martes, 23 de junio de 2015

Ciudadanos vs Pablemos. Fight!

El punto de vista depende de las referencias que uno maneja y de los círculos en los que uno se mueve. Ya desde hace meses las referencias políticas inmediatas que me aparecen en conversaciones de restaurante giran en torno a dos partidos. Yo supongo que en los geriátricos y en los casinos las referencias son otras.

Allá a lo lejos la demografía. Pero no hablemos del tema, no vaya a ser que acabemos hablando de política. Dios no lo quiera.
Por alguna razón tengo en la memoria una frasecita de Adolfo Suárez, que al ser tan vaga sirve para todas las ocasiones. Supongo que tengo que echarle la culpa de esto a mis paisanos Ónega y Prego. Aquello de "elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal". Las frases vagas son la especialidad de don Fernando Ónega, maestro en el arte de no decir nada y ser pagado por ello. A doña Victoria sólo la puedo culpar de hacer bien su trabajo (en este caso un documental).

Bueno, a lo que voy: elevar a la categoría política de normal lo que es normal en la calle. En el caso que nos ocupa esto significa que la contienda está entre el color morado propio de los hematomas que deja la banda de la porra y el color naranja... de las naranjas (¿qué otras cosas hay de color naranja?). Veamos fortalezas y debilidades de cada uno.

La banda de la porra (a.k.a. Pablemos):

Te presento a tu alcalde.
Fortalezas:
  • Devoción al Líder. Una fortaleza muy fuerte en política es la Devoción al Líder. Si logras gestar un movimiento político fanatizado que siga al paso de la oca las directrices de una cabeza indiscutible, tu cohesión interna logra concentrar todas tus energías en el adversario exterior. Esto logra que el consumo energético sea más eficiente. Las leyes de la termodinámica son válidas también para la política si tomamos la variable energía como la variable información (pensad en los esfuerzos que un grupo de científicos dedican a evitar la dispersión de un haz de luz láser a la hora de desarrollar métodos de transmisión de información entre satélites, por ejemplo. Ok, no soy bueno poniendo ejemplos).
  • Cantinela. Tradicionalmente en las escuelas se enseña la tabla de multiplicar cantando. Ritmo, cadencia y repetición engrasan los recorridos de los pulsos eléctricos entre nuestras neuronas. Esto sirve para todo, también para marcar a fuego mensajes políticos.
Debilidades:
  • Decadencia balcánica. La mayor debilidad de Pablemos es al mismo tiempo la mayor debilidad política de España. Tratar de aunar en tu seno bandas tribales te da un aporte de fanatismo muy apetecible, pero inevitablemente llegará el momento en que las aspiraciones de las diferentes tribus choquen entre sí. Esto es muy fácil de entender con un ejemplo: Galicia no puede pagar su sanidad si no fuera por la aportación del trabajo del resto de España. Si empiezas a hacer que en cada lugar se tenga un control absoluto de su hacienda al final del día habrá perdedores entre tus propios aliados. "Unidad popular" es un concepto autoengañoso cuando para ti no existe un solo pueblo. Es más, hay lugares donde los cuadros pablémicos son directamente miembros de tribus, que ven penalizada su Devoción al Líder por la Lealtad Alternativa que profesan.
Ciudadanos:

A doña Inés la fabricaron unos caballitos de mar usando petisuis y arcoiris en un lugar llamado Xanadú. No, es broma. Finalista de los premios Leader de los liberal-demócratas europeos en 2014. Eh, pero el liberalismo no existe. O algo.
Fortalezas:
  • Centralidad. Tras décadas de turnismo político en nuestra Segunda Restauración los puntos en común que PP y PSOE han trasladado a la sociedad española son muchos más de los que a nadie le gusta reconocer. Al margen de las extravagancias, la sociedad española es una sociedad políticamente muy homogénea y su nexo de unión es la Constitución. Partir de la centralidad que supone defender la Constitución es como llegar con pastel de limón a una casa donde a la gente le gusta el pastel de limón (¿veis cómo no soy bueno con los ejemplos?).
  • El Arte de la Guerra. Hace una década que Ciudadanos comenzó a hacer política en Cataluña, un lugar que no te pone las cosas fáciles si no llevas puesta una boina enroscada (con las oportunas salvedades, desde Galicia puedo entender cómo es ese juego). Sorprendentemente Ciudadanos logró lo que el resto de partidos constitucionalistas no lograron: no bajarse las bragas ante el irracionalismo dominante como hizo el PSOE y no caer en la irrelevancia extravagante como hizo el PP. Ciudadanos lleva años en primera línea de un frente que está a cientos de kilómetros de Madrid, y quieras que no, eso curte. Por supuesto que en Madrid también se lucha contra la Debilidad balcánica, pero de forma distinta: una cosa es ver un mapa de situación y otra muy diferente aguantar cómo los nazis te dicen todos los días que eres extranjero en el pueblo donde has vivido toda tu vida y tienes enterrados a tus padres.
Debilidades:
  • Elasticidad. Partir de la Centralidad te abre muchas puertas, pero sólo te las abre, no hace que puedas pasar adentro. En política se trata de tomar decisiones y definirse. La inercia política española ha labrado durante años supuestas trincheras irreconciliables, tratar de llegar ahora y desvincularte de esas trincheras crea resistencias al cambio que juegan en tu contra. Lo de ocupar programáticamente el lugar del PSOE con los votos del PP tiene una validez limitada en el tiempo. Los adversarios de Ciudadanos no son completamente imbéciles, y aunque decadentes, todavía juegan con la carta de Centralidad.
Vale

F*ck yeah!
Sólo pongo dos fortalezas y una debilidad de cada uno porque aunque la campaña electoral ya ha empezado y a priori estos dos partidos pelean por los mismos votos en las ciudades, ellos a sí mismos no se ven como contendientes mutuos porque se fijarán antes en los no-muertos que caminan por las calles. Sin embargo llegará el día en que tendrán que posicionarse uno frente al otro. Me parece interesante realizar este ejercicio y contraponer el naranja y el morado-hematoma. Hay una parte de la sociedad —electoralmente irrelevante, no soy imbécil— que ya juega en estas coordenadas.

Me resulta particularmente interesante que Pablemos en la costa esté exactamente en el nacionalismo y Ciudadanos sea una propuesta aburridamente constitucional. Es regresar nuevamente al problema capital de la política española, y eso en el interior no se ve tan claro porque allí Pablemos no deja de tener el tono gris de la falange izquierdista de toda la vida, es decir, viejos conocidos a los que sus adversarios ya están acostumbrados.

Más ideas desordenadas: si las elecciones catalanas vienen antes que las generales (y parece que será así), el situarse en la cuestión nacional se convertirá en un tatuaje que Pablemos ya no podrá borrar para las generales. Y salvo sorpresa dudo mucho que Ciudadanos haga un mal papel en esas elecciones porque nadie compite en su categoría.


3 comentarios:

Enrique 23 junio, 2015  

Personalmente veo una diferencia fundamental en el "estilo de lucha" de unos y otros.

Pablemos es el bruto ese de Gladiator que va con el casco de la máscara y una espada y un hacha en cada mano. Ellos vieron en el 15-M que el público quería sangre y se lanzaron contra PP y PSOE de forma salvaje, sin importarle poner en peligro su propia integridad o la de sus colegas. No olvidemos que hay mucha gente que disfruta con las carnicerías y se han pasado a animarles. Por ejemplo, todos los antiguos seguidores de IU quienes sólo querían ver a alguien ensañándose con el PP, y Pablemos lo hace mejor.

Ciudadanos es Russell Crowe. Más técnicos y con más estrategia. Localizan los puntos débiles de PP y PSOE y les pegan donde y cuando duele. No les importa huir y evitar el combate si están arrinconados, o tener paciencia para que el rival se desgaste. En principio su público son los "entendidos", y los que admiran el mérito que tiene que sigan todavía en la arena.

Claro, si el combate se alarga y el público pierde sus ganas de sangre iniciales, van a dejar de animar al salvaje. Pero de nada va a servir si Russell Crowe acaba en las garras de un tigre o con un hachazo en la cabeza.

PD: Tengo unos amigos que hace unos días hicieron una especie de ejército de Warhammer de "podemitas". Curiosamente su primera habilidad especial se llamaba "devoción al líder". La segunda era "odio a clérigos".

Pablo Otero 23 junio, 2015  

Quiero jugar a ese Warhammer! :D

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