lunes, 10 de marzo de 2014

Sobre cómo fracasa el país triste

Estamos a punto de poder hablar del fracaso histórico de Rusia igual que hablamos del fracaso histórico de Francia. O incluso peor, pues Francia, a pesar de su tremenda y apabullante derrota histórica, es un país donde no demasiada gente lo pasa excesivamente mal.


Al tratar este tema lo primero que se nos viene a la cabeza es la demografía. La demografía rusa nos habla de un pueblo derrotado. No sólo por perder habitantes desde que los rusos pudieron escapar del país (igual que sucede en otras repúblicas ex-soviéticas, cosa que no pudieron hacer durante los tres siglos anteriores), sino por el rasgo epidémico de una enfermedad llamada alcoholismo y que en la soleada España nos tomamos a broma. La fría estadística nos dice que una de cada cuatro muertes antes de los 55 años se debe a causas relacionadas con el consumo de alcohol.

Como todo lo malo que pasa en cualquier sitio del mundo, la culpa es del "aquí y ahora" y cualquier tiempo pasado fue mejor. Así, mientras que aquí algunos tarados dicen que con Franco las calles eran más seguras, en Rusia se olvidan de que el problema del alcoholismo fue constante durante el periodo soviético. Durante la Segunda Guerra Mundial, los yanquis imprimieron miles de carteles llamando a comprar bonos de guerra. Los carteles que imprimían los rusos llamaban a los soldados a no estar borrachos. El monstruoso número de violaciones en Europa oriental durante la guerra nos apunta al poco éxito de esta propaganda.

Fijaos en la frontera china.
Más allá de la pérdida de población y de las causas subsanables de mortandad en Rusia, hay otra perspectiva que en el mundo libre solemos pasar por alto: la desigualdad de rentas. No hablo aquí de los miserables niños que viven en la calle oliendo pegamento y que las autoridades sanitarias rusas —si es que se les puede llamar así—  tratan como a incómodos mustélidos de cloaca. Tampoco hablo aquí de los famosos oligarcas que prosperan con la venta de materias primas y que elevan por comparación a Paco el Pocero a la altura de Warren Buffett. Hablo de la desigualdad entre regiones.

Aquí entran en juego varios factores: la heterogeneidad interna que se mantuvo oculta por la acción de la bota militar soviética durante décadas y que hoy sale tímidamente a la luz (en ocasiones no tan tímidamente sino con atentados). La geografía (de esto hablo en este video). La herencia de la política industrial soviética. Los intereses de los nuevos socios comerciales (socios que se reducen a China, quien está haciendo una política colonial sobre Rusia). Todos estos ingredientes determinan un crecimiento muy desigual en ese inmenso país. Y no sólo un crecimiento desigual sino un crecimiento que agudiza las diferencias.


Si tratamos a la economía rusa de hoy como a un todo, el nivel de vida de este país lo podríamos comparar al de Portugal en 1980 o al de Estados Unidos de 1950. Me gustan las comparaciones de trazo grueso por ser muy ilustrativas. Una vez retenida la imagen mental de dónde está Rusia económicamente hablando, podemos hacer zoom y alucinar con las diferencias que presenta el país en cuanto a nivel de crecimiento de renta y de renta a secas.

Según un señor que se llama Sergey Zhuravlev, entre 1999 y 2009 la renta per capita rusa aumentó un 83% (por comparar, en España aumentó un 57% y en Alemania un 18%). Pero este crecimiento no se repartió por igual ni mucho menos. Tan solo un 16% de los entes federados experimentaron un crecimiento superior a la media. La mayoría de las regiones tuvieron crecimiento mucho menores.


Los entes que concentraron el mayor crecimiento fueron; Sajalín (un aumento del 440%), la república de Daguestán (370%), la región autónoma de Chukotka (320%), Moscú (280%), la región de Leningrado (240%), Kaliningrado (también 240%) y San Petersburgo (230%). Es decir, las dos capitales del país, el trocito que tienen en el mar Báltico integrado en la economía de los países circundantes y tres regiones exportadoras de petróleo (dos muy escasamente pobladas y otra que pierde población rusa y la gana rápidamente de otras minorías musulmanas). Todas estas regiones tienen hoy en día una renta per cápita de entre 40.000 y 20.000 dólares y están justo debajo de la región de Tiumén en la lista de mayor renta per capita rusa. La región de Tiumén es la que tiene una mayor renta per capita, similar a la noruega (concentra las sedes de las principales empresas rusas y produce gas), pero no ha crecido tanto como las otras.

Dejando a un lado la maldición de los recursos de Sajalín, Chukotka y Daguestán, cabe preguntarnos si el crecimiento de las ciudades se debe a un robusto sector financiero. Recordemos cómo el sector financiero es la primera "industria" del Reino Unido y que sólo en el área metropolitana londinense se produce la tercera parte del PIB británico. Pues va a ser que no. En estas ciudades la principal fuente de ingresos es el sector inmobiliario. Chicles y alambres.

En una superficie similar a la de Uruguay se encuentra tanta variedad lingüística y religiosa como en toda Asia. Esto por si solo no dice nada, pero si le unimos rencillas seculares y una pobreza centroafricana... Bienvenidos al infierno.
Si nos vamos al furgón de cola, pasamos a considerar algunos de los lugares más horribles del mundo. La mayor parte de las regiones con menor renta per capita se sitúan en el Cáucaso y tienen nombres que recuerdan a las tribus con las que peleaba el Imperio Parto: alanos, calmuquios, circasianos, etc. De hecho, se diría que han cambiado poco desde los tiempos de Mitríades I. Estos horrorosos lugares, junto a la región autónoma judía, Pskov, Ivanovo (a dos horas de Moscú) y algunos sujetos federados siberianos, cuentan con rentas per capita similares a las de África central. Ahí están pugnando con la República del Congo, Ghana y Angola (entre 4.000 y 8.000 dólares).

Recapitulando. Tiumén y Sajalín tienen rentas similares (o superiores) a las de Europa occidental (40.000). Moscú y Chukotka (la "Alaska" rusa, donde gobernó Abramovich) las tienen similares a las de Portugal o Grecia (25.000). Luego vendrían la república de Komi, la región de Leningrado y Tartaristán (republica cuya independencia fue negada por Moscú y no se volvió a hablar del tema) con rentas similares a las de Europa oriental (15.000).

Cri cri.
La región rusa media (media de las medias regionales) tiene una renta per capita de unos 10.000 dólares (más o menos como Ecuador o Montenegro).

¿Qué quiero decir con todo esto? Que Rusia está fracasando. Con una economía dependiente de las exportaciones de materias primas, cosa que quita competitividad e inversiones a la formación. Con ciudades cuyo crecimiento se basa en la especulación inmobiliaria (cosa que por sí sola no es problemática, pero en este contexto sí). Con la pérdida de peso demográfico en lugares donde el concepto "Moscú" queda muy lejos. Con un incremento demográfico concentrado en minorías nacionales no rusas (y ni siquiera cristianas) que aumentarán la heterogeneidad en lugares horriblemente empobrecidos. Con unas diferencias de renta que van en aumento (imaginaos a Oslo y a Monrovia en el mismo país). Con todo esto, la inestabilidad y el conflicto es cuestión de tiempo. Bueno, qué digo tiempo, si el conflicto ya existe.

2 comentarios:

Gesualdo 11 marzo, 2014  

Estoy de acuerdo en que Rusia está fracasando económicamente, como ya fracasó disfrazada de Unión Soviética en el pasado. El problema es que este fracaso puede tardar en hacerse notar tanto o más que el de la propia URSS y mientras tanto, se está llevando por delante partes de Ucrania por el mismo sistema que se levó partes de Georgia. La Unión Europea por su parte parece querer aceptar, ahora como entonces, los hechos consumados y "dar por perdida Crimea como parte de Ucrania". Me pregunto que pensarán en Polonia o en Hungría de este "Regreso de Rusia a las fronteras del oeste"

Teseo 11 marzo, 2014  

Bueno, siguen ganando más medallas que Francia en las Olimpiadas...

"En una superficie similar a la de Uruguay se encuentra tanta variedad lingüística y religiosa como en toda Asia"... ¿tanta?

Rusia tiene forma de caballo.

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