martes, 8 de octubre de 2013

Sin ignorancia no hay servidumbre

Salió un nuevo informe catastrófico sobre el nivel educativo. Algo como el informe PISA pero enfocado a evaluar a adultos tomados aleatoriamente entre amas de casa y gente en arresto domiciliario. Como intuís, España está en el furgón de cola de los países de su entorno. Sirva esto para tocar una vez más el tema de la enseñanza.

De la gente mayor poca cosa hay que decir: una vez que ya no estás obligado a estudiar, seguir formándote sin ningún motivo concreto es una estupidez, al menos según el canon oficial. O simplemente la triada fútbol-cervezas-parienta no te deja tiempo. Yo soy de los que piensan que saber más cosas no te quita tiempo, pero de todo hay en la viña del Señor. Que nadie se equivoque pensando que defiendo que todo el mundo tiene la obligación de formarse continuamente porque eso eleva el alma y zarandajas varias. No. Yo defiendo que la gente elija con libertad ser burra.

Ahora bien, de los críos sí que se debe hablar. Por motivos sanamente egoístas, muy parecidos a los que empleo para defender la vacunación obligatoria, defiendo que se trate de garantizar cierto nivel mínimo de educación: conocer las cuatro cuentas, saber leer y escribir y lo justo para no provocar accidentes de tráfico ni defecar en la vía pública. Yo firmo ahora mismo por un sistema educativo que me garantice eso. Como veis, pongo el listón muy alto.


Carezco de una fórmula mágica para solucionar el problema de la educación. Es más, cada vez estoy más convencido de que esa fórmula no existe pues la educación no es un problema homogéneo. Hay por lo menos mil tipos de niños diferentes, así que habrá por lo menos doscientas formas distintas de educarlos. Primer obstáculo: existe un empeño en educar a todos los chavales de la misma manera. A partir de este principio se produce una caída libre en el nivel posible a alcanzar. De partida, el listón ya lo colocamos bajo.

En algún momento de la historia de las ideas horribles, a alguien se le ocurrió que era buena idea que chavales de dieciséis años muy aplicados en el tema de los porros, compartieran clase con otros chavales interesados en otras cosas. Posteriormente, un pariente de ese Einstein de la pedagogía, decidió que era buena idea experimentar con hijos de inmigrantes recién llegados para promover la integración y la multiculturalidad. Las aulas dejaron de ser aulas, para convertirse en celdas de castigo súper-motivadoras para el aprendizaje de los octetos y los logaritmos. A este cóctel le sumas unos incentivos a los profesores basados en reclamaciones sindicales y no en sus resultados, convirtiendo por el camino a los maestros en funcionarios de prisiones. Súmale emplear medios de comunicación para envilecer a las masas y obtienes el ganado habitual. Si entre ese ganado alguien destaca, la prensa ya se encargará de presentar el caso como un bicho raro, con suerte, ese bicho raro escapará del país en cuanto pueda. También, con algo de suerte, algún animal de bellota que a veces juegue a los videojuegos o a juegos de rol, cometerá un crimen horrible y la tele tendrá carnaza para culpar a los videojuegos o a los juegos de rol, desviando así la atención del origen del problema.

Ah, Finlandia, siempre dando por c*lo a sitios que molan más que Finlandia.
En un país en el que sacar un sobresaliente es motivo de burla, en el que en lugar de acelerar al que se queda atrás, se frena al que va delante, en el que los colegios tienen incentivos para quitarse de en medio a muchas acémilas con aprobados automáticos, en el que hay una pasión desenfrenada por escurrir el bulto; no debe sorprendernos nada el bajo rendimiento educativo, el abandono escolar y los bajos salarios de los profesores. A su vez, no es la escuela el origen de todo mal: hay un montón de cosas que pueden ir mal antes de que un futuro fracaso escolar entre en ella. Es tan conocida como ninguneada la influencia de una mala alimentación en el rendimiento académico. Incluso se conoce cierta correlación entre fracaso escolar y mala alimentación de la madre durante la gestación. Muchos os acordáis de aquellas encuestas antiguas que decían que los negros eran más tontos que los blancos. Hoy sabemos que no es la raza un factor a tener en cuenta, sino las condiciones de vida del chaval, el entorno (aquellas encuestas obviaban que la población negra vivía peor que la blanca. Aquellas encuestas sirvieron a posteriori para relacionar condiciones de vida con resultados académicos). Por tanto, parece que en principio el fracaso del sistema educativo tiene más que ver con los servicios sociales que con las inoperantes conserjerías de educación. Dicho de otro modo, cuanto más bigardo es el chaval, peor arreglo tiene.

En España, la renta mediana de una familia con dos hijos es inferior a la renta media. Esto quiere decir que vivimos en un país pobre con algunas bolsas de riqueza. Quienes controlan la educación manejan un montón de datos, pero desconfío de hasta qué punto perciben las condiciones de almacenamiento y la calidad de origen del producto que manejan. Igualar por abajo no ha dado resultado, puede que sea hora de probar otras cosas.

Challenge accepted.
Hace cuatro años proponía «empezar las clases más tarde, reducir los años de educación obligatoria, eliminar asignaturas, usar a chavales como profesores de complemento para niños tres o cuatro años más pequeños, asegurarse de que con diez años se lee y se escribe, impedir que a la gente la aprueben por la cara, hacer exámenes que hagan pensar de forma creativa, no usar las notas como amenaza, relacionar lo que aprenden con lo que les rodea, no hablar a un niño como si fuera un niño (eso ya lo hacen los otros niños), mover el prime-time a dos horas antes, dividir a los críos en dos grupos, premiar al grupo de "los listos" dejándolos salir dos horas antes que el grupo de "los torpes", no llamar así a los grupos, conseguir un par de horas a la semana para que vean películas de los hermanos Marx y de Billy Wilder, dejar de prohibir la palabra homeschooling, no volver a votar en la vida a quien dijo que la culpa del bajo rendimiento escolar la tenía Franco, no cerrar los colegios hasta las ocho de la tarde y dejar a los niños que mientras tanto usen sus instalaciones,...». Seguramente no sean ideas correctas, pero es que tampoco he escuchado otras ideas mejores. El problema continúa exactamente en el mismo punto. Y no hay debate, como pasa con la energía, con la financiación de la universidad pública, etc. ¿Para qué hablar de esto?

Más:
Referencias:
La historia de Jonás, para niños:



4 comentarios:

spartan 08 octubre, 2013  

Ya sabes que nos pasamos el día hablando de corrupción e identidades nacionales.

Sobre todo en esto último, hay muchos países que nos llevan ventaja, no gastan la mitad de su esfuerzo en discutir sobre un tema respecto al que además nunca se hace nada. Debatir por debatir.

Miguel Angel Velarde 10 octubre, 2013  

La solución no es fácil, porque quienes tienen que ponerla en marcha (los legisladores y su hueste de reconocidos expertos habituales), tienen una idea muy firme y clara, una teoría en la que creen absolutamente. Y si la realidad les da continuas patadas en los hocicos, no puede ser que les falle la teoría (faltaría más). La teoría es perfecta. Debe de ser culpa de la falta de dinero, o de los malvados de turno, o de los padres que no se implican, o de los alienígenas...

Roci 24 enero, 2015  

Si la chavalada aprende ¿dónde quedan los mass media?

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