jueves, 18 de abril de 2013

Sobre la extraña caída de Roma

La alta edad media está de moda oficialmente. Esto se lo debemos a la popularidad de series dirigidas al gran público como Juego de Tronos o Vikings. Ya, ya sé que Juego de Tronos es fantasía épica, pero con permiso de Yo, Claudio y la guerra de las Rosas, no deja de describir un cierto mundo medieval.

El caso es que la edad media y en concreto la alta edad media, es el periodo de la historia que peor conocemos. El problema de la datación nos lleva a tener que definir las etapas históricas de diferente forma para cada lugar. Así, la antigüedad tardía o el bajo imperio romano se superponen a la edad media en según qué lugares. La idea de distinguir la Edad Media de la Época Cásica responde a humanistas del Renacimiento. Hoy tenemos un poco más de perspectiva que ellos y aunque para entendernos seguimos usando las mismas palabras, su significado ya no debe ser el mismo.


Caída de Roma

Por ejemplo, cuando se habla de la caída del Imperio Romano. Es dificil afirmar que el Imperio de Occidente cayó con Odoacro. Decir que en el siglo V el Imperio Occidental vivía una crisis económica del copón o que la gente estaba envenenada por plomo, no resiste un mínimo análisis historiográfico. Sabemos que a finales del siglo V en Roma seguía habiendo espectáculos públicos, se habla del funcionamiento del Senado hasta bien entrado el siglo VII. Las reformas institucioinales fueron paulatinas, escalonadas, suaves. De haber crisis en el Imperio, ésta parece que fue en el siglo III.


Los pueblos bárbaros —que llamamos bárbaros por distinguirlos de los romanos, no por pensar en Red Sonja— no fueron nunca un gran reto militar para Roma. Es más, para el bárbaro de a pie, hacer carrera en el ejército romano era un buen chollo: comer caliente y de forma regular, jubilarte con una pensión (pensión en forma de huerta), digamos que no era un mal plan. Muchos líderes bárbaros contraen matrimonio con herederas de familias nobles romanas. Tenemos grandes ejemplos de bárbaros que fueron más romanos que los propios romanos. Así Estilicón o Ricimero fueron generalísimos de los ejércitos sin que muchos se atrevieran a toserles.

Frente a los historiadores alemanes de hace cien años (ya sabéis: las civilizaciones son como organismos vivos: nacen, crecen, decaen y mueren), yo coincido bastante con la explicación actual que se da de la caída de Roma: una agregación de muchos factores distintos que van desde mejoras tecnológicas en competidores (¡el estribo!) hasta razones económicas (los patricios dejaron de pagar impuestos). Sin embargo, si tengo que elegir una causa muy repetida que a mi me produce muchas dudas, ésa es la militar.

Al final del siglo IV, en la batalla de Adrianópolis, la derrota del Imperio Oriental parece abocar a la caída del Imperio Romano de Oriente. La paradoja es que esta derrota afectó más a Occidente que a Oriente. La reconstrucción del ejército regular ya no podría hacerse sin incluir a bárbaros. Bárbaros que se meaban por vivir como los romanos, que educaban a sus hijos en latín y que querían comerciar y vivir en paz, a salvo, dentro de la civilización. ¿Por qué digo esto? Porque la alternativa para los godos era verse a la intemperie aguantando a hunos y magiares, que esos sí que eran como para darles de comer aparte. Es decir, si un bárbaro te señala a un fulano y te dice «ése sí es un bárbaro», acéptalo en tu aldea.


Las legiones romanas desaparecen a comienzos del V y son sustituidas por lo que llamaríamos hoy la Legión Extranjera. En Hispania dejan pasar a los suevos, a Britania directamente la abandonan a su suerte, en las Galias cada caudillo con ínfulas quiere hacerse emperador. En la capital, Rávena (rodeada de pantanos, amurallada y con sólo un camino que la alcanza), el de emperador es un cargo testimonial, dependiente de que le reconozca o no el emperador de Oriente (es decir, en cierto modo vasallo de Constantinopla).

Estro pinta muy mal. Todo parece indicar decadencia, tristeza, tonos grises. Nada más lejos de la realidad. Como apunté antes, en Roma seguían abiertos los teatros y las discotecas. Que sí, que Alarico la saquea, pero poco después vuelve a su actividad normal. No podemos afirmar que ante el impulso godo, Roma vaya extinguiéndose. A mediados del V, el emperador Mayoriano —oficial veterano, compañero del magister militum Ricimero, es más, coronado por éste—, emprende una serie de campañas militares que puso los huevos de corbata a todo líder bárbaro conocido. Ah, y sin pisar jamás Roma.

Mayoriano, Roma vincit

Cuando en una tienda de campaña, el estado mayor del ejército del norte que vigilaba los movimientos de Avito (general galorromano autoproclamado emperador) nombra emperador a Mayoriano, éste en lugar de irse a Rávena a pasarlo pipa, decide tomar la iniciativa en batalla. Yo me lo imagino como una especie de general Patton, repartiendo collejas en el campamento y poniendo a andar a tropas bisoñas y quejicas.


Que si hay noticias de vándalos desembarcando en la Campania, allá va a empujarlos al mar. Crea dos armadas, una para el Adriático y otra para el Tirreno. Sube a la Galia y marca unos cuantos goles a Teodorico: hace que le devuelva Hispania y los mete en vereda en su territorio de la Septimania. Después les baja los humos a los burgundios, en Dalmacia convence al dictador Marcelino de jurarle lealtad o en caso contrario enseñarle una mano llena de dedos. En Lugo manda callar un poquito a los suevos, en Zaragoza organiza un adventus (un triunfo), después baja a Cartagena y manda construir una nueva armada para ir a por los vándalos de Cartago...


A ver, Mayoriano acabó mal (su ex-compi Ricimero le cortó la cabeza), pero lo que demuestra su impresionante historia es que esa decadencia romana de la que tanto oímos hablar responde más a la fantasía que a la realidad. No podía existir una superioridad militar de las tribus (nationis) germanas, cuando un general más o menos competente se las podía cargar a todas a la vez. Además, no hablamos de un emperador únicamente preocupado por la cuestión militar, Mayoriano emprendió reformas legales y económicas que comprenden multitud de temas: herencias, adulterio, derecho ciudadano a portar armas, reforma municipal, fraude fiscal, corrupción, obras públicas...

Ojo, que hablamos de circa 460. ¿Cuándo te dijeron en el cole que se había caído el Imperio Romano de Occidente? Pues eso.

Roma cayó pero no cayó


Es cierto que a principios del siglo VI, por mucho que un rey de Italia se llamara a sí mismo emperador, no era emperador de verdad. Roma perdió la unidad política y es en esta pérdida de unidad política cuando comienza la Edad Media. Aunque aquí habría que aclarar algo: en el siglo VI Constantinopla retoma el control de buena parte de Occidente. Después de este impass, tarda poco en surgir un poder político tendiente a la unidad romana: ahí está la dinastía merovingia y lo que sería el reino de los francos que acabaría dando lugar al imperio carolingio.

El caso es que de lo universal se pasa a lo particular. Aquellos viejos patricios que cobraban rentas en sus villas, dejan la ciudad y van personalmente a vivir a sus villas (deja de haber un fisco al que pagar impuestos). Aquella Legión Extranjera romana pasa a ser la única autoridad en muchos lugares de Europa y bajo el mando de un dux, en un mundo empequeñecido, poco tarda la gente en hacer hereditarios los oficios. En este caso, también el oficio de dux.

Así aparecen caudillos, reyezuelos, jefes y demás. Los textos conciliares —probablemente los mejores documentados—, nos hablan de la preocupación de las autoridades por unificar ritos de la liturgia cristiana en tota latinitas. También nos llega la idea de una gens latina. Hablo de aportes o ideas que apuntan a la pervivencia de una cierta idea de Roma o del Imperio. Cimientos sobre los que se va construyendo Iglesia, depositaria del conocimiento clásico y foco de creación de nuevo conocimiento.


El reino de los francos —de los Pirineos hasta la frontera del Imperio de Oriente— pasa a identificarse con la idea de Cristiandad. Es más, hasta vive sus propios problemas con los bárbaros en los limes: ahí están los daneses y suecos tocándoles la moral. El caso es que aún sin estar dentro del imperio, la igualdad del rito romano y el intercambio entre monasterios, va creando el poso de pertenencia a la Cristiandad y a Occidente. Los cristianos que no siguen el rito romano, no acaban de ser cristianos y los paganos que viven en occidente, tampoco es que sean muy occidentales. Se trata de buscar una unidad dentro de un mundo dividido. Se trata del descubrimiento de las parejas de pagano/bárbaro y cristiano/civilizado. Este conflicto fundamental es el que tienen los normandos al enfrentarse a los anglosajones y el que tienen los españoles al enfrentarse al moro. Hechos que marcan el fin de la etapa formativa de los reinos que comúnmente entendemos como medievales y por lo tanto el adiós a la alta edad media.

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8 comentarios:

Teseo 19 abril, 2013  

Algo iba mal cuando una ciudad de más de un millón de habitantes se convierte en un pueblo del tamaño de Carballo y el emperador tiene que hacer de bombero apagando levantamientos por todo el imperio hasta que una insurrección acaba con él.

El general Bel Riose también creía que el sistema funcionaba, con las discotecas de Trantor abiertas por la noche y el senado aprobando más leyes que nunca y las 28 horas semanales para los funcionarios (creo). En cambio el bárbaro Ducem Barr sabía que era el poder del Imperio Galáctico era una ilusión. Cuando Bel Riose esta a punto de acabar con los 4 reinos bárbaros y se acerca peligrosamente a Términus, es traicionado por el emperador Cleon II.

Cola di Rienzi fue tribuno y senador romano en siglo XIV (14).

Teseo 19 abril, 2013  

Ricimero era gallego

Pablo 20 abril, 2013  

El tribuno ese del siglo XIV fue tribuno sin que hubiera uno antes y otro después.

Es que la ciudad no se convierte en Carballo de la noche al día, no hubo un gran trauma por el cual se generó una estampida. Y que tenía esos tamaños es discutible.

Un de Carballo en Lanzarote 20 abril, 2013  

Deberías incluir para desarrollar más el artículo el libro de Henri Pirenne Mahoma y Carlomagno, que trata sobre el tema

Teseo 21 abril, 2013  

El tribuno anterior Stefano Colonna tuvo un desgraciado "accidente" y Cola se proclamó tribuno y de forma vitalicia.

Ser tribuno está bien, pero mola más ser cónsul. Teoricamente, elegidos democraticamente por el senado romano, que casualidad que siempre recayera el título en las mismas familias. Como los condes de Túsculo cuando la pornocracia papal (¿se puede decir pornocracia vaticana?)

Pablo 24 abril, 2013  

Carballés:

El tema da para mucho, estoy seguro de que volveré sobre él.

Un saludo.

Pablo 24 abril, 2013  

Teseo

¿Hay alguna película o novela sobre eso? ¿No? Entonces no existió.

Teseo 25 abril, 2013  

Sobre la muerte de Cola creo que hay algo en una "novela" de un inglés, un tal Gibbon que contaba muchas mentiras... Malvados senadores con dagas asesinando al tribuno a las puertas del Senado...

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