lunes, 11 de diciembre de 2017

El odio histórico de ERC contra la democracia española

En los últimos dos siglos siempre que en España surgen ideas de libertad, de aflojar la maroma, de aumentar el oxígeno, surgen a su vez los cerriles partidarios del reverso tenebroso. El irredentismo, común a toda Europa, adopta en España un cariz especialmente reaccionario tal vez por la influencia que ha tenido la Iglesia históricamente o por el desmedido poder de las élites locales que pusieron muy dificil siempre los esfuerzos de apertura ligados a la igualdad de derechos y a la transformación de súbditos en ciudadanos.

De aquellos polvos...
En el siglo XIX tuvimos tres guerras civiles que de forma somera se explican por las resistencias de élites locales a plegarse al proceso de nacionalización ligado al liberalismo. El carlismo estuvo presente por todo el país pero su presencia fue destacada en Vascongadas, Navarra y Cataluña y esto tuvo consecuencias después. La derrota carlista propicia el periodo de la Primera Restauración en el que pese a contar con un sistema político especialmente corrupto según nuestros estándares actuales era un sistema de entendimiento donde buena parte de las libertades civiles estaban más o menos garantizadas. Durante este periodo existe una negociación constante del tratado de paz con el carlismo (que sorprendentemente llega hasta nuestros días como una disposición adicional en la Constitución) y un debate de la cuestión autonómica en varias regiones debido a la influencia de la ideología alemana en lugares donde no fue completo el proceso de construcción nacional (pugna entre vía alemana: idioma-nación-estado y vía francesa o española ley-nación-estado).

La caída de la Restauración lleva a unos años de experimento de una dictadura que un día de estos habría que analizar como un régimen híbrido propio de las repúblicas americanas de la época (el triunfo del espadón que deja la espada en el armario), a su vez la caída de este experimento entre muchas convulsiones propicia un vacío de poder que es aprovechado por los republicanos que lograrán establecer su régimen con apoyos estratégicos de gente que tenía otro régimen en la cabeza.

Celebración de la victoria republicana en Madrid.
Este régimen republicano con sus innumerables carencias propició niveles de libertades civiles similares a los de la Primera Restauración y similares a los que disfrutaban otras democracias europeas de la época (regimenes de libertades con censura, servicio militar, gran influencia de la Iglesia y una mayoría de la población dedicada a labores del campo y ajena al proceso político). Para el establecimiento y correcto funcionamiento de este régimen era imprescindible que la misma ley llegara a todas las esquinas del país y esto es algo que el nacionalismo jamás le perdonó a la república.

Con la aparición del régimen republicano aparece la historia de ERC, un grupo político que tomo como referencia para esta tesis sobre la incompatibilidad del nacionalismo con la democracia española.

Las elecciones municipales de 1931 tras las que la monarquía cede el poder a un grupo de republicanos (y sus aliados poco fiables) se saldan con la victoria de ERC en tres de las cuatro capitales de provincia catalanas. Mientras en España los republicanos celebran su victoria por incomparecencia del contrario y se felicitan por la oportunidad de crear un nuevo régimen democrático, en Cataluña ERC lo primero que hace es dar un golpe de estado y proclamar la independencia.

El extremadamente débil gobierno provisional de la república negocia evitar un baño de sangre con los golpistas de ERC y se llega a un pacto mediante el que Cataluña pasa a tener un gobierno regional autónomo y la nueva república se comprometerá a aprobar un estatuto de autonomía para esa región. En el mismo 1931 los republicanos se darán cuenta de que jamás lograrán el anhelo de lograr que la misma ley llegue a todas las esquinas del país. Durante toda la experiencia republicana el nacionalismo será un factor de debilidad y un palo en las ruedas del pretendido proceso modernizador que los teóricos republicanos deseaban para España.

Desfile de las juventudes de ERC en 1933 en Barcelona.
Hay que entender que en los años 30 a la debilidad del gobierno (que se confundía con el régimen hasta el 33 y a partir del 36) se le sumaba la aparición de milicias y grupos paramilitares vinculados a partidos políticos. La amenaza del baño de sangre fue constante y la degradación del orden público un factor crucial en el fin de la república. Estas bandas paramilitares debieron mucho a la historia europea de los años 20: no olvidemos que fascismo y nazismo nacen de las cenizas de la Gran Guerra que dejó a centenares de miles de veteranos con la sensación de derrota organizados en milicias. Estas milicias fueron parte esencial en el triunfo del fascismo italiano y del nazismo alemán (freikorps y SA por una parte y camisas negras que en origen habían sido los arditi por la otra). Es decir, contar con milicias te podía dar la victoria que no te daban las urnas.

ERC tuvo sus milicias o grupos terroristas, en su etapa formativa a imitación de los camisas negras y con claras influencias del fascismo italiano ("Bandera Negra", "¡Nosotros solos!", "Frente Nacional") y ya con la república en España los conocidos como Escamots. Algunos de los líderes de estas organizaciones fueron detenidos por sus crímenes y el nuevo régimen de 1931 los amnistió pensando en integrarlos, pensando que su enemigo era la derecha o la izquierda* cuando en realidad su enemigo era España.

*En aquella época en España todavía había una izquierda que consideraba al nacionalismo como una degeneración burguesa a aplastar.

En 1934 el gobierno del centrista Partido Radical (gobierno propiciado tras la victoria electoral de la derecha un año antes) decide incluir a tres ministros de la derecha y el PSOE da un golpe de estado porque no está conforme. A diferencia del anterior golpe (de 1932, de carácter militar (uno puede recorrer la historia de la Segunda República saltando de golpe en golpe)) este llega a controlar algo de territorio en Asturias y se tiene que movilizar al ejército. Aprovechando la sangre de los mineros asturianos y de militantes del PSOE que pegan tiros a la Guardia Civil en aras de la revolución comunista, el gobierno regional de ERC da a su vez otro golpe de estado en Barcelona para cargarse nuevamente a la república.

Gente a la que le tocó hacer la mili en plena plaza de San Jaime.
Pero en esta ocasión ERC y sus pistoleros no tienen delante a un gobierno provisional formado por intelectuales gorditos sino a un régimen más o menos establecido que cuenta con la lealtad del jefe del ejército en la región militar que abarca Cataluña. El general Batet, siguiendo órdenes del presidente Lerroux, declara el estado de guerra en la región y envía tropas a rodear las posiciones de la policía regional y en breve lapso de tiempo rodea a la resistencia en el palacio de la Generalidad. Les conmina a rendirse, estos se niegan y pegan tiros, los soldados disparan artillería y al final sí que se rinden porque las bombas y las balas hacen daño de verdad que es algo de lo que nunca te avisan cuando te dan la charla motivadora revolucionario-golpista.

La república anula la autonomía catalana y mete a los golpistas en prisión. Tras las dudosas elecciones de febrero del 36, una coalición de izquierdas y republicanos forma gobierno, amnistía a los golpistas del 34 y restablece la autonomía catalana con lo que ERC vuelve a abalanzarse sobre el presupuesto público y a planear destruir a una república que consideraban un incordio que les impedía dominar de forma absoluta Cataluña (cosa que vemos en las memorias de los principales líderes republicanos de la época).

El fracaso del golpe de julio de 1936 inicia la más reciente guerra civil española. Durante el primer tercio de la guerra dominará en Cataluña ERC junto a aliados republicanos y comunistas. Es una situación especialmente complicada porque en la calle el poder real está en manos de grupos anarquistas. Las pugnas por el poder en este bando de la guerra son uno de los factores que explican el fracaso en dar una respuesta coordinada y temprana a la insurrección militar (otro factor bien pudieron ser las checas de las que ERC también formó parte como se empieza a averiguar en los últimos años). La degeneración de la unidad de mando llega a un punto crítico en mayo del 37 cuando tienen lugar los llamados "sucesos de Barcelona" que vinieron a ser una micro guerra civil en el bando del Frente Popular en la ciudad condal. La victoria comunista en esta lucha acaba con la primacía del mayor grupo organizado de gente armada con lo que las ofensivas del Frente Popular se retrasarán un año hasta la batalla decisiva de la guerra que fue la batalla del Ebro.

Esta fue una de las dos guerras civiles que tuvo el bando del Frente Popular durante la guerra civil.
La victoria de los inusrrectos en 1939 implicó la prohibición de la mayoría de los partidos políticos y de su actividad pública así como la desaparición de las bandas paramilitares. Con la paulatina desaparición del hambre en España ERC comenzará a comienzos de los 50 su testimonial actividad clandestina. En esta misma clandestinidad y segun regresan del extranjero líderes históricos de ERC y de sus grupos paramilitares esas mismas personas forman nuevos grupos con mayor o menor caracter terrorista como el Frente de Liberación Nacional, el Ejército Popular Catalán o el Partido Socialista de Liberación Nacional. Estos grupos son completamente irrelevantes en la "lucha contra el franquismo".

En 1975 el general Franco muere de viejo en la cama de un hospital y España nuevamente da pasos para el establecimiento de un régimen de libertades que fructifican en la Constitución de 1978. La nueva democracia es sustancialmente superior a la experiencia republicana de los años 30 ya que no hay censura previa ni se admiten bandas paramilitares. Aún así esta democracia continúa arrastrando el problema de "encajar" a un nacionalismo que ve a España como el objetivo a destruir e incluso aparecerán nuevos problemas como la herencia de las estructuras sindicales corporativistas que explican en parte el fracaso del modelo laboral español.

Intemporal programa electoral de ERC.
Como para el irredentismo el problema nunca fue el franquismo, los irrelevantes grupos paramilitares mencionados organizan un grupo terrorista ya en plena democracia. "Terra Lliure" se da a conocer en 1981 de forma pública aunque antes sufre algunas bajas por manipulación de explosivos, cosa normal ya que todo grupo terrorista deja a los becarios manejando las bombas mientras los dirigentes viajan en coche oficial con calefacción.

Durante la década de 1980 el brazo armado de ERC comete múltiples atentados sobre todo contra infraestructuras (también atentados mortales) y sufre numerosas bajas propias por manipulación de explosivos. También secuestran y atentan contra Federico Jiménez Losantos, famoso locutor de radio, por no estar de acuerdo con el nacionalismo. En 1991 la organización se disuelve ya que ve en ERC el camino para la independencia (según sus propios documentos afirman) pese a lo cual algunos de sus miembros se incorporan a ETA y concretamente al Comando Barcelona. No perdamos de vista que el mayor número de víctimas mortales del nacionalismo catalán es de procedencia catalana. Supongo que aman tanto su tierra que la quieren ver sin gente, pasto de los lobos. Una idiotez incurable. Tras la disolución en 1992 se detiene a muchos integrantes de esta banda, otros serán detenidos ya dentro de ETA y otros pasarán a la órbita de las CUP callándose en público que matar a gente no es tan malo.

Los esbirros pegan tiros y van a la cárcel, los que manejan los hilos viajan en coche oficial y reciben sueldo del estado. Hoy todavía estamos así.
Pero la historia de ERC continúa, de forma sorprendente, como partido político legal. España es ese país en que para que el estado te ofrezca un oneroso estipendio debes decir que odias a España y quieres destruirla. Durante esta Segunda Restauración, ya plenamente democrática y homologable a los niveles de libertades públicas más altos del mundo, ERC sigue tratando de destruirla para no tener ninguna traba en el régimen de partido único que quieren imponer en Cataluña. Así, en septiembre de 2017 cometen otro golpe de estado esta vez aliados con el partido de la burguesía nacionalista históricamente ligado a esa parte del nacionalismo catalán que durante la guerra civil apoyó a los insurrectos. Para un observador externo esto carece de lógica pero si nos ponemos en la piel del nacionalismo tiene mucho sentido: su enemigo nunca ha sido la derecha o la burguesía, su enemigo siempre ha sido durante estos ochenta años el mismo: un régimen y un país: la democracia y España. Y para acabar con ellas se aliarán con quien sea, dirán lo que sea y harán lo que quieran.

Mientras se lo permitamos.


sábado, 2 de diciembre de 2017

La batalla moderna

Para el tema que nos ocupa limitaremos el alcance de la voz "moderna" a lo que va desde la extensión de la artillería de pólvora hasta la extensión del empleo de las armas de repetición o de la ametralladora. El marco geográfico será el mismo que las otras veces añadiendo ahora al continente americano.

Podemos distinguir algunas características del arte de la guerra y de la idea de batalla durante estos cuatro o cinco siglos.

Para empezar: los cambios que se producen comienzan a ser cada vez más rápidos. Pese a que en la época antigua y en la medieval la inventiva y los saltos cualitativos son innegables, el tiempo que se tarda en su adaptación es más alargado, ahora por la dependencia mutua entre los reinos europeos y por la extensión del uso de la fuerza mercenaria los cambios tardan menos en ser adoptados. Esto tiene una consecuencia inmediata: se producirá un equilibrio tecnológico de sur a norte y de oeste a este (en el espacio europeo, que es el que nos incumbe y cuyo arte de la guerra al final de esta época acabará imponiéndose como estándar planetario).

Alejandro Farnesio tuvo que levantar un puente de 800 metros para tomar Amberes en 1585, una capital defendida por el río Escalda y con varias líneas de fortines, torres y murallas. Tardaron siete meses en construirlo bajo el fuego enemigo, los españoles tuvieron que disponer casi 100 cañones para defenderlo. En la hora decisiva los holandeses arrojaron casi doscientas naves para quebrarlo, el puente resistió, se envió a los tercios para abordar los barcos y la lucha acabó en un cuerpo a cuerpo con victoria para la Monarquía. Pero de esto Hollywood no hará una película porque es mucho más interesante la enésima reinterpretación de Romeo y Julieta en forma de pandilleros del Bronx.
Mel Gibson, espabila, que aunque te guste matar ingleses los holandeses también han dicho cosas malas del Papa.
La fortaleza flotante holandesa "Fin de la guerra", llamada por los españoles "Los gastos perdidos".
Creo que no está de más apuntar la importancia que tiene el hecho de que la experiencia militar europeo-mediterránea sea la base de la guerra futura. Estos reinos y repúblicas del Mediterráneo en ningún momento pierden su contacto con la historia precedente no sólo por la conexión directa que propicia la herencia del imperio romano en oriente sino además por la propia evolución de las armas y de las unidades de combate. Si el arma fundamental de la Edad Media era la lanza igual que el pilum lo fue para el legionario romano, en la época moderna continuará habiendo una evolución de estas armas con la extensión del uso de la partesana, la alabarda y finalmente la pica en las unidades de formación cerrada. Los cuadros de piqueros que alcanzan su cénit con los tercios durante las guerras de religión del XVII comenzaron empleando armas de fuego de forma auxiliar (espingarderos en la guerra de Granada, arcabuceros después) para finalmente ser sustituidos por estos. El proceso de sustitución culminará en el XVIII intercambiándose el número de picas en un cuadro de infantería por el de mosquetes (sin embargo la idea del cuadro permanece, una idea que nos recuerda a la falange o al manípulo).

Aparte de las armas y de las formaciones tenemos otra pista de la herencia clásica en las unidades empleadas: los tercios españoles de las guerras de Italia (el Real Madrid de las batallas de la época) emplearán estradiotes (Στρατιώτες), que fueron una caballería ligera directamente importada de las cenizas humeantes del Imperio Bizantino (de hecho algunos oficiales que sirven bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba son descendientes de la aristocracia bizantina, contribuyendo así a cierta idea de transmisión de la misión imperial que Hollywood jamás nos contará porque en caso de hacerlo la Anglosajonía se derretiría como los malos de En busca del arca perdida).

Sentada la idea de continuidad y de que los cambios se producirán a mayor velocidad podemos ir ahora a lo que más llama la atención de la batalla de esta época, algo que a ojos de un humano que vive en la época de la ametralladora, el misil y el avión llama mucho la atención: ¿cómo es posible que en un mundo donde ya hay armas de fuego se mantengan las formaciones compactas de infantería?

Hay varias razones que explican esto: por un lado debemos tener en cuenta que en esta época el objetivo de la guerra no era la aniquilación completa del país enemigo. Es más, tu rey no estaba en guerra con otro país sino con otro rey. La destrucción del producto del trabajo y tener objetivos civiles son un invento muy reciente. Así, los ejércitos combatían contra otros ejércitos en batalla campal. Algunas veces se quedaba con el enemigo para combatir en algún lugar y otras veces el enemigo era interceptado (cuando movías miles de soldados tenías pocos caminos para elegir así que no era raro prever el movimiento del enemigo). Este es un punto importante ya que sólo al final de esta época aparece la guerra de guerrillas.

Otra razón —acaso la más importante— para la permanencia de la formación compacta (hombro con hombro) cuando el enemigo se acerca con arcabuces o mosquetes la tenemos en las características de estas armas de fuego.

Arcabuz

No sé qué cuadro es, Internet me dice que es Gravelinas. Se podría hacer un estudio sobre el humo en los cuadros de batallas.
El arcabuz del XVI es un arma tontísima. Básicamente es una tabla de madera noble que sostiene un tubo de hierro. El tubo tiene dos agujeros, uno por el que sale la bala (una bolita de plomo) disparada hacia un hereje y otro (llamado oído) que es por donde se mete el fuego que hace estallar la pólvora que dispara la bala. La introducción del fuego en el oído se hace con una mecha de lino con salitre, cáñamo o algodón (lo que sea más barato en el mercado en ese momento, el salitre ayuda al estallido). Esta mecha se irá perfeccionando con un sistema para cubrirla cuando llueve o sopla el viento y otro sistema para acercarla ya prendida al oído con un gatillo rudimentario. La precisión de esta arma hay que relacionarla con su alcance, que varió por las características cambiantes del arma y por la época. Por ejemplo en la inolvidable batalla de Mühlberg (¿Mulberga?) los arcabuceros se disparaban desde las orillas del Elba (menos de 100 metros) y pronto los imperiales recibieron orden de adentrarse en el río para mejorar los aciertos. Se suele decir que a partir de los 40 metros el tiro de arcabuz empieza a ser preciso y a partir de los 25 mortal. Hay textos que nos hablan en el XVII de situar la línea de tiro a dos picas de distancia, unos 10 metros. A esa distancia le ves los mocos al enemigo (al menos antes del primer tiro porque después ya no ves nada por el humo. El enemigo tampoco).

"Diálogos militares" de Diego García de Palacios (1583).
Respecto a la cadencia de tiro hay que pensar en cómo se cargaba el arma. Primero con una baqueta de hierro había que limpiar el interior del cañón, después se introducía la pólvora (la cantidad venía preparada en frasquitos que el arcabucero colgaba de una bandolera), a continuación normalmente se metía un taco de esparto para presionar la pólvora, después se cargaba la bala por el cañón (avancarga) después podía meterse otro taco o no, pero había que volver a baquetear la bala para presionarla contra la pólvora. La bala tenía un diámetro menor al del cañón con lo que los gases que se expulsaban entre bala y pared interna del cañón ("viento") era un desperdicio de ahí la necesidad de los tacos (normalmente de esparto). Después disparabas junto a tus compañeros (las unidades de arcabuceros eran auxiliares de los piqueros en los tercios (si hablo todo el rato de los tercios es porque hasta el XVIII fueron la crema)), se llenaba todo de humo, te pìtaban los oídos y te encomendabas a la Virgen o a Santiago. Se tardaba varios minutos en volver a disparar. En total podemos calcular el número de disparos en una batalla por los frasquitos que llevaba el arcabucero que acabaron siendo doce (llamados "los doce apóstoles"). La participación activa del arcabucero duraba una fase muy concreta de la batalla ya que el ejército contaba con otras unidades como artillería o caballería que también tenían sus funciones. Podríamos limitar esta participación al encuentro con la primera linea enemiga y a partir de ahí dejar el peso de la batalla en el puercoespín de picas que formaba una especie de fortaleza inexpugnable y móvil en el campo de batalla. Como nadie disparaba a discreción el arcabucero podía avanzar o replegarse en función de las necesidades del combate siguiendo las órdenes de sus oficiales.

Más: Tercios de Flandes - El arcabuz

Mosquete

El mosquete aparece después del arcabuz (de forma independiente, no es una evolución de este sino un arma en principio concebida para la defensa de una posición estática, como en unas murallas) y convivirá con él hasta que le come la tostada a comienzos del XVIII. Se distingue principalmente por ser un arma pesada y grande. El mosquetero necesitará una horquilla donde apoyar el cañón para poder disparar. Si el arcabuz pesaba cuatro kilos el mosquete pesará el doble y por lo tanto el mosquetero tendrá que aligerar su carga y no llevar coraza. Como ventaja tenemos un mayor alcance (debido a su largo cañón, que puede alcanzar el metro y medio, casi la altura de un soldado de la época). Esta ventaja es importantísima ya que poder alcanzar al enemigo sin que él te alcance mejora la moral de la tropa amiga y empeora la del enemigo. El mosquete incorporará la llave de pedernal a finales del XVII (se vuelve más seguro su uso ya que un soldado llevando una mecha prendida cerca de un montón de frasquitos de pólvora no parece muy buena idea) y reducirá su peso hasta hacer inútil la horquilla, con lo que el arcabuz pasa a ser un arma de caballería y el mosquete se estandariza para la infantería que ahora será mosquetera. Su alcance será variable pero superior en todo caso al del arcabuz: a finales del XVII podemos estimar un alcance de 250 metros.

Mosquetero holandés del primer tercio del XVII (observad los frasquitos en la bandolera). Por añadir una nota de color: en esta época en Hungría todavía se combatía a caballo con armaduras de acero, en la atrasada Inglaterra estaban descubriendo el Renacimiento y se dice que Japón tenía tantas armas de fuego como toda Europa.
La mayor fuerza de disparo del mosquete tornó inútil la coraza con lo que el soldado empezó a aligerar su carga y aumentar su movilidad y sus fuerzas. El largo cañón del mosquete comenzará a incorporar una bayoneta encastrada (metida en el cañón) con lo que el arma de fuego, el arma contra caballería y de cuerpo a cuerpo se mezclan. La sofisticación de la bayoneta de cubo liberará el cañon para poder seguir disparando sin necesidad de quitar la bayoneta. Esto jubila al piquero: ahora formaciones compactas de mosqueteros pueden hacer el trabajo que antes hacían piqueros y arcabuceros. Las líneas de tiradores se alargan cubriendo cientos de metros en grandes batallas como la de Almansa.

El mosquete no parará de evolucionar y sofisticarse: cañones más largos, más ligeros y bala y pólvora compartiendo cartucho. El soldado ya no llevará frasquitos de pólvora sino cartucheras con hasta cuarenta proyectiles. Ya no hay que baquetear tres veces el arma sino solo dos (para limpiar y para cargar) con lo que la cadencia de tiro aumenta una barbaridad. También la salida de gases por la recámara será un importante invento pues mejorará el alcance del arma. Con todo, todavía estamos en un punto en que el acierto era una cuestión de suerte, el campo de batalla con dos líneas de tiradores enfrentados a pocas decenas de metros enseguida se llenaba de humo que hacía muy dificil no apuntar a bulto. Las líneas se mantenían compactas, hombro con hombro y en ocasiones para aumentar la cadencia de tiro se disponía una primera línea con rodilla en tierra para doblar los disparos. Tras el disparo los soldados se sustituían por los que venían detrás, que tenían que estar muy cerca para hacer el relevo rápidamente (ya que en ese momento estaban expuestos al dar la espalda al enemigo). Así, la formación compacta también lo tenía que ser en profundidad. Había nacido lo que en las academias militares del XIX se llamó cuadro napoleónico que era la disposición en cuadrado de cuatro líneas de infantería para atacar y protegerse —de un rápido ataque de caballería— al mismo tiempo.

Más: Tercios de Flandes - El mosquetero

La bala Minié

El gran problema de todas estas armas de fuego era su falta de precisión y su alcance limitado. A mediados del XIX el ejército francés desarrolló un nuevo tipo de proyectil para usarlo en cañones de ánima rayada. El ánima rayada era conocida desde el XVII y se sabía que la rotación del proyectil sobre el eje de disparo aumentaba su alcance. El problema era que al disparar pelotas parte de la pólvora se quedaba en las estrías del cañón haciendo muy peligroso su uso si no se limpiaba con esmero (algo que reducía muchísimo la cadencia de tiro). La nueva bala Minié (recibe el nombre del inventor) era una bala cilindro-cónica, estriada y con una cavidad cóncava en su base. Al disparar, la base cóncava del proyectil se abría y así se aprovechaba toda la fuerza impulsora y no dejaba rastros de pólvora en las estrías del cañón. Enseguida se sustituyó el ánima lisa por el ánima rayada (en inglés "rifling", de ahí rifle). En muy pocos años los mosqueteros serían sustituidos por rifleros: tanto en la guerra de Crimea como en la de Secesión ya se emplearon con profusión estas nuevas armas de mayor alcance.

Balas Minié de la Guerra de Secesión americana (1861-1865).
Además, la nueva bala tenía otra particularidad: atravesaba el cuerpo del enemigo, cosa que disminuyó el número de heridos y aumentó el de muertos. Un par de décadas después el invento de la medicina moderna provocará la aparición de cuerpos de medicina militar que reducirán una barbaridad las amputaciones (con lo que las guerras no afectarán tanto a la fuerza de trabajo de un país. Recordemos que las guerras de religión terminan en Alemania porque todos se vuelven buenos y firman la paz de Westfalia aunque quedarse sin gente para cultivar pepinos también influyó, creo).

La fiel infantería

Fotografía de un cuadro de infantería durante la guerra civil americana.
Nótese cómo en esta época el peso de la batalla recae sobre el soldado de a pie. El ocaso de la caballería se explica porque el aumento del poder real hace innecesario que los caballeros aporten sus propias tropas y es más, el noble dejará de tener una función militar como en la época medieval. La centralización y modernización del estado (básicamente el aumento de la eficiencia en la recaudación de impuestos) hace que paulatinamente el rey deje de ser el "noble más importante" del reino y sea efectivamente rey. Con la unidad de mando el interés del reino y el interés del rey se entremezclan llegando al cénit con Luis XIV. Pero como todo lo que sube baja, los descendientes de Luis XIV se enfrentarán a gente que cree que rey y reino son cosas distintas. Esta chispeante idea se extenderá de Francia al resto de Europa en sucesivas revoluciones (1820, 1830, 1848). A partir de mediados del XIX será normal contar con gobiernos más o menos representativos en Europa, cuyos intereses ya no son reales sino nacionales y a esto se añade la capacidad de reclutamiento masivo, la mejora del transporte y la logística, la estandarización del equipamiento militar y de la formación (cosa que se había iniciado en las academias de oficiales de la armada en el XVIII). Los ejércitos van puliéndose como máquinas cada vez más destructivas con lo que el número de guerras se va reduciendo al mismo tiempo que aumenta su capacidad de destrucción.