jueves, 24 de octubre de 2013

Italia y el comienzo de la Leyenda Negra

El lento y desigual pero constante proceso de formación de los estados modernos en Europa va creando imágenes o ideas sobre estos países. Antes de los estados modernos, el concepto de país estaba relacionado con la propiedad del territorio (algunas personas iban incluidas en el territorio. En Castilla, con su extraño feudalismo —multitud de hombres libres—, no era ni de lejos la norma), cuando no con una mera designación geográfica. Así, le preguntas a un ignorante campesino estándar del siglo XII y todo el ámbito de referencia que puede abarcar se ceñirá a su parroquia. Ese es todo el país que conoce, su patria. Ahí está el campanario, ahí guarda las gallinas y en ese riachuelo ahogó a un hijo que le respondió mal una vez.


En Italia lo que entendemos como Renacimiento aparece de forma temprana respecto a otros lugares de Europa. Allí será por lo tanto donde aparezcan las primeras impresiones sobre cómo son las gentes de otros lugares. No hablo de meros estereotipos, sino de relatos explicativos completos sobre el carácter de las gentes y cómo se diferencian de los paisanos del lugar. Claro, en este mundo medieval particularista, uno no habla del extranjero para adularlo, sino más bien al contrario. Así tenemos las primeras impresiones sobre los extranjeros en Italia, que son, cómo no, los españoles.

¿A quiénes conocían más los italianos? Pues a esa gente tan simpática como echada al monte que llegó a Cerdeña, Sicilia y Nápoles, las conquistó a sangre y fuego y pasó a dominar esos reinos. La inquina que los italianos tenían de los aragoneses se extendió para cualquier tipo que llegara de España. Las vueltas que da la vida. Con la de esfuerzos que se toman algunos para tratar de separar la historia castellana de la aragonesa, resulta que la mala fama de España tiene su origen en las tropelías de la Corona de Aragón y en la ignorancia de los primeros humanistas italianos. Hablo de ignorancia de estos humanistas pues la expansión de la Corona de Aragón no tuvo motivaciones políticas (esa interpretación triunfará posteriormente). Al contrario, los célebres almogávares eran tenidos en tanta estima como los turcos. «Vil estirpe de mercenarios y traidores», dirá Petrarca. En la Comedia del arte, a los tradicionales papeles de arlequines y polichinelas, se les unirá el del capitán español, en el mismo tono burlesco y satírico.

Alejandro VI
Con media Italia bajo dominio aragonés, las pujantes ciudades del norte poco tienen que hacer ante la "injusta" competición comercial de valencianos y barceloneses. Como por las armas no pueden ganar, Génova, Venecia, Florencia y otras ciudades son empujadas a competir por la vía del comercio. No es casualidad que la doble anotación en contabilidad y las letras de cambio surjan en estas ciudades. Tampoco es casualidad que ellos inauguren el mito de la "furia española". "Furia española" venía a significar que los aragoneses, principalmente catalanes, solamente tenían el ímpetu de las armas a su favor, pero nada en la mollera. Es curioso cómo hoy millones de españoles asumen el concepto de "furia española" para animar al equipo de fútbol nacional.

Así, comienza a perfilarse la idea de la valentía española y su destreza con las armas, frente al refinamiento de las viejas ciudades italianas, herederas de la civilización romana, que como todo el mundo sabe, en Hispania, perdón, España, no dejó huella. Con esto, se opondrá el valor y la inteligencia italiana a la gallardía con pocas luces de los españoles. Estas imágenes son ya utilizadas contra los españoles durante los papados de la familia Borja. A la muerte de cada Papa Borja (Calixto III en 1492 y Alejandro VI en 1503), los españoles son perseguidos en Roma al grito de "catalanes" y "marranos". "Catalán" era el apelativo con que los italianos se referían a todos los españoles y "marrano" está relacionado con la tolerancia con que se trató a los judíos en España y con la numerosa práctica musulmana en el sur. Este factor de mezcla racial y religiosa será determinante en la imagen posterior de España y los españoles. Para los humanistas europeos, los españoles empezamos a ser descritos como de "color español", esto es, oliváceo, debido a nuestra "impureza". Que esto tenga poco que ver con la realidad no obsta para el triunfo del relato, que será utilizado con fruición en siglos posteriores.

Durante todo el siglo XVI Italia será uno de los campos de batalla europeos en el que la siempre fracasada Francia, España y los estados alemanes, pelearán por este o aquel ducado o reino. No sorprende en absoluto la fijación renacentista italiana con las obras clásicas de la Antigüedad. Ante la desunión italiana y su poca fortuna con las armas (¿cuándo ganó Italia una guerra?), sólo les quedaba apelar a un pasado glorioso. Los grandes artistas italianos del Renacimiento patrimonializan ese pasado de esplendor que sin embargo comparten con toda Europa occidental. No se consuela quien no quiere.

Hay que decir que Italia contó con apologistas de España como Tomás Campanella.
No sorprende que esta imagen del español impuro y burro sea utilizada posteriormente en el resto de Europa (cosa de la que hablaré en otra ocasión), lo que sí puede sorprender es que renazca con el Risorgimento. La explicación que los arbitristas italianos dan al atraso del sur de la bota está relacionada con la presencia española durante tantos siglos.

Lo que no cuentan es que los principales deudores de esta parte de la (proto-)Leyenda Negra eran las clases pudientes italianas, cuyos privilegios fueron constantemente enfrentados a unos tribunales de justicia compuestos por extranjeros que no debían favores a nadie. Tampoco cuentan cómo se protegió la costa italiana de una conquista cantada de los otomanos. Ni como, las más de las veces, italianos y españoles levantaron juntos hermosos edificios, defendieron la misma religión y acabaron comiendo en mesas con mantel y pan sin que te lo cobren aparte. Ah, los mitos fundacionales.



1 comentarios:

Teseo 25 octubre, 2013  

¡Los italianos ganan todas las guerras que pierden!

Jeremy Irons es el Papa.

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