jueves, 25 de julio de 2013

Para qué sirve la cultura

Sigamos dando vueltas en torno a eso de lo que tanto oímos hablar pero que nadie tiene muy claro qué diablos es: la cultura. Antes de llegar a la época en que los hombres que no hacían trabajo manual se vestían con medias y tacones (costumbre después imitada por las mujeres de alta alcurnia, hasta acabar siendo en nuestros días común atuendo de meretrices), la cultura era el conocimiento que un niño o un salvaje adquiría de los cultos. Conocimiento tecnológico y costumbre. El niño aprende en la iglesia las cuatro cuentas, escribe y lee su nombre, conoce las historias de la Biblia y sabe cuál es la época de siega y siembra. Esa fue durante muchos siglos la cultura de una persona. Así también tenemos el culto a Dios, que es el cuidado que recibe Dios, el culto al cuerpo que es el cuidado del cuerpo, el culto al campo, (cultivo) que es el cuidado del campo o agricultura. En definitiva, cultura siempre fue sinónimo de cuidado, adorno o refinamiento de cosas.

Campo culto.
Ah, pero unos tipos se pusieron medias, tacones y pelucas empolvadas y comenzaron a hacer una distinción en las cosas. Si por un lado era tradicional escribir sobre las vidas de los artistas, pasó a escribirse sobre la historia del arte. Los libros que relataban vida y obra de pensadores, pasaron a ser libros sobre la historia del pensamiento. De pronto arte y pensamiento eran en sí mismos algo. No es que Fulanito y Menganito hicieran esto y aquello, sino que lo hecho por Fulanito y Menganito adquiría una suerte de vida propia, un relato, una historia.

El hombre que no es salvaje, el adulto mental, se separa de la naturaleza porque le envuelve una historia del arte y del pensamiento. A comienzos del XIX será un tal Fichte el primero en nombrar ese envoltorio metafísico como Kultur, en cristiano, cultura. Esta cultura ya no es la que adquiere una persona (conocimiento aprendido de usos e ideas), esta cultura es una cosa distinta, pues es común a los hombres de un tiempo y preexistente a ellos. Naces en un sitio y te rodea una cultura, algo como un éter. Vivir en la cultura es, según el alemán, el fin último de la humanidad. Y la humanidad, para culturizarse y dejar atrás el salvajismo, no puede realizarse sin un estado. Por tanto, el estado lo que tiene que hacer, es cultura.

Claro, frente a la cultura están los salvajes, estos han de ser culturizados para que así por fin, la humanidad entera sea una «república de pueblos cultos». Tampoco sabemos en este punto lo que es un pueblo, pero esto da igual. La cultura importante es la europea, pues son los europeos los que encuentran a salvajes y los culturizan (cultivan, adornan, refinan, dan forma). Y dentro de la cultura europea, la cultura alemana es la más preciosa de ellas, pues el cristianismo germano fue el que mediante Lutero dotó de libertad al hombre.

Que a nadie sorprenda que en lo expuesto hasta ahora no haya nada que se pueda tocar con las manos. Es bien sabido que para algunos sólo la Fe salva. Otros pensamos que la Fe, si no viene acompañada de acciones, no te salvará. Pero no me quiero desviar del tema. Sigamos con los herejes que crean una función antes nunca vista del estado: la función cultural.


Aparece Hegel con su Filosofía de la Historia (es decir, presentando a la historia como un sujeto que tiene una filosofía susceptible de ser relatada, cosas veredes) en la que sostiene que el fin universal de la cultura viene dado por el «espíritu del pueblo». Este espíritu del pueblo se plasma a través de la acción del estado en una cultura nacional. Pregunta: ¿qué ocurre cuando tu cultura nacional tiene que culturizar a toda la humanidad? Respuesta: sangre, sudor y lágrimas.

Hago otra parada en este rápido e impreciso viaje por el idealismo alemán. ¿A que no hay ningún autor que diga que la cultura de su pueblo es mediocre? Apuesto pincho de tortilla y caña a que nadie me enseña un culturólogo que diga que la cultura de su estado (o de su pueblo) es mediocre y que desea que otra cultura lo culturice. Es decir, nadie se reconoce a sí mismo como salvaje, y sin embargo, todo el mundo cree estar en el estadio superior de la cultura. Este imposible metafísico es de cajón: si todo es guay, no hay nada que no sea guay. Aquí nos reímos, pero ojo que estas payasadas han causado más muertes que muchas enfermedades. Aún hoy millones de personas viven aplastadas por la idea metafísica de cultura. Continúo.

Objeto de la cultura

¿Cuál es el fin de la cultura? Se dijo antes que el fin de toda cultura de estado es culturizar a la humanidad. En un mundo en el que ya no hay salvajes, sucede que los únicos que "no son cultos" pertenecen a "otras culturas". Culturizar a alguien con (otra) cultura requiere el uso de las armas (o de películas malísimas). Aparecen resistencias y entonces se decide que hay que "terminar de culturizar" a tu propio pueblo (pueblo sin metafísica: ciudadanos bajo un mando político común con capacidad de defensa y reconocidos por otros pueblos de similares características).

Alcalá 34. Ministerio de Cultura.
En el caso de las naciones políticas, el fin de la cultura de estado es preservar frente a amenazas del exterior la "cultura propia del pueblo". Poca diferencia hay en el caso de las naciones étnicas (o lingüísticas), en las que el fin de su cultura es acceder a una dignidad superior que sólo será alcanzada si otras culturas la reconocen como a un igual. Digo que hay poca diferencia porque los medios son los mismos, pero teleológicamente el camino será más largo. ¿Existe la posibilidad de que se quede por el camino una cultura étnica o lingüística? Sí, claro. De hecho, históricamente es la norma (cada vez hay más estados pero menos "culturas nacionales" diferentes).

«La nación es la comunidad de cultura propia de un pueblo que está jurídicamente unido en virtud de un poder público que se ejerce en un determinado territorio y que está delimitado precisamente por un "lazo cultural"».
Karl Renner
Nótese en la cita de Renner cómo el lazo cultural es lo que une a la comunidad de cultura. Dramatización:
Cinta de Moebius.

—Jaimito, ¿qué le ha pasado al jarrón?
—Estaba así cuando llegué.

Cuando una nación política preserva su cultura (es decir, cuando preserva eso que nadie sabe qué es), no lo hace contra nadie (en principio no se mete con otras culturas de su mismo status político). Ahora bien, una nación étnica siempre tiene el comodín de tratar de elevar su cultura frente a la cultura dominante u oficial. Es el caso kurdo, por ejemplo: los kurdos reivindican su cultura frente a las culturas turca y árabe (sea la árabe siria o iraquí). Existen también naciones étnicas que tienen autonomía política y que no por ello dejan de reivindicar su cultura frente a la dominante. Lo corriente en este caso es que se haga por medios pacíficos (Quebec).

Se da el curiosísimo caso de que en ocasiones son agentes externos los que reivindican la elevación de una cultura: ahí tenemos a ONG preocupadísmas por las tribus neoguineanas que viven en la edad de piedra en nuestros días. Existe una idea difusa y extraña por encima de la idea de cultura que sostiene que todas las culturas deben ser elevadas ya que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. Henos aquí ante otro imposible metafísico: si un rasgo cultural dice que comer personas está feo y otro dice que no lo está, ¿cómo diablos pueden elevarse esas dos culturas al mismo tiempo?

Cultura como objeto de la política

Es relativamente reciente la idea de cultura como fin político del estado. A partir de la Kulturkampf de Bismarck, en las nuevas constituciones sí aparecerá la "tutela y promoción cultural" en buena parte de los textos constituyentes de todo el mundo. Los ministerios de cultura más antiguos no sé si llegarán a cumplir un siglo. Esto es importante tenerlo presente, pues en el proceso de reivindicación de la cultura étnica se suele argumentar que la cultura dominante avasalla malévolamente al resto de culturas (lenguas) del territorio desde tiempos inmemoriales. Este anacronismo es de primaria, pero es ampliamente aceptado como algo real.

El triunfo de la democracia puede verse como responsable del éxito popular de esta idea extraña de cultura. Pero esta vulgarización de la metafísica idealista no la podemos achacar en exclusiva al triunfo de la democracia. Así, tanto en la URSS como en la Italia fascista (por poner ejemplos de cosas que no son la democracia que conocemos) el objetivo del estado era en gran parte cultural (Libro e moschetto, fascista perfetto fue un célebre lema fascista. El Proletkult soviético fue el esfuerzo soviético por culturizar al nuevo hombre soviético). Por lo tanto vemos hace casi un siglo cómo la cultura ya está plenamente incorporada a la función del estado.

El Viso, Córdoba. Ahí está la cultura, lo pone en el cartel.
Ningún estado actual (de los últimos 90 años, para no pillarme los dedos) es independiente de la política. Los gobiernos tecnócratas también hacen política. Todo estado pone cierta ideología a funcionar a toda pastilla. Todos los días, a todas horas, en todo lo que toca (os recuerdo que desde que existe imperio de la ley, el estado llega a todos los rincones). Así, el estado (o la nación del tipo que sea) usa la cultura para dignificarla y dignificarse a sí mismo. Para hacer que la gente le compre su producto, lo que hace es identificar al pueblo con la cultura del estado. Esta identificación se conoce como «identidad cultural».

Identidad cultural 

La identidad personal identifica a una persona, la identidad cultural identifica a una cultura. Hay lugares del mundo que tienen periódicos de gran formato (broadsheet), esto pasa a ser parte de la "identidad cultural" del lugar (en EEUU por ejemplo). Nadie dice que esos periódicos son grandes porque hace tiempo hubo un impuesto al número de páginas. También las famosas casas apelotonadas del Reino Unido pasan a formar parte de la "identidad cultural británica", y nadie se acuerda de que esas casas se hicieron así porque había un impuesto especial al número de ventanas.


Hoy ya no existen esas condiciones originarias pero se sieguen publicando periódicos en ese formato y construyendo casas con esa disposición. Algo de origen perfectamente datable y con causa conocida, pasa a formar parte de algo que está por encima de lo real.

Lo bochornosamente sorprendente del asunto es que vayas donde vayas, siempre te encuentras con la identidad cultural del lugar. Algo que la gente da por hecho que se entiende lo que es, pero nadie sabe definir.

Nos acercamos a la definición de identidad cultural si convenimos en que ese o aquel rasgo identitario se pierde en la noche de los tiempos. Que algo sea antiguo da pátina de identidad a la cosa. Paradójicamente vemos cómo las primeras manifestaciones de la inteligencia del hombre no coinciden con las fronteras políticas actuales. El cavernícola levantaba el mismo dolmen aquí que en Francia. Ah, entonces el dolmen ya no es identidad cultural. Que durante dos mil años se haya rezado al mismo dios aquí que en París, tampoco sirve como identificación. Entonces, de forma totalmente arbitraria se busca y se insiste en lo que actualmente nos diferencia. Descartando por el camino aquello que nos hace iguales. Se trata de acentuar la diferencia.


En este sentido, los libros de texto de los niños son maravillosos. Si coges lo que estudia un parisino de 12 años y lo que estudia un sevillano de 12 años en la clase de historia, se ve que la historia universal es tratada de forma diferente, cogiendo de aquí y de allá lo que interesa a los fines de la cultura estatal para fortalecer la identidad cultural. En el caso de España (país que trato de evitar poner de ejemplo porque el personal se me desvía de lo que quiero decir), al existir naciones lingüísticas con competencias políticas, las diferencias dentro del mismo país son exageradas y aquello que nos une es tratado al margen. Nuevamente aquí no se trata de echar la culpa a nadie. Esto que se ve muy bien en la educación reglada pasa a todos los niveles. 


Se produce pues un choque entre distintas identidades culturales (o entre distintas cosas arbitrarias que no sabemos definir). Este choque es más agudo si por medio hay idiomas diferentes (la cultura nacional lingüística es más identificable por estos lares. Pero en Oriente Medio es la cultura nacional religiosa la más identificable). El caso es que todavía no conozco a nadie que se haya muerto por aprender varios idiomas. Tampoco existe en medicina ejemplos de límite del número de idiomas que alguien puede aprender. Hay gente de Portugalete que aprende ruso y no por ello pasa a ser ruso. Ah, pero el bombardeo continuo de la identidad cultural es tal que la gente toma por verdades lo que son espejismos. Estos espejismos surgen de la mente de personas con nombre y apellidos, cuyas idas de olla son perfectamente localizables en tiempo y espacio.

Todo padre de la patria de una nación étnica, apela a un origen mítico de su pueblo. O mitifica el momento matricial de su supuesta emancipación. Así tenemos por ejemplo la mitificación de la resistencia cántabra ("vascona") frente a los romanos (como si en Soria nadie se hubiera resistido a los romanos), la mitificación de 1714 (como si no respondiera a intereses logísticos del Archiduque desembarcar en Barcelona en lugar de en Málaga) o la mitificación de celtas y suevos en Galicia.

La repetición constante de estos sintagmas —sentimiento nacional, identidad cultural, Volkgeist (espíritu del pueblo)— que sirvieron a Alemania para constituirse en una nación política unida, sirven hoy a intereses políticos de la élite señalada que, debido a su poco conocimiento de las cosas del mundo es capaz de los mayores orgasmos idealistas y de los batiburrillos metafísicos más retorcidos. Verbigracia:
  • La cultura catalana ha desarrollado, en el transcurso de los siglos, una identidad singular y universal. (Fuente).
  • Toda creación tiene sus orígenes en las tradiciones culturales, pero se desarrolla plenamente en contacto con otras culturas. (Fuente).
  • La comprensión de nuestro patrimonio cultural común, basado en los encuentros interculturales e intercambio de ideas que han tenido lugar en Europa durante siglos, contribuye a nuestro bienestar común. Ofrece una visión de las diversas sociedades de hoy en día y nos muestra lo que puede lograrse cuando las culturas se encuentran y se inspiran mutuamente. (Fuente).
  • Las civilizaciones son realidades culturales y no políticas porque no mantienen el orden, ni imparten justicia, ni recaudan impuestos, ni sostienen guerras, ni negocian tratados, por tanto una civilización puede contener más de una unidad política. (Fuente).
La diferencia entre la política cultural catalana, la española, la de la UE, la de la UNESCO o la musulmana está íntimamente relacionada con la capacidad de cada esfera política. Así, la cultura catalana se enfrenta a la española. La española por mandato constitucional pasa a ser una entelequia administrativa de subvenciones a arribistas y cuidado del patrimonio. La musulmana habla en términos imperiales (por tanto se enfrenta a Estados Unidos que es hoy el imperio) y la de la UNESCO dice que todas las culturas valen lo mismo.


Cada identidad cultural muestra así sus carencias, su debilidad. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces (¿se dice así?). Todo órgano político establece agendas culturales y dedica ingentes recursos a producir "cultura". Por esta cultura de mandato, de señalamiento, el hombre encuentra su identidad con sus vecinos. Su identidad cultural. La gente sale del cine o del teatro igual que antes salía del confesionario. El hombre, que para los bocazas de la política cultural debe de ser medio tonto, se completa y se autorrealiza formando parte de una tradición milenaria inventada (o como poco, arbitraria: el nacionalismo canario no reivindica vivir como en la Castilla del siglo XV, sino a los guanches, cosa inexplicable) y asistiendo a eventos y lugares consagrados por la religión laica para la salvación de su alma.

El misterio de las chiribiritas:




7 comentarios:

Pablo 25 julio, 2013  

Cuando titulo «Para qué sirve la cultura», doy a entender que sé qué es la cultura. Y no. Sin ponerle apellidos, la cultura no sé qué es.

Habrá más sobre el tema.

Teseo 26 julio, 2013  

Damos vueltas "en torno a" eso. Entorno=ambiente, creo.

¿Qué tiene de malo ser un salvaje y vivir en el campo rodeado de cabras? ¿Por qué tienen que venir a culturizarme unos boches peludos? O mejor, ¿por qué tienen que venir los de la ONU a conservarme?

Las piedras de Ica son auténticas. Son piedras.

Pablo 26 julio, 2013  

Pronto la RAE me dará la razón.

Los boches te tienen que cultivar para salvar tu alma. La ONU tiene que conservar tu salvajismo también para salvar tu alma.

No hay escapatoria.

Teseo 26 julio, 2013  

Ya se que es y pa que sirve la cultura. Sirve pa abonar los campos.

Pablo 26 julio, 2013  

No, la cultura aparece después de que hayas abonado el campo.

Si dices que hay cultura en un campo agreste, reconoces que Dios hace cultura. ¿Es la Creación un acto cultural? Buf.

Teseo 26 julio, 2013  

Si, también hay cultura en un campo agreste. Lo abonan las hormigas, los cadáveres en descomposición, las bacterias del humus y las lombrices de tierra. Dios no se mete para nada en el negocio.

Pablo 27 julio, 2013  

Hormiga, cadaver y bacteria no tienen magín. La naturaleza es naturaleza porque no tiene inteligencia.

La naturaleza te mata, pero solo la inteligencia sabe que has muerto.

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