martes, 22 de julio de 2014

Neoalbigenses y austrohúngaros

En la oscura y húmeda bodega de las olvidadas ruinas de una viejo monasterio puede que se oculte en un libro encuadernado con pellejo vacuno la lista de cosas con las que no se puede hacer política. Un tesoro olvidado que hoy adquiere la categoría de leyenda. Y cuando digo "hoy" me refiero a todas las épocas. No debemos olvidar que en todas las épocas los problemas son los mismos, aunque los matices cambian porque también cambia la tecnología. Descartar la tecnología en la batalla de las ideas es ignorar un posibilitador fundamental del devenir histórico. Los cambios, grandes y pequeños, que en la historia hubo, vinieron determinados por el uso de las herramientas. Esta es una cuestión al margen, pero lo interesante siempre se encuentra en las anotaciones al margen: los cambios no vienen por el conocimiento o el pensamiento, sino por su aplicación. Una afirmación brillantemente católica que me ha salido casi sin querer. Casi.

San Francisco predicando a los pájaros (detalle, Giotto, c.1300).
Con las mareas vivas la flota se queda en el puerto. En ausencia de congeladores, y con las existencias de salazón disminuyendo peligrosamente, llega un momento en que hay que salir a la mar. Esto al menos es lo que hace la gente normal. En Moncloa no se dedican a esto, prefieren esperar a que escampe. La confianza que el gobierno quiere trasladar con unos datos que muestran una mejora de las condiciones macro no es algo que favorezca únicamente al gobierno. La estrategia de quedarse en casa esperando a que amaine la tormenta les favorece, sí, pero también favorece a otros. Nada que objetar cuando no es dificil encontrar a otros que son iguales o mejores que quienes apoyan al gobierno. El problema son los otros-otros. Los Oompa-Loompas que enterraron el libro que establece los límites de la política.

El discurso machacón e infantil de pretender votarlo todo y aparentar ser un Savonarola encaja como un guante en la percepción cotidiana de la gente. La inclinación de la gente por aceptar lo que viene masticado, sobre todo cuando viene de parte de la mano de los neoalbigenses, no sorprende a nadie. Es la historia que se repite en un escenario distinto. Si Savonarola y sus círculos quemaron en Milán joyas, vestidos, espejos y guitarras hoy sus seguidores accidentales aparecen por la pantalla señalando con el dedo y llamando vanidosos a los nuevos duques de las ciudades italianas que son nuestros representantes electos.

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Pero Savonarola no había inventado nada, un siglo antes San Bernardino de Siena —franciscano, por supuesto— ya predicaba arrancando los ropajes a los malvados nobles vanidosos. De nuevos profetas con ganas de armar bulla está la historia llena. Claro que de esto la gente no tiene noticia. Vas al barbero y mientras invocas a los coros celestiales para que el profesional de la navaja no se lleve una oreja por delante, escuchas a los parroquianos comentar el periódico. El periódico. Que en mi pueblo sólo se lee uno, detalle importante.

Ladrones, pendencieros, corrutos, vividores-folladores, conspiradores. Diríase que nuestros políticos son lo peor del género humano. Esas voces evocan de forma civilizada la ceniza de las hogueras del Milán del siglo XV. Ante este panorama, cuando aparecen los Hermanos Menores de la Regular Observancia, se hace la luz. Un discurso profundamente malvado, despótico y lúgubre aporta una falsa luz sobre el horrible presente de los parroquianos.

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Nótese que yo ya he pasado la fase de criticar a los neoalbigenses por ofrecer propuestas "imposibles de realizar" o utópicas. Y os invito a quienes todavía estáis en esa fase a pasar a la siguiente: las propuestas de estos hermanos menores son profundamente malvadas, suponen la ruina de todos. Y cuando hablamos de "ruina de todos" no olvidemos que los que más la van a notar son quienes están más desprotegidos frente al temporal.

Se equivocan quienes piensan que el enfrentamiento es entre los neoalbigenses y los funcionarios austrohúngaros. Los austrohúngaros en nuestro Mezzogiorno están defendiendo el programa neoalbigense hasta el punto de echar en cara al gobierno regional que no cumplan su programa. Digo yo que si estás en la oposición, te tendrás que alegrar por que el gobierno no cumpla con un programa con el que no coincides y si coinciden vuestros programas, es que ya no eres oposición. Atribuyamos estas ideas de bombero del PP andaluz a las réplicas del terremoto Montoro y su "vamos a sorprender a la izquierda".

Bien.
No insistiré en el tema económico y voy directamente a la chicha de las ideas que después justifican las decisiones políticas que en última instancia determinan las cuestiones económicas (cosa que los economistas pasan por alto: las decisiones económicas se sustentan en ideas políticas). Tenemos por estos pagos al príncipe de Salina, que algunos a veces llamamos doña Rogelia por su parecido físico con cierto títere célebre en la televisión antigua. Mientras los cleptócratas se llevan las portadas, nuestro príncipe de Salina lleva años trabajando en la idea austrohúngara de contener el separatismo. Esta idea viene a decir que si no puedes con ellos, te tienes que transformar en ellos. Los guiños del PP de Galicia a la identidad de un pueblo alternativo al que establece la ley, es decir, los guiños antiliberales y esencialistas a la nación étnica, son como un ruido de fondo que algunos vemos como parte de la explicación de que en Galicia el separatismo sea residual. He aquí el mayor logro de los austrohúngaros galaicos: eliminar el separatismo de nivel 10 al convertir al 90% de la población al separatismo de nivel 2. O si lo preferís al "no somos nacionalistas, pero".

Es evidente el éxito de esta estrategia: creo que en la provincia de Lugo hay dos independentistas y uno solamente viene en verano porque trabaja en Inglaterra dando clases de español (jijiji). El problema de esta estrategia es que choca con lo que dice la gente de ese mismo partido. Tal como asegura Esperanza Aguirre, que parece estar haciendo la guerra por su cuenta, el nacionalismo y el separatismo son lo mismo y además siempre "querrán más" (¿más qué?). Es curioso que ahora nos diga esto esta señora cuando durante décadas no hacía ascos al mercadeo persa en el Congreso con partidos nacionalistas. Pero la contradicción no se queda aquí, ella misma estaba dispuesta a devolver competencias regionales al gobierno central y algunos todavía estamos esperando (2011, 2012). También resulta curioso que diga que la transferencia de competencias crea independentistas: ¿cuántos independentistas han aparecido en Castilla-La Mancha o Extremadura? Vaya, se diría que por ahí no van los tiros.

Ole, ole y ole.
Y con el problema territorial vuelvo a los neoalbigenses. Mientras prometan el oro y el moro subirán como la espuma, en el momento en que se plantee la continuidad de la España constitucional —el mayor logro colectivo de nuestra historia reciente aunque yo también tengo mi once inicial, como todo hijo de vecino— veremos cartelitos de "fragmentación, de entrada no". Y los austrohúngaros, que son listísimos, estarán en contra y entonces es cuando tocará aprovisionarse de palomitas.


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jueves, 17 de julio de 2014

Cruce de manifiestos

Mientras los cleptócratas catalanes continúan con su salto al vacío, la "sociedad civil" de Madrid y alrededores publica casi al mismo tiempo dos manifiestos. Sobra decir que inmediatamente tras hacerse públicos los manifiestos, la gente fue a degüello a buscar la genealogía de los abajofirmantes para poder así etiquetar, categorizar y estabular a sus defensores y a partir de ahí meterlos en bandos. No llama la atención nuestra querencia por buscar bando y trinchera, al fin y al cabo la mayoría de la población está a dos o como mucho tres generaciones de una vida llena de superstición, aldea primordial y primitivismo.

Voy a buscar los pros y contras de los dos manifiestos.

Libres e iguales

Promotores del manifiesto "Libres e iguales". ¿Tiramos de genealogía? La del vestido azul se apellida Álvarez de Toledo. Si alguna vez tropezasteis con un libro, os sonará el apellido.
El primero habla de un "momento crítico". Rechaza de plano la validez del discurso secesionista. Antepone la democracia española cuya base es la consideración de ciudadanos "libres e iguales" al nacionalismo. Dice que es obligación de todo ciudadano y en especial de los partidos políticos, enfrentar el discurso de odio separatista. Echo de menos una mención a la responsabilidad del gobierno. Aun estando de acuerdo en que esta cuestión nos incumbe a todos, tenemos instituciones que deben velar por el cumplimiento de la ley. En el manifiesto simplemente se dice que "se ha llegado demasiado lejos", nombra a los malvados nacionalistas y a toda la ciudadanía, pero parece que en España no tenemos gobierno ni una historia política que explique por qué se ha llegado a esta situación.

Se pide al "Estado" que aplique "toda" la ley, pero no especifican qué ley incumplen los cleptócratas. Cleptócratas, por cierto, que en su versión CiU obtuvieron el apoyo del Partido Popular para aprobar unos presupuestos regionales no hace tanto. Cleptócratas, que en toda versión del nacionalismo eran bienvenidos para obtener mayorías parlamentarias para aprobar presupuestos con gobiernos del PP y del PSOE. Ahora parece que a aquellos buenos chicos les dio un aire y que todo esto nos coge por sorpresa.

El manifiesto termina con una petición a algunos partidos (PP, PSOE, UPyD y Ciudadanos) para reivindicar la Constitución, rechazar el pactismo y llegar a un acuerdo "transversal" para rechazar el secesionismo. A mayores hay otra petición a la ciudadanía, para derrotar intelectual y políticamente el nacionalismo.

Ni una mención al gobierno, insisto.

Apariciones de la palabra "España": 3.

Una España federal en una Europa federal

Al poner esta imagen pretendo demostrar lo profundo que soy. Lo mismo que los tipos que firmaron este manifiesto. Pero ni el manifiesto ni la imagen sirven realmente para nada.
El primer punto de este manifiesto bascula entre la "insuficiencia de la Constitución" y la necesidad de mantener unido "el Estado" (no sé si hablan de Canadá o de Angola) porque en caso de desunirse habría "consecuencias nefastas para todos". No dicen qué consecuencias son esas. Atendiendo a la propaganda cleptócrata la independencia nos traerá días de vino y rosas. Estos del manifiesto no explican por qué debe estar unida España (palabra que evitan con eufemismos).

A continuación piden a los políticos y a las instituciones reformar la Constitución "en un sentido federal". El uso de esa totémica palabra —federal— parece imbuirles de un halo mágico con el que no necesitan dar más explicaciones. y es que no dicen cómo cambiaría la financiación regional ni cómo se produciría el reparto de competencias. Lo dejan todo en manos de la magia y se ahorran pensar.

Dicen que desean vivir en una "España federal" y en una Europa "federal". Por si no fuera poco lanzar rayos mágicos a España, ahora los lanzan a Europa. En Europa somos 500 millones de habitantes, digo yo que algo tendrán que decir y viendo la evolución política europea no parece que la construcción política del continente pase hoy por la agenda de nadie.

Después explican sobre qué bases debe construirse su federalismo mágico. Son tres, a saber: «reconocimiento de las identidades diversas de nuestro país hasta el punto en que la evolución histórica ha establecido». Estos no me leen. No existe una evolución histórica que determine movimientos políticos. En concreto, quien conozca la historia del nacionalismo —i.e. la historia de la apología de la diferencia— sabrá que el nacionalismo es un proyecto de cien años de vida cuyo origen se encuentra en el deseo de unas élites muy concretas (en el caso vasco es una persona concreta) en participar de los privilegios de una "élite central" que consideran rival. La evolución histórica no establece nada y no determina nada porque no existe. En nuestro último periodo constitucional fueron señores con nombres y apellidos los que negociaban leyes, pactaban cesiones de IRPF y mercadeaban competencias. Nada de musas históricas ni extraterrestres. Señores con corbata. Casi todos vivos. Explicaciones y rendición de cuentas.

La segunda "base federal" es la petición de una cámara territorial para tratar temas comunes. Lo dejan muy al aire porque esto ya es algo técnico y concreto. Lo cierto es que en España hay poca co-gobernanza y si las autonomías legislan es de cajón buscar algún tipo de ágora común para resolver cuestiones propias del conflicto competencial entre instituciones y demás. Una buena idea que si se lleva bien a cabo puede desjudicializar un poquito la vida política.

La tercera "base" habla precisamente de definir explícitamente quién hace qué. Cosa que me parece bien.

La cuarta pide una financiación "justa" y definen aquí la justicia con el principio de ordinalidad. Oiga, puede que otros piensen que la justicia es otra cosa. Tan justo puede ser para algunos la ordinalidad como la competencia fiscal y el dejarle una limosna al gobierno central para pagarle las cremas a la reina.

Por último hacen un análisis de en qué situación estamos. Dicen que hay dos opciones: el inmovilismo y la ruptura. Ellos tratan de proponer una tercera vía, que coincide con la que defiende el PSOE, ups. Acaban diciendo que una España "federal" se insertaría "de manera natural" en una Europa también federal. Y esto me llama la atención porque en este entierro la naturaleza no tiene vela.

Apariciones de la palabra "España": 2.

No es esto
El típico secesionista esperando el día de la redención.
Me gusta el lenguaje del primer manifiesto y me gusta alguna propuesta del segundo. En concreto, del primero, me gusta la diferenciación explícita que se hace entre nacionalismo y ciudadanía. Lo que ideológicamente distingue una opción de la otra es que los primeros quieren construir una nación política escogiendo criterios arbitrarios y los segundos dicen que hay una ley y no te la puedes saltar. Además, es una ley que entronca con nuestra mejor tradición liberal: la nación es el conjunto de los ciudadanos libres e iguales que además son soberanos. Es decir, no es lo mismo ser un paisano que un ciudadano.

Del segundo me gusta lo de dejar claro el reparto competencial y lo de tener una cámara territorial que haga participar a los entes intermedios en el gobierno de lo común. El problema es que la definición práctica de esto no lo dejan claro. Los estados federales conocidos se caracterizan por tener menos competencias que las comunidades autónomas. En Alemania hay unos señores del gobierno central que entran en los gobiernos regionales sin llamar a la puerta y piden papeles. En Estados Unidos hay una descentralización que llega a distritos y condados (aquí en España nadie menciona a los ayuntamientos, por ejemplo). Por supuesto que cualquier sistema federal se cargaría los conciertos económicos, cosa que nadie está diciendo.

Teniendo luces y sombras los dos manifiestos ¿por qué digo que "no es esto"? Porque al secesionista se la sopla el asunto. Quien se quiere independizar no busca ningún lubricado acuerdo federal y por supuesto tampoco considerará importante lo que diga la Constitución ni nuestra complicada historia de lograr que en España funcione la ley y no el palo del tío Facundo (al final del día, la batalla ideológica se reduce a elegir entre ley o palo, por mucho que lo adornemos).

Con esto delante yo diría que estos manifiestos son de consumo interno. Habría que ver por qué, después de tanto tiempo, algunos se empiezan a mover. O en otra palabras: qué encuestas están manejando.

Así ven algunos el mundo:




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