sábado, 30 de enero de 2016

Apuntes sobre el relato

La narrativa ha sido adoptada por las mayores empresas del mundo como parte de su estrategia interior y exterior. La narrativa —storytelling— sirve hacia el interior para unir a quienes trabajan, focalizar objetivos, tener visión de conjunto y no perderse por el camino en datos asépticos o simples fórmulas de cálculo y sirve tambien de cara al exterior para formar ideas en las cabezas de clientes y socios. Hace años que en Estados Unidos han empezado a experimentar con una Narrativa Nacional Estratégica (PDF, 15 págs.) a imitación del relato que fabricaron a partir de la década de 1940 (aquel relato que apuntaba a que los EE.UU. eran el faro de libertad y tenían que encargarse de la contención del horror comunista).


La narrativa nacional estratégica no es asunto que sólo interese a las grandes potencias. Muchos países que han ido apareciendo en las últimas décadas están experimentando con la construcción de sus narrativas nacionales como parte de la labor de construcción nacional —nation building—, construcción que va más allá de "hacer carreteras".

La narrativa nacional en España es un asunto especialmente delicado. España no se distingue de otros países europeos occidentales por albergar tendencias políticas de caracter extremista, frívolo o separatista (y cualquier combinación de éstas), sin embargo sí es de los pocos países del mundo que a estas corrientes las alimenta, las protege y las impulsa. Así, entre los actores que escriben el relato nacional cuenta con agentes a quienes les interesa que este relato no exista o bien en caso de existir, que el relato sea oscuro para poder ser rechazado.


Otra dificultad que encontramos al relatar España deriva del problema del ser de España ("problema" en el sentido de problema matemático o problema filosófico). ¿Somos los españoles producto de un mestizaje o producto de una resistencia? ¿La España visigoda era ya España o todavía no? ¿La civilización española que cruza el océano es una vaga imitación de la España del viejo mundo o reúne —y por lo tanto enseña— lo esencial del ser español? ¿Hasta qué punto influye la idea romana o helénica de lo universal en la estrategia global de la Monarquía Hispánica? El debate sobre las esencias sigue abierto y sus derivadas históricas también. Esto, que no sucede en otros muchos países, se suma, como digo, a la dificultad de planetar un relato de España.

Otra piedra del camino es el objetivo del relato. ¿Se trata de representar simbólicamente el momento histórico que vivimos los españoles o se trata más bien de hilar la parte que corresponde a España dentro de un relato mayor? ¿Se pretende describir una historia reciente o se pretende trazar las líneas de una historia futura?

El relato también lo forman imágenes. De hecho, hoy sería el componente principal.
Como vemos, tan solo plantear la cuestión del relato de España plantea dificultades que no sólo van más allá de mis limitadas capacidades sino que tal vez expliquen por qué hoy carecemos un relato de lo español. Evitando el esencialismo podemos saltarnos algunas de estas dificultades y plantear el relato en términos más manejables: frente a quienes quieren liquidar la nación por tedio, por implosión o por fragmentación, el relato español debe servir para proporcionar herramientas discursivas que hagan contrapeso a los tan numerosos como divagantes relatos alternativos o competidores.

Acercando el zoom de este modo, no dejo de lamentar que un relato así de lo español tan sólo sea visto como mera herramienta política y por lo tanto desoladoramente efímero. Ojo, esto no quiere decir que un relato que se oponga a los discursos hostiles a España sea inútil, tan solo quiere decir que no aparecerá en el "gran libro" ni podrá formar parte del perenne debate abierto sobre España y que entretiene a filósofos e historiadores desde hace varias generaciones (tristemente sin trascender al público).

Pinceladas de un relato


Como romanos que somos debemos aceptar que no aparecemos en el mundo sin deudas ni herencias. Lo que hay es producto de lo que han hecho otros antes y nada viene de la nada. El mundo no es una pizarra en blanco esperando la acción del demiurgo. El mundo tampoco es un juego con el que experimentar. Tenemos que basarnos en lo que ya hay construido.

Hay en circulación aproximaciones a relatos de España. El más próximo al que aquí pretendo esbozar es el que utiliza la Fundación España Constitucional (que como el Instituto Woodrow Wilson en EEUU quiere crear un discurso estratégico nacional aunque no sé si lo tienen claro porque van a trompicones). Esta fundación que reúne a ex-miembros de varios gobiernos de diferentes partidos políticos defiende la historia construida con nuestra Transición Política. En una declaración de septiembre de 2015 se apuntan las líneas magistrales de este relato:

Nuestra Constitución de 1978 ha marcado un hito en la historia de España. Nos permitió superar pacíficamente una situación prolongada de dictadura por vías de consenso, con cesiones recíprocas entre unos y otros, hasta alcanzar un dilatado periodo de convivencia democrática.

Nuestra Constitución ha propiciado la creación de instituciones democráticas, con respeto a las libertades públicas, desarrollo económico, crecimiento del Estado de Bienestar y extensión de la educación a todas las capas sociales. También ha consagrado una amplia descentralización política, con un desarrollo inédito de las diversas culturas, lenguas y valores singulares, que constituyen nuestro común acervo histórico. En concreto nunca antes gozó Cataluña de instituciones políticas propias de funciones tan amplias, ni de una autonomía tan profunda. Nacionalistas, republicanos y socialistas han gobernado en Cataluña con libertad.

Durante este periodo, el conjunto de España además ha mantenido también un rumbo adecuado, ratificando su vocación europeísta, como integrante de la Unión Europea, y ha sorteado las amenazas provenientes del terrorismo y de un golpe de Estado militar.

En un comunicado más reciente aluden al "espíritu de la Transición" para que los actuales líderes políticos tomen las decisiones que a ellos les gustan. (Exactamente igual que harían los chamanes invocando al dios de la lluvia).

El problema de base de este relato es que diversos valores singulares no pueden constituir un acervo común. Donde falla —es decir, donde yo no estoy de acuerdo— el relato del 78 es en lo del encaje y en lo de la diversidad. Que nuestros gobiernos siempre nazcan a cientos de kilómetros (mentales) de las zonas donde se cuestiona la solidaridad que depende de la comunidad de intereses compartidos es algo que en estos 40 años ha impedido a nuestros patriarcas ver que no estamos ante un problema que se pueda solucionar.

"Totó, me parece que esto no es Kansas".
Ha transcurrido tanto tiempo de periodo democrático como de periodo franquista y sin embargo el franquismo de 1940 se diferencia mucho más del de 1975 que la democracia de 1978 de la de 2016. El relato del 78 deja de ser un relato con vocación de permanencia cuando se convierte en mero discurso conservador. Un relato de España no puede ser la continua revivencia emocional de una generación porque eso frustra a la siguiente generación, crea desapego y hace surgir del fango a los peligrosos adanistas.

¿Significa esto que el relato del 78 hay que tirarlo a la basura? No. Lo primero que dije es que somos ciudadanos romanos. No tenemos a nuestros pies un mundo esperando a nuestra magia y ocurrencia. Se trata, creo, de incluir el desafecto en el relato y de reforzar los lazos que unen a varias generaciones.

Políticamente el 78 resolvió muchos problemas: básicamente las libertades hoy inocentemente dadas por supuestas y la creación de foros de debate pacífico, la discusión libre en casi todo el país y en casi todas las universidades, etc. Como en todos los países hay problemas pero se van resolviendo más o menos. El caso es que quizás por un afán hiperdemocrático les fueron concedidas a posturas extravagantes cuotas de poder inadmisibles en países de nuestro entorno. En aras de tolerar "todas las ideas" se ha instalado la presunción de que todas las ideas son iguales o merecen el mismo espacio público y esto no es así en ningún lugar del mundo que pretenda mantenerse en el tiempo. A mi juicio un fallo crítico del 78 tiene que ver con el Título VIII de la Constitución y el dejar las puertas abiertas a que algunas administraciones públicas vayan más allá de las funciones que les son asignadas.

En el plano social el 78 quizás por la misma razón antes descrita ha perpetuado un sistema de diálogo social que ha dejado en manos de sucesivos gobiernos una cambiante legislación laboral en función de intereses efímeros. La evolución de la forma sindical franquista a nuestra actual forma sindical no ha podido adaptarse a dos cambios fundamentales: por un lado la singularidad tecnológica y por otro la plena integración en la economía continental. El raro problema laboral español afecta de forma muy desigual precisamente a dos generaciones que hoy votan de forma diferente. Así también se rompe un país (y puede que más rápido).

Manel podría publicar sus viñetas en El Alcázar perfectamente.
Se trata de recomponer lo que se rompe para tomar impulso y hacerlo de tal modo que no caiga en saco roto el esfuerzo de los que estuvieron antes (esta casi es la definición canónica de "relato nacional").

Como dicen en la Fundación España Constitucional estas décadas han sido las mejores de nuestra historia, sí, pero la experiencia de estos años debe servir para ajustar lo que está desajustado. Temas como la legislación laboral y el reparto del poder tienen que volver a ser planteados y para ello es necesario contar con el máximo número de voces, como se hizo en el 78, pero ahora sabiendo que no todas las voces se merecen la misma consideración.


5 comentarios:

redhead 30 enero, 2016  

La Transición fue modélica, si bien la Justicia es el atado y bien atado de Franco: el nombramiento de unos jueces por otros, para garantizar que ningún franquista pague por lo que haya hecho, pero que modélico, por lo demás.

Pablo Otero 31 enero, 2016  

Sí es modélica porque hay autores que la ponen de modelo y tanto en los procesos de transición del este de Europa como en Hispanoamérica se pone de ejemplo. Lo de la sustitución de jueces y puestos de la administración que no culminó hasta años después es una parte de otro de los relatos que circulan sobre España. Y aquí es curioso que ver la Transición como una traición ponga de acuerdo a extremistas de izquierdas y de derechas. La pescadilla se muerde la cola supongo.

J.A. Esteve 31 enero, 2016  

Muy buen artículo. ¡Como siempre!

Tresca 02 febrero, 2016  

Uno de los problemas que impiden la construcción de ese relato nacional en España es que no queremos mirar atrás; por ejemplo ni siquiera vamos a celebrar por todo lo alto el aniversario de Cervantes. Mucha gente tiene un sentimiento casi de vergüenza o de culpa por nuestro pasado. Y así es difícil dibujar una imagen real que nos sirva para adentrarnos con confianza en el futuro, que tiene que apoyarse forzosamente en el pasado.

Y eso que la historia de España es fascinante; por supuesto que hay episodios funestos, pero en conjunto no hay motivos para avergonzarnos.

Hay una iniciativa, http://citaconlahistoria.es/, que contribuye a recuperar nuestra historia, sobre todo la más reciente, para así ayudarnos a tener una base que nos haga ser menos manipulables.

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