miércoles, 27 de julio de 2016

La guerra en casa

Toca hablar de la ola de atentados terroristas en Europa porque no hablar de ello no hará que desaparezca. Ola de atentados en nuestra casa que no deja de ser una extensión o un frente más de la Guerra Infinita que está arrasando Oriente Medio y que tiene frentes colaterales en el golfo de Guinea y el estrecho de Adén (por cierto, se comenta poco que la guerra de Yemen se está librando dentro del territorio saudí).


Sin quitar hierro a a la gravedad del asunto hay varias reflexiones pertinentes que hacer. Está el tema del fracaso que evidencia recurrir al terrorismo. Todo grupo extremista que actúa en la sombra es por definición irrelevante. Si no tienes el recurso de exponer tus reivindicaciones abiertamente y sólo recurres al terror es que asumes que estás perdiendo. Ningún grupo terrorista a lo largo de la historia logró nada mediante el terror.
Tirando de este hilo a mí me gustaría ver información sobre la cantidad de atentados abortados en los últimos meses, la cantidad de personas detenidas y las células desactivadas. Sólo damos importancia al terrorismo cuando comete alguna carnicería, pero no se la damos tanto cuando los servicios de seguridad cumplen su trabajo rutinario. En Francia en estos días se acusa al gobierno de "fumarse un puro y leer el Marca" de forma un tanto injusta. La acción de los equipos antiterroristas no variaría mucho con otro gobierno. Es una actividad poco agradecida, que normalmente exige cooperación internacional y que contradice a quienes proclaman que estamos indefensos. Ahí está la célula desactivada que pretendía atentar en Düsseldorf, un atentado frustrado en Túnez, las detenciones en Bruselas y París de marzo de este año, o los terroristas del Daesh detenidos por Marruecos en Casablanca y Tetuán. Aquí en España, por ejemplo en Ceuta, se detienen terroristas prácticamente cada mes desde hace muchos años (esto, esto otro, esto de 2009, etc) en la otra zona de gran presencia musulmana en España tenemos estas detenciones fresquísimas.

Una detención en L'Hospitalet.
Ante el discurso habitual que veo se produce con insistencia incremental cada vez que estos salvajes matan a unas amas de casa o a unos chavales en una discoteca y que nos viene a decir que "las autoridades no hacen nada" el discurso contrario de que eso no es así, que nuestros servicios de inteligencia y policiales funcionan, es poco atractivo. Cada semana que pasa se van puliendo las aristas del discurso de la gente a la que más logran amedrentar estos salvajes: el gobierno no hace nada, la policía tiene las manos atadas, hace falta mano dura, no hay que dejar entrar a moros en el país, etc.

Si criticamos (separamos, analizamos) cada una de las grandes ideas-fuerza de quienes más gritan "¡mano dura!" veremos que la mitad son consignas de grupos políticos en funcionamiento (en Francia, Alemania y otros países espolvoreados de suburbios tumorales), otras proclamas —"¡nadie hace nada!"— provienen del desconocimiento: todos los días miles de agentes están trabajando para destruir a los bárbaros. Las alusiones a la famosa "mano dura" no parecen sostenerse: Marruecos es un país donde los detenidos por terrorismo no tienen precisamente tele por cable ni almohadas blanditas y el ratio éxito/fracaso de las células terroristas es similar al de países europeos donde se deja actuar a sus anchas a los ecologistas de los derechos humanos y el tofú.

Siempre y cuando no seas saharaui, no denuncies las torturas, no critiques al rey o seas... mujer.
Respecto a lo de no dejar entrar a los moros, que es el hit desde la moda de los solicitantes de asilo, el problema que veo es que muchos de los terroristas ni eran refugiados ni inmigrantes, sino mozalbetes criados y educados en Francia, Reino Unido, Alemania, etc. Chavales normalmente criados en el racismo (por tener un apellido árabe se creen diferentes o por ser de religión extravagante), en esos barrios multiculturales donde sacarse el graduado o pagar impuestos nunca estuvo de moda. Suburbios de aluvión donde la policía local no se puede meter porque les rompen el coche. Los que martirizaron a un anciano sacerdote en Normandía tenían 19 y 17 años, el del machete en el tren de Würzburgo tenía 17 años, el que se puso a disparar a los peatones en la capital de mi querida Baviera tenía 18 años. Sí, alguno de estos era recién llegado desde los pozos de barbarie de Oriente Medio, pero no es el perfil constante.

Pero si el discurso de quienes están aterrados es discutible (y en parte explicable por interés político), lo es mucho más el discurso de quienes no están aterrados y miran estos atentados como lo haría una peonza. En las últimas semanas ya he leído que la culpa de estas carnicerías es del capitalismo, de los videojuegos, del bullying, etc. Los progres de salón señalan a todas partes excepto a la más evidente: si un fulano mata a otro fulano gritando que Dios es el más grande, tal vez, sólo tal vez, la culpa no es de los videojuegos sino en primer término suya y en segundo término de quienes expanden y sostienen su doctrina de odio.

¿Los videojuegos de hacer granjas están provocando que todo el mundo quiera ser granjero?
Yo —todavía, mañana ya veremos— defiendo una idea nada atractiva: el terrorismo de estos bárbaros no surge directamente de lo que entendemos por islam sino de la ideología política que se inspira en el islam, el islamismo. El islamismo habría que entenderlo como una doctrina totalitaria cuyo fin de reunir bajo un califato a toda la comunidad de creyentes es incompatible con el resto de ideas y formas políticas del planeta. Se podría hacer cierta comparación con otra ideología basada en el odio y la exclusión a nuestro sistema de libertades: el comunismo. El fin último del comunismo es la desaparición de los estados y el dominio y empobrecimiento de todo el planeta por parte de una cúpula privilegiada. El comunismo tuvo y tiene su expresión en actos terroristas y el islamismo hace lo mismo.

¿Cómo logramos hacer perder ímpetu al comunismo y transformarlo en una idea rancia y cambiada (feminismo, animalismo, lol)? Hay varias teorías al respecto pero yo me ciño a la principal: el sistema comunista se carga la innovación y el esfuerzo. El modelo ideológico comunista que fue el Imperio del Mal, no pudo competir con el mundo libre. Esforzado en fabricar misiles nucleares bien gordos fue incapaz al mismo tiempo de evitar que el plátano fuera un producto de lujo en sus grises economatos. La televisión por satélite hizo el resto.

Festival Monsters of Rock, Moscú, 1991.
Ahora bien, no ignoro que la misma lección no acaba de servir a nuestro propósito de vencer al islamismo. Pero sí hay una pequeña nota a pie de página: para acabar con el comunismo fue fundamental acabar con su modelo ideológico, la Unión Soviética. De la misma manera vencer al islamismo supone acabar con todos los estados que tienen un régimen islamista. ¿Alguien cree que Hezbolá puede seguir atacándonos en Israel sin un gobierno islamista en Irán? Pues lo mismo con todos los grupos patrocinados o permitidos por las satrapías del Pérsico.

Y con esto volvemos a la eterna discusión desde la vergonzosa retirada de las tropas internacionales de Irak. ¿Cuál es la mejor manera de terminar la Guerra Infinita? ¿Qué coste estamos dispestos a asumir? ¿Qué estrategia debemos seguir? Esta reflexión va más allá de la pura respuesta militar, tiene que ver con la extension de nuestro modelo de sociedad. En los años 40 y 50 todos los estados de oriente medio imitaban los modos occidentales y miramos a otro lado cuando militarotes con ínfulas nos dieron garantías de frenar al comunismo y garantizar el flujo de la especia. Esos militarotes dejaron como única alternativa creíble a tipos con trapos de cocina en la cabeza que no creían que la Geografía y las Matemáticas fueran provechosas.

La teoría.
Si los ecologistas nos dan su permiso, hoy podemos producir especia melange en nuestro jardín. Hoy al contrario que ayer no hay un modelo enemigo cuya expansión temer (¿el autoritarismo ruso tercermundista? No creo que sea un modelo). Hoy tenemos comunicaciones globales inmediatas que nos dan capacidad de propaganda. Por contra, diríase que hoy también parece que valoramos más los riesgos.

Lo que quiero decir con todo esto es que disminuir los atentados en occidente pasa por eliminar la fuente de odio y propaganda que opera en Oriente Medio y en los suburbios occidentales que parecen Oriente Medio. Esto a su vez pasa por desterrar esa perniciosa idea que nos vende que el modelo de sociedad civilizada compite en la misma liga que una sociedad bárbara. Vamos, ni de coña. Y por eso mismo no podemos permitir que existan burbujas de barbarie en mitad de la civilización (insisto: muchos de los terroristas son mozalbetes criados aquí).

No me acuerdo qué obra era que contaba la anécdota de Alejandor el Grande departiendo con algún sátrapa oriental y el autor (premoderno) no ponía a los dos a la misma altura. Eso lo hemos perdido y tenemos que recuperarlo. Y ojo, que al recuperarlo será necesario insistir con que vivimos en nuestro mejor momento, cosa que no gustará a los agoreros autóctonos.


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