sábado, 15 de marzo de 2014

La nueva guerra

El cambio político de mayores consecuencias que logró el golpe del 11M fue el traer a los bachilleres de ZP al gobierno, sí. Pero en política interior —dejando chorraditas cualitativas al margen— realmente no se puede decir que hubieran cambiado mucho las cosas. En España, la política de los dos partidos turnistas es muy parecida y por lo tanto no hubo aquí un cambio de rumbo de 180º ni mucho menos.

«Ruego al Padre Celestial que atenúe la angustia de su luto y que sólo guarde usted el dulce recuerdo de sus seres queridos y el profundo y merecido orgullo de tan supremo sacrificio en el altar de la libertad».
Donde sí hubo un cambio de 180º en el rumbo fue en la política exterior. La política exterior de la segunda legislatura de Aznar podía gustar más o menos, pero era una política exterior que existía. Después del terrible golpe lo primero que hace ZP es replegar las tropas de Irak y cerrar el ministerio de Asuntos Exteriores (bueno, lo abrió para esa catedral de la imbecilidad que fue la Alianza de Civilizaciones). Con ello no se limitó a cambiar la política exterior, sino que ésta desapareció.

Lo de que el Reino de España no tenga política exterior sirve a los políticos para no crear enfrentamientos impostados (bastante se esfuerzan en hacernos creer que existen diferencias de opinión en el resto de temas). Sin embargo, un país que no cuenta con una doctrina de acción exterior clara, previsible y visible, es un país irrelevante. La excusa de pertenecer a la Unión Europea, que cuenta con una política exterior y de seguridad común, no impide a algunos estados miembros en utilizar autónomamente su política exterior como parte de la estrategia de proyección y defensa de sus intereses. Y este reino, nos guste o no, tiene intereses que defender y una estrategia que proyectar. Cualquiera que viaje un poco sabe que la consideración en el exterior por nuestro país es muy superior a su consideración en el interior.

En aquellos años en los que comenzó la Guerra contra el Terrorismo, el gobierno de Aznar decidió situarse en una alianza clara con las potencias atlánticas. Como en España, igual que en Hispanoamérica, la definición de ser de izquierdas es el antiamericanismo cateto, esta colocación de Aznar sirvió para —una vez más— tratar de ganar en la calle lo que se perdía en las urnas. El pernicioso uso político de la acción exterior que sólo puede hacer daño al país en su conjunto (y no al gobierno en el poder, como algunos creen) significó poner en evidencia la contradicción fundamental de la izquierda chillona en aquellos años: por una parte se nos decía que Irak no colaboraba con el terrorismo y por la otra que los atentados del 11M fueron una respuesta del terrorismo por la participación de España en la misión de ayuda humanitaria paralela al avance de las tropas aliadas. El burro a la linde. Irak supuestamente no colaboraba con el terrorismo pero el terrorismo se venga de nosotros. Paso de intentar entenderlo porque estoy tratando con fanáticos.

Cementerio de la masacre de Halabja. A los kurdos Saddam los gaseó con gominolas, ya que si fuera ácido prúsico existirían armas de destrucción masiva en Irak.
Está prohibido decir en voz alta que todo Occidente es objetivo del terrorismo (islámico, comunista, nazi… a vosotros no sé, pero a mí me da igual lo que me diga un tío que me quiere matar). Está prohibido decir que la guerra se acabará el día que ondee la bandera del Tío Sam sobre la Kaaba. Está prohibido decir esto y en parte con razón: grupos de auténticos imbéciles dicen esto mismo y se corre el riesgo de ser confundido con los imbéciles. Fundamentalistas los hay en todas partes y existe cierto fundamentalismo de estado que creció en paralelo al miedo que despertó el 11S. Reformas como la Ley Patriótica americana, llenar las ciudades de cámaras de video-vigilancia, poner controles en los aeropuertos con un mero fin psicológico, etc.

La gente que piensa que el riesgo cero es posible consigue una falsa sensación de seguridad. Apelar a instintos bajunos crea sentido de comunidad y en general todos nos volvemos más mansos. Incluso los que protestan: sus protestas son predecibles y se sabe de antemano sobre qué protestan. Se acota la protesta. Sí, las manifestaciones contra la guerra fueron multitudinarias, pero fueron contra la guerra —esa idea evanescente— no contra otra cosa. Si fuera presidente de un país y me hacen manifestaciones contra la participación en una guerra lejana, me sentiría muy feliz. El dedo y la Luna.

Me encantan los commies, saben a gallina.
Una mentira que nos hace realmente daño y que es terrible porque no hay forma de medir su impacto, es la creencia en el riesgo cero. La misma creencia que mueve a idealistas cooperantes internacionales a meterse en lugares donde no se saluda a los desconocidos, sino que se dispara primero. Y no digo que se dispare por odio o instinto homicida, sino porque la alternativa (no disparar) no existe.

Tan ensimismados estamos que creemos pretenciosamente que el mundo no es un lugar hostil. Que todo el mundo se mueve por nuestros mismos incentivos. Que todo hijo de vecino quiere tener apartamento en la playa y vacaciones pagadas. Perder el contacto con el miedo hace que bajes la guardia. Perder el contacto con el mundo también lo hace, a nivel de país.

Seguro que cuando no están violando niños, lapidando mujeres, esclavizando a hombres en las plantaciones de amapola, drogándose o borrachos, estos tipos son encantadores.
Leche desnatada, no pasar sin casco a la zona de obra, sillas ergonómicas, champús anticaída, etc. La gente desea vivir en una ilusión. Yo me incluyo, claro. Y cuando de pronto un día abrimos la puerta, salimos a la calle y el horror más absoluto nos da una bofetada, nos quedamos paralizados y nos preguntamos cómo es posible. Bebo leche desnatada y pago mis impuestos ¿por qué me pasan estas cosas? Tratar de buscar explicaciones nos lleva efectivamente a encontrarlas. Aunque no existan. Mire, es que está gente pide esto y no se les deja votar. Comprenda usted que hay mucha miseria en esos países. Entienda que la normativa de seguridad laboral no contemplaba este caso. Etc.

Tratar de entender el horror para tener algo a lo que aferrarnos. Nos decimos que si hay una segunda vez, estaremos listos. Nos mentimos. Nos miramos unos a otros y nos mentimos. La mentira compartida hace que nadie verbalice la mentira. Ese acuerdo tácito que hace continuar el día a día y que muchos identifican con la madurez social. ¿De qué madurez social me hablan cuando nos meamos en los pantalones, nos encerramos en un armario y llamamos a mami porque tenemos miedo?

Por estas cosas demando no sólo mejorar la cultura de defensa sino tener una política exterior activa. Sé que con la política exterior no se ganan votos y que la demanda cae en saco roto. Pero está bien recordarla de vez en cuando. Sobre todo para poner en evidencia eso que me enfada: lo de los negritos.

Ese pensamiento solidario, progresista, racista y neocolonial de lamentarse por los negritos. Estamos cenando y vemos a negritos por la tele. Hay que hacer algo dicen los próceres rimbombantemente. Vamos a enviar ayuda humanitaria. Vamos a enviar psicólogos expertos en traumas. Vamos a hacer un Informe Semanal con música de violines. Veamos el parte de tragedias semanales. Hoy toca terremoto en un lugar impronunciable, la semana que viene es una crisis de refugiados en medio de un desierto, a la siguiente toca barco o avión. Esa cuenta solidaria, esos euros que nos hacen sentir mejor. Y seguimos cenando.

Oh, no nos olvidamos de Haití. Pero lo recordamos lo justo para tener la conciencia tranquila.
Nadie que conozca el tema te dirá que esto soluciona nada. Sí es cierto que hay ayuda puntual a un sitio u otro que funciona. Pero eso no arregla nada. Mientras pasen lejos de casa ciertas cosas nos importan más bien poco.  Ah, pero luego llegar al curro el lunes y decir que has donado diez euros a no sé qué cosa sienta de puta madre. Dedicamos horas de cobertura a alguna crisis humanitaria lejana y sólo de casualidad alguna vez vemos algo que se hace en algún barrio pestilente de nuestra ciudad o algún programa de televisión sobre algunas monjas americanas en alguna de nuestras molestas y no-modernas residencias de ancianos.

Ojo, no pretendo dar lecciones. Insisto en que yo participo de esto. Tampoco busco redención al reconocerlo. Lo que digo es que en nuestro fuero interno sabemos que en última instancia lo que inclina la balanza es la presencia exterior (sin descartar la militar) en los estercoleros del mundo. Por eso yo defiendo algo súmamente impopular que llamo Doctrina de Intervención Universal. Esto viene a decir que no hay rincón en el mundo donde se pueda ocultar un sátrapa, genocida o dictador. Que tribunales internacionales actuarán, que los países se tienen que comprometer a actuar con reglas compartidas. Que cada vez que un paleto dictadorzuelo gane unas elecciones con un 120% de los votos y use el poder de su estado para reprimir a la población se va a encontrar rodeado. Y que si no ceja en su actitud, un día mientras ve viejos capítulos de Los Vigilantes de la Playa en su palacio, va a volar por los aires.

Escuadrón 462 de F-18.. "Halcones de Gando".
¿Esto crearía nuevos problemas? Sin duda. ¿Esto es difícil? Dificilísimo. ¿Esto implica asumir riesgos? No me cabe duda. Pero no hacer nada también implica riesgos. Hoy el mundo es un lugar muy pequeño y la tecnología nos proporciona los medios para poder actuar de una forma como nunca antes se pudo. También hoy quienes dominan la tecnología son países con prensa libre y oposición vigilante, con lo que sería complicado efectuar acciones bajo cuerda o siguiendo oscuros intereses.

El pequeño cambio ético que supone mutar la Guerra contra el Terrorismo en Guerra contra la Injusticia y la Carencia es consecuencia directa de los análisis que nos hablan de las causas del terrorismo. La injusticia y la carencia provocan terrorismo y en ese frente hay que pelear. Desde luego que las acciones unilaterales tienen una efectividad limitada, por eso, este nuevo tipo de guerra implica cooperación internacional. La cooperación internacional hace que más países se sumen a iniciativas comunes y coordinen sus estrategias (y aumenta la efectividad y abarata los costes, claro). Por el camino, al llevar la seguridad y prosperidad a los rincones infectos del planeta, nuestro mundo también se vuelve más seguro y próspero.

West Point, Monrovia.
Desnortados por el eco de los aviones y de los trenes que explotan en nuestras casas, nos llegó una avalancha de análisis sobre el nuevo tipo de guerra. Una guerra asimétrica, un enemigo sin cadena de mando, un enemigo que no busca objetivos militares, que no busca "ganar", sino para quien la mera existencia de un estado de alerta y miedo es ya una victoria. La Guerra contra el Terrorismo no se distingue del resto de guerras. El objetivo de toda guerra no es destruir físicamente al enemigo, no es acabar con sus medios de producción económica. El objetivo de toda guerra es quebrar la voluntad de combate del enemigo. En la Guerra contra el Terrorismo se trata de quebrar la voluntad del terrorista. En la Guerra contra la Injusticia y la Carencia se trata de quebrar la voluntad del tirano.

Hoy el mundo en líneas generales mejora en todos los aspectos del desarrollo humano. Estamos en la mejor época de la historia para emprender estrategias de alcance global. Un objetivo ampliamente compartido por la humanidad es que nadie pase hambre en el mundo. Todas las proyecciones indican que estamos a pocas décadas de alcanzar este objetivo. Qué queréis que os diga, soy impaciente. Creo que si podemos hacer algo y no lo hacemos, colaboramos de alguna manera en un delito. Y podemos, vaya si podemos.

The tide has turned. The free men of the world are marching together to Victory. I have full confidence in your courage and devotion to duty and skill in battle. We will accept nothing less than full Victory. Good luck! And let us beseech the blessing of Almighty God upon this great and noble undertaking.
Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Europa

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