miércoles, 18 de febrero de 2015

Sobre el liberalismo de Ciudadanos

Después de que el yerno de España, junto al heraldo del Señor de las Tinieblas y Luis Garicano comenzaran a presentar el programa económico de Ciudadanos surgió cierto debate en las redes muy puntillista sobre si Ciudadanos es o no un partido liberal. Sorprende un poco que lo que contó Ciudadanos era parte de su postura sobre el marco de relaciones laborales que quiere defender y que de ahi ya aparezca gente que venga cagando sentencias categóricas sobre el exacto nivel de liberalismo de ese partido.


Nada que objetar a que esas sentencias vengan de otros aspirantes políticos (aquí Santi Abascal por ejemplo), al fin y al cabo su trabajo es convencer al electorado para tener su apoyo. Es la gente que está motivada por el mero hecho de discutir y de salvar su figurita ideológica preciosamente tallada y súper delicada la que me llama la atención (por ejemplo en estos comentarios de una actualización de estado del señor Rallo).

Yo no sé si Ciudadanos es más o menos liberal, porque liberal significa muchas cosas. Hay gente que cree que liberal significa que la cocacola te haga las carreteras. Otros pueden pensar que liberal es dejar que la gente elija de forma exclusiva sobre todas las circunstancias de su vida como si fuera un ser atómico y sus elecciones no tuvieran consecuencias en los demás. De los que más me gustan son aquellos que piensan que el liberalismo tiene que ver con andar en bolas por la calle y retozar como si no hubiera mañana.

Playa nudista (sin gente).
Lo que sí sé es que Ciudadanos no es socialdemócrata por una sencillísima razón: la socialdemocracia hoy no puede existir en España salvo en el caso de aquellos que pidan nuestra salida del euro y de la UE.

No me sorprende que quienes no reconocen la imposibilidad metafísica de la socialdemocracia aquí y ahora sean los mismos que llegan con su pulido liberalismo que recuerda a la barra de iridio-platino que sirve de patrón internacional de medida para el metro. Me parece que estas personas gustan mucho de los debates teóricos y excesivamente ideológicos y confunden esos debates con debates de política. De política aquí y ahora.

El kilogramo de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas.
Bien está que se acuda a la etiqueta de "socialdemócrata" con ánimo descriptivo. Yo mismo llamo socialdemócrata al PP y creo que nadie me puede llevar la contraria. Ahora bien, esto lo digo a sabiendas de que no hablo de la socialdemocracia de la posguerra, sino de una tercera vía más próxima a Tony Blair. En el momento en que las circunstancias objetivas que posibilitan la socialdemocracia sólo se pueden encontrar en países como Noruega, Serbia o Albania, carece de sentido aplicar la etiqueta a otros lugares.

Yo puedo estar de acuerdo en que el complemento salarial que propone Ciudadanos parece una medida socialdemócrata pero eso no me empuja a llamar socialdemócrata a ese partido. Izquierda Unida pide que se paguen de forma inmediata las deudas de la administración contraídas con los proveedores, pero eso no me hace llamar a IU liberal. No sé si me explico o estoy yendo demasiado rápido.

Calvin sabe cómo ganar en Internet.
El fondo del asunto es que la red iguala todas las opiniones y crea una falsa sensación de que el peso de estas es así de igual en la calle. Por eso, cuando alguien viene corriendo con su figurita de cristal y dice que eso es el liberalismo, suele llevarse un chasco cada vez que hay elecciones.

Yo soy partidario de diferenciar el debate puramente teórico del debate político. En este sentido, un debate teórico sobre las infraestructuras de transporte en una sociedad anarquista es enriquecedor, pero un debate político sobre infraestructuras de transporte en una sociedad anarquista es una pérdida de tiempo por la increíble razón de que no vivimos en ese tipo de sociedad. De forma similar un debate teórico sobre el liberalismo o no de las propuestas de Ciudadanos puede ser enriquecedor, pero un debate político sobre el liberalismo de sus propuestas carece de sentido. El 99,99% de la gente vota sin preguntarse sobre el grado de liberalismo de un partido.

Y esta discusión entre modelo teórico y política a secas es la madre del cordero. La gente tiene la extraña manía de votar y los países se emperran en existir. Si tengo que colocarme en este debate, no sorprendo a nadie si digo que me inclino más por hablar de política que por hablar de modelos teóricos.

Teoría del átomo de Thomson.
Y hablar de política liberal sólo es posible si se parte de una serie de premisas básicas y ampliamente compartidas. Por ejemplo, carece de sentido hablar en contra de la existencia del estado en un debate político. La política exige la existencia del estado. Es más, el liberalismo político no sólo exige la existencia previa del estado sino que prácticamente los estados tal como los conocemos son un invento del liberalismo. Dentro de los parámetros que exige el debate político adulto negar el estado es como hablar de tomates no queriendo hablar de tomates.

La papilla

Lo gracioso de aquella primavera de 1980 es que años después muchos periodistas pidieron disculpas a Suárez.
Esto es espeso como una papilla con grumos. De vuelta al planeta Tierra observamos que muchas veces preguntan al yerno de España si Ciudadanos es de izquierdas o de derechas. El chico que tiene encantadas a las suegras de España suele responder que su partido es de centro y a continuación explica lo de una economía de mercado que conjugue con el sostenimiento del Estado del Bienestar. Teorema del votante mediano de libro.

A mí esto sí que me repatea porque yo defiendo la inexistencia del centro político. O todos los partidos son de izquierdas excepto los carlistas o todos son de derechas excepto las versiones más lisérgicas de los nazicomunistas. Carezco de un baremo categórico para definir el grado de izquierda o derecha de un partido.

Alguien puede decir que defender la existencia del Estado del Bienestar es de izquierdas. El problema es que no defender su existencia te coloca fuera de la política. No existe ni un solo partido europeo liberal que promueva la desaparición del Estado del Bienestar. Al mismo tiempo todos están de acuerdo con los efectos redistributivos de la política fiscal (nota: un tipo único sobre la renta puede tener efectos redistributivos, el debate no está cerrado). Los liberales en las sociedades donde se da por sentada la existencia de un Estado del Bienestar no abogan por su desaparición (los partidos suelen tener la manía de querer que las gente les vote y en política ganar elecciones es importante).


Entonces ¿cómo se come ser liberal y defender el Estado del Bienestar? El mero hecho de plantear esta pregunta evidencia que partimos de coordenadas estrafalarias. Los liberales cuando están en el gobierno se dedican a introducir reformas que imitan los procesos de competencia del mercado en el sistema. Se puede dar más autonomía a los centros educativos y a los hospitales, por ejemplo. O meter a las empresas en la cobertura sanitaria como hacen países súper-raros como Holanda.

Claro que el atractivo de los liberales en otras latitudes no reside precisamente en que están todo el día hablando de dinero (cosa que tampoco es tan mala: en Estonia hablan de dinero y con ello consiguen apoyos tanto de estonios como de rusos, logrando así limar otro tipo de conflictos).  Hablan de inmigración, de eutanasia, de matrimonio homosexual, de prostitución, de drogas, etc. Y sobre todo hablan de reforma democrática. ¿Es buena idea elegir a los alcaldes en elecciones separadas? ¿Cómo deben redactarse los presupuestos municipales? Sí, hablan de política local.

El problema a la puesta de sol

Una conversación de cinco minutos con cualquiera que se identifique con el liberalismo revela que parece tener muy claros los medios o las medidas políticas de su preferencia, pero no parece tener claros los fines. Si das a elegir entre subir o bajar impuestos, todos nos inclinamos —ceteris paribus— por bajarlos. El problema es que el sol se pone y al final del día no parecemos tener claros los porqués.

Si no reflexionamos sobre las razones últimas de nuestras preferencias políticas, al final estaremos realizando simples decisiones basadas en la estética. Y eso ni es liberalismo ni es socialdemocracia ni es nada de nada. Eso se llama chismorreo de peluquería.


5 comentarios:

Antonio Luis Delgado Gómez 18 febrero, 2015  

Liberal:

http://www.jotdown.es/2014/12/antonio-garrigues-walker-el-auge-de-podemos-es-absoluta-y-radicalmente-logico-y-positivo/

Diferencia entre socialdemócrata y conservador:

http://politikon.es/2015/02/11/partidos-crecimiento-y-desigualdad/


http://www.editorialtaurus.com/es/libro/derecha-e-izquierda-2/

Enrique 18 febrero, 2015  

El debate izquierda-derecha, liberal-no liberal siempre me ha recordado a una escena de la película Donnie Darko. La profesora del protagonista, influida por una especie de gurú de la autoayuda, traza en la pizarra una "línea de la vida" en la que hay dos extremos: AMOR y MIEDO. Y les pide a los alumnos que lean una tarjeta con una situación y marquen a qué lugar de la línea corresponde, más cerca del amor o más cerca del miedo. El protagonista lee su tarjeta. Cuenta una historia sobre una chica que encuentra una billetera llena y se la devuelve a su dueño. Y dice que no puede marcar nada porque la "línea de la vida" es una gilipollez, que la situación no tiene nada que ver con el amor o el miedo. Y que en realidad intervienen miles de factores y emociones que no se pueden resumir en sólo dos.

Hooke 19 febrero, 2015  

Y luego está el pequeño detalle del momento histórico que nos toca vivir.

En Suiza se pueden permitir una discusión bizantina sobre si tal o cuál aspirante político está mas próximo a la teoría del coeficiente de caja del 100% o, por el contrario es más partidario de la escuela de la liquidez.

Pero en Londres en 1940, puede que Churchill no fuera perfecto, puede que tuviera muchos defectos, pero el momento histórico no estaba precisamente para andarse con disquisiciones, y lo que tocaba era apoyarlo a toda costa.

Año 2015, España tiene que elegir en una bifurcación del camino, si se pone a caminar hacia Venezuela o si se queda en Europa Occidental. En estas circunstancias, creo que lo prudente es buscar un mínimo común denominador entre los que preferimos quedarnos en Europa Occidental. Desde conservadores a liberales, pasando por "progres' medianamente sensatos.

Cuando esto sea Suiza, con la estabilidad política y económica aseguradas para un par de generaciones, puede que nos podamos permitir exquisiteces programáticas.

Pero hoy no.

Pablo Otero 19 febrero, 2015  

A lo del momento yo añadiría el pasado. Los sistemas políticos, las preferencias, las sociedades no son pizarras en blanco. Ningún proyecto político puede ignorar que existen unas reglas dadas/herencias/inercias.

Creo que el problema de la pizarra en blanco es también muy frecuente y pesa mucho.

Hooke 19 febrero, 2015  

Completamente deacuerdo con lo de la "pizarra en blanco".

En eso soy plenamente Hayekiano. Las sociedades avanzan de manera evolutiva, paulatina, por prueba y error.

Desechar el pasado y sus lecciones es como reinventar la rueda en cada generación.

"A hombros de gigantes" y todo eso.

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