sábado, 15 de febrero de 2014

Escenario de fantasía desde referencias hispanas

Los géneros de fantasía y ciencia ficción aparecen en todas partes del mundo, pero desde hace cien años tienen especial éxito las creaciones desde una perspectiva anglosajona. A mí me gusta en general que los escenarios de los anglosajones se conviertan en estándar, pero como juego mental está bien pensar cómo habría sido la cosa  con otras referencias históricas y estéticas.

Castillo de Ampudia (Palencia). Es delito no utilizar estos escenarios. Hacemos el canelo.
El género fantástico casi que lo podemos retrotraer al nacimiento de la escritura en Oriente Próximo, el Indostán, China... Obras como la Teogonía de Hesíodo, el Poema de Gilgamesh, los Vedas hinduistas y los cuentos del Rey Mono chino si bien describen mitos, por su naturaleza y referencias, pasados por la termomix del presentismo, hoy ya forman parte del género fantástico. Por su parte, el género fantástico anglosajón (para entendernos, la fantasía que crean hablantes de inglés, protestantes, de lugares fríos y que piensan que es exótico aquello que no lo es) se circunscribe a dar vueltas sobre temas cristianos. Por su parte, la ciencia ficción, que aparece con Frankenstein o el moderno Prometeo (1808), aunque parezca un género eminentemente anglosajón, bien pudo ser Julio Verne el considerado padre del género, pero a Verne pronto le sucedió H.G.Wells y la cosa tomó otros caminos. Si hay una preeminencia de la ciencia ficción anglosajona es porque en Estados Unidos las guerras mundiales quedaron lejos y una clase media fascinada por la tecnología y la ciencia consume millones de revistillas o pulps que forman la base del que es el más virtuoso género de la narrativa de nuestros días.

Una vez establecido que esto no es una queja por la creación en inglés. Podemos plantearnos cómo habrían sido estas creaciones desde coordenadas hispanas, católicas y cálidas (por adjetivar la cosa). Hagamos el ejercicio y dejemos volar la imaginación.

Patio de los Arrayanes (creo), en la Alhambra de Granada.
Quién sabe si las referencias a las sagas nórdicas habrían tenido su doppelgänger hispano en las leyendas medievales árabes. Los enanos del género fantástico, metidos en cuevas, maestros de la forja y la herrería que tanto deben a los dvergar de la mitología nórdica bien podrían no haber aparecido en la literatura fantástica. Los guapos y refinados elfos, pozos de sabiduría y templanza, que también son herencia directa de las sagas nórdicas (álfar), puede que tampoco hubieran aparecido. Si toda esta fuente nórdica se sustituyera por leyendas árabes, puede que habláramos de los genios que creó Dios antes que al hombre y que como éste están dotados de libre albedrío. Genios que cambian de forma y pueden poseer cuerpos. Unidos a la tradición católica sobre la muerte, podían aparecer como seres recurrentes los gul (o ghoul) de las leyendas árabes. Estos gul son demonios del desierto que se acercan a hurtadillas a los cementerios para alimentarse de los muertos. Yo ya me estoy imaginando a monjes guerreros peleando contra estos malvados gul. Pero no quiero adelantar acontecimientos.

El "moro bueno" siempre da juego.
Debido a que Enrique VIII fue incapaz de cumplir su palabra y su compromiso con Catalina de Aragón, el género fantástico anglosajón carece de la referencia de la Iglesia como poder temporal y también carece (estoy constantemente generalizando, siempre hay excepciones, claro) de cenobios y monasterios. Los monjes que pintan son monjes errantes, que van por libre y ven el mundo. Cambiaría bastante la cosa si estos monjes no vieran el mundo (o lo vieran de otra forma) y se quedaran en sus monasterios compilando sabiduría y alabando el nombre de Dios. Lugares que no toman partido en las batallas y donde los soldados veteranos guardianes de un secreto pueden ocultarse tomando los hábitos. Pero como no nos limitamos a la Edad Media inventada en el XIX, podemos unir estos monasterios con legiones imperiales mal pagadas. Imaginaos monasterios de legionarios. Órdenes monástico-militares que van por libre y no responden ante señores ni obispos. Monasterios como fortalezas militares y muchos dolores de cabeza para nobles conspiradores.

Catedral-fortaleza tudense. En la catedral de Santiago también se encuentran torres de origen militar.
Y hablando de señores, feudalismo y vasallaje, aquí vienen muchos problemas. Es sabido que en España el feudalismo tiene un carácter especial y diferente al del resto de Europa. El escenario estándar de la literatura fantástica nos habla de un feudalismo funcional, jerarquizado, con el rey a la cabeza, los grandes señores debajo, pequeños señores debajo de estos y una inmensa masa de campesinos dándoles de comer a todos. Ésta es la idea a quebrar más difícil en nuestro juego de imaginación.

Podríamos tener dos administraciones paralelas, por un lado al rey y por el otro a la Iglesia. Ambas con fortalezas y ciudades repartidas por el mismo territorio. En la administración del rey, quizás como pago a la ayuda en batalla o por antiguo casamiento con la familia real, podría haber nobles autónomos que pusieran en cuestión la autoridad del rey y conspiraran para cambiar las cosas. Sin embargo, habría fortalezas y ciudades que dependieran directamente del rey. Al contrario que en Inglaterra o en Francia, esto refuerza la figura del monarca. Se reducirían las conspiraciones palaciegas por parte de casas nobiliares y aumentarían las conspiraciones por parte de familiares del rey, pensad en la dinastía Julia-Claudia. De ningún modo la alianza de tres grandes casas pondrían en cuestión la autoridad del rey, aquí el rey sería fuerte y tendría el apoyo de la Iglesia que es transversal a todos ellos y más poderosa que cualquier noble. Puede que cansadas de los impuestos para pagar la guerra, varias ciudades realengas  se unieran en ligas —a la griega usanza— y formaran confederaciones de ciudades estado.

Azul vodka, amarillo cerveza y rojo vino. Esto a tener en cuenta. Por cierto, ¿cómo llamaban los griegos a Georgia? Tenía un nombre pintón pero los dioses me han quitado ese recuerdo para que no vaya allá a buscar el vellocino de oro.
Y ya que hablamos de guerra y podemos identificar referencias estándar a la guerra en la literatura fantástica anglosajona, podemos también cambiar estas referencias. Hombres de armas, lanceros, caballeros, arqueros… De la historia de España, donde sí hubo batallas de verdad no como los encontronazos entre borrachos que glosan los ingleses, podemos sacar algunas referencias originales y poco explotadas. Cosas como la guerra de guerrillas, la caballería ligera, las algaras a las ciudades, las alianzas entre varios reyes enfrentados pero que tienen a un enemigo común… Y por fin la conquista de territorio. En lugar de ir a las plazas conquistadas e izar un estandarte, construir nuevas ciudades desde cero. Fundar ciudades. Puede que las órdenes de caballería siguiendo los pasos de las legiones romanas levanten fuertes y obtengan fueros reales con los que atraer población. Puede que estas villas acaben expulsando a sus señores y eligiendo un concejo y puede que este concejo decida aliarse con otras ciudades. Una vez que nos atrevemos a salir del escenario estándar las posibilidades son infinitas.

Una cosa buena que tienen los anglosajones, es que como no han visto mundo ni se han mezclado con otros pueblos, para ellos cualquier cosa es exótica. Si los autores hispanos buscan exotismo no pueden recurrir a un sonoro idioma de un imperio desaparecido hace cientos de años (que ha dejado ruinas impresionantes por la campiña). Para nosotros el exotismo es Teotihuacán, no Egipto. Nuestro nivel de medir el exotismo es más alto que el suyo. Puede que a ellos les baste con una semana cruzando un mini-desierto para ver cosas rarísimas. A nosotros nos harían falta meses cruzando océanos para ver cosas que nos parezcan rarísimas. Otra diferencia está en que esos países exóticos no están deseando ser "civilizados" ni "liberados" porque ellos ya están civilizados a su modo. Al exotismo de casa se le uniría entonces un nuevo exotismo, una mayor mezcla. Puede que en la capital del reino de fantasía, como ocurría en Roma y ocurre en Nueva York, sea complicado encontrar transeúntes que hablen el idioma local. Es más, en el propio reino sería extraño que todos hablaran el mismo idioma. Puede que apareciera una lengua franca utilizada por la Iglesia y los comerciantes, quién sabe. Ah, y tomad nota: peregrinaciones a ciudades santas. Una ciudad santa atrae comercio y riqueza, así que habrá ciudades que se inventen ser santas y funden religiones. Puede que existan cismas en la Iglesia y los mismos conflictos que hay entre reyes, se produzcan entre iglesias. Estas iglesias podrían tener a su vez órdenes de monjes guerreros con cuerpos de élite al estilo ninja.

Dejemos a los druidas vegetarianos para las niñas. Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat. ¿Mola o no mola? Mola.
Otro día hablo de la ciencia ficción, pero supongo que ya intuís por dónde van los tiros.

12 comentarios:

Teseo 15 febrero, 2014  

Faltan los dragones.

Juan J. Rodríguez 16 febrero, 2014  

Desde el anterior artículo sobre el tema donde ya sacó la idea de hacer literatura fantástica basada en la historia nuestra ya tenía ganas de más artículos. Y no ha defraudado, este nuevo artículo es más de lo que esperaba. Sólo falta que alguien coja el reto de crear la gran mitología hispana.

Y es que tenemos una gran historia de la cual se puede encontrar inspiración:
Los amantes de Teruel.
Las luchas por el trono de Castilla en varios momentos, como Pedro él cruel, doña Urraca, Isabel etc.
Las leyendas de las animas en Galicia y Asturias.
Los caballeros que actuaban más como mercenarios, como El Cid.

En definitiva sólo es necesario como dije arriba, que alguien acepte el reto y lo intente.

cilantro 16 febrero, 2014  

¿Buscabas tal vez el nombre de la Cólquide, la tierra del vellocino de oro y la maga Medea?

Si sólo pudiera viajar a una de las dos, yo optaría por conocer la Georgia que cantó Hoagy Carmichael: "Melodies bring memories that linger in my heart ..."

Miguel Angel Velarde 16 febrero, 2014  

Chinos y sobre todo japoneses llevan al menos 4 décadas haciendo sus propias historias de fantasía sobre la base de sus tradiciones. Se me ocurre, por ejemplo, algún manga como RG Veda (una versión muy libre y original basada en los Vedas; por cierto, el anime es pésimo). Y en cuanto a películas de chinos, las hay a montones, de mayor o menor calidad.

Y en cuanto a ciencia ficción, todo el manga y toda la ciencia ficción occidental basada en él, abandona claramente el sustrato anglosajón para sumergirse en el oriental (Akira, Gosht in the Shell...)

Respecto de España, no creo que se le puedan pedir peras al olmo. Vivimos, y salvo honrosas excepciones, en un agujero negro creativo, de modo que pedir encima originalidad en un género, además, despreciado profundamente por la pseudo-intelectualidad...

Pablo Otero 16 febrero, 2014  

Cilantro, en efecto, era la Cólquida. La otra Georgia tampoco está nada mal y también tiene cierta épica.

Juan, muchas gracias. Es una labor extraordinaria y sugerente crear una mitología fantástica hispana. Como digo, hay todos los elementos para establecer un canon nuevo. Aunque mucho me temo que carecemos de la infrestructura. Pero la oferta crea la demanda, esperemos a que a alguien se le ocurra hacer un Señor de los Anillos "hispano" y a partir de ahí haya un canon a imitar.

Miguel Ángel, sí, en China y Japón tienen hasta sus propios subgéneros que no son trasladables a occidente. Ellos sí lo han conseguido, por eso me pregunto por qué nosotros no.

spartan 16 febrero, 2014  

En la parte literaria, creo que algo hay (aunque no es literatura fantástica). Falcones, Matilde Asensi, etc.

Por lo que respecta al cine, me encantaría que saliera algo, pero dada mi desconfianza hacia el cine espannol, casi que prefiero que se quede así la cosa. O que las rueden extranjeros. Que rueden ellos!! :D

Águila Roja sólo la vi una vez, y me bastó para reafirmarme en lo anterior. Aunque quizá yo soy muy exigente, la verdad es que esa serie tiene éxito (o lo tuvo??? no sé si la siguen dando). Igualmente parece que la serie de Isabel la Católica ha tenido buena aceptación.

Respecto a videojuegos el otro día vi que había uno que se llamaba "Maldita Castilla" o algo así, pero era un proyecto pequennito e independiente.

Y aunque yo no jugaba a juegos de rol asiduamente, si que jugué alguna vez y creo recordar que por entonces había un juego que se llamaba Códice (si no recuerdo mal).

En fin, un nicho de mercado completamente inexplorado.

Y creo que el mayor problema al que se enfrentaría cualquiera que quisiera hacer una peli, un cómic, un (video)juego, etc, será la propia sociedad espannola y su poco reconocimiento a los "heroes patrios". Aparte de que no faltarán quienes salgan con que la Reconquista es facha y las majaderías habituales.

Artur 17 febrero, 2014  

Recuerdo un juego de rol llamado "Aquelarre" que iba un poco en esa dirección. El bestiario (la bichería) estaba basado en leyendas árabes, gallegas, vascas... y rezando a los arcángeles se podían obtener ciertos poderes mágicos.

Pablo Otero 18 febrero, 2014  

A mi Águila Roja me parece un buen intento que se queda corto y tiene muchas carencias. Pero la idea de un fulano del siglo de oro que vaya a oriente a hacer un curso de ninja y regrese a impartir justicia, no es mala.

No conocía Aquelarre, pero después de buscar información he de decir que sin duda va por ahí la cosa.

Miguel Ángel Solano Sánchez 20 febrero, 2014  

Esta idea también viene rondando mi cabeza. Recoger la mitología hispana a modo tolkeniano.
Yo me imagino a la península ibérica como un universo en sí donde se mezclan y entrecruzan varias "mitologías" por decirlo así. El norte celta, la costa mediterránea griega y romana, los árabes por ahí también y luego los cristianos.
Lo veo como una forma épica de contar la reconquista donde aparezca la fantasía.
La verdad es que yo tengo un guión mas o menos definido pero no sé si me atreveré a empezarlo, pues necesito documentarme aún mucho más. Estoy leyendo Gargoris y Habidis ahora precisamente.

Y a Georgia los antiguos la llamaban Iberia, pues se dice que de ahí vino Túbal, nieto de Noé y que queriendo ir a la atántida, se quedó en la península ibérica y fundó la nación. Se dice que hablaba vasco. Ahí es nada.

Pablo Otero 22 febrero, 2014  

¿Mezclar edad antigua con edad media? Sí, está muy bien. Los "pueblos" te aparecen definidos y esa es una herramienta importante. El escenario de Reconquista también parece un trasfondo útil. Si coges una cronología de la Reconquista, el siglo XI es como la película Cimarrón.

Si aceptas un consejo, te diría que no trates de abarcarlo todo, cuenta una historia que deje entrever lo que sucedió siglos antes y la existencia de otros lugares que no enseñas. Que la historia sea corta y luego haz otra historia distinta en el mismo universo. Así irás pintando un cuadro a trozos y te equivocarás menos (abarcarlo todo implica errores de coherencia).

Ah, y otro consejo: empieza a escribir ya.

Miguel Ángel Solano Sánchez 23 febrero, 2014  

Gracias Pablo, ahora mismo estoy en la fase de "recopilar".
Se tendría que dividir muy bien lo que es un silmarillion de un "señor de los anillos". Aún no sé si hacerlo como prólogo (que hable de la creación de ese universo) o bien hacerlo e dos obras separadas.
Aún tengo que estructurar bien el "esqueleto" de la obra para ponerme a escribir porque muchas partes no las tengo claras.
Como veo que te interesa el tema podíamos colaborar y enfrentar opiniones. Ya sabes que 2 cabezas piensan más que una :)

Un saludo, me alegro que haya gente que tenga mis mismas inquietudes en este aspecto, porque hoy día no son fáciles de encontrar.

Pablo Otero 25 febrero, 2014  

Yo no pondría la explicación en la misma obra. De hecho, de momento, no la incluiría en ningún lado, la tendría como referencia para consulta (una especie de apéndices esquemáticos).

Cuando quieras me mandas por correo la idea que tienes y hablamos.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo