viernes, 12 de abril de 2013

Por una historia americana no indigenista

El gobierno de Kretina no sólo será recordado por trampear las estadísticas oficiales de la República Argentina, sino también por ser una tarada más que se sube al carro de la reescritura de la historia hispanoamericana.

Detalle monumento a Colón.

Resulta que el gobierno argentino —y os recuerdo que «gobierno argentino» es un eufemismo para designar a media docena de cholos que matan las horas tomando mate— ha decidido quitar el monumento a Colón que desde hace un siglo mira a oriente desde la plaza de Colón, a un lado de la Casa Rosada. Tienen la intención de trasladarlo hasta Mar del Plata (espléndido topónimo, afirmo) y hacer allá una especie de cocido maragato con muchos monumentos para subrayar las contribuciones de las tribus indígenas precolombinas en la historia hispanoamericana. Ya, ya sé que «precolombino» e Hispanoamérica no tienen nada que ver, ya sé que es como si en el vaticano levantan una estatua a Buda, pero esto es lo que hay. Así, Colón pasará a estar al mismo nivel histórico que alegorías indígenas y fantasmagorías extrañas.

Es muy fácil que este tema derive a la oportunidad o importancia de la estatua que sustituirá a Colón. Hay que evitar esto. Creo que a Colón lo va a sustituir una guerrillera de la independencia boliviana (el nuevo monumento lo va a pagar Bolivia, porque Bolivia es una superpotencia capaz de pagar monumentos en el extranjero mientras su pueblo muere de hambre). Guerrillera que por cierto, tras la independencia de España, es decir, tras la emancipación de las clases pudientes americanas de las otras clases pudientes que había en España, acabó en la indigencia. Nadie puede estar en contra de homenajear a héroes patrios. Ni siquiera si hay un intento artificial y antihistórico de crear héroes nacionales dándole más importancia y vistosidad a quien apenas tuvo efectos decisivos en los avatares históricos.

La cuestión es más concreta y tiene que ver con el indigenismo. El indigenismo se enmarca dentro del autoritarismo socialista hispanoamericano. Digamos que es el sostén cultural y la teoría de la historia que manejan las neodictaduras americanas. Realmente es admirable que le den importancia a trazar un relato de la historia, a construir una teoría de la historia que dé cuerpo a sus medidas políticas, que las contextualice. Los hispanoeuropeos desde luego que carecemos de una teoría de la historia y no sabemos muy bien cuál es nuestro lugar en el mundo. Ante el vacío, sólo nos dejan elegir una Europa escacharrante y desconocida.

Monumento a Colón, Valladolid (España).
Está bien que los países quieran escribir su historia. Lo hicieron algunos países europeos hace ciento cincuenta años, lo hacen hoy las repúblicas ex-soviéticas y lo harán el día de mañana las repúblicas africanas. El caso es preguntarnos qué tipo de historia pretenden construir. El indigenismo es alucinante en este aspecto.

No puede haber ningún movimiento panamericano sin tener en cuenta la obra colonizadora y evangelizadora de España. Es decir, en su misma raíz, el indigenismo cae por su propio peso. No existió jamás ningún tipo de unión cultural, religiosa, lingüística o política en América previa a la llegada de la civilización hispánica. Es un error muy grave caer en el anacronismo de valorar épocas históricas del pasado mediante el prisma moral del presente. Pero incluso aceptando ese común error, existe una miopía moral alucinante entre los indigenistas.

Pongamos que, efectivamente, los españoles eran malvados. ¿Acaso el Inca era un angelito? ¿Podemos poner a la misma altura moral el pan y el vino católicos con los sacrificios humanos? El indigenismo hace aguas por todos lados, es uno de los mayores engaños de nuestra época y está tan errado por tantas razones que es complicado siquiera saber por dónde empezar a criticarlo.

Una alternativa al indigenismo

Una alternativa al indigenismo que responda a la idea panamericana, consistiría en aceptar e incluir la esencial y fundamental presencia española en América. Es que, a ver, los hispanoamericanos de hoy son los descendientes de los hispanoeuropeos de ayer. Cuando la Vieja España contaba con ocho millones de habitantes, emigraban a Nueva Mundo 40.000 personas al año. Eso, en barcos de madera, a vela, constituyendo la migración de personas más impresionante de la historia.

El mero hecho de que una de las preocupaciones de los españoles en Nuevo Mundo fuera levantar catedrales o imprimir en nahuatl, da cuenta de que los españoles no se dedicaron (solo) a violar a malnutridas indígenas. Es más, el cuento es tan diferente que sabemos que había tribus cuya planificación familiar era saltar sobre la barriga de las embarazadas mientras que los curas españoles malvados empleaban métodos mucho más horribles, como ese que dice que sólo se pueden tener relaciones en el matrimonio.

Nican mopohua (redición de 1648). No lo entiendes porque está en nahuatl, el idioma azteca.
Se acepta que los españoles llevaron consigo enfermedades para las que los indígenas carecían de anticuerpos. Este hecho fortuito tuvo lugar en un tiempo en que la virología no andaba por su mejor momento. Quien tenga interés por no convertir el estudio histórico en un ring de boxeo puede investigar sobre las expediciones humanitarias para llevar anticuerpos a América que tuvieron lugar de forma profusa a partir del siglo XVIII, cuando más o menos se empezó a conocer cómo inmunizar a la población (otra de las gestas más impresionantes de la historia y no lo digo por chauvinismo, es que con los medios disponibles, dedicar recursos a esa labor, es lo menos depredador que pueda haber).

Ni los anglosajones, cuya conquista de América ya sabemos cómo fue, ni los germanos, cuya corrupción espiritual (¡gol!) dejaría morir a los menos aptos, ni los chinos, que al ser China el centro del planeta y todo lo demás bárbaros pulgosos jamás civilizarían nada, pudieron acometer la inmensa labor de colonización y construcción de un nuevo planeta. Solamente pudieron hacerlo los españoles (o hispanoeuropeos, es decir, españoles, portugueses...). Igual que los romanos, que dieron un paso más allá que los griegos y acabaron por mezclarse con la población local y consiguieron eso tan raro en la historia mundial que es conseguir que el indígena colonizado se sienta parte de la metrópolis. Así, el indígena abandona su condición de colonizado para ser un individuo más del todo, del imperio. Justo lo contrario de lo que ocurre con la informe, bárbara y artificial construcción del Imperio Europeo.

Son sus costumbres y hay que respetarlas.
Por todo esto, en Hispanoamérica sí pueden construir una teoría de la historia, un relato que les explique sin recurrir a la entronización de caudillos indios o el culto a la Pachamama. Estos caudillos bajo cualquier tipo de análisis eran enemigos en el peor de los casos y aliados de los antepasados de los actuales hispanoamericanos en el mejor. Actuales hispanoamericanos que por cierto deberían de ser mejor tratados en España al igual que los hispanoeuropeos ser mejor tratados allá.

Sería enormemente positivo que esta teoría de la historia fuera asumida por todos los pueblos y naciones a un lado y otro del charco. Ayudaría a ubicar las sillas en las cumbres internacionales y a defender los intereses comunes. O no comunes, pero nuestros intereses. Que digo yo que será más fácil hacer negocios con quien come con pan y mantel y habla el mismo idioma (el español es el gallego que aprendieron los vascos, jiji) que con gente extraña que baila desnuda alrededor de una piedra.

Adenda

Y otra cosa, ¿por qué cuando Antoñito Banderas fue a Hollywood comenzó haciendo papeles «étnicos»? Los papeles étnicos debían ser para los pelirrojos de pecas. Esos tipos sí que son raros de narices. Otrosí pregunto, ¿por qué tienen que existir los papeles étnicos? ¿Cuál es el «canon étnico» de los productores progresistas de Hollywood? ¿A cuántos decibelios está ese racismo de baja intensidad que mantienen latente?

Más:
  • Salvemos las estatuas - No al traslado del monumento a Colón
  • Julio María Sanguinetti (ex-presidente uruguayo) - El charruismo. «...en nuestra vida republicana nadie quiso eliminar a los charrúas como personas sino barrer su toldería, modo de vida incompatible con la vida criolla, refugio de delincuentes, constante aliado del invasor portugués y del "bandeirante" traficante de esclavos, que procuraba allí la gente para secuestrar niños guaraníes o mujeres blancas y venderlas en Brasil». 
  • María Corina Machado (diputada venezolana) -  Discurso lanzamiento elecciones primarias 2012. «...es indignante y doloroso ver que un venezolano tenga que aplaudir un manifiesto que le resulta repugnante para que no le roben su propiedad, es humillante que un oficial venezolano reciba órdenes de oficiales extranjeros».
  • Monumento a Colón que nunca vio la luz. Mola.
  • Es difícil que si la cultura anterior y la posterior sacrificaban a niños, los toltecas no lo hicieran.
  • Estaría bien conocer la evolución histórica-estadística-comparada de los países en función de la supervivencia de los niños al nacer. Y después la relación que hay entre renta mediana y alfabetización de las mujeres jóvenes.

4 comentarios:

Raxao 13 abril, 2013  

Este blog es buenísimo. Su autor demuestra, además de amplios conocimientos, un finísimo sentido del humor, marca del país. Y escribe de cine.

No entiendo cómo no se ve algo más de movimiento de comentarios. Igual es que a mucha gente les pasa como a mi, que nos vemos un poco cortitos ante tanto nivel. Qué sé yo, siquiramente para mostrar reconocimiento o así, alguien más debería escribir.

Yo ya lo he hecho, ea, y me quedo muy a gusto.

A seguir así.

Miguel Angel Velarde 14 abril, 2013  

Es inútil. Si desde cada taifa española andan empeñados en reescribir la Historia, a gusto de las fobias y traumas de grupo de presión dominante, y en buscar glorias pasadas aunque haya que inventárselas, ¿qué se puede esperar de nazis como Evo Morales, o mafiosos como Cristinita?

Pablo 15 abril, 2013  

Me vas a sacar los colores, Raxao. Muchas gracias por tu comentario.

Miguel Ángel:

No me resigno. Saludos.

Saturnino José 15 abril, 2013  

No olvidemos que las mayores matanzas de indígenas en Argentina no las hicieron los españoles, sino los argentinos ya independientes en lo que llamaron "La Conquista del Desierto"entre 1878 y 1885. El dominio efectivo sobre la Pampa y la Patagonia supuso la práctica desaparición de los ranqueles, salineros, pincenes y buena parte de los tehuelches.

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