martes, 22 de abril de 2014

Historia contemporánea de Portugal II: Hacia el Estado Novo

Hablé de los paralelismos entre las historias de España y Portugal, pero ojo, estos paralelismos actúan de espejo ucrónico, no como comparación estricta. Sólo así se puede descifrar desde España el carácter de la dictadura salazarista. Una dictadura que nos dicen que es clavada al franquismo, pero que nace y evoluciona de forma muy diferente.

Hacia el Estado Novo


Recordemos que el país sale de la Primera Guerra Mundial destrozado, economía arrasada, inflación, insoportables bajas y reclamos del ejército, carencia de bienes de consumo, huelgas continuas, ambiente revolucionario (de todo signo) y los pronunciamientos son constantes. El régimen republicano se había convertido en la práctica en un régimen turnista, con preponderancia del Partido Democrático cuyas acusaciones de corrupción eran continuas. El sistema había perdido la confianza de la gente y hay que recordar que en los años 20 el sistema democrático no era el mejor visto. Cuesta creerlo, pero si nos alejamos del presentismo, las élites intelectuales de los países occidentales no veían con malos ojos los fenómenos de salvación de la patria que tanto se estilaban. Mano dura para arreglar el país, etc. Esto ocurría en todo el mundo como hoy ocurre en África y Oriente Medio.

El general Gomes da Costa se pronuncia en Braga el 28 de mayo de 1926. A este pronunciamiento le acompaña la adhesión de unidades militares por todo el país y de un variopinto sector político compuesto por una mezcla de monárquicos, católicos, socialistas, revolucionarios y conservadores. Portugal e eu somos tão, Antonhito. No es que católicos y socialistas se llevaran bien, pero tenían en común un enemigo: el sistema republicano, y no hay cosa que una más a los ibéricos que tener un enemigo común.

El gobierno pasa a manos del almirante republicano Mendes Cabeçadas (quien había participado en la implantación de la república) pero la fama se la lleva Gomes da Costa que es el que dirige el golpe. El 17 de junio Gomes da Costa sustituye a Mendes Cabeçadas en la jefatura del gobierno y nombra un nuevo ejecutivo compuesto por militares y profesores de la Universidad de Coimbra. Este gobierno mestizo en el que se trataba de contentar a todos no cuaja y Óscar Carmona, miembro de la facción católica, se hace con el gobierno el 9 de julio y exilia al general Gomes da Costa a las Azores.

Foto de la jornada electoral de las presidenciales de 1928. El general Carmona sale vencedor con unos 800.000 votos y siendo el único candidato (apoyado por el Partido Democrático y la Unión Liberal Republicana, principales partidos del país).
De 1926 a 1928, el gobierno que dirige Óscar Carmona ilegaliza al PCP y a los sindicatos e impone la censura en la prensa. En 1928 Carmona sale elegido presidente de la República y nombra al catedrático de economía política Oliveira Salazar ministro de economía. Este seguidor gris de la Rerum Novarum diseña un nuevo mapa institucional y económico. El estado, republicano y sin parlamento, pasa a ser corporativista. Portugal inventa así el primer gobierno tecnocrático, como los que hoy impone la Unión Europea a estados semifallidos como Grecia o Italia. Comienzan las grandes obras públicas y se modernizan los monopolios públicos (café, petróleo, tabaco, cacao) al tiempo que se reducen otros gastos del estado. Portugal consigue por primera vez superávit en sus presupuestos y Carmona nombra Primer Ministro a Salazar. Salazar se inventa entonces el partido único, Unión Nacional, y encarga a una comisión de profesores de Derecho la redacción de una constitución que haría las delicias del coletas e Izquierda Unida y que establece para Portugal la República unitaria y corporativista. La constitución es aprobada en plebiscito. Tras ver que las cosas funcionan, la gente apoya masivamente a Salazar.

Pero como siempre ocurre en todo cambio de régimen, siempre hay perdedores y estos perdedores organizarán la oposición al régimen naciente. No es esta oposición un movimiento de masas —las clases populares no perdieron con el cambio de régimen pues su situación siempre fue miserable—, sino una élite intelectual y económica que según se consolidaba el régimen veía cada vez más lejanas sus aspiraciones de poder e influencia. Esta oposición quería un nuevo régimen republicano que no cayera en los errores de la Primera República (regressismo) y por lo tanto había que darle una vuelta del revés a la dictadura, de ahí su nombre: reviralhismo.

Anuncio de 1933 de la Anglo-Portuguese Telephone, empresa británica que tuvo el monopolio de los teléfonos en Portugal hasta 1968, en que pasó a ser un monopolio público.
El caso es que el nuevo régimen salazarista fue tomando forma con el apoyo de antiguos políticos republicanos y militares moderados (y de la Iglesia, que lógicamente no quería volver a la persecución ultralaicista de la república). La oposición reviralhista, cuyas proclamas sólo alcanzaban a la élite que compraba prensa extranjera nunca tuvo una influencia destacable entre la población que tenía preocupaciones más importantes como comer.

Aunque minoritaria y sin aspirar a un tipo de estado muy diferente del que estaba diseñando Salazar, el reviralhismo intentó en varias ocasiones hacerse con el poder siguiendo el viejo método de pegar tiros. La primera intentona se produjo en febrero de 1927, con un saldo de más de cien muertos en Lisboa y Oporto. En abril de 1931 tiene lugar la Revolta das Ilhas en la que la guarnición de Madeira y Azores se pronuncia y se rinde a los pocos días. Es curioso cómo la dirección de los reviralhistas (Liga de París) trata infructuosamente de obtener apoyo del Reino Unido, el más cercano amigo de Portugal (quienes sin embargo no ahorran ocasiones de fastidiar a los portugueses). La última intentona (o inventona, como dicen allí) es el pronunciamiento del 26 de agosto de 1931 que dura 9 horas. Los líderes militares de estas revueltas son exiliados a Timor, que era lo más lejos de Lisboa que tenían los portugueses.

A tope con "la Cultura" (nótese cómo las becas se reducen a partir de la guerra civil española).
Una medida de lo sibilino del régimen y de cómo pudo granjearse tantos apoyos la da la re-legalización de entidades ilegalizadas. Así por ejemplo, el sindicato anarquista CGT fue reabierto como Confederación Intersindical de Defensa de los Trabajadores en 1931. Ese mismo año, en el que los sucesos en España hacen aumentar el número de atentados en Lisboa, se legaliza la Alianza Republicano-Socialista, en la que destacan el jefe de la masonería portuguesa Norton de Matos y un viejo conocido: Mendes Cabeçadas (quien ayudó a traer la primera república y la dictadura, lol. Creo que es el García-Trevijano portugués).

En resumen, los años durante los que se redacta la nueva constitución que daría lugar al Estado Novo, son años en los que había un régimen autoritario basado en el apoyo popular que deja cierto campo de actuación a la oposición. Son los años de la encíclica Quadragesimo Anno cuya influencia en los sucesos de la península Ibérica siempre es subestimada. La pequeña válvula de escape a la actividad opositora será una constante de este régimen, al contrario de lo que sucederá en el franquismo.

«Tienes casa, tienes a tus hijos vivos y tienes pan. Cumple con tu deber y muestra tu gratitud votando por Salazar» (cartel de las elecciones legislativas lusas de 1945).
Esto no quiere decir que no se persiguiera a quienes promovían la actividad insurreccional, siendo el método del exilio a ultramar el preferido por el régimen. Este mismo régimen se diferenciaba poco de aquellos que veía como sus enemigos y muchas veces promovía actividades de terrorismo de estado para atacar a la oposición. Así se explican las bombas en lugares de reunión de militantes comunistas y sedes de la masonería. Pero al tener los recursos del estado, la legislación ad hoc para cerrar locales y publicaciones era también un recurso de uso frecuente. Poco a poco el régimen continúa sus reformas. La estructura decimonónica de la administración portuguesa va dando lugar a una administración moderna con diversos negociados, jefaturas y comisiones. El contexto internacional en estos años fue clave habida cuenta de los vaivenes de la política europea (golpe democrático nazi en el 33, dictaduras en Austria, Italia, Hungría, Lituania, Rumanía, URSS, Greciaexpansionismo japonés, España probando todas las ideologías al mismo tiempo, en el mismo lugar y con erótico resultado, etc. un guirigay).

Nueva Constitución

Cartel del plebiscito de 1933.
El 19 de marzo de 1933 tiene lugar el referendum que aprueba mayoritariamente la nueva Constitución (a quienes no iban a votar se les contaba el voto como aprobatorio). Su entrada en vigor inaugura el periodo de 1933 a 1974 que se conocerá como Estado Novo o Segunda República. El texto está influido por Pio XI y destila un paternalismo que llegará a su plenitud con el Acto Colonial (el otro texto constitucional que regirá en las colonias y que dice que hay que tratar bien a los indígenas porque son más útiles que las vacas). Es muy curiosa esta constitución pues si el régimen la cumpliera estaríamos hablando de un sistema más o menos democrático, con cámara representativa, libertades públicas y demás. Sin embargo, otras leyes determinaron el campo de actuación de la constitución y así por ejemplo, aunque se preveían elecciones a la Asamblea de la República, en la práctica había un partido único (con el tiempo obtendrían representación diputados de la oposición, pero siempre de forma controlada. Vamos, como en Andalucía o Cataluña hoy). En el aspecto económico sobra decir que esta Constitución haría las delicias de los eurocomunistas, con su protagonismo de la intervención monopolística del estado. También hay que destacar la libertad de culto: el lugar más libre de este país era la Iglesia. En la práctica lo único que no podía expropiar el estado era la propiedad eclesiástica. La historia precedente de la Primera República explica por qué esto fue así.

Diário de Lisboa, 19-III-1933. Es curioso que el propio régimen del Estado Novo llamara Dictadura al régimen entre la república y el Estado Novo cuando mandaban los mismos.El salazarista fue un régimen extremadamente legalista incluso en esto.
No olvidemos que desde el primer momento este fue un régimen tecnócrata. La producción legislativa del régimen y su deriva burocrática fue asfixiante. Pasó poco tiempo hasta que la pequeña oposición dejó de cuestionar al régimen: era aburrido hasta hacerles críticas. Esto a su vez hizo que donde más se moviera la oposición fuera en los cuarteles. Como contraste a la dictadura franquista en la que donde más se movió la oposición era en las universidades. Curioso.

Otro día sigo. Estad atentos.


2 comentarios:

Teseo 23 abril, 2014  

Cómo es posible que un gobierno franquista como el de Salazar (y por tanto malvado) tuviera un ejército comunista que ponía claveles en los fusiles (y por tanto bueno).

Pablo Otero 23 abril, 2014  

Porque al contrario de lo que sucedía en España, el régimen no surgió con la legitimidad de la victoria militar. Tenía un origen, digamos, académico o tecnócrata.

Lo que sucedió después -guerra colonial- acabaría de cortar los lazos del ejército con el gobierno.

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