jueves, 10 de julio de 2014

De cuando el nacionalismo se hizo de izquierdas

La guerra civil española y el ataque alemán a su aliado en el verano de 1941, cambian la perspectiva de los movimientos nacionalistas. Por una parte, la guerra española sirvió de válvula de escape a los movimientos comunistas europeos que pasaron a tener una causa de unidad política frente a un enemigo objetivo. Ese enemigo —y no hay nada que una más que un enemigo común— era la imagen del ejército franquista aliado a los viejos terratenientes y el clero. Por otra parte, la Operación Barbarroja elimina por fin una dificultad política enorme de los movimientos comunistas que bajo el eufemismo del "pacifismo" le hacían el caldo gordo a Hitler.

Ítem más, antes del verano del 41 no era dificil encontrar movimientos nacionalistas de carácter socialista que coqueteaban con la idea nazi de Europa. El debate de fondo era la relación entre el movimiento de clase y el movimiento nacional. De algún modo, los líderes comunistas debían encontrar el ingrediente que ligara su posición a la cuestión nacional. El expansionismo alemán y la guerra mundial sirvieron para unir a la lucha antifascista la lucha por la independencia nacional.


Pero como digo, esto no sucedió hasta que claramente nazis y soviéticos entraron —sorprendentemente— en guerra. Antes de eso, podemos ver que de entre los líderes comunistas franceses (Déat, Marquet, Pierre Laval) obtendría la Francia de Vichy a sus dirigentes. Debemos preguntarnos si tantos sinceros socialistas se cayeron de pronto del caballo al incluir "la nación, el orden y la autoridad" en sus discursos. Discursos que por otro lado no diferían mucho de los que salían del balcón del Kremlin.

Puede que el caso del comunismo francés sea el más gráfico: los cuadros que no abrazaron amorosamente el régimen colaboracionista nazi, pasaron a desarrollar la idea que ligaba la lucha de clases a la cuestión nacional. En la olvidadiza posguerra francesa, no sorprende encontrar a la izquierda francesa ligada a movimientos antiimperialistas o anticoloniales.

Pero hay otros casos que al observador superficial se le pueden pasar por alto. Por ejemplo, Frank Ryan, líder del Congreso Republicano, organización socialista irlandesa de marcado carácter nacionalista y ligada al IRA. Ryan fue voluntario en la columna Connolly, dentro de las Brigadas Internacionales que combatieron en la guerra civil española mientras lo permitió el PCE. Tras ser arrestado por los franquistas, el embajador irlandés logró sacarlo de España vía Hendaya y ponerlo en un tren camino de Berlín. En Berlín, sin cambiar un ápice su posición política se avino a colaborar con los servicios secretos alemanes para ver de qué forma podía reventar los planes aliados en Irlanda.

En los Estados Unidos, es un miembro del partido comunista el que promueve la idea de la autodeterminación para el "cinturón negro". Harry Haywood identificaba un conflicto de clase en la cuestión racial y propuso la independencia para la "nación negra", lo que sin duda haría las delicias del KKK.

Cinturón negro (Fuente).
En India, cuyo movimiento nacionalista, impulsado por una élite intelectual, tiene también un marcado carácter socialista, tenemos el caso de Netaji. Quien hoy pasa por ser uno de los padres de la patria india y quien fue en su momento el segundo de Gandhi, pasó por la URSS, la Alemania Nazi y finalmente por el Imperio Japonés buscando ayuda para la emancipación de su país imaginado. A este pater patriae le debemos la formación de la Legión India en las Waffen SS. Otro padre de la patria como Karl Renner, líder de los socialdemócratas austríacos, en su día no vio con malos ojos la anexión alemana, al fin y al cabo su modelo era el de la Austria alemana y la unión de los restos germanoparlantes del Imperio Austrohúngaro.

No se puede ignorar que al avance militar de la Alemania nazi se le iban uniendo diferentes movimientos de emancipación nacional. En Europa Oriental tenemos testimonios de pueblos que recibían a los alemanes como liberadores.

Recibimiento del ejército alemán en Riga, Letonia.
Dentro del mundo árabe es si cabe más sorprendente el nacionalismo. Sin potencias occidentales no habría mandatos ni protectorados —ni nuevos países que reclamar— así que la invención de una historia común no es efectiva. Tampoco apelar a un idioma que diferencia a "los mejores" del resto, ya que en el mundo árabe se habla árabe. Estas dificultades no impidieron el surgimiento de los movimientos nacionalistas que en el futuro se convertirían en la punta de lanza de los movimientos independentistas. Así tenemos en el Irak de 1941 el Farhud, que fue la primera gran persecución de judíos en ese país desde tiempos de Nabucodonosor. Lo del mufti de Jerusalén llamando a exterminar a los judíos y pidiendo voluntarios para las SS ya es más conocido. (No tanto lo de los contactos del PNV con sus correligionarios nazis).

Tras la Segunda Guerra Mundial la historia del nacionalismo va ligada a los procesos de descolonización. La palabra "proceso" aparece aquí aséptica y elude explicar que ningún nuevo país nació sin sangre. Tampoco ningún nuevo país careció de un movimiento izquierdista de vanguardia en su camino a la emancipación nacional. Es necesario explicar por qué lo que en la Europa de Entreguerras era visto como un movimiento reaccionario pasa a formar parte del ideario socialista. O en otras palabras: cómo fue posible que el nacionalismo de pronto fuera de izquierdas.

Ho Chi Minh, antes de dedicarse a matar franceses, se dedicó a fundar el Partido Comunista de Francia.
En primer lugar tenemos la relación ya apuntada antes entre combatir al Eje y defender el propio país. No se trataba de que los soldados de la Francia Libre y los partisanos italianos lucharan en el mismo frente para defender el internacionalismo comunista, sino que luchaban para recuperar su país. Como el enemigo, a partir de 1941 era enemigo de Rusia —la referencia ideológica—, a la defensa del propio país se le unía cierta lucha por el ideal comunista.

En segundo lugar tenemos otra explicación menos evidente: aunque los conservadores europeos se oponían a Hitler con más ahínco si cabe que los comunistas (pues ellos sí estaban en las antípodas ideológicas de los nazis), carecían de un plan para el día siguiente. En la "derecha" europea no existía un modelo que defender tras la victoria aliada. Sólo la sed de sangre de las hordas oscuras del Imperio del Mal pudo crear algo parecido a un modelo para el futuro: frenar a los levantiscos comunistas con seguros de desempleo y sanidad universal en el consenso entre conservadores y socialdemócratas que dio a Occidente sus mejores años. Recordemos que este consenso no surgió espontáneamente, la participación de los Estados Unidos en la reconstrucción de Europa y la creación de una socialdemocracia anticomunista fue un complejo programa llevado a cabo cuidadosamente por el gobierno americano durante años.

Estas dos razones explican entre otras cosas la sorprendente victoria laborista en las elecciones de 1945. El Reino Unido sale de la guerra como una nación unida, pero con la cuestión social sin resolver. Recordemos que en el Reino Unido perdurarán las cartillas de racionamiento hasta los años 50, como en España.

Propaganda laborista británica de 1945.
Este nuevo nacionalismo "antifascista" (palabra clave de la posguerra para tratar de rentabilizar la victoria aliada por parte de los comunistas) dio lugar a que los nuevos países surgidos del proceso de descolonización tuvieran en muchos casos guerras civiles inmediatas que acabarían por colocar gobiernos proclives a la URSS. En aquellos casos en que la lucha por la autodeterminación se hacía contra la potencia colonial, el partido comunista de la metrópolis solía establecer una postura pacifista o de no intervención (lo que incluía atentados terroristas, como ocurrió en Francia con el PCF durante la guerra de Indochina).

Lo que es curioso del caso es que los países comunistas que albergaban nacionalidades en su interior jamás permitieron nada parecido a la autodeterminación. Se diría que el derecho a la autodeterminación era una herramienta cuya validez se limitaba a debilitar a las potencias occidentales ("imperialistas"). Ese derecho dentro de China o Rusia no tenía cabida, como demostró el Ejército de Liberación Popular al entrar en la Región Autónoma del Tibet en 1950.


La historia del nacionalismo en lo que durante gran parte del siglo XX nuestros antepasados llamaron graciosamente "Tercer Mundo" no sigue las pautas de las distintas modulaciones del nacionalismo que surge en Europa. Los nuevos países africanos y asiáticos no pueden repetir la triste historia occidental de la apología de la diferencia que causó las dos guerras mundiales. Aunque en ciertos casos lo intenten como atestiguan el genocidio ruandés y los eternos conflictos del golfo de Guinea y de África Central. Tratar de buscar la homogeneidad lingüística o étnica en lugares como el África subsahariana o en las islas del sudeste asiático es un esfuerzo inútil. Los nuevos países que vienen de las antiguas colonias albergan en su seno más diferencias que toda Europa occidental y por tanto la construcción nacional y la agregación identitaria necesitan tomar otros derroteros, lo que tal vez explique el protagonismo que tiene la religión en esos conflictos. No se trata por tanto de que "vivan en la Edad Media pero con Kalashnikovs", sino que más bien carecen de algo dificil de definir: una larga historia de experiencias políticas que vaya dejando su poso de confianza institucional y respeto a la ley civil.

Knutna Nävar - Hallå där bonde



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