lunes, 22 de septiembre de 2014

Por la desaparición de la cultura

Un principio de acción política detrás del que hay un cierto consenso es el que aconseja reducir el gasto público en cosas que no afectan a la vida de la gente. Si en una embajada puedes tener el mismo bloc de notas por cuarenta céntimos en lugar de por ochenta, todos estamos de acuerdo en preferir el de menor coste. Todos menos los contratistas, claro, pero en política siempre habrá perdedores porque la política trata de decisiones y preferencias.

"Nada viene de la nada". Imágenes de Wonkapistas.
Poco se escucha sobre reducir el gasto público y poco se habla del incremento demencial en los años de la burbuja del gasto. Principalmente en educación, sanidad, infraestructuras inútiles y políticas sociales. Ese incremento del gasto que no tuvo consecuencias de mejora en los indicadores de resultados se centró en los incrementos del gasto salarial. Y en concreto del gasto salarial público en puestos de gerencia de esas áreas (esto lo saco de la primera parte de "Una alternativa liberal para salir de la crisis", de Rallo). Esto por sí solo merece un análisis en profundidad que tardará años debido a la cantidad de datos que hay. Es un complejo ejercicio que hay que hacer y del que no podemos esperar que lo realicen quienes viven de la teta del estado.

Hay otro análisis añadido a estos que tiene que ver con la Kultur. Lo que nos gastamos en zumo público de Kultur. La Kultur o La Cultura es ese cajón de sastre donde cabe todo (paellas, chocolate, caminar, restaurar un cortijo, un grupo de baile turolense) porque nadie sabe lo que es. Y con razón nadie lo sabe pues en términos de políticas públicas es un invento reciente que tiene que ver con la construcción de identidades, con voluntades colectivas, con autoconciencia y con el idealismo alemán del XIX y por lo tanto se trata de una mitología cuyos defensores se disfrazan de artistas o intelectuales (otra palabra inventada recientemente y sin significado) pero que detrás del disfraz no pueden ocultar su verdadero ser. Ese verdadero ser (ojo al sintagma heideggeriano) yo lo describo gráficamente con la analogía de los sacerdotes de Horus lanzando a la guardia contra la multitud famélica en un invierno egipcio de hace cuatro mil años.

—¡Tenemos hambre, abrid los graneros!
—¡Atrás, impíos, este grano pertenece a Horus! ¡Soldados, cargad!

Guardianes de Kultur, productores de Kultur.
Y como ese grano pertenece a Horus, nadie se acerca a sus silos. Unos silos y un grano que adquieren facultades mágicas pues se relacionan con aquello que el hombre no puede alcanzar a comprender: la vida y la muerte, los designios de los dioses y la fortuna de los mortales. Es común entre estos fanáticos acudir a manidos eslóganes: "defender la cultura", "conservar la cultura propia"... la mayor parte de las veces se trata de gente poniendo el cazo. Vale, no los culpo, hay que comer y tener un loft en el centro donde te espere una Yosoylajuani mientras hablas de tus producciones y de la "industria cultural" mientras te abres paso entre lonchas de farlopa. Pero más allá del vulgar estafador de pueblo que va con su carrito por las ferias vendiendo elixires, tenemos el problema político y el problema económico que crea esta mitología inventada, llena de palabras huecas, de analfabestias y de vacas sagradas.

El problema político está claro que se relaciona con el problema de la llamada identidad cultural. Cuando en las películas de vaqueros los indios todavía eran los malos, era común ver tótems. Esas columnas labradas con caras de dioses o de parientes incómodos que identificaban tribus de la edad de piedra. Más allá del totemismo y del problema del culto, los tótems eran la bandera o seña de identidad de una tribu. Había por lo tanto una "identidad cultural" identificada con ese tótem. Al otro lado del río había otro tótem y otro campamento de cazadores-recolectores. Probablemente emparentado con el primero, pero al disponer de otro tótem ya eran un grupo distinto. Tenían una identificación grupal diferente. De ahí a los filósofos alemanes del XIX dando soporte filosófico al Reich hay un paso. Y de la Kulturkampf a Beiras diciendo que los vecinos de la comunidad autónoma de Galicia tenemos una identidad particular diferente a otras del mundo ya no hay ni un paso: se trata de una consecuencia inmediata. Cuando el gallego supuestamente estaba prohibido, se crea la editorial Galaxia cuya primera publicación en 1950 es la traducción al gallego de De la esencia de la verdad, de Heidegger. Y chin pun. Que les cuenten a sus acólitos las invenciones que quieran.

Hoy los neocomunistas se basan en la fenomenología del espíritu y no lo saben. Hubo una época en la que el comunista hablaba de producir acero. O tempora, o mores.
Este problema político que provoca el estofado de Kultur, es por lo tanto el problema de la identidad en el estado nación. Diferentes grupos pueden ser fieles a distintas fes culturales y basándose en su teología propugnar la creación de nuevas sociedades políticas reunidas en torno a su fe. Es decir, lo que hace el Estado Islámico: tratar de crear una nueva sociedad política siguiendo dogmas religiosos (administrados por la autoproclamada nomenklatura clerical-cultural, claro). Punto, no hay más. En el caso concreto de España, a estos fanáticos religiosos se les ha dado alas comerciando leyes y presupuestos en el Congreso de los Diputados durante décadas. Es de la debilidad de quienes defienden la Constitución de donde sacan su fortaleza quienes se la quieren cargar para levantar sus graneros.

El otro problema acuciante derivado de la sopa de Kultur es, como decía antes, el económico. Tenemos en todas las administraciones públicas una parte dedicada a Kultur. Yo defiendo la libertad religiosa y la separación Religión-Estado y por lo tanto no tengo problema en que los fieles de la Kultur se paguen sus vicios. El problema es cuando el Estado, a través de sus infinitas administraciones, tira de impuestos y deuda para pagarles la juerga. Por ahí no paso.

Proyecto del nuevo centro cultural de todos los santos laicos de la Mancomunidad de Las Medianías.
Y reconozco que ésta es una batalla súper-perdida. Es decir, una batalla de las que merecen la pena luchar porque en ella no se lucha por su resultado, sino porque al lucharla se encuentra la honra. Este es un tercio español, este barco es Inglaterra, when the fall is all there is, it matters, etc. Algunos ya me entendéis. Otros no y no me importa mucho.

"La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus males es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura".
José Martí

Es una batalla tan perdida que antes se privatizan las pensiones en este país, que se acaba con la Kultur pública. Y es curioso porque acabar con la Kultur subvencionada sólo puede traer mayor felicidad al reino. Ah, pero este grano pertenece a Horus. Antes de tocarlo ya pueden arder Tebas y Abydos. Antes que abrir el silo del grano sagrado, arderá la casa de nuestros padres y el Nilo se teñirá de rojo. Antes de finiquitar la promoción cultural en el exterior, el aurresku o el Premio Velázquez, vendemos Asturias a los moros y nos inyectamos ébola en vena mientras danzamos alrededor de hogueras de libros prohibidos con las boinas bien enroscadas. Así están las cosas.

"¡Gaseados! —otra victoria para la Cultura" (propaganda antigermana de la Primera Guerra Mundial).
Si hay un epígrafe de la política en el que todos, absolutamente todos los grupos organizados están de acuerdo, es el de la cultura. La idea mítica de la Kultur es un eco que desde hace 120 años vienen escuchando todos los Celidonios que tienen mando en plaza. "Elevar el nivel cultural", "la cultura es importante", "hay que sufragar a quien crea cultura". En todas partes vemos el reflejo de tan aciaga y maligna idea. Todos los diarios (eso que compras por si se te acaba el papel higiénico) tienen su sección de "Cultura" o "Cultura y espectáculos" o "Cultura y sociedad". En todos los noticieros radiotelevisados hay un "espacio para la cultura". Y gente muy moderna a veces entrevista a gente muy antigua en algún parque con una fuente detrás y hablan "de cultura". Realmente hablan de cualquier cosa, pero a eso le llaman "minutos culturales". Y el pueblo de Tebas, famélico, tiene que estar agradecido porque los dioses cuidan de él.

¡Tomamos nota!
Dos aclaraciones que creo necesarias porque algunos os podéis perder con mi forma de contar las cosas. La primera es que esto no es un ataque a la creación artística, al genio humano ni mucho menos a las creaciones preexistentes. El patrimonio histórico es fuente de conocimiento, ayuda a mantener la neguentropía en el universo y al margen del gusto estético concreto de cada obra, ¿quiénes somos nosotros para quitárselo a nuestros nietos? Museos, cenobios, archivos, parroquias perdidas en medio del monte, ruinas romanas, escudos de los Reyes Católicos, arte ibérico, vinilos, comics, etc. La conservación del patrimonio, su estudio y su publicidad no es Kultur, es fuente histórica. Precisamente por ello, el burócrata debe sacar sus sucias manos de él y en todo caso promover una actividad subalterna allá donde la iniciativa privada no llegue. El corolario a esta prevención es que el profesor que enseña estas cosas tampoco es Kultur. Es más, "Educación y cultura" inexplicablemente van de la mano en ministerios y consejerías. Al desaparecer la Kultur, queda la Educación o mejor dicho la enseñanza. Quede pues.

La segunda prevención es que el deseo de acabar con la Kultur pública no tiene por objetivo atacar los programas de los grupos de provincianos resentidos (en todo caso, eso sería una externalidad positiva). Hay ayuntamientos pequeñitos sin ningún tipo de veleidad separatista que caen en el fanatismo cultural. Y en la calle Alcalá y en la plaza del Rey, en pleno centro de Coruscant, es donde la magia sucede más que en ningún otro lugar. Es ese lugar el que tienen que bombardear los drones —siguiendo la metáfora del Estado Islámico— antes que ningún otro. Ahí se reúnen lo sacerdotes de Horus y matan becerros mientras se ríen a carcajadas. Es el gobierno de España a través del ministerio, más que ninguna autonomía, el que mayor ejemplo debe dar y al que más hay que exigir.

La Cultura era Alemania, y Alemania era un simio que golpeaba a mujeres. Hemos normalizado a este simio.
He cogido el presupuesto del ministerio de Educación, Cultura y Deporte y un teórico boli rojo. Pero como el documento tiene casi seiscientas páginas y esto ya se hace largo, os presentaré mi presupuesto alternativo en otra ocasión. Este ejercicio, que os invito a hacer, puede que fuera más sencillo con el presupuesto del ayuntamiento, que en el caso coruñés suponen 16 millones de un presupuesto de 244 (el equivalente a la deuda pública del ayuntamiento, por cierto). Pero para que nos riamos todos, he preferido hacerlo con el del ministerio. Aunque como digo eso será en otra ocasión. Salud.

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