miércoles, 17 de abril de 2013

El gobierno venezolano no existe

El detalle que me sorprende del socialismo venezolano, es la insistencia retórica. Como aquellos revolucionarios franceses que se dedicaban a ajustar cuentas por las calles y ponerle nombres pomposos a las cosas, esta versión chafardera y cutre de la robolución, se me antoja excesivamente empalagosa.

Caracas de noche. Las segundas reservas de petróleo y tienen cortes de luz.
Los delincuentes estos, que lo primero que hacen al llegar al poder es robarse el petróleo y asesinar a la libertad de prensa (siguiendo postulados neodictatoriales, por supuesto, tienen que dejar la sensación de libertad de prensa), no les basta con amedrentar a medio país, no les basta con no resolver ni uno solo de los problemas de orden público que impiden el desarrollo del país, no les basta con crear programas de televisión con fuerte contenido partidista para consumo rápido de la masa ignorante; sino que no contentos con todo eso, hacen sufrir a la gente con su retórica y sus modos.

Ponerle un nombre pomposo a una oficina pública no va a hacer que esa oficina funcione mejor. Sacar muchas banderas a la calle, enfundarte esa bandera, agitar la constitución (hecha a medida de tus intereses partidistas) como si fuera el libro rojo de Mao... todo eso ya se hizo antes en otras partes. Por ejemplo, la profusión de banderas era típica de los revolucionarios franceses ¿tuvo eso algún efecto en el país? No. Hasta que cien años más tarde se aprobaron leyes educativas y de transportes, Francia distaba de ser un estado homogéneo. Sobre el libro rojo no voy a hablar porque ya sabemos cómo acabó la cosa.

Colectivo La Piedrita. Ya sabemos qué significa ser guardián de la revolución: la impunidad para robar, violar, secuestrar y asesinar.
Hasta tal punto llega esa aspiración revolucionaria, que le cambian el nombre al país: «República Bolivariana» o «Estado Plurinacional» son chorradas para cualquier persona con dos dedos de frente, pero son chorradas muy peligrosas porque crean una imagen distinta a la real. Hacen ver como que hay algún cambio respecto al pasado. Pero no lo hay (¿cuál sigue siendo el problema principal de Venezuela? ¿se ha empezado a resolver ese problema?). Se entra así en una contradicción, en una especie de estado de percepción alterada. Se comienza a vivir en una fantasía.

Operadores ideológicos

Existen una serie de cosas que voy a llamar operadores ideológicos. Son aquellas cosas que  resultan difíciles de definir, pero que están ahí e influyen en el comportamiento del individuo, en su percepción de la realidad. Son las cosas que enmarcan la realidad del público. Y las llamo «ideológicas», porque tienen ese fin revolucionario de prometer un futuro de prosperidad a la masa (estos revolucionarios... siempre pendientes de prometer el futuro y pasar del presente).

La forma de tratar a sus presos, define a los gobiernos.
Es como cuando Artur Mas crea con el dinero de los extremeños el Consejo Nacional de Transición. Si no le pone el adjetivo «nacional», revienta. La gente tiene muy poco tiempo para chupar como una esponja el mensaje ideológico que le transmiten, con lo que para el revolucionario la espectacularidad de la comunicación se convierte en un elemento crucial de su estrategia. No es casualidad que la primera campaña electoral dirigida por publicistas fuera la de Ike Eisenhower: su público ya era una clase media establecida con mucho tiempo para disfrutar de su propio ocio, con lo que el mensaje ya tenía que responder a ese cambio de paradigma.

Bien, pues el socialismo panamericano de Chávez, Evo y demás, hace uso insistente de la comunicación para activar ciertos operadores ideológicos. Cuando crean Telesur imitando los canales de noticias yanquis están tratando de competir en su liga. Cuando el Gorila regala un petróleo que no es suyo a otros países del Caribe, está por una parte haciendo política, creando lazos de dependencia y por otra enviando un mensaje. El problema de esto es que detrás del mensaje está el vacío absoluto.

Pueden poner sobre papel una gran cantidad de logros sociales como las clínicas y luego te encuentras con que en esas clínicas son los propios médicos los que tienen que comprar el material con su escaso sueldo. Venezuela cuenta con 32 ministerios, Estados Unidos con 15. La constitución de los Estados Unidos tiene siete artículos y la constitución de Hugo Chávez 350. Claro, lo que los socialistas venezolanos pretenden es dar la apariencia de que existe un estado en el que el pueblo puede confiar y del que sentirse partícipe. Esta es la gran contradicción: los diseños sobre papel no transforman la realidad, la materia prima del Estado, la gente, sigue siendo la misma. Caracas es una de las ciudades más caras del mundo y el crimen organizado que domina el país vende los logros de la redistribución de los ingresos petroleros. Se trata de reforzar las ideas a los ya convencidos (convencidos mientras dure el reparto del botín), ya que ¿qué redistribución eficaz puede haber cuando el tipo de cambio oficial de la moneda es una fantasía?

Este es el gobierno de Venezuela.
La propaganda socialista que obligatoriamente deben emitir todos los canales de televisión (bajo amenaza de cierre) no habla de cómo se han disparado las importaciones de productos refinados del petróleo desde Estados Unidos. Lo que cuentan es que se regala petróleo como muestra de la generosidad internacionalista, etc. También está el tema del etanol: Venezuela con unas condiciones climáticas idóneas para el cultivo de caña de azúcar, está importando etanol de Brasil porque sus «proyectos piloto» no acaban de arrancar. Claro, ves todo esto y te preguntas a dónde irá a parar toda la plata que se están robando. Una parte ya sabemos a dónde va, ¿pero la otra?

Pseudocubazuela

Y así llegamos a un control del país que no es ningún control. La amenaza constante de la banda criminal del Palacio de Miraflores contra el pueblo venezolano no está respaldada por unas instituciones fuertes que puedan llevar a cabo políticas transformadoras. Por mucha propaganda que emitan, el estado venezolano son dos tipos en una pick up armados con revólveres esperándote en la esquina. Toda la fanfarria neodictatorial, toda esa imitación de la dictadura criminal cubana tiene poco recorrido cuando el tipo que dice ser presidente agarra un micrófono y grita que no reconoce al presidente de una de las regiones. ¿De dónde han sacado a ese tipo?

Aparecen cédulas de identidad duplicadas, aparecen papeletas tiradas en una cuneta, hay gente que llega a votar y en el sistema consta como que ya votó. ¿Y el propio gobierno se niega a una inspección de estos casos? Eso no es un gobierno, es una banda. ¿Qué grado de respetabilidad se merece un grupo de hampones y flipados del tardocomunismo que justifican y apoyan la acción no ya de la dictadura cubana, sino de tipos en motos armados con fusiles de asalto? Es que en Cuba precisamente, no hay competencia en el crimen. La Habana nunca permitiría a tipos en moto disparando a sus opositores si no son miembros de las fuerzas represivas ordenadas por el propio gobierno. En Cubazuela sí lo permiten, ¿por qué? Porque su gobierno es un mito.

Y un gobierno que es un mito, no es un gobierno.

Videos:


En este video, la República Bolivariana de Venezuela es un gordo con polo naranja y gafas de sol. No hay más.


Notad cómo sacan el cartel de Capriles del salpicadero. Una democracia normal.


Como las plagas de langosta, llegan en grupos motorizados, disparan contra las viviendas y se van.


Son una banda armada, no hay nada más.

video
Cuando la policía no está de tu lado, ¿a quién llamas?


En fin, esperemos que algún día llegue la paz a Venezuela y para siempre termine la impunidad de los cuerpos represivos.


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