jueves, 26 de junio de 2014

La Sicav que surgió del frío

Al concebir la política como la destrucción del adversario, lo más efectivo siempre es exponer al adversario ante sus contradicciones. "Tú defiendes tal cosa y haces la contraria". Por eso es efectivo atacar al PP por su programa: el problema no es que no lo cumpla —es tontorrón esperar que los partidos cumplan sus programas—, sino que haga lo contrario.


En medio del ambiente del "99% frente al 1%", en medio de este populismo que se reduce a culpar a una nube de colores llamada "los ricos" o "los mercados" del precio del pan, en medio de la vorágine de culpar al protagonismo que adquirió la economía financiera en la última década de la extinción de la lechuza; surge el tema de la SICAV en la que invierten dinero los europarlamentarios.

Hasta 2009 no existía un Estatuto del parlamentario europeo y por lo tanto, sus sueldos y sus planes de pensiones venían dados por la legislación particular de cada estado de origen. Así, a los europarlamentarios españoles les pagaba el Reino de España, a los italianos, Italia, etc. A partir de 2009 el Parlamento Europeo pasa a incorporar los salarios y las —extraordinarias— pensiones de sus señorías en sus presupuestos. El tema es que en los 90, a alguien le pareció buena idea que los diputados ahorraran en un plan de pensiones a través de una SICAV. La SICAV es una sociedad de inversión colectiva que exige un gran capital inicial y mediante la que los inversores tributan poco o nada por sus plusvalías. Cosa distinta es retirar el dinero de ahí, que eso ya sí tributa. Para entendernos, funciona como un plan de pensiones pero en lugar de ser un mecanismo financiero individual es colectivo. Socialismo.

Willy Meyer con el modo Ho Chi Minh activado ¡danger!
El caso es que desde hace un tiempo ganar dinero sin pasar dieciocho horas en una mina está mal visto. Por eso algunos partidos inmersos en esa nube de colores de "ganar dinero es malo y rentabilizarlo es peor", incluyeron en sus programas acabar con las SICAV y elevar mucho la tributación de las rentas del capital. Ahí se encuentran todos los Uruk-Hai de la izquierda extravagante y la gente de Rosa Díez que un día vieron en una encuesta que la gente estaba en contra de las SICAV e incorporaron a su programa acabar con las SICAV. También el PSOE se posicionó más o menos en contra, aunque con la boquita pequeña: el PSOE fue quien inventó las SICAV en España (¡Boyer, que te pego leche!"). Muy grandes los del PSOE: inventan las SICAV, el contrato temporal, las reconversiones industriales y siguen siendo el partido "obrero" y "de los trabajadores", jijiji.

#lol
Total, que sale a la luz ese fondo que usaban los eurodiputados para ahorrarse unos miles de euros en impuestos y los partidos que estaban en contra de las SICAV se encuentran con un problema de imagen pública. Su reacción va desde la dimisión de la encarnación de la hipocresía comunista, hasta unas explicaciones un tanto locas de Rosa Díez, pasando por el «yo no sabía lo que firmaba» de la señora que reparte abrazos. Los únicos que no tenían entre sus objetivos finiquitar las SICAV, los peperos, son los únicos que han podido tomarse a cachondeo el tema. Más o menos los del PP vinieron a decir que sí, que sus eurodiputados aportaban a una SICAV y qué.

Yo debo de ser un tipo muy raro porque no me importa demasiado lo que la gente haga con su dinero. Lo que sí podría comentar es el mecanismo por el que la Mesa del Parlamento Europeo doblaba las aportaciones de cada europarlamentario al fondo (ese era nuestro dinero). Hasta 2009, por cada 1.200 euros mensuales de aportación particular, el Europarlamento les metía 2.400. Otra cosa que sí me puede molestar más —aparte de que ahora se hagan los locos, eso me pone de los nervios— es que este fondo algunos congresistas no lo declaraban públicamente y, en algunos casos, tampoco se lo comunicaban a Hacienda. Eso ya huele que apesta, sobre todo porque la labor de estos políticos es exprimir a la gente a impuestos y si el político no paga impuestos, no se merece otra cosa que brea y plumas.

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3 comentarios:

Enrique 27 junio, 2014  

En cuanto a contradicciones, distingo 4 grupos:

- El PSOE con la contradicción clásica. A la hora de gobernar uno se da cuenta que quizá lo que has prometido no se puede hacer (o no sirve para nada).

- El PP, que probablemente le diseñan la estrategia sus enemigos porque lo están haciendo al revés. Son capaces de prometer medidas impopulares (recortes), pero luego a la hora de la verdad continuar gastando lo mismo.

- El resto de izquierdas. Que estos ya me parece alucinante porque no tienen ni que gobernar para contradecirse. Es más, lo terrorífico no es que puedan ganar prometiendo expropiar bancos y luego participen en una SICAV, sino que son capaces de expropiar el banco incluso con su SICAV.

- UPyD o mejor dicho, Rosa Díez. Porque parece que no se trata de que las acciones de Rosa Díez no contradigan el pensamiento de UPyD, sino de que UPyD no contradiga las acciones de Rosa Díez. ¿Nadie más cree que si la persona implicada es otra, sale al día siguiente de ahí?

Pablo Otero 29 junio, 2014  

Las contradicciones de la izquierda extravagante son más del tipo "no queremos petróleo y por eso pedimos coches eléctricos". Es decir, contradicciones básicas más relacionadas con ideas felices de caracter religioso-dogmático, poco cercanas a la realidad y sus consecuencias.

Yo no me imagino UPyD sin Rosa Díez. Y eso es un problema bastante gordo, más incluso que todo su programa político dependa de las encuestas.

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