viernes, 22 de enero de 2016

Contra el gobierno aritmético

Tradicionalmente cada lunes por la mañana se comentan los resultados de la liga de fútbol con los compañeros de trabajo o de estudios. Una tradición que tiene su origen en las aldeas premodernas en las que la única ocasión para cruzarte con el vecino e intercambiar chismes era a la salida de misa de doce del domingo. Ahí se comentaban, por ejemplo, las últimas aventuras del tonto del pueblo.

Hoy el tonto del pueblo es Pablo Coletau y la salida de misa de doce es todos los días.

La típica rueda de prensa podemita.
Circula por los mentideros de la corte la idea de que el líder supremo de Pablemos desea reventar una negociación con el PSOE para formar gobierno antes de que se produzca. Esto explicaría que en rueda de prensa la coleta más cara de Teherán aparezca con un gobierno ya formado, planteando exigencias inasumibles para el PSOE (ni para el PSOE ni para nadie en su lugar) e incluso hablando en nombre de Izquierda Unida, que hasta donde yo sé es un partido que no dirige. Una posición de máximos que el PSOE se vería obligado a rechazar y así, ante la audiencia de La Secta (que parece que es el cuerpo electoral español), las coletas podrían poner caritas tristes y decir que el PSOE es esto o aquello. La estrategia desde luego tiene como fin evidenciar el sorpasso de los chavistas españoles sobre los de Ferraz. Pese a lo que indican las encuestas unas nuevas elecciones no acabarían de ser mal vistas entre los coleteros (ya sabéis que a mí tampoco me parecen mal).

Luego está la otra opción: que en la cháchara vacía con la que Pablemos torturó a los periodistas en rueda de prensa encontremos lo que de verdad quiere Pablemos que suceda: un gobierno minoritario de coalición con la participación de los tres partidos. Este sin duda no es el peor escenario para el soviet de Vagolandia. Los dos años anteriores a inventar Pablemos, la coleta suprema se paseó por todos los garajes del país dando charlas sobre qué quería ser de mayor (antes de que empezaran a borrarlos, había miles de vídeos en youtube). En aquellas charlas no hablaba de política, sino de instrumentos políticos. A Coletau le preguntas sobre compaginar el poder adquisitivo de las pensiones con la crisis demográfica sabiendo que España tiene de los esfuerzos fiscales más altos de Europa y huye a Vladivostok.

De lo que sí hablaba —y mucho— era de técnicas discursivas y mediáticas para alcanzar el poder. De ahí que en la rueda de prensa citada no olvidara su viejo mantra de tener el control de la televisión pública. Esto es lo que me hace pensar que tal vez haya una parte de realidad en lo que dice.

Pablemos negociando la formación de gobierno.
Tratándose de un comunista ninguna persona cabal puede fiarse, sin embargo lo podemos plantear de otro modo: se forme ese gobierno o no, Coletau tiene algo que ganar. Por su parte, el coste para el PSOE no es el mismo en las dos opciones. El problema, una vez más, es que no te puedes fiar de esta gente. Y no digo "no te puedes fiar" como cuando escuchamos:

—No te puedes fiar de Joaquín el pescadero, apoya el dedo en la báscula cuando pesa las piezas.
—Ay Señor dónde iremos a parar.

No, no te puedes fiar porque tenemos declaraciones en las que afirman:
  1. Todo acuerdo postelectoral tiene que ser votado por las bases del partido.
  2. Nunca formarán parte de un gobierno presidido por el PSOE.
El problema que se le plantea al PSOE a la hora de tratar con esta gente no es un problema de programas. El programa de Pablemos es de una llaneza que abruma, escrito en modo tal que cabe ahí cualquier cosa. No. El problema es que firmes lo que firmes con esta gente al día siguiente les entra el aire y cambian completamente de parecer (graciosamente no son castigados por ello por sus electores, aunque sí por sus cargos intermedios: no hay día en Pablemos en los que no haya purga interna).

Socialdemocracia escandinava a tope.
Dejando a un lado las aventuras del tonto del pueblo, el problema que una negociación así nos plantea a la inmensa mayoría de gente normal del reino es muy diferente. Son graves asuntos difíciles de transmitir para quienes creen que un sistema político cae del cielo. Graves negocios que no se acaban nunca de explicar bien para quienes dan por sentadas las libertades civiles. El común ciudadano no se preocupa mucho por la política porque da esos asuntos por garantizados gracias a la omnisciencia de un ser supremo incorpóreo que navega transparente entre las nubes del cielo guardando que todo esté bien.

Por eso en un bar no puedes explicar lo grave que es que unos tipos que quieren entrar en el gobierno de España lleven a proetarras en sus listas. Claro, a la gente esto no le afecta cuando sale del bar y va a la estafeta a sellar la primitiva. En esos diez minutos es un anónimo peatón, su vida transcurre plácidamente (como la vida de las vacas que pastan en el campo: gloria bendita). En esos instantes de pasto, si preguntas por el tema, las frases "todos los políticos son iguales" y "todos los políticos están corruptos" son instantáneas.

Si no ves ahí la plurinacionalidad confederal fraterna es que necesitas gafas.
En lo que tal vez no se ha detenido a pensar el anónimo peatón es en que los invisibles lazos que unen a una comunidad no son realmente invisibles. Nos parecen invisibles porque son muy chiquititos. Y de chiquititos, con la tensión del tira y afloja, se pueden romper. Lo que pasa después ya lo conocemos pero quiero ir al preciso instante anterior.

Si rompes algo y te haces daño, no te pases el día diciendo lo guay que sería romper ese algo. Y como sé que las metáforas tienen un recorrido limitado diré que el problema grave de este grave negocio no es tanto que Pablemos quiera nacionalizar un sector estratégico como es el aceite de oliva, la harina de trigo, el vino el gas natural. El problema tampoco es que lleven al país a la quiebra incumpliendo con los acreedores de deuda pública. Yo puedo comprender que ésas sean posiciones políticas (y soy diametralmente opuesto a ellas, como sabéis). Lo que deja de ser una posición política legítima es el desconocimiento de los principios últimos sobre los que se construye el escenario de discusiones como estas.

No me resisto a otra metáfora. Si nuestro sistema político es una barca con pasajeros que levantan la mano para decidir en qué dirección remar, no se puede escuchar a la gente que quiere hacer astillas la barca para fabricar palillos. No se puede desconocer la barca.

Momento "Dear Prudie".
Volviendo al imperfecto e incómodo mundo de las no-metáforas, la alianza impía de la izquierda extrema con el peor irracionalismo reaccionario tiene consecuencias directas y fulminantes en nuestra vida diaria. La primera es que los momentos anónimos de placidez peatonal se reducen. Sabemos que cambiar el sistema necesita un alto grado de proselitismo ideológico. Esto se traduce en un gasto extraordinario con el que no contamos, pero el asunto del dinero es casi lo de menos. Colocar a quienes desconocen la Constitución y niegan a España en puestos de responsabilidad de gobierno es pegarnos un tiro en el pie. Nuestro sistema político, nuestras libertades civiles, las cosas que damos por caídas del cielo dependen al final del día en el compartir una serie de principios intrínsecos al propio sistema.

Está claro que se me puede contraargumentar muy fácilmente: Pablemos y sus amiguitos secesionistas y proterroristas no quieren acabar con nuestras libertades civiles porque en los ayuntamientos que dominan —gracias al PSOE— se limitan a colocar a parientes y cambiar los nombres de las calles. Y esto es cierto, pero esto sólo es cierto porque no tienen todo el poder. Viendo qué clase de neodictaduras les pagan y a qué grupos de narcoterroristas asesoran yo no estoy por la labor de comprobar qué aspecto tendría el país si asumieran todo el poder.

Por eso el problema no es la posición política sino la infinita ambición de poder. Con unos puntos programáticos similares a mí no me escucháis criticar con las mismas palabras a Coletau que a Agarzón (Agarzón es el chico de Izquierda Unida que se está volviendo gordito).

Que no mirase tus ojos,
que no llamase a tu puerta,
que no pisase de noche,
las piedras de tu calleja.
En el momento de crear la III Internacional Comunista, los bolcheviques se encontraron con un curioso problema: sólo había en Rusia la clase de comunistas que querían. Durante los siguientes años tuvieron que fabricar bolcheviques para exportar la revolución. De ahí todos los pronunciamientos, golpes de estado y revoluciones de fin de semana que a inicios de los años 20 provocaron miles de muertos en Europa. El conflicto no era de programa político (v.g. salario de los maestros, construcción de vivienda pública), sino de desconocer los principios en que se basaban las democracias europeas.

Pese a los esfuerzos de los reaccionarios, de los terroristas y de los populistas últimos en subirse al carro del "cambio del sistema", nuestro sistema contiene todos los instrumentos homologables en el selecto grupo de países con mayor prosperidad y libertad del mundo para ajustar las tuercas. Pero una cosa es ajustar las tuercas —hay tuercas que ajustar— y la otra es llevar el coche al garaje de tu primo torturador-de-ETA-que-pidió-perdón y convertirlo en un pelapatatas. (Y perdón por la metáfora, pero es que me salen solas).


3 comentarios:

Enrique 22 enero, 2016  

Algo parecido ha ocurrido en Cataluña y ya vemos como ha ido. En la última década ERC ha estado mangoneando a todos los gobiernos en mayor o menor medida, ha sido responsable de las ideas más locas, y por supuesto sus votantes no les castigan: quieren verlo todo arder.

Puesto que sacrificar gente no está bien la solución que queda ya la sabemos, pero por algún motivo siguen permitiendo que la Secta y los chalados nos roben el lenguaje y el protagonismo de los debates políticos.

José García Palacios 23 enero, 2016  

Pues mira, sí, tienes toda la razón. Esta gente son peligrosos, muy peligrosos, mucho más peligrosos que los del PCE, que ya es decir.

Pero es que con todo y eso (porque todo eso se sabía mucho antes de las elecciones) la gente les ha votado de la forma que lo ha hecho.

Así que tal vez solo quede una solución:

Tal vez lo mejor sería la coalición socialista-podemista-separatista

Y ojo, que no es lo que yo quiero (apoyé a Ciudadanos y me hubiera gustado un pacto entre Ciudadanos y el PP para regenerar el sistema), pero puede ser que sea lo que la gente quiere. Sea.

Noche oscura del alma. 23 enero, 2016  

José García Palacios, si en su entrada crítica con un gobierno con participación de Podemos pone la legalización del matrimonio homosexual como algo igual de horrible que la corrupción política, y llama ''estúpidos'' a quienes no votan lo que considere usted correcto, supongo que se imaginará que un homosexual, o un estúpido votante (de los que les daba igual votar Ciudadanos, Podemos o lo-que-fuera con tal de quitar a los dos de siempre) no va a sentir muchas ganas de votar al centro, centro-derecha y derecha que usted dice, tras leer su entrada.

Quiero decir que me sorprende que tooodos los grupos ideológicos al final se contradicen de formas increíbles y parece que no pasa nada. Muchos amigos y conocidos que conozco, terriblemente afines a Podemos, se quejaban de la ley electoral porque da poder a los nacionalistas, pero ahora se sacan rollos justificando eso de la plurinacionalidad y los grupos parlamentarios (y alguno me pone de ejemplo a Bolivia, como si eso fuera un argumento...). Los de Ciudadanos me decían que son gente seria que no quieren mezclarse con el PP ni con el PSOE, pero luego apoyan a uno y a otro, con el error de que, a diferencia de Podemos, no pueden reclamar ayuntamientos importantes para ellos y venderse. Conozco gente del PSOE que siguen pensando que cuando manden van a arreglar el país (¿?) y que los socialistas están esperando un momento adecuado para poner una república. También sé de homosexuales que apoyan al PP, que pasó años quejándose por el hecho de que tuvieran matrimonio porque el término no es ''etimológicamente correcto'' (la palabra subasta también lo es, pero nadie se queja de eso...) bueno, y homosexuales que siguen pensando que tienen que votar al PSOE siempre porque les puso el matrimonio. Y sé de gente que ha votado a Izquierda Unida porque le da mal rollo Pablo Iglesias... ¡y ven mejor votar a un tío que dice abiertamente en 2016 que es comunista! O_O

En fin, simplemente decir que, por lo que entiendo del liberalismo, no tiene mucho sentido que un liberal critique que se casen los homosexuales, ni ponga enlaces en su blog a otros blogs creacionistas (a tope). Por supuesto, usted puede escribir lo que quiera (y votar lo que quiera, y no le consideraré ''estúpido''), pero no puedo menos que mostrar mi desconcierto. Yo veo ahí la misma falta de lógica que en las chorradas de La Sexta y las hordas de ''nacionalistas de izquierda''.

Le comento aquí porque este blog, aunque a veces me asuste, me resulta mucho más coherente y sensato, y tampoco quiero dejarle comentarios, la verdad.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo