jueves, 3 de octubre de 2013

Torturador bueno, torturador malo

Oye, que al final Arnaldo Otegi no va a acudir a la comisión que estudia el derecho a decidir del parlamento catalán. Solamente va a enviar un escrito, y ya lo dijo el jefe de la pesoe: «por escrito él puede hacer lo que quiera». Faltaría más.


La presidenta del parlamento catalán, quizás tras un sudor frío provocado por un destello de realidad, se ha apresurado a declarar que lo de Otegi es sólo una propuesta de CUP (que es un grupo político catalán que defiende el paleolítico, creo), que este tipo no va a ir a impartir lecciones de democracia a ningún lado. Se le olvida mencionar aquí a la amiga que si el señor Otegi no acude a ningún lado es porque está en prisión. Y está en prisión por enaltecimiento del terrorismo. Y no es la primera condena que le cae. El amigo Otegi tenía la insana costumbre de encañonar con una pistola, asaltar comercios, torturar, secuestrar y justificar a gritones bárbaros, racistas y sádicos.


Con tal expediente a sus espaldas, «el hombre de paz» —tal como lo definió un presidente del gobierno de España, para vergüenza de todos—, pasa por ser un tipo al que le está esperando una brillante carrera política. Un interlocutor válido que no sólo traerá la Arcadia Feliz al País Vasco sino que —al tiempo— hará un buen candidato al Nobel de la Paz.

Otegi encarna como nadie la doble vara de medir de la izquierda de este país: si por una parte el sádico Otegi, que llevaba alegremente una bolsa de yogures al zulo donde tenían secuestrado a un empresario, se ha convertido en alguien que es capaz de asesorar a un parlamento; el tal "Billy el Niño", torturador de la Brigada Político-Social durante el último franquismo, es un tipo al que hoy hay que perseguir y poner delante de un tribunal. Para la izquierda existe una diferencia entre estos dos psicópatas: uno es un hombre de paz, injustamente encarcelado por sus ideas políticas, el otro es un criminal franquista que disfrutaba metiendo miedo y agrediendo a sus detenidos.

Yo necesito que alguien me vuelva a explicar en qué momento un torturador deja de serlo y qué hace falta para que un torturador no deje nunca de serlo. ¿Dónde reparten esos carnets? ¿A quién hay que pedir carta blanca? Me pregunto si el monstruo de Amstetten de haber nacido en Mondragón y militado en la izquierda, hoy sería un asesor recibido con interés por las instituciones del estado. Me pregunto si un sádico como Otegi, con una grave psicopatía, de haber sido comisario y disfrutado torturando a detenidos, también estaría siendo llamado a asesorar sobre la democracia.


La brújula moral de la izquierda no es que esté estropeada. Es que la ataron a un cometa y está orbitando alrededor del Sol en el variable campo magnético de la heliosfera.

Que a estas alturas sigamos teniendo que aguantar los escupitajos y las lecciones morales de una izquierda absolutamente impresentable como la CUP y otros, es de traca. Que a estas alturas no exista un discurso moral inquebrantable sobre qué es el terrorismo, sobre la impresentabilidad del menor atisbo de justificación a los actos terroristas y sobre quiénes son las víctimas y quiénes son los verdugos, evidencia un enorme fracaso pedagógico. Una dolorosa mancha que llevamos todos a cuestas: la vergüenza de andar por el mundo y explicar que tenemos a filoterroristas en el Congreso. La vergüenza de explicarnos a nosotros mismos eso mismo delante de la tumba de un torturado o un asesinado por los terroristas.


En estos años de crisis (y lo que te rondaré morena), la economía es el problema más urgente que tenemos, pero no olvidemos cuál es el problema más importante. No lo olvidemos ni un segundo.


1 comentarios:

Teseo 04 octubre, 2013  

Todos los torturadores son malos.
Si no son malos no son torturadores.

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