jueves, 21 de agosto de 2014

De violaciones aparentes y lumpen

Uno de esos casos de la relatividad del 100%: Feria de Málaga, madrugada, una patrulla encuentra a una chica "aturdida", dice que ha sido violada, se identifica a los presuntos culpables, los detienen, hay una vista, los absuelven, se monta el pifostio de indignación popular. Diríamos que tenemos el 100% de la noticia. La noticia en este caso es la absolución de los presuntos culpables, pero también es noticiosa la reacción ante una sentencia "injusta" porque la masa, el pueblo, la asamblea, el círculo primordial de justicia sabe más del tema que la propia juez.

Bulevar parisino en una obra de Pissarro. La anchura de las nuevas calles dificultaba formar barricadas y abría el paso a las fuerzas del orden público.
Problema: no tenemos el 100%. Una vez que la prensa saca una noticia de otra, se empiezan a conocer detalles. Hay un video. Fiscal y juez vieron el video. Hay testigos, los testigos corroboran la versión de los acusados en que fue sexo grupal consentido. Parece que nos acercamos al 100%, pues el 100% original era relativo.

Si nos hubiéramos quedado en el día uno de la polémica (¿por qué cualquier decisión judicial es polémica?), esos fulanos estarían en prisión. Y creo que yo estaría de acuerdo. Tengo prejuicios contra los grupos de canis que practican sexo con borrachas disolutas que después encuentra la policía llorando. Pero video y testigos aportan más datos. Es curioso cómo entre los indignados se insistía en que "habían grabado su fechoría", como si eso fuera peor aún. Vete a saber si aparte de grabarlo como trofeo, también lo grabaron por lo que pudiera pasar: ya se sabe que en estos casos, el hombre o grupo de hombres está discriminado frente a la mujer.

Susanna al rescate.
Además, se trata de canis (desconozco si los canis son solo de Sevilla o también se extienden a Málaga, no estoy puesto en tribus). Canis que viven en barriadas, que salen a la calle sin camiseta, que se tatúan demasiado, que menudean con droga y de quienes nadie espera ningún premio Nobel. Vamos, que se trata de gente que nos importa una mierda, cosa que evidentemente Susanna Griso no puede decir en antena, pero creedme, a Susanna también le importan una mierda. Y uso a Susanna como metáfora, que tampoco me parece la presentadora más estercolera del país, pese a tener a Albert Castillón al lado.

Albert Castillón diciendo alguna gilipollez.
Gran parte de la relatividad del 100% viene porque no queremos reconocer que la chica puede consentir sexo en grupo después de haberse tomado unas copas. Nos resulta extraña esa idea. Las amas de casa que ven estos programas donde enseñan las cosas de nuestro lumpen son incapaces de pensar que una chica pueda consentir tales cosas. Se produce aquí cierta paradoja: por un lado, niñas de 20 años reciben el continuo mensaje de que son adultas para hacer con sus cuerpos lo que quieran, para disfrutar de su juventud y para tener relaciones desinhibidas. Por otro lado está el arrepentimiento. El "qué he hecho" después de que les baje el subidón. Sobre todo con un video de por medio. Vídeo, por cierto, en el que se la ve mirando a la cámara y pasándoselo bien. Es decir, es como si por un lado fueran empujadas a comportarse de cierta manera pero ipso facto a impedir que se sepa lo que han hecho. Es como si la educación recibida se balanceara entre esos dos extremos irreconciliables. De esta misma cesta saco el pescado que me dice que esos chavales que practicaron sexo en grupo con la muchacha no aceptarían que su hija hiciera lo mismo. Y no hace falta limitarse al lumpen para descubrir comportamientos similares.

Es importante notar lo del lumpen y el proceso de invención de noticias. Una ventana abierta a gente que nos importa una mierda sirve a esa tercera parte de la población que vive en la miseria para hacerle pensar que su vida no es tan horrible. Es como si Susanna señalara a señoras que sobreviven con pensiones de 300 pavos gente que está peor que ellas. "Miren, ustedes lo pasan fatal, pero después del anuncio de Cofidis les vamos a enseñar gente que da más asco que usted, así que usted pensará que tampoco lo pasa tan mal".

¡Dinero para droga! ¡Fenomenal!
Pongo el ejemplo de los gitanos. Siempre que se habla de gitanos hay que decir que "hay gitanos buenos", no vaya a ser que venga la policía del pensamiento a denunciarte por crimen mental. Defender una tautología —hay abogados buenos, hay pelirrojos buenos— como compensación antidiscriminación es una de las cosas más estúpidas con las que tenemos que bregar. Bueno, al lío: cuando Susanna, como Félix Rodríguez de la Fuente, nos enseña a gitanos poniendo a un cámara en un jeep y recorriendo el safari, nos enseña lo mal que viven pero al mismo tiempo lo graciosos que son, con su flamenquito, sus guitarritas, su hip hop y sus mierdas. Programas como "Callejeros Viajeros en el Barrio de las 3.000" o "La Palmilla Directo". En estos documentales de naturaleza suele haber un reportero si la cosa está muy fea, pero normalmente ponen a una reportera con aires pijos para que el espectador compruebe el contraste y comparta sus emociones. "¿Y hacéis la comida ahí? ¿No es peligroso?", dice la pija con cara de desagrado ante una anciana sin escolarizar. Y la señora primordial en el salón de su casa se lleva la mano a la mejilla: "oy, oy, oy". (Una reciente variante de este tipo de documentales zoológicos consiste en llevar a una reportera pija a una prisión).

Ven que viven entre basura, pero el programa no explica por qué viven entre basura. El programa nos da una apariencia del 100%: droga, chabolas, flamenquito; pero la otra historia no nos la cuenta. No hablan de los subsidios ni de las viviendas sociales. No hablan de un sistema que debería funcionar para hacer desaparecer esos focos de tercer mundo en lugar de enquistarlos (es más, a veces se trata de evitar que desaparezcan porque son "cultura"). Si un programa trata de las causas de esa miseria, no lo verá la señora primordial en el salón de su casa, lo verán gafapastas de pastel como una curiosidad intelectual más. Es decir, no puedes enseñar dos cosas que son el 100% de la historia. O maricón o sordomudo, pero no me cuentes las dos movidas.

Barrio abandonado en Hong Kong.
Volviendo al tema del gang bang malaguita, hace un poco de gracia ver a los absueltos diciendo que estuvieron a punto de ver arruinadas sus vidas. El periodista recoge esa declaración con un micrófono y asiente, mientras piensa que le pagan poco. Y en plató un "trabajador social" (¿qué será eso?) le explica cosas de cuñados a Susanna mientras Susanna piensa en llamar a la canguro para que no se olvide de llevar a las crías a clase de piano. A su lado, Albert Castillón mira la escaleta y segrega saliva: en veinte segundos le toca hablar de un loco que ha descuartizado a una ancianita que vivía sola, una neurona en su cerebro grita "¡target!".

Pero nadie en ningún momento dirá que esos chicos ya tenían la vida arruinada antes del caso de la falsa denuncia. Y mucho menos nadie dirá que nos importa una puta mierda, con perdón. Si por algo se distingue el lumpen no es por su miseria —constatemos que la economía informal es un medio de vida que unida a la limosna pública da para un sueldo con el que alguien sin iniciativa no querrá mejorar su circunstancia personal—, tampoco por su violencia —yo defiendo que la pobreza no genera violencia—, ni mucho menos por sus "problemas de integración" —es más, tú vas a su barrio, y eresel que no puede integrarse—. Ya sabéis: estas chorradas que escuchamos a expertos que no sacaron buenas notas en Selectividad y se conformaron con carreras mierder como Trabajo Social, Relaciones Laborales o Sociología. No. Si por algo se distingue el lumpen es por su nula capacidad de organización. Es la gente que tienes estabulada en guetos y a quienes les pones una parada de bus y creen haber conseguido una gran cosa. Es gente que nunca se dará cuenta de que son considerados mero exceso demográfico. Gente que al tener su gueto ven colmadas sus aspiraciones tribales de territorialidad mientras dejan el resto de la ciudad libre para la gente normal. Peones, piezas. Y no veremos su extinción mediante la mejora de sus condiciones de vida y el acceso a mejores oportunidades vitales, mientras del caso se sigan ocupando periodistas sin escrúpulos y trabajadores sociales que viven del cuento de decirnos que "la sociedad es la culpable".

Lo de echar la culpa de algo a la sociedad es un viejo conocido que ayuda a generar opiniones tan facilonas como desinformadas. Es la excusa ideal de quienes viven de impedir resolver problemas aparentando que los resuelven. Pero este, amigos, es un tema que por sí solo abarca más del espacio disponible por hoy. Yo, como Susanna Griso, no quiero liaros con varios cienes por ciento, que os perdéis.

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martes, 19 de agosto de 2014

Las murallas de Bizancio

Tal vez sea una impresión equivocada. Lo cierto es que no existen datos que confirmen este pálpito, pero tiendo a pensar que al contrario que sucede con otros fenómenos relacionados con conflictos bélicos en Oriente Medio, el del Estado Islámico cuenta con el factor "Brigadas Internacionales" en mucha mayor medida que otros conflictos.

Después de Alejandro. Creo.
De tres años hacia acá, demasiados países de mayoría musulmana vivieron su momento anárquico. La guerra de Libia y después la de Siria se enquistaron dando pie a revolucionarios de otros lugares a tener un lugar al que ir a hacer la revolución. Como ya sucedió con el Che en Cuba, revolucionarios fracasados van allá donde las condiciones son más propicias para cometer crímenes. En el caso sirio ya es evidente que se trataba de un país cuyo liderazgo era impostado. No menciono las condiciones ambientales que propician la insurgencia: desiertos en este caso, que son difíciles de tener bajo control. Igual que pasaba en Libia donde era algo más que un rumor que existían campamentos terroristas al margen del control del dictador. Sucedió lo mismo en las selvas de Centroamérica y Cuba. También sucede —no lo olvidemos— en los infinitos archipiélagos de Filipinas e Indonesia. Son terrenos objetivamente difíciles de controlar. El norte de Mali, lo mismo.

Por lo tanto, en esos sitios donde nadie te pide el DNI y tampoco nos importa demasiado lo que pasa, simplemente no sabemos lo que pasa. Hasta que pasa. En el caso del Estado Islámico, igual que en el norte de Mali e igual que en otros tantos sitios, se comete un genocidio y por lo tanto tenemos la obligación moral de impedirlo.


No quiero que se me malinterprete: la historia ha demostrado en numerosas ocasiones que el despliegue de una impresionante potencia de fuego suele resolver problemas como estos. Principalmente los resuelve donde no se pueden resolver de otra forma, es decir, donde no existe comunicación posible con el enemigo (pongo un contraejemplo: con la URSS sí era posible la comunicación y por eso no se entró en guerra directa). Pero a donde voy es al panorama que tenemos por delante. Agujeros horribles en los que en las últimas décadas sólo se ha conocido la guerra y en los que la mitad de la población no supera los veinte años. Esto tiene muy dificil arreglo.

Tiene tan dificil arreglo que una victoria militar no garantiza que no se repita el conflicto. Una victoria que logre que el enemigo ya no quiera seguir combatiendo ya es complicada cuando el enemigo está dispuesto a morir. Pero es más dificil todavía cuando no conoce otra cosa que la guerra. En la civilizada Europa Occidental todavía hay más de 65.000 soldados americanos. La guerra acabó hace setenta años y la consideración de Rusia como un rival a temer acabó hace veinticinco. Hay quien puede decir que esos soldados siguen aquí porque son la potencia hegemónica y así proyectan su capacidad estratégica. Yo no soy de esos.

Pincho de tortilla y caña a quien me traiga su barba.
En Afganistán unos 50.000 soldados de la OTAN llevan trece años sobre el terreno y todos sabemos que en el momento en que se vayan, eso vuelve a ser una juerga (si es que no lo es ya). De Iraq, después de diez años, la fuerza multinacional se replegó, y aunque parece que hubo avances importantes en lograr que los iraquíes tengan ciertas instituciones embrionarias y puedan encargarse de la seguridad en los lugares más importantes, los recientes hechos nos indican que no se acabó el trabajo.

No puedo evitar pensar que la débil posición occidental apaciguadora en la guerra civil siria propició que se enquistara el Estado Islámico. Lo que surgió como una alianza entre varias facciones terroristas aspira hoy a tener un control efectivo sobre el terreno. Y esto lo están logrando uniendo sus salvajes métodos a la débil occidentalización de esos territorios. Y sobre todo a la facilidad con la que capturaron armas a los mal pagados ejércitos iraquí y sirio. Si están obteniendo recursos, muyahidines y armas por otras vías, estaría bien saberlo. Y si tienen otro tipo de aliados que se lo pasan pipa en hoteles de lujo, también estaría bien saberlo. Por aquello de meterles un trocito de plomo en el cerebro, no por otra cosa.

Desensibilización sistemática.
Como veis, no me detengo a argumentar por qué hay que combatirles y por qué tenemos que ganar. Creo que es algo auto-evidente. Lo que sí me preocupa es el día después. Hablo de carreteras, colegios, alcantarillado, antenas de telefonía, estrenos de Hollywood. Hablo de decenas de miles de maestros que no sé de dónde pueden salir. Hablo de que como se trata de lugares profundamente xenófobos, no servirá cualquier tipo de maestro. Hablo de lograr que países de mayoría musulmana que más o menos son nuestros aliados, se impliquen. Es decir, el día después tiene un montón de factores que nadie controla. Pero incluso todas estas resistencias no deben detenernos.

Claro, vivimos en un mundo horriblemente complejo donde no hay nada sencillo. Por ejemplo, el mejor aliado que tiene Occidente en la zona es el gobierno kurdo del norte de Iraq. Un gobierno que de facto actúa como un estado independiente pero a quien no se puede reconocer porque Turquía no lo podría aceptar. La minoría kurda se extiende por varios países y su reconocimiento oficial no sólo significaría el fracaso de la permanencia de Iraq como estado, sino que soliviantaría todavía más a iraníes y turcos, quienes a su vez son aliados contra el Estado Islámico.

Son sus costumbres y debemos tolerarlas (Fuente).
Georgia y Armenia se enfrentan como ruido de fondo a yihadistas del Cáucaso, pero a su vez no están a bien con Rusia, que a su vez también combate a esos yihadistas, pero al mismo tiempo a nuestros aliados ucranianos y de forma más sibilina a Polonia y Países Bálticos. Si nos vamos a la frontera oriental del espacio que aspira abarcar el califato, tenemos a China, que no es precisamente un aliado, combatiendo a terroristas suicidas en Xinjiang. Pero a su vez China propicia roces con aliados como Japón y como Filipinas. En el caso filipino, su ejército también combate a nuestros enemigos mutuos.

Más cerca, en el Golfo Pérsico, tenemos aliados fundamentales en forma de emiratos que sólo siguen existiendo mientras la especia melange sigue fluyendo. No hace falta recordar a nadie que un torturador del califato se encontraría feliz en muchas aldeas de la península Arábiga. Todavía más cerca, en el festival de Eurovisión, tenemos a Israel, defendiéndose del yihadismo a treinta segundos de sus panaderías y con la opinión pública europea sorprendentemente en su contra. Del Sahel ya ni hablamos porque confiamos en el poder mágico del Sahara para actuar como muro de contención.

Cuando el remedio es peor que la enfermedad.
Otro ruido de fondo: en casa tenemos la exitosa falacia de considerar una religión particular como fuente del problema. Esto se lo oímos a altramuces que no han salido de su casa ni han conocido países de mayoría musulmana. Hay musulmanes más occidentales que el obelisco de la Plaza de San Pedro. Si los altramuces triunfan en su relato, habremos perdido a estos para la causa. Es más, si triunfan en su relato, nos convertiremos en una imagen especular del intransigente enemigo al que tenemos que derrotar.

Ben Yusuf lo veía claro:




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