lunes, 2 de junio de 2014

La abdicación del Rey y el problema generacional

El Rey renuncia a la Corona y cual presidente de diputación de provincias cede el cargo a su hijo. Se trata, en palabras del que le escribió el discurso de abdicación, de una abdicación con la vista puesta en la estabilidad. Me parece muy grave que la estabilidad de esta vieja y cansada nación recaiga en la salud de una institución tan alejada y desconectada del pueblo.

Su Alteza Real la Infanta Doña Leonor será la Princesa de Asturias más cuqui de la historia. Bien podría ganarse la vida en la publicidad del Corte Inglés.
Sin duda el mayor meta-problema de fondo en nuestro país es el del anquilosamiento de una generación con el consiguiente desprecio a las siguientes generaciones. En este sentido, la Corona tan solo es una manifestación más de este grave problema. Quienes protagonizaron la Transición política en los años setenta eran una generación a la que le tocaba protagonizar el cambio político y nada puedo objetar. El problema es que una vez cambiado el país, estos jóvenes echaron raíces y hoy son viejos que no se van ni con aguarrás.

No hablo sólo de gran parte de nuestra clase política, que pese a ser cargos electos, sólo sueltan el sillón por imperativo biológico. Hablo de quien manda en los Consejos de Administración de nuestras grandes empresas, de quienes escriben las columnas en los periódicos y de quienes, en sentido amplio, dan forma al Zeitgeist español desde la muerte del general Franco.

40 años ligado a la figura del dictador son muchos años de Dios.
Organizamos la historia en periodos fácilmente reconocibles divididos por fechas clave. En España la última fecha clave fue la muerte de Franco. Han pasado dos generaciones de españoles y continuamos en el mismo instante histórico. Esto choca con la visión de la generación que ha sido apartada por los elefantes. Mi generación no vivió el instante histórico de la muerte de Franco, ni nuestro marco mental tiene nada que ver con aquel marco mental en que se movió la generación anterior. Nuestras referencias, nuestra esfera de experiencias, nuestras aspiraciones y nuestros diagnósticos no tienen nada que ver (o tienen poco que ver) con los de la generación de nuestros padres.

Parece que esta noticia del necesario cambio acabó llegando a oídos del Rey Juan Carlos (probablemente ayudada por los últimos vaivenes de asesoría estratégica, elefantes, chanchullos arábigos, hija amiga de lo ajeno, yerno amigo de la nasalidad, otro yerno también amigo de lo ajeno, etc). Lo que llama la atención es que esta necesidad de reforma venga acompañada del concepto de estabilidad.

Isabel II (Vanity Fair, 19-IX-1869).
No estamos en Sicilia ni navegamos por las páginas de El Gatopardo. Yo no quiero un cambio de apariencia para que nada cambie en el fondo. De nada servirá un relevo generacional si esa generación tiene la cabeza de la anterior generación. Dudo que la estabilidad como coartada sea una excusa válida. En nombre de la estabilidad se pueden cometer grandes errores y os lo dice alguien que cree que la prudencia es un principio a guardar. Pero una cosa es ser prudentes y otra muy distinta es seguir acudiendo al curandeiro del pueblo.

Los republicanos, y en concreto los republicanos liberales, sospecho que preferimos que ningún cargo público dependa de nacer en la familia correcta. Pero esto no se limita a la jefatura del estado. España es un país donde tristemente tienes que nacer en la familia correcta para ser muchas cosas. Eso es lo que me preocupa a esta hora: cómo el lugar donde nazcas, la esfera que te rodea y la posición socioeconómica familiar determina en gran medida el futuro de una persona. De eso hay que hablar. Como también hay que hablar de la serie histórica de enorme desempleo que la crisis oculta: no se trata de "salir de la crisis" se trata de no volver a lo de antes, a lo de renquear, a la piedra de Sísifo, a "lo de siempre". Cansados estamos de lo de siempre.

"Don Celidonio ascendeu de porco a marrán e chegou a alcalde. A parenta inflou coma o fol da gaita".
Y es que sólo reformar la cabeza del estado no vale para nada. En este sentido, quienes postulan la república por cuestiones estéticas, se equivocan. Las reformas que el país pide a gritos (justicia, administraciones públicas, cuestión territorial, marco laboral, etc.) no dependen de un mero cambio de fachada.

Si Su Majestad Felipe VI evidencia algo más que un cambio de imagen, bienvenido sea. Espero que él, en condiciones parlamentarias óptimas, sea nuestro último rey. Pero hoy, roto el consenso turnista de la Transición, cabe preguntarnos si la generación de los elefantes no ha esperado demasiado tiempo. Cabe preguntarnos si ya las cosas se han torcido de tal modo que los partidarios de la prudencia no hallarán voz. Con Aníbal a las puertas tenemos que preguntarnos qué tipo de liderazgo necesitamos. Sólo espero que no sea tarde para hacernos esta pregunta.



4 comentarios:

Joaquín Ágreda 02 junio, 2014  

El caso es que Anibal estaba a las puertas a lomos de paquidermo... ¿Eso tiene algo que ver con elefentes que no dejan sitio a la siguiente generación o con las aficiones cinegéticas del rey que abdica?

Enrique 02 junio, 2014  

A mí que me expliquen la necesidad de convocar hoy mismo una manifestación cuando es un día como los demás. ¿Mucho tiempo libre? ¿Se han enterado hoy que la monarquía existe? ¿El Frente Popular se está gustando a sí mismo tras las elecciones?

Tarjeta roja también para los nostálgicos que sacan banderas de un Estado fallido.

Pablo Otero 02 junio, 2014  

El Frente Popular se está gustando a sí mismo tras las elecciones.

Lo de Aníbal era simplemente una frase hecha, no doy para más.

Triste figura 03 junio, 2014  

Para cuando lo de Anibal ante portas hacia tiempo que Anibal habia perdido a todos sus elefantes.

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