martes, 1 de julio de 2014

Pablemos, ETA y las leyes de Internet

Me cuesta hablar de Pablemos porque el debate que suscita está planteado en términos que no comparto. La crítica a Pablemos se centra fundamentalmente en dos aspectos: su faceta totalitaria reflejada en su apoyo al entorno de ETA y a los movimientos políticos que están contra la ley española y su faceta de hacer propaganda de un discurso irrealizable. Yo mismo he criticado este discurso irrealizable (aquí y aquí) pero cometiendo el error de no insistir en que el problema no es que sea irrealizable, sino que es mala idea.

Supongo que en esa sala no se escuchaban los gritos de los torturados ni los disparos de los colectivos. Las protestas de los demócratas venezolanos seguro que no se escuchaban, no me cabe duda.
Apoyar al entorno de ETA

En septiembre de 2013 la Guardia Civil detenía a varios miembros de una de las asociaciones que le bailan el agua a ETA. Esta asociación tenía entre sus fines la liberación de algunos terroristas y servía, como tantas otras organizaciones, como propaganda para la causa de aquellos que creen que se puede matar, secuestrar, torturar, robar y amedrentar en nombre de un ideal político que en el fondo oculta la forma de ganarse la vida de cientos de personas (sin ETA hay cientos de personas que se quedarían en la calle).

Casi un año después y tras el éxito electoral del candidato de Atresmedia y Mediaset hay una filtración a un periódico en la que aparece una documentación intervenida a aquella organización. En ella se refleja algún encuentro entre la organización y batasunos madrileños. Entre estos batasunos madrileños está el líder de Pablemos, su compañera sentimental (diputada de IU y frecuente colaboradora de las tertulias que dirige), compañeros de trabajo (ese agujero oscuro que llaman "facultad de políticas de la Complutense" y que no es más que una incubadora de purrela, que trata de imitar a La Sorbona de los 50 que tantos dictadores exportó a las ex-colonias francesas) y Willy Toledo, que es un intelectual (¿?) que vive como un marajá en la isla-cárcel, también conocida como "el infecto burdel de los Castro".

Estupendo.
A esto se le unen las declaraciones de Pablemos sobre que el terrorismo etarra tiene explicaciones políticas. Lo que se interpretó como una justificación del terrorismo. Cualquier persona que diga que el terrorismo tiene una interpretación política no significa que sea terrorista (es más, el terrorismo se diferencia del crimen organizado por, aparentemente, perseguir fines políticos). Pero en nuestro contexto, sabiendo en los círculos en los que se mueve el Coletas y conociendo la problemática creada por diferentes gobiernos al conceder cobertura política al entorno de ETA (Amaiur está en el congreso y Bildu en las instituciones vascas, ese es el mayor problema de nuestra crisis), es inmediato pensar que el Coletas le hace cierta cobertura política a ETA. Una cobertura similar a la de Amaiur/Bildu. Una cobertura que si atendemos a la historia de España, nace de la excusa antifranquista de ETA.

Por supuesto que Pablemos dice condenar el terrorismo. Sin embargo, nunca Pablemos ha condenado explícitamente el terrorismo de ETA sin dejarlo en un "el terrorismo de todas partes", "todo el terrorismo", etc. Fórmulas retóricas tras las que se esconde la resistencia a señalar a ETA como culpable de tanto sufrimiento. Y no sólo eso, sino fórmulas retóricas tras las que se ve la resistencia a no justificar los métodos terroristas, ni su relato de "los dos bandos", ya sabéis, esa fantasía del "conflicto político" (ver El canon nacionalista. La argumentación del "conflicto" vasco [PDF], del profesor de la UPV José Mª Ruiz Soroa).

Una galaxia antisistema

Fuerza a través de la alegría.
En este sentido Pablemos no se distingue de las diversas corrientes izquierdistas y nacionalistas testimoniales que en grupúsculos repartidos por toda la geografía española defienden el relato etarra. Un relato que no es tanto defender al terrorismo como método de acción (lo que les colocaría al margen de la ley), sino sus bases discursivas, su retórica violenta, la negación de la ley, de cierta idea nacional de España (es frecuente que utilicen el mismo lenguaje, por ejemplo, "Estado Español" para referirse a España). Corrientes que incluso entre ellas entran en conflicto, así Izquierda Castellana y el Partido Castellano, defensores ambos del castellanismo, entran en conflicto por Utiel-Requena y Treviño. Los castellanistas en su conjunto entran en conflicto con el nacionalismo vasco, con el valenciano y con el cántabro. De Aragón y Cataluña ya ni hablo. O del nacionalismo gallego y el asturiano. Todos estos grupos forman una galaxia de facciones aliadas y enfrentadas entre sí y a su vez aliadas y enfrentadas por grupos de implantación nacional como PCPE, Juventudes Comunistas, Izquierda Unida, "diversos colectivos sociales" con fines como el ecologismo, el feminismo, los desahucios o la memoria histórica, etc. Lo único que tienen en común todos ellos es la negación de la idea liberal de nación, esto es, la comunidad política en la que participa todo el mundo y que rechaza la apología de la diferencia porque siempre lleva al odio y al conflicto.

Los rasgos generales del modelo que comparten se caracterizan por dos cosas: la primera, un socialismo banal de "defensa de lo público" y ataque de lo privado. No sólo en el mundo del trabajo y la empresa, sino en las relaciones personales, la religión y el ocio (la máxima es "socializar"). La segunda: la creencia de ser ungidos por poderes divinos para determinar ellos mismos nuevos espacios de soberanía basados en criterios arbitrarios. Lo que los alemanes llaman Kleinstaaterei y el resto del mundo balcanización. Esta balcanización la defienden al pretender "corregir" la historia mediante arreglos geográficos, demográficos y políticos. Su malvado programa político, de llevarse a las últimas consecuencias, aparte de provocar el desplazamiento de millones de personas, llevaría inexorablemente al conflicto civil. Esto ellos lo resuelven diciendo que en un marco democrático todas las disputas se podrían resolver, aplicando poderes mágicos a una forma infantil de democratismo sin límite. Esta idea de la democracia mágica también la vemos reflejada en su querencia por el asamblearismo y la opinionitis que lleva a estos grupos a asumir tesis de la nueva era, la defensa del antidesarrollismo, del biorregionalismo y de toda cuanta moda hayan inventado los estudiantes de Berkeley de los 70 que hoy en día son CEO de multinacionales de Sillicon Valley o Wall Street.

Al solecito se está divinamente.
Bien, pues ahora resulta que en Pablemos se hacen los locos. Ellos que pese a su novedad chavista encajan en la conocida y vieja galaxia de facciones izquierdistas y nacionalistas como un guante, tratan de esquivar estos ataques (al menos asumen que son ataques, es decir, que decir que alguien es próximo a ETA es malo). Y lo hacen de la única manera que conocen, o sea, atacando al periodista que publicó la noticia en El Mundo.

Es más, en todo momento, evitan entrar en cualquier tipo de debate sobre algún tema concreto. Hablan mucho, se pasan el día enseñando al mundo su logorrea, pero no condenan explícitamente a ETA, ni explican de forma concreta nada de lo que defienden. Muestra de esto es su actitud en redes sociales.

Por ejemplo, han convertido las acusaciones de bailarle el agua a ETA en una especie de Ley de Godwin, diciendo que todo aquel que los relacione con ETA lo hace porque carece de argumentos para debatir de las cosas "importantes". Lo que quieras, Pablemos, pero condena explícitamente a ETA. Es que además, usando el manual del vendemotos, cuelan supuestos datos que a la masa le parecen incontestables. Por ejemplo lo del 20% de pobreza en España: en Hungría hay un 9% de pobreza, parece que Hungría es más rica que España según Pablemos. El caso es que el umbral de pobreza en España está en los +600 euros y en Hungría en los +300 euros. Claro, para responder a sus datos hace falta manejar los datos y no veo que nadie que se les oponga en sus términos y plataformas lo haga. Oh, sí, en las tribunas-tostón de los diarios se les responde. Esas tribunas que nadie lee por ser un coñazo. Columnas cuyo efecto sobre el electorado de Pablemos es cero.

El mito del Pablemos de derechas

El Jueves
Y aquí enlazo con otro tema: lo de la respuesta a Pablemos. Cuando veo a Eduardo Inda hablando con Pablemos en la tele, me desespero. Bueno, en realidad no me desespero, me la sopla bastante el tema, pero me llama la atención lo idiota que es la derecha en este país. El señor Inda es un periodista de derechas que me merece cierto respeto por su trabajo, pero físicamente sus modos y presencia en pantalla hacen un flaco favor a la derecha. Al menos cuando delante tiene a Pablemos destacando entre la bancada de los ágrafos gritones de la pretendida izquierda tertuliana. Al target de Pablemos se la suda mucho que un señor con la pinta de Inda o de Marhuenda llame come-niños a Pablemos. Es que antes de empezar a hablar ya hay un rechazo físico. Así que lo que diga no le importará a nadie. O sólo le importará a la cohorte de pensionistas que vota en masa a la derecha porque al fin y al cabo sus demandas políticas son cobrar la pensión y que puedan pasear tranquilos por el parque.

Si la derecha quiere seguir donde está, que pase de Pablemos y se centre en las pensiones y en poner policías en los parques (o en vender el mensaje de la recuperación, que es a lo que se va a dedicar el PP). Ahora bien, si lo que quiere es enfrentar discursos, habrá que dejar de pedir perdón. Hace 40 años que murió el viejo. Dos generaciones de españoles no han conocido a Franco. ¿Por qué seguir pidiendo perdón por algo que ni nos va ni nos viene? Es más, es que toda la derecha (si me permitís la imprecisa etiqueta) de menos de 40 años no tiene por qué aguantar los términos de un debate que le son alienígenas. Hablemos de pensiones y pongamos sobre la mesa el problema demográfico, hablemos de servicios públicos y pongamos sobre la mesa cómo financiarlos con nuestra tasa de temporalidad, hablemos de temporalidad y pongamos sobre la mesa que bajos sueldos —aunque sueldos— suponen menor recaudación y capacidad de compra. Hablemos de medioambiente y pongamos sobre la mesa el poder del átomo. Hablemos de financiar el estado del bienestar y pongamos sobre la mesa la explotación de recursos naturales al estilo noruego. Hablemos de deuda pública (o atraco a nuestros hijos) y pongamos sobre la mesa el Título VIII de la Constitución. No sé, son temas muy complejos sobre los que ya hay mucho escrito, pero en los dos minutos de la intervención de una tertulia televisiva sólo escuchamos magia y mitos.

Yo entiendo que esto es lo que ocurriría si todos viviéramos en ciudades de cristal y vistiéramos con togas. La prosaica realidad es más complicada. Mirad por ejemplo cómo los nazis de Pablemos tratan los asuntos. Dan en una tertulia la cifra del paro y entrevistan a una familia a la que van a desahuciar, la respuesta emotiva de la audiencia es inmediata y el espectador se siente inclinado a apoyar a quien lo pasa mal (dos milenios de cristianismo no pasan en balde). Además, físicamente unos caen mejor que otros. Existe una cuestión estética de fondo que no se está tratando.

Pablemos y Godwin

Y ahora viene lo de los nazis. Está prohibido llamar nazis a los de Pablemos porque pierdes el debate antes de empezar. Ok, empleemos otra etiqueta para identificar el asco que nos sugiere la palabra "nazi". Si queréis podemos llamarles croquetas, pero el gato seguirá cazando ratones.

La idea pop del nazismo es probablemente uno de los peores fracasos de nuestro sistema educativo. Lo que la gente sabe de los nazis es lo que ve en las películas. Los nazis son gente malvada que quiere el poder absoluto, que matan a personas, que desfilan con antorchas y que tienen calaveras en los gorritos. Cualquier esbirro de cualquier Señor del Mal de nuestra ciencia ficción, va vestido con un uniforme parecido al nazi porque así el autor se ahorra explicaciones. Todos estamos de acuerdo en que los nazis son muy malos y que hoy en día más allá de los  skinheads nadie es nazi.

Si esto es lo que piensa la gente, estamos perdidos. Los nazis son otra cosa.

Guarderías del Nationalsozialistische Volkswohlfahrt, la seguridad social nazi.
Los nazis son los tipos que ayudan a tu padre a encontrar trabajo. Los nazis son los que han devuelto la tranquilidad al barrio. Además, hacen obras públicas, la gente vuelve a tener que comer y ciertos días hacen "comedores populares" donde obligan a los patronos de las empresas a compartir rancho con los obreros. Tienen círculos de lectura, de gimnasia y de alpinismo. Aseguran las vacaciones pagadas a los obreros, incluso los llevan de crucero.

Si eres un fulano al que han echado del trabajo porque la empresa ha deslocalizado la producción, a tu mujer la acaban de atracar y encima el malvado banco amenaza con echarte de tu casa, llamas a los nazis corriendo como si fueran Telepizza un domingo por la noche. Si no te ha pasado nada de eso, pero lo ves continuamente en la tele, el efecto es el mismo.

Una feliz pareja puede ir de vacaciones a un sitio donde las fundas de oro están a mitad de precio.
Para todo aquel que ha leído la historia del surgimiento del nazismo en Alemania, el paralelismo con Pablemos asusta.








Roger Manvell fue un escritor británico que trabajó para la propaganda aliada durante la SGM. Su obra se divide a partes iguales entre el cine como propaganda de masas y el uso de la propaganda por parte de los nazis. Tiene una célebre biografía de Joseph Goebbels donde explica los costosos pasos que llevaron al triunfo al partido nazi. Fueron muchos años de prueba y error hasta pulir la fórmula de la propaganda perfecta. Los mítines de Hitler en el poder, con toda su fanfarria, son la cumbre de un proceso de aprendizaje de casi veinte años. El concepto de "groupie" no aparece con las bandas pop en los 60, aparece en los teatros berlineses de los años 20.


Hoy damos por sabido la presencia y el funcionamiento de la propaganda, pero nos negamos a reconocer su influencia en nosotros. No queremos parecer manipulables. Pero lo somos. Todos. Lo que demuestra la historia de la propaganda es que ni una gran formación te salva de inclinarte por el camino fácil. Lo único que se le opone a la propaganda en un sentido, es propaganda en otro sentido. Lo que en relación con ETA y Pablemos quiero decir es una anécdota de esa biografía de Goebbels.

En 1927, Goebbels organiza un discurso del partido en una sala conocida de un barrio comunista de Berlín. Naturalmente hubo una pelea entre nazis y comunistas que se salda con varios heridos y con la intervención de la policía. Al día siguiente un periódico llamó Ober-Banditt a Goebbels, más o menos "gran bandido" o "jefe de los bandidos". Fue ese el título con el que promocionó el siguiente acto en un salón más grande. Se llenó.

5 comentarios:

Lino Moinelo 01 julio, 2014  

Creo que el artículo se debía haber centrado en la interpretación preocupante de los Nazis. Lo demás, aunque confieso que tan sólo lo he leído "diagonalmente", tiene unas interpretaciones demasiado subjetivas y complicadas.

Una cosa es ETA y el terrorismo, y otra es el sistema de partidos, y la igualdad. No se puede confundir ni usar una como herramienta para combatir otra. Es decir, el terrorismo se ha de combatir en sitios distintos a los de privar a unos ciudadanos a formar su propio partido.

Por eso, cuando Pablemos dice eso de que tiene interpretaciones políticas, no habla estrictamente de partidos, sino de un concepto superior de "la política" que es algo que está por encima de nuestro ineficaz y obtuso "sistema de partidos", cuya ambigüedad causa todos estos problemas.

Saludos

Lino Moinelo 01 julio, 2014  

Por tanto, si de lo que se trata es de meterse con "Pablemos", lo que hay que decir es que es otro "líder mesiánico" de tantos, muy personalista, con una propuesta política basada en el mismo concepto erróneo que las del resto, que es la de presentarse como partido pero ofrecer posteriormente una imagen basada en el carisma personalista de un líder demagogo, cuyo programa se basa en ideologías, pero no dice nada de su aplicación práctica, no dice como la piensa llevar a cabo ni por encima de quien van a pasar.

Creo que no he mencionado la palabra maldita.

Pablo Otero 02 julio, 2014  

Hola Lino:

"el terrorismo se ha de combatir en sitios distintos a los de privar a unos ciudadanos a formar su propio partido".

Estoy de acuerdo, salvo cuando ese partido financia al grupo terrorista y su presencia institucional sirve para recabar datos de sus víctimas. Es decir, cuando hay colaboración.

Lino Moinelo 02 julio, 2014  

No quiero ser pesado, pero de ser así y de existir pruebas, el camino sigue siendo el mismo: los tribunales

Si de lo que se trata es que la mera sospecha de participación es lo suficientemente preocupante, entonces lo que hay que hacer es endurecer las medidas de control de los partidos. Por ley, y a todos por igual, no sólo a los que me molestan o con los que no puedo llegar a acuerdos.

Y esto por supuesto, no se va a hacer. Es más fácil usar los mecanismos totalitarios todavía reminiscentes del sistema para crear diferencias legales y privilegios ilegitimos, que luego serán vueltas atrás por otros tribunales independientes de la "terrible Uropa", o que servirán de excusa política (tan válida cómo los motivos que se tenían para atacar Irak por parte de EEUU, por ejemplo) para continuar embaucando a la gente en una lucha fratricida absurda y posicionarse eternamente como víctimas.

Enrique 04 julio, 2014  

Lo de los nazis ya no es una cuestión de desconocimiento histórico sino de sentido común. ¿Alguien realmente cree que en el programa electoral de los nazis se incluía el llevar a gente a campos de concentración, utilizarles como esclavos y finalmente asesinarlos en cámaras de gas? Incluso el más chalado tendría sus dudas para apoyar eso.

En cambio, hablaban de justicia, de trabajo, de derechos de los animales, de reformar un sistema corrupto y fallido... Por supuesto intentando evitar ser explícitos con la violencia y, ojo, siempre usando la "legítima defensa" para justificarse.

Vamos, no me resulta raro imaginar a un dirigente nazi declarar tras la noche de los cristales rotos: "Condenamos la violencia ejercida por todas las partes, pero debemos tener en cuenta que estas reacciones espontáneas se deben al profundo malestar del pueblo y bla bla bla..."

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