jueves, 18 de septiembre de 2014

Nota rápida sobre secesión y liberalismo

Más o menos desde el punto de vista de alguien partidario de la libertad y huyendo del fundamentalismo democrático, ¿existen secesiones que pueden estar justificadas? La respuesta corta es sí. De hecho, fuera del fundamentalismo democrático tienes poco donde elegir, pero esas opciones a elegir son intocables.

Gran Colombia, 1823.
¿En qué casos desde el liberalismo político se puede defender la fragmentación de un estado constituido, reconocido y existente? El primer caso es el que tiene que ver con respetar los contratos de mutuo acuerdo entre las partes. Tenemos un estado y varias partes se ponen de acuerdo en extinguirlo o en aceptar la separación de una de las partes. Más allá del método (referendum, elecciones, mayorías, etc) si representantes legítimos y legales de las partes están de acuerdo, esa secesión nace bendecida, por decirlo de algún modo. Es el caso de Chequia, Canadá y Noruega.

El segundo caso es el de las separaciones traumáticas, que pueden estar relacionadas con la existencia de minorías maltratadas en un territorio con continuidad geográfica. Es decir, si un estado no reconoce la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos y políticamente arrincona a una minoría racial, religiosa, lingüística, etc. Sin mutuo acuerdo esa minoría tiene derecho a defenderse ante la agresión. Si sus reclamaciones no son escuchadas y los actos contra sus libertades naturales continúan por parte del estado, su secesión estaría justificada. Podríamos decir que es el caso de Sudán del Sur, la India o Timor Oriental.


Hay un caso que nadie quiere mentar pero que también existe. Se trata de cuando el estado es incapaz de mantener su integridad. La meta-función básica del estado es que pueda existir como estado. Si por los medios y razones que sean, una parte desconoce las instrucciones del gobierno e instaura un nuevo gobierno en una parte del país y el estado es incapaz de aplastar la insurrección, habrá una secesión de facto. El nuevo país sólo podrá diferenciarse de los piratas de isla Tortuga si una mayoría de la comunidad internacional lo reconocen como uno más. Esta categoría abarca desde países normales como Taiwán hasta sitios donde te puedes casar con una vaca: Palestina o Abjasia.

Desde el liberalismo político el modelo podría ser el noruego. Ese es el caso ideal, el mutuo acuerdo. Románticamente, y quitando decenas de miles de muertos, la independencia de Estados Unidos también es el caso paradigmático. Claro que en el caso gringo se trataba de colonias y por lo tanto sus ciudadanos no tenían exactamente el mismo estatus que los ciudadanos de la metrópolis (tasación sin representación). Por eso el ejemplo americano no nos sirve si trasladamos el tema a las naciones europeas occidentales. A donde estamos nosotros.

Aquellos países como Portugal o España donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley, donde los derechos y libertades son los mismos para todos, donde las minorías —arbitrarias o no— pueden incluso participar de los asuntos comunes y proponer y aprobar políticas, la secesión no está justificada. A no ser que el propio estado reconozca ese derecho. Pero mientras no lo reconozca, no hay instrumentos ni razones que justifiquen la secesión.

Aquella región donde hay una minoría que propugna la secesión forma parte, en estos casos, de la misma comunidad política que el estado. Y sus anhelos de separación serán una opción más, pero incluso aun teniendo una mayoría de partidarios en un territorio con continuidad geográfica, la cuestión de la separación implica a la comunidad política en su conjunto, pues esa comunidad política no está dividida. Cosa diferente sería si quienes viven en ese sitio no pudieran participar del gobierno común. O si fueran discriminados. Pero en España, Portugal o Francia no se da el caso. Los corsos tienen tantos derechos como los parisinos.

En este punto, hay quien apela a los textos de ciertos autores liberales para apoyar las secesiones cuando existe una "voluntad mayoritaria" a favor. En ese caso, como no somos hippies, es la ley común de la comunidad política en su conjunto la que debe de dar su visto bueno. En cristiano: que en la Constitución se reconozca el mecanismo para la extinción del estado en parte de su territorio. El caso es que la prudencia y la historia han hecho que en doscientos años de historia constitucional el derecho a la autodeterminación sólo aparezca en cuatro de los doscientos países que hay: Etiopía, Uzbekistán, San Cristóbal y Nieves y Liechtenstein (ver aquí y aquí). Entonces ¿cómo puede ser que algunos clásicos del liberalismo propugnen la secesión? Leamos a Mises en una cita tan célebre como repetida:

Una nación, por lo tanto, no tiene ningún derecho a decirle a una región o distrito que “tú me perteneces, ¡te quiero mantener!”. Un territorio está formado por sus habitantes. Si alguien tiene el derecho a ser oído en esta cuestión, éstos son los habitantes. Las controversias relativas a límites fronterizos deben ser resueltas a través de plebiscitos.

Mises, como anarquista, cae en el fundamentalismo democrático. La "voluntad mayoritaria" es un lugar común de estos fundamentalistas, pero no tiene en cuenta la ley, que es anterior a esa voluntad. Y hablamos de leyes no impuestas por tiranos ni venidas de la gracia divina sino de leyes ligadas a constituciones que pueden ser cambiadas. Y es que en el argumento de Mises no aparece la otra parte contratante: la secesión de un territorio implica a los que no viven en ese territorio. De forma unilateral una parte de la comunidad política no puede cambiar el estatus del conjunto de la comunidad política. A no ser que haya acuerdo, claro. Pero si no hay acuerdo ni mecanismo legal, estamos lisa y llanamente ante un robo.


Tema relacionado con la secesión es el de la descentralización política. Ahí más o menos encontramos cierto consenso entre las filas liberales: la descentralización política y la competencia fiscal son deseables. Del tema ya escribí un par de veces y no voy a repetirme hoy.

Como telón de fondo hay que tener en cuenta que la dialéctica de estados y los asuntos que tienen que ver con la existencia y desaparición de los estados no son una pizarra en blanco. Los estados constituidos arrastran una historia y aunque es apetitoso decir que con voluntad y reformas se puede cambiar todo, no podemos olvidar que si existen estados es porque otros estados los reconocen. Las separaciones y las uniones implican a terceros y en temas como estos el ámbito de decisión es restringido y complicado. El mundo que heredamos no es casual: existen relaciones e intereses entre estados que por mucha reforma y voluntad que le pongas no vas a poder subvertir. Te puede gustar o no, pero tan solo constato lo que hay.

Aun al otro lado del mundo este barco es nuestro hogar:



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miércoles, 17 de septiembre de 2014

La cuestión estética en el liberalismo

La idea más extendida cuando hablamos de las ideas es que la gente es tonta. Sea esta la afirmación más repetida a lo largo de eones, desde que un homínido peludo, en el valle del Rift, vio a otros homínidos lanzarse hacia un precipicio para poder volar. Me imagino a ese prehombre apoyado en una acacia, todavía encorvado por su simiesca herencia evolutiva, diciéndole a un compañero "es que la gente es tonta". A continuación me imagino a los dos matándose a estacazos en una prehistórica negociación sobre el ajuntamiento con la hembra alfa del clan.


La hembra alfa es Raquel Welch.
Poca fortuna se halla en combatir la idea de que la gente es tonta. Acaso una de las más peligrosas ideas que se puedan postular. Si la gente es tonta, enseguida aparecerán los listos y ya sabemos cómo acaba siempre esa historia. A ver, que tontos hay. Hay gente muy tonta, pero en general, cuando se trata de hacer medias la gente no es tan tonta. Aunque ciertamente se tiene por seguro que la masa iguala por abajo. Por eso, cuando las personas se organizan en comunidad, desde hace un porrón de años han establecido normas y mecanismos para evitar el efecto turba o el pernicioso asamblearismo.

La gente, en general, no creo que sea tonta. La gente puede —podemos— estar equivocada. Se me viene a la cabeza Stephen Hawking, un señor que es ejemplo de superación personal al dar la batalla a una cruel enfermedad. Oh, y también están sus contribuciones en el campo de la física teórica y la aplicación de la relatividad general a las teorías del origen del universo, la singularidad y en general a la astrofísica moderna. Pecata minuta en comparación con lo de la esclerosis. Pues bien, aún así el profesor Hawking actúa como un necio al boicotear a Israel por "cómo trata a los palestinos". Y es que nadie se libra de la tontería.


El caso es que esto es epidémico. Y pongo un ejemplo muy manido. Un ejemplo que desde los clásicos trae a la gente de cabeza: el uso de la libertad personal como excusa. ¿Realmente hace falta repetir que no puedes hacer lo que te dé la gana? El otro día un cleptócrata decía que Madrid tendría que respetar la legalidad catalana. Cosa complicada porque no existe la legalidad catalana más allá del ámbito legislativo que marca su estatuto de autonomía. También es frecuente escuchar lo de la auditoría de la deuda para no pagarla. En primer lugar si ya has determinado no pagarla, no pierdas el tiempo con una auditoría. Y en segundo lugar, antes de decir esa imbecilidad asegúrate de haber echado cuentas. Ah, pero no. Primero lo dicen y luego ya si eso arreglamos el tema.

Otra más sobre el monotema. Un ministro diciendo que en el asunto de la consulta de los cleptócratas el gobierno usaría la ley para detenerla. Al instante saltaron los sospechosos habituales llevándose las manos a la cabeza ante la provocación impresionante de escuchar a un ministro decir que se va a cumplir la ley. Hubo hasta idiotas de Champions League diciendo que lo próximo sería sacar los tanques. En concreto, recuerdo que fue un diputado nacional del PNV el de la desafortunada frase. Pero vamos a ver zanguango, ¿a ti quién te da de comer? Y como estos ejemplos muchos más.

Luego están los que están inexplicablemente equivocados, como los nacionalistas gallegos contentos con la idea de bombero de la separación catalana. ¿Qué les dices a esa gente? Yo es que no veo comunicación posible con ellos. Es que la región que dominan los cleptócratas catalanes es la quinta parte del PIB español y las pensiones en Galicia apenas aguantan el nivel del 70% de la media nacional. Supongo que la idea que hay en esas cabezas de chorlito es que si se separa Cataluña, lo tendrán más fácil ellos para aumentar sus apoyos (i.e. sueldos y colocaciones de cuñados). ¿Pero cómo se pueden decir esas barbaridades y a continuación mentir a la gente diciendo que buscan el interés de Galicia? ¿El interés de la miseria de los koljoses y de la nomenklatura de tú y tus colegas endogámicos? No, gracias. Si la pensión de la señora Maruxa ya es una miseria que la obliga a seguir plantando patatas con 80 años, esperad a que se independice Cataluñistán. Listos.

El ejemplo de los cleptócratas y el ejemplo de Pablemos son muy gráficos. Pero es que me acabo de enterar de que el Rajoy del PSOE llamó a un programa de prensa rosa para decir que no le gustan los toros. Ok, Einstein, ya sabemos que no eres una vaca, ¿qué diablos haces con tu vida? Es para llorar. ¿Esta basura constante es el futuro que nos prometieron? ¿Dónde están los coches voladores y las colonias en la Luna?

El futuro antes molaba más.
Lo de las colonias en la Luna es un detalle importante porque ante este panorama hay quien huye por la vía de la neorreacción, de la ilustración oscura y de un neoeuropeísmo identitario muy extraño. Cierto discurso que podemos situar próximo a la derecha social europea que gana adeptos mientras intercambia imágenes de cuadros del romanticismo y fotografías de iglesias nórdicas por las redes sociales. Todavía esa nueva tribu no tiene escuela pero cuando la veis, la identificáis. Por eso lo de las colonias en la Luna. Sí hay una salida y esa salida no es evocar un pasado romántico.

Que ésa es otra: lo de evocar un pasado romántico es patológico. Tú intenta decir algo sobre el límite de un ayuntamiento o ya no digamos exclave autonómico y tendrás suerte si sales vivo. Esa cosa tan premoderna de "¿qué has dicho de mi pueblo?". Cuando veo una de esas reacciones me encantaría ver a alguien defendiendo trazar límites administrativos con escuadra y cartabón. Sólo por eso, aunque fuera un chalado del cambio climático, tendría mi apoyo.

Fronteras bien.
Nadie es ajeno al error debido a que nadie puede procesar la información necesaria para no cometer errores. Pero digamos que los humanos tenemos la facultad de cambiar de opinión. El problema de los humanos es que en ocasiones deciden no cambiar de opinión y emperrarse. Algún mecanismo debe haber que explique por qué buscamos la autoafirmación. Supongo que en un dominical se nos dirá que el cerebro humano busca estar cómodo y por eso prefiere no cambiar de opinión. Cambiar de opinión es un proceso doloroso y complicado y el cerebro está más a gustito con sus preconcepciones. No sé.

A la conclusión que he llegado de un tiempo a esta parte es que existe una preferencia estética a la hora de inclinarte por una u otra idea. Si te gustan más unas cortinas de color amarillo que unas de color verde, no puedes explicar exactamente el porqué. Yo tampoco me explico que haya preferencias en el mundo de la cortina, para mi la mejor cortina es la que está más cerca de la salida del comercio. Pero si ciertamente no se trata de ponderar pros y contras sino de meras preferencias estéticas, las reglas del juego diría que se vuelven más sencillas. Sólo a una parte pequeña del auditorio lo podrás convencer con gráficos y tablas, a la mayoría tendrás que caerle bien o gustarle.

Liberalismo y cuestión estética

Y aquí es donde engancho con el post del liberal de Bilbao. Pasando por alto que la normalidad que propone el liberalismo es un instrumento para superar la tontería dominante, es necesario descifrar por qué carece de éxito el liberalismo en este país. Lo primero que se me ocurre es que la pregunta encierra una trampa. ¿Realmente el liberalismo en España carece de éxito? Ya sé que ponerse como víctima es lo fácil: todo el mundo lucha contra gigantes imposibles de vencer. Pero hay motivos para pensar que el liberalismo no carece de éxito en España.


España es el único país del mundo que ha probado todas las ideologías y sistemas políticos conocidos. Y finalmente nos quedamos (o nos hicieron quedar, para el caso es lo mismo) con este que es un sistema liberal. Liberal a la europea, pero liberal al fin y al cabo, perfectamente inmerso en occidente y homologable al resto del mundo libre. Es decir, son los no liberales los que parten con la ventaja o desventaja de proponer un sistema alternativo. Buena suerte con eso, chiflados.

Si tenemos un sistema liberal, quienes defendemos este sistema seremos liberales. Siguiendo el silogismo, los liberales somos mayoría en este país. Mayoría aplastante además. Esta es mi "vuelta del revés" que menos éxito encontrará entre las filas liberales, lo reconozco. Y aquí llegamos al problema estético que creo también leerle al compañero bilbaíno. La cuestión estética. Si el liberalismo se ve a sí mismo como parte del antisistemismo o como contracultura (?) o como posición minoritaria, entonces así será cómo lo verán los demás. En ocasiones he pensado que al liberalismo español le hacen falta menos economistas y más expertos en marketing. Menos expertos en Forex y más cantantes. Menos profesores de economía y más presentadores de telebasura.

No es que desprecie la parte económica del liberalismo ni mucho menos: se trata de que esta parte no tape al resto. El PSOE por ejemplo tenía éxito con su política hacia las minorías, una parte que, quitando las subvenciones al silbo gomero vegetariano, era lo más liberal de su programa. El público llega a pensar que esa es una política socialista y no lo es. Si la gente después del PSOE corre huyendo hacia el PP es porque se le suponía capaz de arreglar la situación económica y lo poco salvable del programa económico del PP, es decir, las razones por las que el público les veía como salvación, es precisamente la parte liberal del programa. Otra cosa es que su programa para ellos tenga tanto valor como las candidaturas no-Pablemos dentro de Pablemos.

Un pequeño melón

Tangencial a la cuestión estética hay un melón que nadie quiere abrir. En política, el enemigo de mi enemigo no es mi amigo. Hay una parte en la derecha española que se siente a gusto entre liberales porque criticar juntos al PSOE, a los nacionalistas y a los ecologistas, es más divertido. El caso es que el 90% de las veces esas mismas críticas se les puede hacer a ellos desde el liberalismo (o por su antiliberalismo).


En el fondo (y en la superficie) el problema es que el liberalismo acepta tanta variedad en su seno que cualquier iniciativa de abanderar la marca liberal está condenada al fracaso. Si apareciera un partido liberal con ese nombre en España, una legión de liberales diría que no son liberales. Por eso ningún partido se define por lo que es (los "socialistas" tan solo heredan una marca registrada). Esto es como lo de arreglar los baches de una calle. Si el ayuntamiento, dirigido por una lista liberal, decide arreglar los baches, arreglar los baches será liberal y no arreglarlos antiliberal. Doscientos años de filosofía política a la basura ¡con alegría!

No creo, por lo demás, que el mayor problema sea la movida del estatismo o del ancapismo, esas son discusiones muy frikis y reducidas que no le importan a nadie. Yo quiero que la señora Maruxa, que la dejamos unos párrafos más arriba muriéndose del asco con sus patatas, vote a una lista liberal. Si ganas a esta señora, ya hay partido. Pero antes de ganarla hay que llegar a ella.

Ahora vas y lo cascas:



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