martes, 4 de febrero de 2014

Sin Constitución nos convertimos en Latin Kings

Cuenta Will Smith en Soy leyenda una poderosa anécdota para admirar a Bob Marley. En cierta ocasión le pegaron un tiro a Bob y al día siguiente el cantante (Bob, no Will) se empeñó en dar el concierto que tenía programado. Cuando le pidieron que se tomara un descanso y le insistieron en que no diera el concierto, el jamaicano dijo algo así como que los malos no se tomaban un día libre y que él tampoco lo iba a hacer. Pues bien, una vez más regreso con el monotrema porque los malos no descansan así que nosotros no podemos permitirnos el lujo de descansar.


Que un grupo de personas repudie una ley no significa que pueda saltarse esa ley. Esto lo sabemos desde hace por lo menos veinticinco siglos. En la Historia de la guerra del Peloponeso, Tucídides pone en boca de Pericles una elegía dedicada a los atenienses caídos. En ella se habla de la comunidad política como experiencia del dolor compartido. Todos, al vivir en una comunidad política, tenemos que ceder en algún momento y llegan otros momentos en los que quienes ceden son otros. Dirimir el cuándo y el dónde de estas cesiones los establecen las leyes. Leyes que son redactadas y aprobadas por la representación de la mayoría. Leyes que en ningún momento pueden establecerse para que la misma mayoría siempre aplaste a la misma minoría. Y es que la ley, para ser ley, debe ser válida para todos, no infinita. Por eso mismo, para marcar el límite en algún punto, en ocasiones nos damos constituciones políticas. Constituciones políticas que son los cimientos políticos sobre los que se construye un pacto entre la comunidad que comparte el dolor.

El siglo de Pericles, Philipp Von Foltz (1853).
Al contrario que Pericles, hay personas que de vez en cuando (cada cincuenta años desde hace 2500 años) creen que la comunidad política no es fruto de la experiencia del dolor compartido y que el pacto de convivencia entre los miembros de la comunidad puede romperse por ideas tan degeneradas como efímeras. Una y otra vez los hombres han intentado (y continúan haciéndolo) crear nuevos pactos surgidos de categorías arbitrarias. Cuando la formación de una comunidad política se hace siguiendo un criterio arbitrario, coyuntural, degenerado, engañoso, confuso o efímero, se cae en un tremendo error. Y parece que no aprendemos.

Es la visión esencialista de la comunidad política: sólo aquellos que coinciden con un criterio (color de la piel, idioma, gustos sexuales, sexo, credo, etc.) son los elegidos para formar la única representación política válida. Quien no entre en ese criterio arbitrario desaparece. Ya no forma parte de la comunidad política y por lo tanto, si ésta decide ser democrática, democráticamente podrá ser objeto de persecución y abuso. La ley, en este régimen esencialista democrático, es válida para todos, por supuesto, pero el significado de "todos" ya ha cambiado.

It might be YOU!
Y aquí estamos. Que por un criterio arbitrario (por ejemplo, el idioma) o mítico (la cultura) unos señores quieran establecer unilateralmente una nueva definición del "todos" es el regreso a la anomia para vergüenza de nuestra época. Y como esto pasa cada cincuenta años, tras varios siglos algunos aprendieron la necesidad de poner por escrito las bases infranqueables de los pactos entre los hombres.

Pero como el mundo estaba lleno de hombres incapaces de comunicarse, aparecieron diversas bases infranqueables a lo largo del tiempo. Y éstas se repartieron sobre la tierra firme que rodea los océanos. No estamos en el momento cero de la historia. Ya hay una delimitación de fronteras, unos estados, con unas leyes. Por supuesto que, igual que sucede con los cambios en las constituciones políticas, estas fronteras pueden cambiar, pero no pueden cambiar arbitrariamente sin el concurso de las comunidades políticas existentes y previas a las no natas. Sí, puedo reconocer que a veces el orden establecido se subvierte por la vía rápida, pero como hablo de España, descarto el escenario del conflicto bélico.

Saldría más barato, al menos.
El capricho de saltarte la Constitución porque ya no te gusta es injustificable desde todos los puntos de vista que están sobre la mesa. Sí, puedo reconocer que a veces está justificado subvertir el orden, sobre todo cuando ese orden se basa en criterios excluyentes y esencialistas, cuando el gobierno se vuelve autoritario y cuando la justicia maneja un anómalo significado de la palabra "todos". Pero incluso cuando esto no sucede, las constituciones aceptan enmiendas y cambios. La prudencia exige que estos cambios sean avalados por una mayoría de la comunidad política, que en ningún caso supongan el triunfo de la arbitrariedad y que no se dirijan hacia la criminalización o persecución de la minoría.

La diferencia entre la comunidad política de la que hablaba Pericles y la arbitraria de la que hablaban los hutus es la misma, ya en términos contemporáneos, que hay entre la nación política y la nación étnica (en nuestro caso concreto, lingüística, pero hay otras naciones étnicas basadas en criterios religiosos, por ejemplo la nación árabe). La nación política está y prevalece sobre cualquier otra condición nacional arbitraria. No podía ser de otra forma ya que si no no podría haber una justicia que incluyera a todos. Y si existe esa justicia que incluye a todos es porque hay una Constitución que nos compete a todos. ¿Y quién manda sobre esa Constitución? ¿Quién decide cómo modificarla? La nación política, en nuestro caso, los españoles. Todos. Un "todos" con la boca grande.

Y si somos todos los españoles los únicos que podemos modificar las fronteras y la Constitución, no habiendo causa que justifique ninguna vía rápida (con esta Constitución los españoles estamos en la mejor época de nuestra historia y mi criterio es el del hambre y las libertades civiles, que creo que es un criterio que compartimos muchos para calibrar esta cuestión), nadie sino nosotros mismos podemos cambiar esto. Todos. No una parte. Todos.

Para el pago de la deuda hablad con Messi. :)
¿Qué significa que una parte quiera cambiar algo que nos compete a todos? Pues que se nos está arrebatando una cosa que se llama soberanía. En el momento en que la soberanía nacional se hace agua de borrajas, la situación es la misma que si unos guardias civiles secuestran el Congreso, o que si un ejército extranjero invade el territorio. Es decir, arrebatar la soberanía a una nación política es el atentado más grave que se puede cometer contra esa nación.

Resulta enternecedor ver las piruetas dialécticas con las que algunos tratan de justificar que nos roben la soberanía. Que si pedir permiso al Congreso para hacer una consulta no vinculante, que en caso negativo hacer una ley autonómica de consultas no vinculante. Que si vamos a ver qué opina el pueblo para saber "dónde estamos". Que si un "estado propio" con acuerdos bilaterales con "Madrid". Todo muy no vinculante y todo muy de acuerdo con la Constitución. Ahora bien, todo esto son pasos hacia un fin explícito: la secesión unilateral por el método del robo de la soberanía.

Son las personas y las empresas, no los territorios, quienes pagan impuestos para subsidiar a la UGT de Andalucía... y bueno... quienes pagan también el Servicio de Salvamento Marítimo.
En algún momento esto tiene que parar. Cuanto más lejos se vaya, mayor será el fracaso colectivo. Cuanto más lejos se vaya más costará reconstruir lo roto por el camino. El problema no es Mas, no es Rajoy, no es CiU. El problema está en la gente a la que se le vende humo, se le pone el caramelo en la boca y luego se le quita. Esa gente va a estar perdida para el señor Mas y para el señor Rajoy. Y hablo principalmente de mis vecinos catalanes, pero también de mis vecinos de otros lugares. Hay gente que está esperando a que suene la campana en Cataluña para soltar a los caballos. De momento tenemos desprecios de los nacionalistas de todas partes, a los terroristas vascos en las instituciones y tarados en Galicia dando clase en la universidad y azuzando a sus alumnos para poner bombitas en cajeros.

Y si toda esta gente come tres veces al día y sabe que tiene un abogado cuando la detienen es porque hay algo que se llama Constitución. Una vez rota la Constitución como pretenden, todos nos convertimos en Latin Kings y esto es el sálvese quien pueda. Entonces a lo mejor es cuando alguno se echa atrás pero ya será tarde. Si es que o falar non ten cancelas y de momento hablar es gratis para todos. Cuando no sea gratis, nos pondremos a llorar ¿verdad que sí?


3 comentarios:

etrusk etrusk 05 febrero, 2014  

http://etrusk.blogspot.com.es/2013/08/la-constitucion-radical-del-siglo-xxi.html
http://etrusk.blogspot.com.es/2013/01/los-origenes-de-los-nacionalismos-las.html

Enrique 06 febrero, 2014  

Si se reclama el "derecho a decidir" para un señor de Barcelona, pero no se le permite decidir a uno de Zaragoza, ¿no estamos hablando de un privilegio?

Pablo Otero 06 febrero, 2014  

Sí estamos hablando de un privilegio y decidir sobre la soberanía exclusivamente compete a todo el cuerpo soberano.

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