sábado, 22 de noviembre de 2014

Transición burkinesa

Si hay un país que ejemplifica el fracaso francés en su aventura colonial africana, ese es Burkina Faso. En Burkina Faso jamás existió nada parecido a un Estado, al imperio de la ley o a las libertades banales que damos por sentadas en España.

Hace un par de semanas, la pequeña pseudonación africana alcanzó pies de página en la prensa por un golpe de estado del que ya nos hemos olvidado todos menos Forges, quien seguro sigue firmando sus viñetas con su "pero no te olvides de Haití". Ah, la preocupación de Forges por las crisis humanitarias aparece como una lucecita de cinismo descarnado en la Antología del Mal.

Lo de Forges es como lo de "haz RT para que este niño se cure el cáncer".
Si miramos las hemerotecas accesibles de la prensa diaria española, Burkina Faso aparece ligado a golpes de estado como cualquiera de esos otros lugares de África que sólo nos importan si nos pueden infectar con algún virus malvado.

En los estudios académicos y revistas especializadas en relaciones internacionales hay algo más de harina y Burkina Faso aparece como uno de los  lugares en los que desarrolla la silenciosa guerra por los recursos naturales que enfrenta a viejos y a nuevos contendientes. Y en ocasiones a aparentes aliados como es el caso del enfrentamiento entre Francia y Estados Unidos.

Tiendo a ser escéptico con las explicaciones sencillas a problemas complejos y aunque el análisis que hace el materialismo histórico de los conflictos poscoloniales en África es inevitable, me inclino a pensar que no toda explicación del conflicto del Sahel responde a la archisabida ecuación de intereses coloniales de potencias imperialistas sobre una inocente población que jamás rompió un plato.


Retrocedemos gracias al milagro de la palabra a comienzos de los años 1980. Esta es una época en la que el mundo que todavía pensábamos que era bipolar estaba a cinco minutos del armageddon atómico. No fue durante la Crisis de los Misiles que estuvimos más cerca de ser evaporados por el hongo atómico, sino en la época en la que se estrenaba ET el Extraterrestre en la que más cerca estuvimos de no contarlo.

Alto Volta —todavía se llamaba así—, nominalmente sufre la independencia de Francia en 1960 o 1958. De 1960 a 1987 tiene a distintos dictadorzuelos que se irán sustituyendo unos a otros en función de sobornos y de contactos con potencias imperialistas. Concretamente, gran parte de los problemas heredados por Alto Volta/Burkina Faso tiene que ver con la estrategia africana de la Unión Soviética. África era un continente horrible pero en el que no había crisis humanitarias tal como las conocemos. La inundación de armas soviéticas de la primera mitad de los 80 multiplicó exponencialmente la mortalidad de conflictos que hasta el momento no pasaban de choques tribales.

En el año 83, un grupo de oficiales del ejercito burkinés liderado por Thomas Sankara y Blaise Compaoré, armado por la URSS por mediación de Gadaffi se hace con el poder e inicia una revolución comunista (con granjas colectivas y nacionalizaciones). Sankara es conocido como el Che africano. A los cuatro años Sankara es derrocado por su compañero de armas Compaoré quien se puso la corona y no se apeó hasta este año.

Unión Económica y Monetaria de África Occidental, zona de recursos que Francia perderá como lo pierde siempre todo.
La historia es que en estos últimos 30 años todo el mundo sabía quién era Blaise Compaoré. Pero como Compaoré permitió "la democracia", las potencias extranjeras le dejaron en paz. Subrayemos en este punto el carácter de la democracia burkinesa de Compaoré echando un vistazo a sus apoyos en las diversas elecciones presidenciales desde el momento en que le dio la gana permitirlas:
  • 1991: 100% de los votos (la oposición boicotea las elecciones).
  • 1998: 87,5%
  • 2005: 80,35%
  • 2010: 80,2%
Blaise Compaoré obtiene los resultados del típico alcalde rural del PP de Galicia.


Bueno, el caso es que una de las dictaduras más estables (en el orden interno al menos, en el externo hubo guerra con Mali y un reciente trazado de la ONU de su frontera con Níger) de África de pronto acaba en 48 horas por la magia de la "primavera africana". El pueblo, en su sabiduría, logró expulsar al tirano. Ahora una junta tecnocrático-militar lidera el proceso de transición democrática que culminará en las elecciones de 2015.

Mirad, un demócrata en la tele.
Todo el mundo sabe que uno de estos dictadores no se mantiene en el poder sin padrinos, ni las fuerzas armadas le dan su apoyo sin padrinos, ni sus vecinos (que también tienen padrinos) colaboran con él sin padrinos.


Una vez desaparecida Rusia, China ocupa su lugar como potencia imperialista en África. Es público y notorio el exponencial crecimiento de las importaciones chinas. A cambio de materias primas para su economía (carbón, petróleo y uranio, fuentes energéticas del futuro), China construye centrales hidroeléctricas (para dar energía a sus minas), carreteras (para transportar sus productos) y puertos (para cargar sus productos). Oh, China está ayudando al desarrollo de estos países africanos.


Claro, no sólo China ayuda a los dictadores africanos, sino también Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Es muy sencillo decir que las guerras civiles africanas son un mero enmascaramiento de los conflictos que enfrentan a potencias que fuera de África son aliadas. Es tan sencillo que sospecho que esta explicación no es real.

Existe una tríada de potencias marítimas que suponemos está formada por aliados muy próximos que comparten objetivos comunes. A saber: EEUU, UE y Japón. Y luego está la tríada de potencias continentales que sin embargo no comparten objetivos comunes, aunque están de acuerdo en presentar el principio de no injerencia como su excusa para soportar regímenes despóticos similares a los de sus metrópolis: Rusia, India y China.


Con Rusia en pleno proceso de descomposición e India sin definir su política exterior, parece que será China la competidora de las potencias marítimas. Hace cien años, ante los problemas de carácter colonial, era común afirmar que ya toda la tierra pertenecía a alguna bandera. Los precursores de la geopolítica podían afirmar que en cuanto a la adquisición de recursos y mercados, había acabado la partida. Con lo que no podían contar es con el conocimiento de que los países aparentemente modernos y estables podían desaparecer, entrar en crisis o perder su poder sin mediar ninguna guerra.

Hoy sabemos de la posibilidad de los estados fallidos e incluso de la caída en picado de los países a un estado de comatoso semi-fallo (hola Argentina) desde un punto de partida de opulencia y éxito. Ningún país está vacunado contra su caída en picado, contra su fallo orgánico total. Por eso, el juego colonial todavía continuará mediante métodos más civilizados donde hay cámaras de televisión y mediante el tradicional método del machetazo donde no hay cámaras de televisión. La rueda sigue girando.


Pero como dije, en un escenario que queda lejos de las metrópolis, incluso los aliados dejan de ser aliados. Sólo en apariencia Rusia tiene un mayor problema con la OTAN que con China. Los Estados Unidos todavía tienen a decenas de miles de soldados tanto en la UE como en Japón. Indonesia y otras potencias medias del sudeste asiático venden más a Japón pero compran más a China, situación que está a cinco minutos de cambiar, no como sucede con la India y sus siete billones de dólares de PIB. Es este "cierre" de fronteras del Imperio del Centro el que empuja a los chinos a saltar el Índico y situarse en África. Un malpensado diría que cuando Rusia caiga de forma definitiva, nada impedirá a los chinos hacerse con la Zona de Recursos del Norte.

Lo que quiero decir con esto es que el Conflicto en mayúsculas no se produce entre oriente y occidente, sino entre todos al mismo tiempo. A nosotros, que por obligación nos toca estar en la UE, nos afecta este conflicto de forma directa y no hablar de él no creo que nos ayude.


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