lunes, 8 de agosto de 2016

Para qué sirve la filosofía

Quien hoy pretenda pensar en español no puede ignorar al profesor Bueno. Tan mal acostumbrados estamos con el posicionamiento fuerte en temas ligeros y con la ignorancia completa en temas pesados, que algunos juicios que se expresan sobre una figura como Bueno son emitidos sustentados tan solo (o principalmente) en su diagnóstico sobre temas ligeros hambrientos de inmediatez y fugacidaz. Así por ejemplo cuando el filósofo expresa su rechazo al aborto, el opinador ligero inmediatamente aplica la analogía y sitúa a Bueno con otros detractores del aborto sin ir más allá.

Gustavo Bueno (1924-2016).
Pero es que ese "más allá" es justo lo que importa. Y es necesario insistir en este punto en una época en la que nunca se va "más allá", en la que, cómodos en la calma chicha de un mar de sofismos y analogías, no nos atrevemos (o no sabemos) bucear en en las turbias y exigentes profundidades del conocimiento, del saber, de lo que constituye al final la búsqueda de la verdad (y aquí yo —nadie se llame a engaño— ya estoy reconociendo la posibilidad de la verdad).

Quienes estamos más inclinados a utilizar una arquitectura filosófica que a construirla y encima pretendemos hacerlo en español, no tenemos más remedio que acudir a Bueno para un montón de cosas. Pensar en español no es una simple cuestión mecánica, instrumental, de utilizar un idioma y no otro. Pensar en español —sobre todo en los temas que trato que tienen que ver con la política, la ética y la historia— significa tener presente la infinita obra filosófica que empieza a distinguirse en España desde que nuestros antepasados empezaban a tener idea de que el mundo en que vivían ya no era exactamente un mundo romano. Aquel mundo bebía constantemente de Roma y Grecia (diablos, lo seguimos haciendo) pero ya era otro mundo. Y al definir o explicar qué mundo era el suyo, empieza a pensarse en español.

La cosa se complica cuando hacia el siglo XVI no solamente tienes que definir tu situación en el mundo sino que tienes que definir el mundo propiamente dicho, lo universal. Muchas gentes, religiones, entidades políticas, etc. pasan a ser explicadas o analizadas en español y esto tiene consecuencias que perduran en nuestros días porque por como funciona el universo el mundo de hoy es deudor del mundo del pasado.

Santo Tomás de Aquino.
No menciono a la escolástica medieval y a la Escuela de Salamanca, que intuyo son más estudiadas fuera de España que dentro (pensamiento en español traducido a otros idiomas, ¿se puede ser un experto en idealismo sin saber alemán?) sino incluso a los ilustrados, prácticamente hasta la época de Kant o de la Revolución cualquier tipo que intentara tener una idea del mundo tenía que acudir a autores españoles.

"Que siempre fue la lengua compañera del imperio" decía el traductor, gramático, físico e historiador Antonio de Nebrija. La importancia de la filosofía en español va ligada sin duda a la necesidad ideológica del imperio. Si tu imperio se dedica a llegar a un sitio poner cadenas a los indígenas y hacerles producir algodón hasta la muerte no necesitas ninguna filosofía que sostenga a ese imperio sino látigos y rifles. Pero cuando tu imperio se levanta sobre la naturaleza de la razón esos indígenas son algo más que herramientas de producción. Y si son algo más que herramientas de producción entonces la comunicación es posible y de ahí pasamos a la buena inteligencia y a la asimilación. Era España un país donde la herencia clásica estaba funcionando en el momento de descubrir el Nuevo Mundo. Una herencia clásica pasada por el tamiz de la filosofía católica. Sin entender esto no se puede entender cómo antes de Jamestown ya había universidades e imprentas en la América española.

Salamanca. Quod natura non dat, Salmantica non præstat.
La gran tragedia de la que no sé si alguna vez nos vamos a recuperar es que todo esto se halla sepultado bajo los escombros que deja el bombardeo de la Leyenda Negra. Que sea precisamente España uno de los lugares donde más éxito tiene la Leyenda Negra (una construcción propagandística con autores conocidos que tenía el objetivo básico de ganar seguidores para el partido antiespañol durante las guerras de Flandes y que luego fue engordada por Inglaterra porque su política comercial chocaba con la española ya que no podían acceder a nuestros puertos del Caribe) es el gran asunto de reflexión para el que en doscientos años no hemos encontrado una explicación.

Cuando hablo de tragedia no lo hago en un sentido de orgullo nacional herido ya que España en sentido filosófico no es sinónimo del Reino de España actual. España en sentido filosófico no puede ser un término político o geográfico sino un θέμα (tema). Hablo de la misma clase de tragedia que supuso la prohibición de estudiar genética en la URSS. La tragedia de los nazis quemando libros en una plaza, la tragedia de que en madrasas de medio mundo millones de niños solo aprendan versos del Corán y odio a Occidente. Es trágico que se corte el conocimiento y más aún que se rellene con mitos. Es no querer salir de la caverna.


Pues bien, desde los neopositivistas del primer tercio del siglo XX y con la mandanga que vino después de la Segunda Guerra Mundial nadie se había dedicado a construir una escuela filosófica (la Escuela de Frankfurt no deja de ser una reacción al neopositivismo). Tras la bomba atómica todo estaba dicho. La prosperidad de Occidente hace que deje de ser necesario explicar las cosas. El sistema funciona, déjalo estar. Pues Gustavo Bueno no lo dejó estar.

El materialismo filosófico es la escuela de filosofía que debemos a Gustavo Bueno y que yo entiendo que pretende quitar las legañas que en la época de la prosperidad (el "mercado pletórico") cubren los ojos del personal. Que esta escuela de filosofía se construya en español responde también a la necesidad de superar la tragedia mencionada. No sólo es posible pensar en español, sino que ya se hacía antes y es necesario hacerlo ahora. Si el destino existiera parecería un guiño del destino que esta escuela nazca en Asturias.

Volviendo al barro, no se trata de estar de acuerdo o no con los planteamientos del profesor Bueno, esto no es un partido de fútbol, aquí no se gana. Se trata de saber que los planteamientos de Bueno o del materialismo filosófico son planteamientos que se construyen con un sistema filosófico detrás. Bueno no emite un juicio de valor o una opinión sobre un asunto, Bueno hace un análisis crítico que es algo que hoy nadie suele hacer. Precisamente la relevancia del materialismo filosófico estriba en que sirve de herramienta para rasgar la cortina de los mitos cotidianos que nos dificultan el camino de salida de la cueva (democracia, cultura, derechos humanos, terrorismo, Europa, nación, paz, felicidad, ciencia, convivencia, igualdad, tolerancia... cada tonto tiene su mito y normalmente se acumulan varios. Yo por ejemplo suelo caer en el mito de Occidente).

Personalmente la faceta más útil de la aplicación práctica de esta filosofía es por ejemplo que la destrucción de los echadores de cartas y de los partidarios del "derecho a decidir" es exactamente la misma. A ojos de la crítica materialista no existe diferencia entre Rappel y Junqueras. Están exactamente en el mismo nivel de taradura. Y ésta no es una opinión sino el resultado de un análisis crítico. Igualmente apenas se encuentran diferencias entre el hombre medicina de una tribu africana y la gente que habla de "IVA cultural".

Leer los posos del café o las entrañas de un carnero no es muy diferente a esta payasada.
Sobre todo el asunto de "la cultura" es la prueba del nueve en la detección de tontos, el contador geiger de la tontuna. El desmenuzamiento del mito de la cultura que hace Bueno en su obra homónima sienta las bases de una crítica más amplia hacia todo el aparato político. El Imperio Romano, el chocolate, un desfile de moda y el Kamasutra son cultura. El acceso a la cultura es la vía que abre camino a la Gracia y de ahí a la Redención. Se trata de inversión teológica, se trata de seguir controlando a la gente con tótems y bailes del hombre medicina. Claro, cuando uno se mea en los dioses de una tribu aparece la reacción opuesta. Los oscuros popes que defienden el fuego sagrado. Y siempre hay alguno que dice "esa es sólo tu opinión" o "tolero lo que dices pero no lo comparto". Ah, pues vale, pero es que yo no tolero lo que tú dices, no puedo hacerlo porque dos más dos no son cinco y no se trata de una opinión.

Y además pienso que Cartago debe ser destruída. Vale.

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3 comentarios:

Hans Servando 08 agosto, 2016  

que opinión le merece Mario Bunge, uno de los pocos que plantea una filosofía sistemática estos días.

Pablo Otero 08 agosto, 2016  

No leí lo bastante de él como para expresar una opinión argumentada. Puedo decir que me gusta su crítica a la pseudociencia (pero me gusta porque la comparto).

etrusk etrusk 10 agosto, 2016  

http://etrusk.blogspot.com.es/2008/04/basis-of-human-behavior.html

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