jueves, 5 de junio de 2014

Crisis María Teresa Campos

No terminamos de salir de una Gran Crisis Nacional del Copón de Bullas para meternos en la siguiente. Yo así no puedo, os lo digo. Vamos de susto en susto, de cataclismo en cataclismo. Es como si estuviéramos todo el tiempo en el aire y no acabáramos de tocar tierra. Hay que aflojar un poquito, aunque solo sea para que la piel no nos envejezca antes.

Me los imagino con túnicas sucias, palos y jaleando una hoguera en la plaza del pueblo.
Todo es tremendo. Siempre estamos al límite. Hay un ciclo de no-noticias y un análisis pueril de las sí-noticias que nos deja atolondrados. Es como si el mundo real y el mundo imaginado se separaran cada vez más. Tiendo a pensar que el mayor flujo de información no lleva aparejado un mejor criterio de selección o de discernimiento entre lo real y lo irreal. Esto no responde a ningún tipo de conspiración, esto responde a la María Teresa Campos que llevamos dentro. El síndrome de "madre primordial". La sociedad moderna es una sociedad de señoronas cruzadas de brazos pasándose un pañuelo por la frente: abrígate que vas a coger frío, por la noche no se puede salir a la calle, a ver con quién andas... Uy, ay, oy. Sustitos.

Good morning, San Francisco!

Las no-noticias para meter miedo son inmediatas: vacas locas, gripe aviar, ébola, valla de Melilla,... pero hay otras facetas no-noticiables que ayudan a hacer desaparecer el debate informado. Por ejemplo, está la tontería de escuchar a todo el mundo o "respetar" todas las opiniones. Y así tenemos en las columnas de opinión presuntos debates entre "homeopatía no" y "homeopatía sí", poniendo al mismo nivel el método científico y la magia. Esto no carece de importancia: crear estados de opinión influye luego en las leyes. La homeopatía está regulada por ley. Normalizamos (y normativizamos) la magia porque se acepta el criterio mágico dentro de las opiniones a "respetar".

En lo de respetar todas las opiniones también está lo de preguntar al famoso su opinión sobre temas que no son de su incumbencia. Evidentemente un famosete tiene ideas sobre el mundo que le rodea y opiniones más o menos informadas sobre la actualidad. Pero su relevancia pública crea un efecto expectación que hace que se le tenga más en cuenta. Lo bien o mal que un famoso cae al público tiene consecuencias sobre la opinión del tema que sus oyentes puedan tener. Si no os pongo enlaces jamás me creeríais, pero Imanol Arias y Julio Iglesias son federalistas. Que pueden ser lo que ellos quieran, faltaría más. Pero.

La prensa diaria, destruyendo el aristotélico principio de no contradicción que supone la base de la civilización.
Luego hay noticias directamente inventadas o incluso hipotéticas. Ron Burgundy estaría orgulloso: "dejemos de dar al público las noticias que debe saber, démosle las noticias que quiere saber". El tipo extremo de manipulación informativa de esa película de Will Ferrell lo tenemos todos los días ante nuestras narices. Pero esto no responde a una oscura conspiración. Yo creo que en muchos casos las noticias están manipuladas sin querer. Los periodistas y las fuentes de información están limitados. No se le pueden pedir peras al olmo. Así, cuando cada mes nos dicen que se ha extinguido una especie de lechuza (que no conocíamos), no nos dicen que son infinidad las especies de seres vivos que se descubren y que en no pocos casos especies extintas son redescubiertas. Claro, si todo el día están con la cantinela del Cambio Climático y su desaparición de especies, es mucho más sencillo dar la noticia de la extinción de una lechuza que la noticia de que se descubren nuevas especies. Entra mejor al público porque ya está predispuesto a aceptar esa noticia. Del oso polar triste flotando solo en un cacho de hielo, ni hablo: los osos polares saben nadar.

Sabe nadar.
Es muy interesante cómo la gente denuncia la manipulación informativa... a veces. Solamente aquella manipulación informativa que choca con la idea preconcebida del público es rechazada. Así, el oso polar pobriño sobre un cacho de hielo lo vemos con ternura y como una evidencia de lo malvados que son los Iluminati de Texaco. Por mucho que la foto esté fuera de contexto, por mucho que se haya sacado cuidadosamente desde un ángulo donde no se ve tierra firme. Eso sí, un equipo de la CNN enchopa a un pájaro en petróleo y corremos como locos a la Guardia Civil porque es una manipulación malvada. Hay manipulaciones buenas y manipulaciones malvadas parece ser.

Algo similar pasa con los terribles casos de desapariciones. Por alguna razón existe una gran fijación por las adolescentes. En España cada año se denuncian 20.000 desapariciones de menores, de las que se resuelven el 99%. Por supuesto que cada caso de desaparición no resuelta es dramático. Pero fijar mucho la atención en un perfil muy concreto de desaparecidas entre los 15 y los 18 años tiene que tener alguna explicación. Y sobre todo tratar esas noticias sin tener presente que el 99% se resuelve. El público se espera que ese perfil de personas desaparezca más porque el mundo es un lugar horrible donde los malos están todo el rato buscando niñas para hacer cosas horribles. Como en los cuentos. Los medios tienen más fácil poner fotografías de adolescentes que de paisanos con Alzheimer o de enfermos mentales (que desaparecen a toneladas). La foto de la chica siempre supera a la del loco rural. Y más cuando la presentadora del programa que se hace eco tiene perfil de madre y se emite en horario de ama de casa. Oy, oy, oy.

Que las noticias tienen más que ver con el marketing que con la información que contribuye al debate público lo demuestra el llamado ciclo de noticias. El ciclo de seguimiento de una noticia reproduce exactamente las mismas pautas de expectativas entre el público que el ciclo de seguimiento de un producto lanzado al mercado.

Expectativas ante un lanzamiento tecnológico.
Imaginad esa gráfica de expectativas aplicada a las noticias. La montaña rusa emocional que genera el ciclo de noticias desorienta, confunde y sobre todo banaliza. Vivimos una época de grandes noticias del fin del mundo. Y esta continua sucesión de avisos del Armageddon hace que se tomen como banales. Esto realimenta el proceso: cada noticia del fin del mundo debe ser superior a la anterior. España se rompe, se acaba el bipartidismo, aparecen un millón de bolivarianos escondidos, etc. Hay un canal que no tiene (mucha) publicidad, el canal público, y el contenido de sus noticias refuerza mi tesis. Como TVE no tiene que vender tanto, se toman el lujo de poner no-noticias en el sentido opuesto. Mientras en los telediarios de canales privados (los canales que pertenecen a dos empresas, tampoco hay mucha variedad) entrevistaban al padre de Pablemos y enseñaban las bragas de una niña asesinada, en el telediario de TVE daban como noticia un premio que le dieron a Ansón por ser una persona mayor. Claro, esta mini-mierda te la cuelan entre el fútbol y las riadas de algún país de nombre impronunciable. Ni te das cuenta y ya te la han metido: una no-noticia del subtipo "statu quo".

No-noticias "statu quo"

Seno.
Las no-noticias "statu quo" son difíciles de captar, pero están ahí, como los notarios honrados. Son las no-noticias que confirman una visión del mundo. Son las no-noticias que nos dicen que todo sigue igual, que todo está controlado. Y suelen emitirse o publicarse de forma inocente, casi ingenua. Por eso pasan desapercibidas. Nos cuesta distinguir que la normalidad es una construcción costosa, diaria e incansable. Premios a personas mayores por ser mayores, premios a "gente de cultura", reportajes de Cultura de la Transición, homenajes onanistas de todo signo que testimonian la existencia de un grupo reducido de personas que nos cuidan.

Aquí el efecto Mª Teresa Campos funcionando a tope: "mientras vivas en esta casa...".
Hay innumerables razones por las que la gente quiere que le confirmen el statu quo. Yo me quedo con una tan cierta como olvidada: estamos a dos o tres generaciones de haber sido una sociedad fundamentalmente rural. Por mucho Internet que haya, por mucha tarambana enseñando cacha que haya, por mucha tolerancia impostada que haya, por mucha cromoterapia que haya, somos de pueblo. Somos unos modernos de pueblo. Hemos dejado atada a la burra en la puerta, pero la burra sigue ahí, espantando moscas con las orejas. Y como somos de pueblo, reconocemos un halo mágico en el señor alcalde, concedemos privilegios no escritos "a los que saben" y tratamos de conservar la herencia de nuestro padres. El caso es que hoy en día tenemos en la mano descubrir que el señor alcalde es un imbécil incurable, que los que saben son unos interesados y que la herencia de nuestros padres consiste en reponer pollo en el Lidl encadenando contratos temporales para pagar una hipoteca a 300 años porque cuando la contratamos ser bankero molaba y además el banco lo llevaba un fulano que "sabía" y además era primo del alcalde.

Combinación de colores.
Imitación de la realidad

Más allá de la transferencia Gruen hay un ambiente coercitivo definitivo: la imitación de la realidad. En los años 70 y 80 Times Square era un pozo de criminalidad, sex shops y barras americanas. Hoy es una especie de Disneylandia con grandes pantallas y luces de neón. Hoy es una trampa de turistas lo que hace no tanto era un lecho de pulgas a evitar.

Hoy en día cuando alguien entra en un centro comercial o en un casino, ya sabe que hay gato encerrado. Sabe por qué no hay ventanas, por qué las cajas de cobro están en un sitio y no en otro y hasta sabe por qué los carritos tienen el tamaño que tienen. Sin embargo, a plena luz del día no es consciente de que esos mismos elementos están operando. Times Square funciona en este sentido como un centro comercial cerrado (incluso prohíben fumar). Es decir, la gente madura pero los elementos coercitivos maduran con la gente. Con nuestros ciclos de noticias ocurre algo parecido: la inclusión de pequeños mensajes a favor del statu quo ni siquiera digo que respondan a una manipulación interesada, sino que quien hace las noticias es a su vez consumidor de ese submundo que se realimenta a sí mismo.

Némesis.
¿El tío asqueroso que presenta La 2 Noticias es un malvado agente del soviet mundial? No. Es simplemente un chaíñas que está convencido de que sus alegatos editoriales en contra de la humanidad y a favor de la Pachamama son la verdad que merece ser contada. Como de forma preestablecida el público enciende el televisor o abre el periódico con conceptos trillados cada día durante toda su vida, es incapaz de saber si es de día o de noche como ocurre en el interior de un centro comercial. Si el concepto banal de la historia que tenemos los transeúntes responde a cuentos y tradiciones inventados, sospecho que nuestro presente se construye de la misma forma.

Soy consciente de que tirar mucho de este hilo nos llevaría a dudar de todo y a hacernos sombreritos con papel de aluminio. Pero caray, me gustaría que la gente fuera un poco más crítica. Que no fuera tan tremendista, ni se creyera que cualquier estupidez es capaz de acabar con el mundo tal como lo conocemos. Me resulta paradójico que cuanta más información tenemos para contrastar, menos dudemos de lo que nos cuentan. Hoy sales a la calle, das una patada a una piedra y te sale un listo. Plop. Pero ¿en qué tasca ha estudiado usted, criatura? Banalizamos la información, la convertimos en entretenimiento y hacemos que una realidad inventada lo pringue todo. El nivel del debate público ha caído tanto que hay que mirar hacia abajo para no pisarlo. ¿Y para esto queremos libertad de prensa? ¿Para no usarla? Buen trabajo.

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3 comentarios:

Angel Ruiz 05 junio, 2014  

Gran entrada: excelente.
Hace una semana estuve viendo un capítulo (http://en.wikipedia.org/wiki/Planet_Earth_(TV_series)#6._.22Ice_Worlds.22) de Planeta Tierra de la BBC, por lo general una serie bastante buena y con pocos mensajitos moralizantes: pero aquí un oso polar tenía que nadar mogollón porque cada vez el hielo se deshacía antes (y es una serie de 2006, que todavía no hablaban tanto del CC).

A Will McAvoy siempre me dan ganas de darle un par de bofetadas: abre la boca y me dan ganas de darle un soplamocos (ya sé que no debería reaccionar así, cuento lo que me pasa).

Pablo Otero 05 junio, 2014  

Nadie quiere que ningún mamífero grande sufra innecesariamente, pero de momento los osos polares no saben construir barcos y hay que aceptar que la naturaleza es un lugar horrible.

Aaron Sorkin es un gran guionista que peca mucho de idealizar a sus personajes, por eso nos parecen muy repipis.

Me alegra que te haya gustado la entrada. Saludos.

Enrique 05 junio, 2014  

Brillante. Por poner un pero, echo en falta algún comentario a la prensa con mayor difusión del país, la futbolera. Igual suena raro, pero si ese es el periodismo que mueve más gente debería ser ahí donde se encuentren a los mejores profesionales. ¿Y qué nos encontramos?
- Modales tabernarios y periodistas que parecen salir a antena habiéndose bebido un par de cubatas.
- Ruedas de prensa diarias que no aportan nada. Banalidad pura. Fulano ha entrenado en el gimnasio, mengano ha posado para un anuncio de calzoncillos.
- Noticias directamente inventadas sin ningún rubor y que los lectores aceptan que así sea. Cada verano 40 fichajes por equipo.
- El paso más allá del clientelismo y el amiguismo. Zutano es mal presidente porque quitó el buffet y nos hace pagar por retransmitir desde la cabina de prensa.
- Prensa que basa sus ventas en posicionarse radicalmente a favor de unos u otros, y la realidad no importa mientras contentes al público objetivo. Tira cómica de hoy. Y podría encontrar cosas similares en los diarios del Madrid.
http://img02.mundodeportivo.com/2014/06/05/KAP-20140605_54408701217_53379995865_600_200.jpg
- Pero, ¿y si queremos buscar un público neutral? Pues en vez de contratar a periodistas medianamente imparciales, contratamos a talibanes de uno y signo. Los debates se convierten en un intercambio de insultos durante horas.

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