miércoles, 12 de junio de 2013

Un Alfred Bosch fácil

Hay que reconocerle a Alfred Bosch un punto argumentativo a su favor. Este diputado se pregunta cómo es posible que no les dejen hacer una consulta por la independencia si los partidos políticos independentistas pueden ser votados en las elecciones. Claro que esta contradicción tiene una solución que el señor Bosch no contempla: prohibir los partidos que propugnan la secesión de un cacho del país.

Alfred Bosch
Como hacer esto sería un drama, lo que la ley establece es que un referéndum para la creación de dos o más países en lo que ahora es España es posible. Muy difícil, pero posible. Esto es lo que los independentistas no cuentan a los periodistas extranjeros que les entrevistan. La ley española tiene los medios legales para hacer desaparecer el Reino de España. Por esta misma razón, es engañoso decir que unos españoles se sienten oprimidos por España porque no les dejan hacer dos países nuevos (el suyo, a su medida, y el que nos queda al resto de españoles y a los españoles que se encuentren, de la noche a la mañana, secuestrados en territorio hostil ese primer día de la independencia). Así, el mantra tantas veces repetido que en España relaciona independentismo con libertad, es una manipulación del concepto de libertad (política). Sí es cierto que hay muchos ejemplos de luchas secesionistas relacionadas con la libertad, por ejemplo, Finlandia en 1917. Pero el hecho de que en Cataluña los españoles tengan los mismos derechos y obligaciones que en Murcia, hace que no sea este el caso de una romántica lucha por la libertad. Atendiendo a nuestra historia, se diría que se trata más bien del clásico tirar de la cuerda de unos caciques locales. La historia moderna de España siempre ha experimentado esa dialéctica centro-periferia. Una dialéctica que entre otras cosas responde a la extraña forma en que se distribuye la población por el territorio.

Se dice que hay un tira y afloja entre los malvados jacobinos amantes de las diputaciones provinciales, y los aguerridos defensores de la libertad de prohibir a un paisano rotular su comercio como le dé la gana. Sí es cierto que en los últimos meses, tras aparecer mucha gente llorando en varias de las televisiones públicas regionales de Cataluña, las encuestas de opinión son cada vez más favorables a establecer los pasos necesarios para sentar el ámbito de comprensión de una consulta sobre la posibilidad de hacer, en un futuro indeterminado, un referéndum no vinculante en el que se indague, siempre desde el cariño, la capacidad o no de los catalanes para organizar, llegado el caso, una consulta sobre la potestad, desde el ámbito del autogobierno que les otorga el opresor gobierno fascista de España, de formular una pregunta que no sea una pregunta, pero a la vez requiera una respuesta cuyo fin apunta a cambiar el número de estados miembros de la Unión Europea. Claro que si hablamos de encuestas de opinión catalanas, habría que decir que nuestros paisanos son muy dados a responder sondeos, pero luego en no ir a votar sobre su autogobierno, sólo les superamos los gallegos. ¿Qué quiero decir con esto? Que los sondeos tienen un alcance limitado.

Esto no ocurrió nunca.
Dice el señor Bosch, que las carencias democráticas son un impulso para la creación de nuevos países, como sucedió con las repúblicas bálticas. Nuevamente cuenta la historia como le conviene. Si hay que hablar de déficits democráticos, podemos apuntar detalles curiosos como que la prensa subvencionada por el gobierno regional catalán, publicara en comandita el mismo editorial. Sin duda un ejercicio de libertad y de protección del derecho a la información. O cómo en un programa de la tele pública regional catalana, unos tipos disparaban a fotos puestas en dianas. Cosas normalísimas, oiga, que sin embargo evidencian taras democráticas en algún sitio.

Termina el señor Bosch aludiendo a la factura española que pagan los catalanes. Ese tema ya se me escapa, igual que se escaparon de Galicia miles de paisanos para ir a trabajar en la industria catalana durante buena parte del siglo pasado. Para ir a trabajar, casarse, formar familias, etc. Es decir, para acabar contribuyendo al desarrollo económico catalán al que alude el diputado. Pasar por alto el hecho de que el crecimiento económico de cualquier lugar se fundamenta —entre otros factores— en un flujo migratorio con saldo positivo. Y que en el caso catalán, este flujo migratorio viene del resto de España, es un detallito no menor que el señor Bosch no nos cuenta, ya sea por ignorancia (que lo dudo) o por maldad (alejar a la gente de la verdad es una definición válida para el mal).

Que sí, que obligar a la gente a formar parte de un país está feo, pero que tampoco todo vale, hombre.

Más:
  • Colón, miembro de «la familia real catalana». En versión paquete turístico. En versión grafólogo. Y en versión chiringuito. Ah, y no olvidéis que los Pinzones y el marino de Santoña, Juan de la Cosa, hablaban catalán.
  • Cervantes también era catalán. Al menos así lo dice el libro «Gais i lesbianes de la història de Catalunya».
  • El oscense Miguel Servet también era catalán. Por si hay dudas, aquí nos explican que nació en una población catalana «de administración aragonesa».
  • Leonardo da Vinci resulta que también fue catalán.
  • Lucrecia Borgia, hija del célebre Alejandro VI, nacido en Játiva, hablaba catalán. Es más, en la Roma del XIV se hablaba catalán. (Nótese cómo el hablar en catalán ya caracteriza al personaje. Esto es algo muy curioso que sólo ocurre de forma muy reciente en Europa, donde afortunadamente el concepto de «grupo étnico» está cayendo en desuso. En la India o China, si un idioma definiera a una persona, se volverían locos).
  • El reino más rico de Europa en el siglo XV resulta que era el más pobre. Es decir, lo del comercio con lana por toda Europa y lo de  enviar embajadas a Moscovia, a Nóvgorod y a la Horda son invenciones muy curradas.
  • En serio, ¿qué hay que hacer para fundar un instituto fomenkiano de historia? Yo también quiero jugar a esto, parece divertido.


4 comentarios:

Enrique 13 junio, 2013  

"Esto es lo que los independentistas no cuentan a los periodistas extranjeros que les entrevistan."

Mejor dicho, eso es lo que no cuentan a los periodistas extranjeros a los que PAGAN para que les entrevisten.

Obsérvese la desfachatez del asunto. Por una parte, la deriva independentista importa entre poco y nada fuera de las fronteras. Ellos saben que esa publicidad únicamente hace un efecto negativo en el conjunto de España, dejándonos a la altura del betún (opresores, corruptos, vagos...).

Por otra parte, buscan el camino más extremadamente complicado a la independencia. Quieren hacer un referéndum, aunque sea ilegal, pero tampoco ponen ni fecha. Quieren adquirir más competencias pero no proponen nada a otras autonomías, sólo valen reuniones bilaterales con el Gobierno. Quieren independencia pero ni hablan de condiciones, ni contemplan los mecanismos legales que existen para conseguirla. Es decir, ellos mismos buscan el camino imposible. Pero, ¿y si da la casualidad que al final lo consiguen? Pues entonces piden también Valencia, Baleares y Aragón, con una población abiertamente en contra.

En resumen, esta gente trata de perjudicar a España con el objetivo de mantener sus escaños en las instituciones de España. Ellos toman decisiones completamente perjudiciales, incluso para la propia Cataluña, buscando que alguien les diga "no" o les critique por ello. En cuanto eso ocurre, consiguen más votos.

Teseo 13 junio, 2013  

Leonardo y Lucrecia eran mexicanos como se deduce de su acento. La tele nunca miente.

Je, que pillines, se quedan siempre con los buenos. El Conde Drácula también era catalán.

Pablo 14 junio, 2013  

Tampoco veo que se mueva mucha gente para defender una posición contraria. En Cataluña, Albert Rivera. En Madrid, ¿Rosa Díez?

Si acaban ganando será por incomparecencia del contrario. Creo que existe la idea de que llegado el caso los tribunales acabarán por ponerlo todo en su sitio. Pero eso es lamentable: porque aquí también intervienen ideas y debería existir un debate.

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