jueves, 12 de marzo de 2015

Los más perjudicados de la nueva política

Las últimas encuestas de la SER coinciden con las últimas encuestas de Metroscopia para El País y dibujan ambas un escenario de cuádruple empate en la intención de voto de cara a unas elecciones generales en España. El problema aquí no es que estas encuestas las hagan con dos simios, una botella de vodka y un dado de veinte caras, el problema de estas encuestas es el problema que tienen todas las encuestas que se hacen en España. Nuestra ley electoral actual es la última ley fundamental del reino revisada y establece la circunscripción electoral en la provincia. La fotografía de una encuesta nacional tiene poco que ver con los resultados que la ley electoral obtiene en cada circunscripción.

Bóveda de crucería, catedral de Astorga.
Aunque ciertamente en épocas próximas a la votación los sondeos pueden aproximarse al resultado final, esto es así precisamente por nuestro modelo provincial. Si un sociólogo (son los que hacen las encuestas ¿no?) se jacta de "equivocarse poco" es porque la mayoría de los partidos pequeños tienen sus resultados cantados y los grandes no compiten con ellos. Nuestro sistema electoral es un sistema proporcional tuneado para que en la inmensa, salvaje y despoblada meseta tenga efectos mayoritarios. Por tanto, el margen de error en una encuesta se reduce al reducirse la liza entre dos partidos en un puñado de provincias donde sólo se columpia un escaño.

Este al menos es el modelo del que se partió en la dictadura de Juan Carlos (en el año 1977): un modelo cuyo efecto buscado era la formación de gobiernos mayoritarios que tuvieran las riendas del poder sin mucho competidor moscón. Es curioso cómo en Portugal y Grecia, países que comparten con España una historia reciente de dictadura, se ha procurado el establecimiento de un bipartidismo, un sistema de alternancia que dejara poco espacio a la lírica.

Para cuando os quejéis de la política española, recordad que podría ser peor.
Pero este sistema, corregido en Grecia por el plus de 50 escaños que obtiene el partido vencedor, que es una cosa que le molaría mucho al PP de Galicia, no deja de ser un sistema que al final depende del voto. Recordemos que la misma ley electoral le dio a IU 21 escaños y 2 escaños.

Las correcciones de caracter demográfico realizadas sobre los escaños que elige cada provincia, la rotura del voto útil (que es ultraincentivado por el efecto mayoritario de la ley electoral) y el cambio tecnológico que facilita la visibilidad de más opciones políticas hacen que los pluses con los que parten las opciones mayoritarias no tengan tanta fuerza como se esperaba en el momento en que nos diseñaron la ley electoral hace casi cuarenta años.

Provincia de Soria

Portada de la catedral de El Burgo de Osma. Os laváis la boca para hablar de Soria.
Todo esto está muy bien y es entretenido ver cómo se flipa el personal, pero por mucho que una encuesta nos ponga un empate a cuatro con apoyos en torno al 20%, ni de coña significa esto que veremos en el Congreso a cuatro fuerzas políticas con alrededor de 70 escaños cada una. Y es que el sistema tiene sus propios mecanismos de corrección porque ya se sabe que la gente no siempre vota lo que debe.

Uno de esos mecanismos de corrección es el que está más relacionado con la imposible lectura de las encuestas actuales. A este mecanismo lo podemos llamar "provincia de Soria". La explicación de cómo funciona este mecanismo no es ningún arcano mágico ni exige un gran cociente intelectual. el truco es de un fácil que te dan ganas de vomitar. Resulta —oh maravillas del destino— que la provincia de Soria elige a dos diputados. ¿Cómo metes ahí a cuatro fulanos? No puedes. Fin del asunto.

Castillo de Magaña. Muy moderno, del XV, pero resultón.
Bueno, no, no es el fin del asunto. Hay más flechas en este carcaj. Madrid y Barcelona suman aproximadamente el 20% de los escaños del Congreso. En esas provincias sí actúa el sistema proporcional más o menos como es de esperar por alguien que no odia las matemáticas (dejemos el límite mínimo de representación al margen). Pero aunque en estos sitios las matemáticas funcionen (y consecuentemente las encuestas ahí tienen más sentido) eso no quiere decir que su influencia sea determinante en el cómputo global final. En estas circunscripciones el porcentaje de escaños se acerca al porcentaje de votantes totales de las elecciones: eligen al 20% de escaños y vota el 20% de los votantes. ¿Qué ocurre en Soria mientras los pijos de ciudad hablan de democracia? Pues Soria elige al 0,6% de los escaños del Congreso y sus votantes son el 0,15%. Para los de letras: estos porcentajes dicen que el voto de un soriano pesa cuatro veces más que el del vendedor de churros de la estación de Atocha.

La tozudez de las mayorías

Este lema no fue fruto del azar, sino de conocer el sistema electoral.
El bipartidismo en la calle está muerto y enterrado, pero eso no significa que sus efectos en el Congreso también lo estén. La proporcionalidad en las circunscripciones que más escaños eligen desde luego que hará aumentar la representación de partidos que no son PP y PSOE. Y si por algún azar del destino (rotura del voto útil, escacharramiento interno del bipartidismo) otras opciones pueden abrirse paso en las provincias semi-meseta (Zaragoza, Málaga, etc), estos pequeños partidos consolidarán todavía más su posición.

A gente que no es yo le llama la atención que ya existían alternativas al bipartidismo desde hace un par de legislaturas (UPyD e IU) pero que estas alternativas no hayan sido capaces de subir a la lona. A mi no me llama la atención porque estos partidos nunca han podido ser alternativas por dos razones: no salían tanto en la tele y Gorriarán insulta a la peña. Como podéis observar, mi análisis no es nada sofisticado (¡si hasta os colé la palabra carcaj en este texto!).

x__x
¿Serán Pablemos y Ciudadanos alternativa al bipartidismo? No, porque para ser alternativa PP y PSOE tienen que morir. Un paseo por la España mágica nos indica que están lejos de morir. Las pasarán canutas y el PSOE sin duda tiene más problemas que el PP (mientras el PSOE siga desaparecido en Cataluña estará en la UCI), pero ellos seguirán ahí, como el fantasma de las Navidades pasadas. O como mucho Pablemos le disputará la segunda plaza al PSOE (cosa que cada vez veo más difícil).

El escenario para la gente normal no es horrible, ojo. El ataque a la línea de flotación del sistema bipartidista nos traerá grupos parlamentarios de representación nacional y por lo tanto parte del mercado persa de nuestra política que consiste en amilanarse ante los nacionalistas, será cosa del pasado. Y es que en este escenario no se valora lo suficiente que los mayores perjudicados de la eclosión de partidos en España no son PP y PSOE, sino nuestros viejos conocidos neocarlistas y cleptócratas.

¡Que alguien llame a la Sociedad Protectora de Animales!

8 comentarios:

Hooke 12 marzo, 2015  

Muy buen análisis. Lo comparto.

El cisne negro podría ser la desaparición y voladura del PSOE....Aunque teniendo las autonómicas Andaluzas por delante (en las que pueden cosechar un buen resultado), puede que detengan su caída.

Si los nuevos participantes (Podemos y Ciudadanos) sirven como bisagra en las votaciones parlamentarias, coincido en que los nacionalistas pueden ser los grandes perdedores.

A ver que pasa......

Triste figura 12 marzo, 2015  

Tanto PP como PSOE se benefician del voto util pero si son rebasados por sus respectivas nemesis pueden casi del dia a la manyana aparecer como el voto inutil y conocer la suerte de la UCD.

Pablo Otero 12 marzo, 2015  

Gracias Hooke.

Los dos están obligados a salvar la honra. Sobre todo el PSOE, que lleva un lustro en coma.

Enrique 13 marzo, 2015  

Buen análisis. Añado dos reflexiones.

- Mitin del PSOE 2004: ¡No votéis al PP! Que si Irak y tal...
- Mitin del PP 2011: ¡No votéis al PSOE! Que si la crisis y tal...
- Mitin de Podemos 2015: ¡No votéis a PPSOE! Que si la casta, la crisis, Irak y tal...
Ok, es simplista pero creo que se pilla el concepto. Podemos cargarnos el bipartidismo pero no nos sirve de nada si se sigue planteando el debate de forma bipolar. Me gustaría saber el porcentaje de gente que vota no a favor de un partido sino en contra de otro.

Ojalá sea cierto que los partidos nacionalistas van a recibir la importancia que merecen, pero no cantaría victoria. Un "frente popular" Podemos+PSOE tiene muchas más papeletas para pactar con los nacionalistas que con C's (o lo que quede de UPyD). La clave va a estar en cuántos votos del PSOE se va a llevar C's para que eso sea imposible.

Hooke 13 marzo, 2015  

Por cierto.

Por vecindad tengo bastante contacto con gente del País Vasco y me comentan que hay una real preocupación entre los pro-etarras a una fuga de votos a Podemos, ya que la gente de ese mundillo piensa que "joden" mejor a España engordando a Podemos con sus dos o tres escaños, en lugar de los dos o tres escaños pro-etarras que, francamente, pintan bastante poco en el Parlamento.

Además el hecho de que los pro-etarras ya hayan tocado poder en la Diputación de Guipúzcoa y en San Sebastián ha hecho que, inevitablemente, hayan pisado algunos callos y hayan tenido que bajar a la pedestre realidad tomando algunas decisiones impopulares entre los suyos.

Podrían ser otro de los grandes perjudicados.

Pablo Otero 13 marzo, 2015  

La presencia de Bildu/Amaiur/Whatever en el Congreso es una anomalía.

Groucho Marxista 13 marzo, 2015  

Hay otro problema: la consideración de la política como si fuera un partido de fútbol. No procede que lo que se ve como horrible y escandaloso en un partido distinto del elegido por un votante particular sea algo normal y digno de elogio si lo hacen los del mío. Mientras que eso no cambie, da lo mismo que haya bipartidismo o no, a mí parecer.

Groucho Marxista 13 marzo, 2015  

Hay otro problema: la consideración de la política como si fuera un partido de fútbol. No procede que lo que se ve como horrible y escandaloso en un partido distinto del elegido por un votante particular sea algo normal y digno de elogio si lo hacen los del mío. Mientras que eso no cambie, da lo mismo que haya bipartidismo o no, a mí parecer.

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