viernes, 11 de septiembre de 2015

Insistir en contra del golpe de estado

«Viniendo a lo presente, cierto es que los lacedemonios, antes de ahora, manifiestamente nos han tramado asechanzas y las traman en la actualidad. Porque existiendo en nuestras convenciones y tratados que si alguna diferencia hubiese entre ambas partes se resuelva en juicio de árbitros de dichas partes, y, entretanto las cosas queden en el mismo estado y posesión que se hallaren, debieran pedirnos que sometiéramos a juicio el asunto sobre que hay debate y cuestión. Y ni esto piden, ni cuando se lo hemos ofrecido lo han aceptado, porque quieren resolver las cuestiones por medio de las armas y no por la razón, mostrando claramente que antes vienen en son de mando que en demanda de justicia». (Pericles al senado de Atenas, sobre las demandas de los lacedemonios, según cuenta Tucídides en el primer libro de su Historia de la Guerra del Peloponeso).

Vamos a comprar helados, pero sólo elegirán el sabor de los helados de todos, aquellos que prefieran los helados de chocolate. El resto se tendrá que aguantar.

Lauenburg, 1938.
Adoptar las referencias, el lenguaje y los significados del adversario es presentarse al partido con un cinco a cero en contra. No se trata de si Cataluña seguirá o no en la UE o en el euro (tontería en la que se insiste como si hubiera algún misterio en ella). No se trata de buscar ningún encaje especial para que el niño mimado no llore. No se trata de que todos nos pongamos a fumar pimientos para que así los palurdos no se sientan idiotas. No se trata, en definitiva, de qué escenario de derrota nos parece más cómodo. Al menos no es esto lo que yo acepto.

Sé que en España tenemos una debilidad especial por la derrota. Fue Calderón de la Barca quien ponía en el mismo plano la dicha y la desdicha (el «aborrecido vivo» y el «favorecido muerto»). No tratamos de buscar la equidistancia sino la condición de favorecido muerto, pues nadie quiere ser el aborrecido en vida. Como resultado, y tal y como acertó el inmortal calderoniano, somos el favorecido muerto y, antes de fallecer, el aborrecido en vida.

Hildburghausen, 1937.
Lo trágico del asunto es que teniendo motivo, razón y causa para no aceptar el derrotismo que supone buscar la felicidad del adversario, no se haga. Se trata al palurdo como si estuviera en igualdad de condiciones. Es común —abunda el ejemplo— escuchar entre quienes no se muestran partidarios de dar un golpe de estado en España aquello de "todas las ideas son legítimas" o "todas las posiciones políticas son respetables". Si partimos de esto, partimos de un dos a cero en contra. Añádase a esto la educación en la apología de la diferencia durante no menos de una generación. Ya tenemos el tres a cero en contra. Si sumanos, para mayor gloria de nuestros jerarcas, el dominio de los medios de comunicación y la nunca bien explicitada función informativa de un gobierno autonómico, tenemos finalmente el cinco a cero en contra con el que partimos desde el minuto uno.

Yo no quiero jugar un partido en el que las reglas las determina sobre la marcha mi contrario. Por eso a mi me da exactamente lo mismo si en Cataluña hay dos secesionistas o dos millones. Al cajero que atracan le da igual si le apuntan con una pistola o con dos. Y esto es ni más ni menos que un atraco. Cosa que digo no por difamar al que lo comete sino por advertir a quien teniendo la obligación no lo impide.

La inseguridad que provocan tanto las declaraciones y silencios del gobierno como los habituales tuiteos de la oposición causa más daño que las muestras de particularismo servil de los palurdos. Nuestros adversarios sabemos en qué posición están y eso los hace predecibles. Por los leales a la ley y a la Constitución no podemos poner la mano en el fuego. Yo no la pondría. Han sido estos los mismos que durante décadas han estado alimentando a la bicha. Ciertamente es momento de que cada uno cumpla su función, pero llegará el momento de rendir cuentas a los de casa. Combatamos el cinco a cero en contra con el que salimos al campo, pero en un momento habrá que decirle al entrenador que por lo menos no saque a los cojos de titulares.

Y como las metáforas que se estiran son como el pescado, que al alargar su estancia empieza a oler, paro ya con lo del cinco a cero.

No se trata de decidir, no se trata de definir la palabra "nación", no se trata de sentarse a hablar de conceptos esencialmente controvertidos. Ni siquiera se trata de reirnos de los palurdos, con sus antorchas nazis, sus pasión romántica por las banderas de colorines y la ridiculez de su historia mal inventada.

Se trata de una cuestión de igualdad de derechos y de poner límites a quienes ejercen el poder político. Lo peor que nos puede pasar tras la intentona golpista es que nadie rinda cuentas. Lo que nos ha llevado a esta situación debe ser detenido y debemos procurar que no vuelva a suceder.

¿A santo de qué una administración pública puede contratar páginas enteras de los periódicos para promocionarse políticamente? Esto ningún político lo ve como un problema porque todos se benefician. Está el tema de los medios de comunicación públicos: radios y televisiones (¿por qué no periódicos? Ah, ya). Lo que en origen podía ser una forma de homogeneizar a una población que a comienzos del XX venía literalmente de dormir entre animales de granja, un siglo después, cuando el coste de la tecnología se ha abaratado tanto, esa función ya la hace el sector privado. Incluso si alguien argumentara que programas educativos y de información pública (el tiempo atmosférico, los horarios de las farmacias, etc) pueden ser válidos para una tele pública, no comprendo lo de comprar derechos de emisión de partidos de fútbol, por ejemplo.

Sobrevolando las herramientos que nos han llevado al envalentonamiento de los golpistas nazis está la educación, claro. Mirad esto:


El muerto favorecido que lleva dentro el Defensor del Espectador de TVE (?) le lleva a disculparse y no a enviar por correo una caja de zapatos con un zurullo de perro a la damisela herida.

Podemos darle vueltas infinitas al tema que siempre nos toparemos al final del camino con la eterna pugna entre los palurdos y quienes no son tan palurdos.

Y no, demonios, no todo es legítimo ni todo es respetable. El personal tiene a veces unas ideas que son una porquería cuando no dañinas y hay que decirlo más. Esto a su vez tiene el reverso tenebroso de establecer un dogma, pero para evitarnos derivas indeseables tenemos el elixir de la limitación del poder y la consagración del ámbito de lo privado. Es dificil, pero no imposible.

Escoria ignorante y servil:



4 comentarios:

Gus Esteban 13 septiembre, 2015  

Y es que la verdad, por mucho que muchos se empeñen en decir que vamos a la cola de los avances, descubrimientos , etc, yo creo que no es así. Creo que somos el `primer puntal de la desintegración de occidente: amnesia voluntaria de la Historia propia, echándonos en manos del buenismo, relativismo exacerbado, dejación de funciones del Ejecutivo que no hace cumplir las leyes, dejación de funciones de la ciudadanía que prefiere mirar para otro lado con todo....yo a esto le veo poca salvación, incluso con un golpe de timón muy recio.

Teseo 13 septiembre, 2015  

A lo mejor todo el mundo está esperando que el 28S salgan el Mas, el Rajoy, el Coletas y el otro-de-la-Psoe-que-no-me-acuerdo-cómo-se-llama cantando "¡Inocentes, que os lo creeis todo!" O algo así. Ups.

Pablo Otero 14 septiembre, 2015  

Dependerá de lo recio que sea el golpe. :__)

Enrique 15 septiembre, 2015  

Lo de ponerse de perfil se debe a que la gente (y más en política) es incapaz de reconocer sus errores pasados. Por eso ahora nos encontramos con gente que busca la cuadratura del círculo antes que reconocer que dejaron el gobierno catalán en manos de ladrones y chalados.

Sí, me refiero a los que permitieron que Pujol saquease un banco porque era la esperanza blanca de la derecha contra Felipe González, y ahora se hacen los sorprendidos porque haya robado una fortuna. O a los que metieron con calzador la palabra "nación" en un estatuto porque la única ideología política que tienen es hacer rabiar al PP, y ahora se tienen que meter en debates metafísicos sobre "realidades nacionales", "naciones plurinacionales" y reconocimientos en la Constitución. O a los felices empresarios y lobbistas que les interesaban más demandas de autogobierno porque es más fácil hacer negocios en familia al calor del BOE (o DOGC), pero ahora descubren que generar tensión y fractura no es bueno.

Destaco entre todas por común y significativa la excusa de la falsa equidistancia. Es la de "yo no soy nacionalista catalán pero tampoco quiero nacionalismo español", que sirve para justificar el acercamiento al nacionalismo catalán. Está muy extendida pese a ser absurda y beneficiosa para los nacionalistas por dos motivos:

1) No se trata de nacionalismo catalán contra nacionalismo español, sino de nacionalismo o no nacionalismo. De si queremos que las leyes sean iguales para todos, o queremos privilegios en función de lo que alguien defina como una etnia u otra. Y aquí no se puede ser equidistante porque o las leyes son iguales o no lo son. No pueden ser "medio iguales".

2) No está al mismo nivel la responsabilidad en el conflicto. No es ni parecida la inacción/torpeza/incapacidad de Rajoy que la gasolina que ha echado Artur Mas (ni el rédito que saca cada uno de la situación). Como tampoco es igual que una cadena pública le dedique poco tiempo en su informativo a la manifestación de la Diada, a que otra cadena pública se dedique 24/7 a promocionarla. Y no es ni parecido que se le caliente la boca a un tertuliano de Intereconomía, a que lo haga un representante del gobierno catalán. No se puede ser equidistante cuando unos actúan mucho peor que otros.

Agradecería que se acabasen con estos cuentos de la equidistancia y la "tercera vía" porque ya va siendo hora de quitarse las caretas.

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