jueves, 27 de abril de 2017

¿Por qué hay defensores del autoritarismo?

Los ingredientes que forman la sociedad abierta son conocidos, han sido y están siendo probados y los más importantes los podemos resumir en participación pública, instituciones representativas, eficacia de la ley, proporcionalidad en el uso de la violencia pública, cumplimiento generalizado de las normas, publicidad de las decisiones políticas, independencia de la justicia e imparcialidad en el trato. Con estos (y otros) ingredientes las sociedades abiertas han logrado los mejores resultados en todos los baremos aplicables en el ámbito de los logros colectivos de la sociedad humana. Todas las estadísticas que tienen que ver con sanidad, educación, alimentación, violencia, rapidez en las comunicaciones/transporte, etc. se disparan en las últimas décadas en lo que conocemos por mundo libre. Es más, se disparan también en aquellos otros países que comienzan a aplicar los modos que son propios del llamado mundo libre.

En Bielorrusia suele haber más policías que manifestantes.
Me cuesta encontrar alguna métrica deseable en la que una sociedad autoritaria supere a una sociedad libre. Incluso la producción de máquinas de guerra y la preparación de los soldados son incomparablemente superiores en las democracias liberales no sólo hoy, sino en cualquier otro momento del último siglo. Ocurre algo parecido con la paz pública y la delincuencia: las sociedades libres sufren menos crímenes (y paso por alto que la definición de "crímen" suele estar más acotada en el mundo libre que en el otro).

Vale. Si cualquier objetivo deseable que se plantee una sociedad humana solo es posible obtenerlo mediante lo que llamamos régimen de libertades, ¿cómo es posible que haya gente que desee lo opuesto a esas libertades?

Esta es la típìca pregunta básica que todos damos por respondida sin detenernos a pensar en ella. Hoy que vivimos la pugna entre liberales y populistas, entre libres y serviles, entre demócratas y nacionalistas, entre republicanos y reaccionarios; nos conviene detenernos nuevamente en esta cuestión.

En más ocasiones de las que me gustaría ver los defensores de la sociedad abierta pecan de inocencia o ingenuidad. Cuando por ejemplo dicen que el éxito de una sociedad libre se mide según lo robusto que sea su Estado de Derecho y que por tanto hay que defender que el Estado de Derecho sea robusto yo puedo estar de acuerdo pero al mismo tiempo entiendo que hay gente que no ve deseable eso, que prefiere defender un Estado de Derecho hecho a la medida de un colectivo particular.


Hay que reconocer también que los defensores de la sociedad cerrada o servil a veces captan apoyos de carambola. Sería interesante realizar un estudio entre los medios de información acerca del número de visitas, enlaces compartidos, audiencia, etc. entre noticias que tratan del atentado de un terrorista y noticias que tratan de una operación policial que se salda con la detención de media docena de terroristas. Apelar a la entraña es siempre más sencillo que apelar a la razón. Los serviles aquí parten con ventaja: todos tenemos entrañas pero no todos ejercitamos igualmente nuestra capacidad de análisis crítico (en unas ocasiones por desidia y en otras por falta de recursos intelectuales). Si en tu periódico pones en portada un atentado terrorista horrible tu público somos todos, si pones en cinco columnas el resultado de una operación policial que pudo evitar una docena de atentados la gente compra otro periódico.

Ya van ahí dos motivos de los defensores de la sociedad cerrada: el primero, pertenecer a un colectivo que quiere mantener u obtener privilegios. El segundo, apelar a las entrañas hace más sencillo el recorrido político (tu público objetivo es más amplio).


La dificultad de este debate está en que es muy dificil encontrar a alguien que conscientemente defienda la sociedad cerrada y acepte las premisas del debate. Otra dificultad la hallo en mi propia posición de partida: yo comienzo diciendo que la sociedad libre es la que mejores resultados da en una serie de métricas pero puede darse el caso de que esas métricas no sean importantes para ellos. Que la escolarización femenina reduzca la tasa de natalidad, la mortalidad infantil, aumente la esperanza de vida, las calorías consumidas por la siguiente generación, etc. no tienen que ser cosas que importen o sean buenas para todo el mundo. Alguno puede pensar que con una escolarización femenina acotada y un mercado laboral femenino reducido se logren más amas de casa, menos divorcios, familias más estables y con más hijos y esto puede ser usado de argumento para defenderlo con el objetivo de lograr una sociedad más homogénea y menos conflictiva. (La obsesión nacionalista con la homogeneidad social es algo que me flipa: creen que la homogeneidad es la panacea, cosa que no está demostrada. Me mola en particular cuando ponen de ejemplo a Japón, un país que consideran homogéneo porque todos los tipos con ojos rasgados les parecen iguales).

El debate, como digo, es complicado porque no se trata tan solo de contraponer resultados sino que las premisas son diferentes. ¿Lucha contra el crimen? Yo puedo exponer que el endurecimiento de penas no tiene efecto sobre la tasa de criminalidad y que los programas de rehabilitación reducen la reincidencia. Al autoritario esto se la sopla: él quiere ver a un policía en cada esquina para amedrentar a los chavales que hacen grafitis. El autoritario vive en un mundo pequeño.

Otro asunto más abstracto: la intervención en terceros países. Ya sea para ayudar tras un desastre natural o para perseguir y detener a un tirano el cerril suele negarse porque no quiere "ayudar a los de fuera antes de ayudar a los de aquí" (o su variación "no es cosa nuestra"). Esta frasecita es una vieja conocida. Era mentira cuando se la inventaron y sigue siendo mentira hoy: comparar las posibilidades de ayuda y la situación de los de aquí con las capacidades y situación de los de algún país que las pasa canutas es hacer una equivalencia entre dos cosas que no se parecen. Además, hay ocasiones en las que la razón para ayudar no es crear demanda para tu mercado (aunque es una buena razón) sino que ayudas porque simplemente estás en disposición de hacerlo (en lo concerniente a España en este asunto opera una letanía repetida por populistas de todos los colores: "España es un país pobre", insisten, cuando realmente España es uno de los países más prósperos del planeta. El servil viaja o lee poco).

¿A quiénes os recuerdan los autoritarios del primer mundo? Exacto, a los autoritarios del resto del mundo.
Además es curioso porque no quieren enviar al ejército a ninguna parte pero quieren ver a muchos jóvenes uniformados. ¿Para qué quieres tener un gran ejército dentro de casa (dejemos por ahora las fantasías homoeróticas típicas de los nacionalistas autoritarios)? La pregunta se responde sola.

En el aspecto de la política económica las motivaciones del autoritario son más conocidas: los campeones nacionales, la propiedad pública de algunos sectores estratégicos (energía, comunicaciones, transportes, etc). Claro, es muy jugoso tener el monopolio público de ciertos mercados para utilizarlo como fuente de ingresos que afecta de forma más indirecta al bolsillo de los ciudadanos que los impuestos. El caso es que hoy en día la utilidad práctica de esto es limitada porque hoy los países acceden de forma más sencilla a la deuda internacional que hace décadas. Si no quieres subir los impuestos emites deuda (o recortas gastos) no subes el precio del kilowatio cinco céntimos. Más aún: la política proteccionista para evitar la competencia. El proteccionismo parte de la misma equivocación que el cálculo económico socialista: ningún país tiene todos los empleos que necesita (la China roja tampoco). En primer lugar porque no sabes los empleos que necesita el país (pequeño detalle), en segundo lugar porque no todas las materias primas ni la capacidad de transformarlas las tienes en tu país y en tercer lugar porque la formación e innovación que necesitas proceden de una tupida telaraña de relaciones comerciales y académicas internacionales de la que si tú te sales todo el mundo sale perdiendo pero tú el que más.

Hay una prueba del nueve con esta cantinela de nacionalizar sectores estratégicos. Todos los populistas hablan de la electricidad, del gas, etc. Pero ninguno habla del pan. ¿Qué hay más estratégico que el pan? ¿Quieres nacionalizar sectores estratégicos? Empieza por el de la producción y distribución de alimentos básicos. A ver cuánto duras.


En resumen, de las pretensiones básicas de los populistas podemos extraer una serie de motivaciones comunes: el afán por el control y "buen orden" de la sociedad, la homogeneización social, la política dedicada a la satisfacción de lo particular frente a lo universal. Si a todo esto le añadimos su negación a basar sus políticas en métricas y resultados probados, tenemos operando ahí la irracionalidad.

Particularismo e irracionalidad como cimientos del autoritarismo defendido en nuestros días. No me extraña que no sea habitual este debate: nuestras sociedades se basan en sus opuestos: universalismo y racionalidad y nuestros debates también. Es decir, esta gente jamás se colmará en un parlamento porque para poder empezar a hacer su política precisan de la aniquilación del régimen actual. Siendo así considero cualquier intento de contemporización o conllevancia con esta gente contraproducente y recomiendo su expulsión de la vida política.

Sobre esta última reflexión existe una paradoja habitual. Cuando uno dice que un partido autoritario no debe permitírsele presentarse a las elecciones o algo similar respecto a un medio de comunicación que únicamente se dedica a dinamitar los fundamentos de la sociedad abierta se le suele acusar de ir "contra la democracia" o "contra la libertad de expresión". Es paradójico que la gente que se quiere cargar la libertad de expresión acuda a ella cuando le tocan el megáfono. Bueno, pues para esta gente tengo noticias: la democracia se defiende, la libertad de expresión se defiende, la libertad de prensa se defiende. Y defenderlas a veces implica poner la ley a funcionar: libertad de expresión no es lo mismo que potestad de expresión. Un bulo o una difamación no son opiniones libres. La solapada propaganda de intereses extranjeros no es libertad creativa. Se puede argumentar que el tema es peliagudo y que la delgada línea que separa unas cosas de las otras es muy delgada pero precisamente por eso en las sociedades abiertas tenemos sistemas garantistas, para no caer en el autoritarismo. Dicho esto no podemos olvidar que incluso en la sociedad abierta tenemos reflejos de autoritarismo (educación universal, sin ir más lejos) y ese autoritarismo podemos usarlo para defenderla, que es al fin y al cabo nuestra obligación cívica.



6 comentarios:

Manuel Ángel Marcos dijo...

Empecemos con lo que podemos estar de acuerdo. Pongamos un ejemplo de un régimen que pueda encarnar eso que denomina “autoritarismo”. Estoy pensando en uno cuyo sistema de oligarquía de partidos está inspirado en modelos de Europa occidental pero que, por su relevancia geoestratégica y por dinámicas internas, la autoridad del líder político ha adquirido niveles “providenciales” resultando o bien incontestada o si existe contestación popular, ésta ha sido severamente reprimida. Quizá esto sea una descripción ajustada a lo que puede ser la Federación Rusa de Putin pero es todavía más cierto para la Turquía de Erdogan. Lo que las diferencia, amén de otros mil detalles, es que la primera combate al yihadismo en su territorio y en tierras sirias a petición del gobierno establecido. El segundo en cambio, ha colaborado y armado a los yihadistas para atacar al gobierno sirio y quizá también en tierras no tan lejanas (http://www.voltairenet.org/article190902.html; http://www.voltairenet.org/article190911.html; http://www.voltairenet.org/article190916.html) Uno de esos países no es una amenaza para las naciones europeas, el otro sí. Lástima que sea el segundo el que está integrado en la OTAN, esa obsoleta alianza militar que pretendía defender una “democracia” que, formalmente, sólo existe en USA.

Continuemos con lo que no comprendo. Desde luego, ahora que los “presstitutes” han desempolvado el manual de estilo empleado en la redacción de propaganda durante la Guerra Fría, puede resultar difícil resistirse a esa indisimulada retórica frentista. O con los “malos” o con nosotros (pretendidamente los buenos). Particularmente forzadas me parecen las disyuntivas que plantea: “pugna entre liberales y populistas, entre libres y serviles, entre demócratas y nacionalistas, entre republicanos y reaccionarios”. ¿Realmente reconoce en países como en España a algún político dentro del sistema que pueda catalogarse como liberal o republicano? ¿Existe algún parlamentario que defienda una reforma electoral que permita los ciudadanos puedan votar a auténticos representantes o que se elija de forma separada al jefe del ejecutivo, esto es, que tengamos una democracia? ¿Acaso no cabe catalogar de servil a nuestra clase política, judicial y periodística? Lectura recomendada al respecto: http://www.vozpopuli.com/opinion/crisis-periodismo-pianista-convirtio-ganster_0_1021698211.htm.

Seguiremos con lo obvio, los estados europeos no son formalmente democracias. Son Estados de partidos, partitocracias si se prefiere, en las que los ciudadanos carecen de representación política y no existe separación de poderes dentro del Estado. Además, los contribuyentes se ven obligados a sufragar los gastos de los partidos políticos que, una vez estatalizados, quedan en un plano distinto al de la sociedad civil a la que dejan de servir para pasar a depender del mismo Estado del que son un órgano más. (Para aclaraciones breves sobre estos conceptos le recomiendo: https://www.spreaker.com/user/radiolibertadconsituyente/especial-navidad)

Manuel Ángel Marcos dijo...

Sus denominadas “democracias liberales” occidentales, quizá con la excepción parcial de Francia y el parlamentarismo de la pérfida Albión, son realmente sistemas de poder en los que éste depende de instituciones, partidos políticos estatales, que están integradas en el Estado (si esto suena fascista es porque lo es). Del apelativo “liberal”, diremos que si hace referencia al concepto anglosajón del término, tampoco tendría mucho que objetar. En todo caso, si fuera así, en poco se distinguiría del de ordoliberal (o neoliberal, si queremos fastidiar) que vendría a ser la ideología imperante del consenso “social-democrático” posterior a la 2ªGM que sentó las bases de la economía mixta (o social) de mercado que hoy está en crisis. Si a día de hoy, las marcas socialdemócratas y la impía democracia-cristiana están tan decaídas es debido a la corrupción inherente a un sistema en el que la sociedad civil queda al margen de la política. La desconexión entre los siervos tributarios y los partidos estatales ha propiciado que no se tengan en cuenta los pareceres de los primeros por lo que cuando han surgido alternativas que, por desquiciadas que puedan resultar sus propuestas en conjunto, se hacen eco de los temores e inquietudes del pueblo llano, no cabe sorprenderse de que sean aplaudidas en las urnas.

Respecto a la mentada excepción francesa, la imperfecta separación de poderes existente se manifestará nítidamente cuando los electores elijan a sus representantes de distrito (en España sólo se puede refrendar listas de partido por lo que no existe representación del elector) y se configure una Asamblea Nacional que sirva de contrapoder a la “monarquía presidencial” francesa, ya recaiga ésta en la “radical de derechas” Le Pen o en esa creación del “establishment” neoliberal que es Macron, también conocido como el “lobo de Bercy” (recomendación para reír un poco: https://www.youtube.com/watch?v=5b6ImV0NNg0)

No entraré en la crítica del intervencionismo militar exterior. Simplemente diré que un buen vasallo sirve a su señor. Y España, como vasallo del Imperio realmente existente es un buen siervo. Otra cosa es que tengamos un buen señor o que estemos obligados a defender a terceros de “amenazas” imaginarias (http://www.libertaddigital.com/espana/2017-04-29/las-fas-espanolas-inician-su-despliegue-en-el-este-para-frenar-la-amenaza-rusa-1276597923/) La partidocracia española, de los más fieles vasallos del Imperio y cuyo gobierno es el más sumiso súbdito de la gobernanta Merkel, está efectivamente amenazada por sus bien integrados partidos secesionistas (los mejores exponentes de lo que el Prof. Bueno definiera como “derecha extravagante”) que llevan años amenazando con romper un sistema que tanto les ha beneficiado y beneficia. Por otra parte, también está el riesgo representado por esa formación protofascista acaudillada por un comunista cuyo nombre recuerda a cierto eslogan de campaña del ya retirado dirigente del Imperio, que empieza a cobrar por los servicios prestados al “establishment” ( http://www.libremercado.com/2017-04-29/obama-pasa-de-criticar-la-desigualdad-a-cobrar-millones-por-libros-y-discursos-1276597898/)

Lo realmente preocupante de su exposición no es su acrítica adhesión a la oligarquía de partidos reinante en Europa, cuya quintaesencia es la UE. Lo que ya empieza a asustar es su alusión al recurso del “autoritarismo” para defender una inexistente democracia. Máxima expresión de su pretendido “liberalismo” es esa apelación al adoctrinamiento merced de la educación pública universal (ergo OBLIGATORIA) para modelar las infantiles consciencias y convertirlos en buenos siervos de esa partitocracia que tanto parece apreciar.

Habiéndole leído bastante, tomaré lo expuesto como un desafortunado sarcasmo a menos que usted me diga lo contrario y me saque de mi error.

jerm dijo...

Estando de acuerdo en la argumentación general de la entrada, hay un par de flecos que me parecen inquietantes y que son la base del fenómeno populista que estamos sufriendo.

Primero, el sistema aparece como incapaz de dar respuesta a nuevas amenazas. La inmigración ilegal, el terrorismo radical (redundancia, ya sé), las propias corrientes neo-autoritarias que calan entre los jóvenes y los no tanto. La lentitud de respuesta se ve como un problema que sería solucionado por la vía rápida (acción directa autoritaria). Sí, puede que sea una ilusión, pero si los dueños del chiringuito democrático creen que algo no funciona lo van a cambiar, indepedientemente de la realidad subyacente. Por tanto, esa incapacidad con cierta base fundada y cierta aparente es un problema real que se debe afrontar. Con decir que la gente es idiota por tragarse los nuevos autoritarismos no basta. Porque esos idiotas van a seguir ahí y hay que tratar con ellos.

Segundo, queda meridianamente claro que nuestro sistema actual Occidental es el mejor del mundo, y es más, el mejor de la Historia. Sus logros en todos los ámbitos (sociales, científicos, legales) no tienen comparación posible con nada anterior. Pero la supervivencia de un sistema no viene de su superioridad técnica o de resultados. Viene de ser el sistema más fuerte entre los que compiten con él en su época. Si un sistema basado en unos señores con AK47 montados en un PickUp resulta que logra vencer (entendamos con eso imponerse por la fuerza o coacción) a el sistema más complejo, garantista y que mayor progreso ha conseguido de la Historia, resulta que al final sobrevive ese sistema inferior. Aunque la tasa de mortalidad infantil se dispare un 500%. Y es que no olvidemos la razón por la que hay ejércitos: son el Tribunal Supremo real, al que van los litigios que no se resuelven por ningún otro medio. Así que la cuestión es: ¿deberíamos sacrificar alguna de nuestras libertades y garantías para conseguir un sistema más duro y preparado para sobrevivir? ¿No podríamos llegar a la paradoja de que por no eliminar alguno de los derechos que tenemos en pos de la supervivencia, terminemos perdiéndolos todos por ser vencidos por culturas más atrasadas pero más fuertes desde el punto de vista Darwinista?. Porque desgraciadamente el consenso que consigue una camioneta cargada de fanáticos con fusiles que eliminan a los disidentes es mayor y más rápido que todas las campañas de publicidad que seamos capaces de inventar.

Pablo Otero dijo...

Darwinismo y pickups.

Entiendo que es abrir una puerta peligrosa el ceder parte de nuestras libertades en pos de una mayor seguridad. Aplicando la pendiente resbaladiza este sería el inicio del pensamiento autoritario. Sin embargo, las herramientas a nuestra disposición para combatir y finalmente ganar la guerra son variadas y de distinta naturaleza porque no todas tienen que ver con recortar nuestras libertades.

Ese argumento de la imposibilidad de vencer a los tipos en el todoterreno es como mínimo dudoso. ¿Hasta qué punto puede extender su autoridad un grupo así? Un grupo así no ha logrado ni someter a un régimen semi-fallido como Nigeria. Ni siquiera a un estado completamente fallido como Libia. Creo que la permanencia de estos grupos se explica más por la no intervención exterior que por su éxito interior. Aquí opera un cálculo de coste/beneficio porque si atendemos a otras amenazas sí vemos que occidente se moviliza (en los Países Bálticos, mar del Norte, Polonia, etc.).

Una crítica recurrente del mundo occidental es que ha alcanzado un punto de prosperidad y complacencia que le impiden actuar ante las amenazas. Esta crítica es una de las teorías de la historia que manejan los autoritarios y que me recuerda a Spengler (ciclos vitales de las civilizaciones). Es muy tentador acudir a una teoría así (la historia humana sería como un relato con un argumento y los pueblos o civilizaciones serían sus protagonistas) sin embargo yo no veo que una teoría así esté justificada y por tanto que la crítica de la complacencia-decadencia que se hace a occidente lo esté.

Me cuesta encontrar ejemplos de sociedades más atrasadas y desorganizadas que ganen a sociedades más organizadas y adelantadas. Pero es que aunque encontremos algún ejemplo tendríamos que preguntarnos si es válido en nuestros días.

jerm dijo...

Sociedades más atrasadas que se impongan a otras más adelantadas. A ver, lo del Sha de Persia, por ejemplo. El Irán de los Ayatolas no parecía (o más bien parece) más avanzado que el régimen pro-Occidental que parecía impulsar el Sha. Otros ejemplos, pues sin salir de casa, el arcaísmo retrógrado que representan los nacionalismos, que más allá de voluntarismos parecen ir ganando la batalla.

No he querido entrar en lo de la caída del Imperio Romano a manos de bárbaros del Norte, porque sé que tiene mil aristas y nos podríamos perder en detalles.

Pero sí, al parecer hay sistemas atrasados que vencen a otros más adelantados. Qué cosas.

¿Es eso algo tan raro? Realmente no. Solamente se tiene que tocar la fibra sensible de un número suficiente de ciudadanos. Porque son los mismos que compran homeopatía o dejan de vacunar a sus hijos porque "produce autismo". No es tan difícil convencerles de que ese régimen proto-medieval es mejor y más seguro que el que tienen y ha aumentado treinta años su esperanza de vida.

Alvaro Lopez dijo...

Los arabes invadiendo Persia, los selyucidas Bizancio, los mongoles......todo, ejemplos históricos los que quieras.
Si, nosotros somos una sociedad industrial y ellos no. Pero al ritmo de desarrollo industrial,armamentistico y demográfico al que avanzan nuestros enemigos nos queda mas bien poco