo no quiero alarmar a nadie, pero la lorica segmentata es el tipo de armadura que uno diseñaría si combate a... vampiros. ¿Dónde están mis películas y mis libros sobre vampiros en la Antigua Roma? Dadme ese material.
Es más, una de las cosas curiosas que por culpa de los inventores de la historia no es muy conocida es que cuando "cae" el Imperio Romano de Occidente, ciudades como Lugo estaban en su apogeo y los puertos de Galicia continuaban siendo escala comercial de las rutas marítimas entre el Mediterráneo y el Norte. Pero ese relato está prohibido por la historia nacionalista porque Roma era la "mala". Igual que está prohibido hablar del uso (escrito) del gallego durante los "Siglos Oscuros". Evidentemente se siguió escribiendo en gallego y evidentemente tenemos pruebas de ello. Pero está prohibido hablar de ello porque estropea el relato de la "doma y castración" (sintagma a su vez inventado por Castelao, por cierto, y que hoy todos los niños de Galicia tienen obligación de aprender aunque sea más falso que un duro de cuatro pesetas).

Y lo horroroso del tema es que esta historia inventada en la que hay "buenos" y "malos" es patrocinada por quienes dicen "defender Galicia" o "querer a Galicia". Anda ya. Uno no ama a su tierra inventándose falsedades sobre los hechos del pasado. La historia real es tan rica que hace innecesario inventarse una distinta.

Puede que exponer estos temas sea una pérdida de tiempo viendo cómo Felipe Senén López termina su artículo: «darle vueltas a nuestra historia y sobre ella hacer una nueva, pero con buen hacer y marca de origen, con ética y estética". No engañan a nadie: quieren hacer una nueva historia, como los malos de 1984.


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sábado, 18 de octubre de 2014

Notas federales

El Título VIII de la Constitución que habla de la organización territorial del Estado (en puridad sería de la organización política del Estado, pues la organización territorial dependería Fomento y del Instituto Geográfico Nacional) es la piedra clave de uno de los problemas básicos de la política española tras las transferencias competenciales de la primera legislatura de Aznar (Pacto del Majestic, etc).

Mira, las dos Españas.
Sorprende que contra el hecho demostrado de que al PSOE le resulta más fácil pactar con grupos separatistas, fue el PP de Aznar el que propició que estos grupúsculos le sacaran todo el partido posible a los artículos 149.3 y 150, artículos que vienen a decir que el Estado puede transferir a una Comunidad Autónoma lo que sea.

Si a esta transferencia infinita le añadimos la presencia de grupos separatistas en el Congreso, que no pocas veces son necesarios para la formación de gobiernos o para la aprobación de presupuestos —y recordemos que aquí mama igual el PP que el PSOE—, el número de consecuencias imprevistas y su gravedad se hacen evidentes para todos.

Una vez identificados los dos factores que mediante la costumbre política entran en conflicto con los artículos 138 y 139 (referidos a igualdad y contra los privilegios), lo más inmediato es impedir la existencia de al menos uno de los dos. O de los dos.

Por una parte está la limitación de las transferencias. El modo más directo es mediante la supresión o modificación de los artículos 149.3 («Las materias no atribuidas expresamente al Estado por esta Constitución podrán corresponder a las Comunidades Autónomas...») y 150 («El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación»).

Por otra parte está el impedir que partidos separatistas se presenten a elecciones a Cortes Generales. Esto último es más dificil que una reforma constitucional, pues hecha la ley hecha la trampa: si por ejemplo una hipotética nueva ley de partidos exige que a las elecciones sólo se pueden presentar candidaturas con listas en un mínimo de 40 provincias, nada impediría a los separatistas formar coaliciones amplias con vecinos de Teruel y Albacete. Los suicidas abundan y la necesidad ayuda. Supongo que expertos en sistemas electorales y en Derecho Constitucional podrían pulir una ley de partidos funcional que impidiera la presencia de grupos que abogan por la desaparición de la Constitución y del Estado, pero la prudencia nos avisa de que el número de imprevistos y externalidades negativas puede superar al de beneficios. Y también está el otro problema: puede que exista algún grupo regionalista o de ámbito regional que no tiene por qué pagar los pecados del padre. Complicado.

Otras dos Españas.
Por estas razones yo me centraría en principio por una lista cerrada de competencias susceptibles de ser transferidas. Esto le quitaría flexibilidad a la Constitución y a la política futura, pero que del futuro se encarguen otros.

Naturalmente la consagración de la igualdad entre todos los ciudadanos (uno de los preciosos regalos que el liberalismo le hizo a la humanidad) exige que la calidad de las competencias transferibles sea la misma en todos los territorios autónomos (con las limitaciones consabidas de por ejemplo tener salvamento marítimo en Extremadura). Esta igualdad de competencias puede recibir el nombre de Carmelita o de Principio Federal. Elegid el que más os guste.

Un primer rechazo argumentado al Principio Federal se nos aparece por la definición aceptada de federalismo. En efecto, como dicen sus detractores, el federalismo es una forma de organización política que apunta a la unión de lo que previamente está desunido. En España no existen partes desunidas que se puedan unir (salvo quizás Gibraltar). La nación política de la que hablamos está ya existiendo y está ya unida por lo que para adquirir la forma federativa habría que fragmentarla. Como es estúpido romper un jarrón para pegarlo (estúpido pero entretenido, ojo), en puridad el federalismo es imposible para España. Otro tema es ir más allá y hablar de la federación con otra nación política como puede ser Portugal o Malasia.

¿Qué es federalismo?, dices mientras clavas en mi pupila tu cruz de hierro.
De todo esto resulta que el federalismo es imposible en España. Pero no así el Principio Federal, es decir, el principio que garantiza la igualdad y el fin de los privilegios (llamados "derechos históricos" en algunas partes). Un Estado de las Autonomías con iguales competencias para todas e igual sistema de financiación sería esencialmente un sistema federal aunque su origen no sería federativo. Dándole una patada al diccionario podríamos llamar a esta cosa Estado Federal. Cosas peores se han visto, como llamar intelectual a Juan Manuel de Prada, periódico a El País, democracia a Venezuela o liberal al PP.

Hasta aquí tan solo van los cimientos y la estética de trazo grueso. Lo más básico es asegurar la igualdad entre todos: que un señor de murcia pueda ejercer la coyunda en cualquier parte del país con una señorita francesa igual que si estuviera en pleno centro de Alcantarilla. Que en todas partes se sienta como en casa y que sea tratado tan bien o tan mal como entre los vecinos de los que huye con su amante.

La chicha de este tema no es cómo llamarle al sistema sino cómo pagar pensiones, libros de texto, sillas de ruedas y residencias de ancianos (pongo ejemplos gráficos en aras de explicarme, no voy a entrar en posicionarme sobre cómo pagar estas cosas). Como en toda zona económica compartida, dentro de España existen notables diferencias de rentas, precios y nivel de vida. El Principio Federal no puede marcarse como objetivo una igualación de estos medidores (eso sería cosa de la izquierda el día que deje de hablar de osos polares y de homeopatía), sino tan solo garantizar la misma asistencia por parte de la administración. El ejemplo básico es la tarjeta sanitaria, pero también cursos de adaptación al idioma local en caso de haber varios idiomas en un sitio (por ejemplo, el alemán en Mallorca). Los territorios deberían contar con los recursos para garantizar la igualdad de trato de la que hablamos.

Cambiar de perspectiva aporta otro punto de vista al problema (en la imagen, los idiomas más hablados de China).
¿Y cómo poder costear estos servicios que difieren de un sitio a otro? Lo más inmediato que se me ocurre es que haya un conjunto mínimo de servicios garantizados por el estado central. Por lo tanto inmediatamente tenemos la necesidad de que haya tasas o impuestos que recaude el estado central. A partir de ahí, y sin desbordar el marco competencial, tus vicios te los pagas tú... ay mamita, en el momento en que el lendacari gallego tenga que elegir entre pagar unos nuevos herderianos Premios Castelao o subvencionar el alquiler de sillas de ruedas, dejaremos de aguantar lagrimones y hablaremos de política. Porque la política, el debate político, amigos, es inexistente en los actuales parlamentos autonómicos. Las actuales autonomías son como jugar al Sim City con el truco del dinero infinito (con la horrible salvedad de que existen consecuencias: les estamos pidiendo dinero prestado a nuestros nietos, lo que en cualquier hogar que se digne de cristiano es una absoluta y total guarrada).

A su vez, que una autonomía tenga que pagarse sus vicios y por tanto tenga mayor libertad en establecer una política fiscal lleva aparejada otra cosa que a no pocos liberales nos gusta que es la competencia fiscal. Si en un sitio pago más impuestos que en otro, pero es donde están enterrados mis antepasados, no me moveré, pero otras personas puede que valoren el trasladarse. Libertad.

Evidentemente para que la competencia fiscal funcione (y que la gente vote con los pies), no puede haber ningún tipo de freno ni cortapisa al traslado. Fronteras abiertas, unidad de mercado (hum, esto mola, nuevamente huele a libertad). Esto es parte de lo que ahora hace la Unión Europea y que no tenemos garantizado dentro de España. No es de recibo que nos sea más fácil establecernos en Roma que en Bilbao. Hay un problema ahí que con este Principio Federal pretendo cuestionar.

¿Derechos histyóricos, anyone?

Resistencias al cambio

Hay dos posiciones políticas que ofrecen resistencias a este cambio federalista. Una es la que tiene que ver con las ansias centralistas (sigue pareciéndome curioso que más gente quiera acabar con las autonomías que con los ayuntamientos) y otra es la que tiene que ver con las reinas del baile.

Tengo una buena noticia para los centralistas: el federalismo, tal como lo expongo, no choca contra su interés principal de mantener unido al país y además resuelve una de sus preocupaciones clave: la igualdad ante la ley (ejemplo: trasladas tu fábrica de chorizos de Cataluña a Andalucía y en 5 minutos debes estar ya produciendo: los permisos aprobados en una autonomía tienen efecto inmediato en otra). Otra de sus preocupaciones tiene que ver con el "gasto suntuario": banderas y parlamentos. Ese gasto es inevitable pero limitable: cada uno se lo paga de su bolsillo. Si hay una autonomía que gasta en eso cinco euros y su gobierno se reúne en un garaje, bienvenido sea.

Lo de las reinas del baile es más complicado. Hay gente que sufre mucho si pasan dos minutos sin que se hable de ellos. Los monotemáticos pesados que están todo el día con la bandera, la boina, la historia inventada, la raza, la identidad, la lengua, la Kultur y que acentúan en todo momento y lugar la diferencia de las pequeñas cosas.

—Es que en mi pueblo sacamos la procesión el Jueves Santo y en el de al lado el Viernes Santo y eso es IM-POR-TAN-TÍ-SI-MO.
—Mira que eres pesado.

Creo que estas reinonas, cuyas aspiraciones estarían colmadas por un pase en los carnavales de Las Palmas, son a quienes más les perjudicaría una reforma de carácter federalista en los términos aquí presentados. Si vienen de un lugar "rico", una mayor autonomía fiscal les quitaría argumentos para decir que gnomos malvados de la calle Alcalá les roban (?). Si vienen de un lugar "pobre", la autonomía fiscal les quitaría el argumento de que viven en una colonia (?). Si vienen de Castilla y León, que se lo hagan mirar.

Nacionalismo en plena acción: «miradme, miradme, miradmeee».
Sí, ya sé. Non me lo digáis. Sé que son impenetrables a cualquier argumento razonable. Pero al menos la gente podría observar por qué en un lugar se tarda veinte años en hacer un metro y en otro cuatro: o sillas de ruedas o festivales herderianos, o bajadas de impuestos o tricentenari. Y tienes que elegir porque las transferencias del estado central se limitarían a poco más que lograr que los ancianos no mueran de frío en su casas y a pagar los sueldos de la Guardia Civil. Ya sabéis, Estado Mínimo: impedir que la gente muera en la calle y tener bonitos cazas de combate.

Otra resistencia que no tengo bien identificada podría venir del propio Estado central. El Estado central es hoy una cosa que está funcionando y que se mueve en un medioambiente de decisiones políticas. ¿Cómo lograr que un gobierno central decida deshacerse de competencias o asumir nuevas competencias? También ahí se formaría toda una nueva serie de resistencias. Por sí mismo el Principio Federal no dice a qué se debe de dedicar el Estado. Yo en mi ejemplo lo trato como un Estado Mínimo (teniendo en cuenta que estamos donde estamos y no en Singapur), pero el tiro me podría salir por la culata. Es lo que tiene pensar como republicano y aceptar decisiones con las que no estoy de acuerdo (y al mismo tiempo que otros acepten decisiones con las que sí estoy de acuerdo, cosa que mola. Ganar mola).

En fin, esto es parte de un debate más largo. Un debate transversal que seguirá en la política española durante al menos esta generación. Pero un debate que creo que puede terminarse. Si queremos que termine, claro, porque no hay cosa que más guste al demonio que entretener, repetir y vuelta a empezar.

«Aquí a nuestro alcance están los siglos dorados de la paz»:



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