viernes, 19 de abril de 2013

De cuando llegaron los moros a la península

Se suele contar que en el 711 tiene lugar la invasión musulmana de la península Ibérica. En la batalla de Guadalete, el ejército de Don Rodrigo pierde ante las tropas de Tarik y el moro Muza, y en menos de una década la morisma conquista toda España. Esto es lo que se suele contar. Bien, pues tengo malas noticias.

Catedral de Córdoba.
Carecemos de fuentes primarias de tan infausto hecho. Esto ha llevado a la creación de ciertas leyendas (la mayoría de las cuales incluye a Don Rodrigo violando a la hija de Don Julián y unas serpientes comiéndose sus partes pudendas), así como a la aparición de varias historietas sobre el destino de Don Rodrigo (que si fue enterrado en Portugal, que si huyó al norte, que si aparece su caballo en no sé dónde....).

Fuentes contemporáneas

Lo cierto es que las fuentes más cercanas al 711 son dos crónicas. En realidad una crónica que es copia de otra. Hay una del 741 llamada bizantino-árabe que comienza con Recaredo (rey visigodo) en el año 600 y termina con Hisham (califa omeya que se hartó de perder contra todo el mundo: francos, bereberes, bizantinos...) en el 724. Es la fuente más cercana en el tiempo a la batalla de Guadalete y a los primeros años de conquista musulmana de España. Se centra en hablar del emperador de Oriente (como hoy hablamos del presidente de Estados Unidos) y también de los avatares de esa cosa novísima y tan de moda que se llama Islam (como hoy hablaríamos de Apple TV). Poco más.

La otra crónica es la del año 754. Viene a ser una reescritura y mejora de la anterior. Para lo que nos interesa, en donde debían hablar de Guadalete y Don Rodrigo, hablan de los emperadores bizantinos y de cómo se instaura la decadencia y la corrupción en Bizancio mientras los herederos de ese chico tan guapo que llaman Mahoma hacen palacios y aportan savia nueva, faldicorta y juvenil. Claro, esto es rarísimo. Que los historiadores de la época hagan esfuerzos por tratar de meter la historia islámica dentro de la tradición cristiana es chocante.

Era tal que así la mezquita de Córdoba. Más o menos.
Hay quien dice que los historiadores cristianos hicieron algo parecido con los romanos: trataron de meter la historia pagana dentro de la tradición cristiana. Así por ejemplo, que San Pedro y San Pablo vayan de la mano como símbolo de la Nueva Roma, sería una imitación de Rómulo y Remo como fundadores de Roma.

Estas crónicas mencionan la conquista de España de pasada, así en plan chulo. Como una campaña más de tantas del califa Walid I:

Indiae fines uastando perdomuit. In occiduis quoque partibus regnum Gothorum antiqua soliditate firmatum apud Spanias per ducem sui exercitus nomine Musae adgressus edomuit et regno abiecto vectigales fecit.

Sometió con sus conquistas los territorios de la India. Y en las regiones de Occidente, por medio del general de su ejército llamado Muza invadió y sometió el reino de los godos en España, reino firme y poderoso desde antiguo; y tras echar abajo este reino, les hizo súbditos.

Claro, esto está escrito en latín, fijando las fechas con el calendario de la Era Hispánica, llamando romanos a los bizantinos, mencionando cómo los emperadores romanos (bizantinos) tenían que ser aprobados por el Senado de la República, etc. Aquí tenéis un comentario y una traducción del texto de la Crónica del 741.

A mi me parece muy extraño que un tipo que cuenta la historia de los reyes visigodos, enseguida se despiste y se ponga a hablar de campañas militares bizantinas y después de la estirpe de los califas de Damasco. Como poco es extraño.

Malala.
Siglos después sí va apareciendo el relato conocido de Guadalete, Don Pelayo y todo lo demás (Crónica Albendense, Crónica Sebastienense...). Siglos después. Y normalmente en cronicones que entroncan Adán y Eva, los profetas, los emperadores romanos y los reyes de España. Pamba, a lo bestia. En estas crónicas, que se empiezan a escribir en tiempos de Alfonso III —llamadas crónicas alfonsinas—, los moros ya están bastante del Duero hacia abajo (por oriente permanecen en la cuenca del Ebro) y el origen de la guerra se cuenta desde un punto de vista religioso. Hay que dar caña a los ismaelitas por sus iniquidades y porque nos han reclamado impuestos, hay que dar caña a los que se pusieron de su lado, etc. La zona cristiana noroccidental de la península debió ver poca morisma. Incursiones a lo sumo. Cosa que es congruente con la imposibilidad de dominar toda la península con un ejército muy reducido (por mucho que la mitad de los visigodos se hubieran puesto de parte de los invasores), y con el hecho de que a principios del siglo IX los reyes cristianos se entretengan construyendo iglesias. Además, es probable que a los reyes del norte les preocupara tanto o más las incursiones vikingas que los ataques moros. Son más profusas las defensas costeras que la construcción de castillos en el interior durante esa época.

Y a todo esto (lo que más me pica a mi) estamos hablando de un país vacío. Imaginaos España y Portugal con millón y pico de habitantes. Es que debió haber aldeas que no se enteraron de la llegada de los moros hasta pasados unos cientos de años.

Por contraste, ¿a qué batalla del siglo VIII le dan importancia las fuentes contemporáneas? A la batalla de Poitiers. El Carlos Martel frenando el avance moro. Es ahí donde empieza cierta Reconquista. La Marca Hispánica que pertenece al reino de los francos y que daría lugar a los reinos de los Pirineos, tiene al musulmán más cerca. Mientras que en occidente hay mucha tierra de nadie entremedias.


Otra fuente secundaria, también del siglo IX, es la Crónica Pofética. En ella, se cuenta las andanzas de los reyes cristianos y de los emires musulmanes partiendo de las profecías de Ezequiel. Me pregunto hasta qué punto se puede hacer un análisis historiográfico de los primeros reyes del norte con relatos más próximos a la fantasía que a la realidad.

Otras fuentes

Aquí no sé qué carallo dicen.
Los documentos conocidos, copiados y utilizados de antiguo que pintan las primeras fases de lo que entendemos como Reconquista son del siglo XII. Destaco la Crónica Silense que es una biografía de Alfonso VI, probablemente el rey con el que el norte de España abandona la alta edad media. En esta obra, el autor traza la genealogía de su rey y lo hace entroncar con los reyes visigodos. Curiosamente esto lo he visto criticado en muchas partes. Hay cierta negación a que los reyes de España (en la Crónica llaman a Alfonso «domini Adefonsi orthodoxi Yspani imperatoris») vengan de los visigodos. No me meto en este tema y sigo.

En esta Crónica Silense mencionan a Don Pelayo, como líder elegido por los astures:

Ad quam Pelagius Roderici regis spatarius, qui oppressione Maurorum incertis locis vagabatur, dum pervenit, fretus divino oraculo cum quibusdam Gotorum militibus ad expugnandos barbaros, a Domino corroboratus est; sed et omnes Astures in unum collecti, Pelagium super se principem constituunt.

Hablamos de escritos del siglo XI o XII sobre hechos del siglo VIII y ya acabamos de ver que los escritos del siglo VIII no dan muchos detalles. Y aquí es cuando digo caray, dan más detalles trescientos años después... Está claro que esto tampoco significa nada. En cualquier momento, si hubiera trabajo de campo en incontables monasterios y catedrales, pueden salir más textos de la época. También sugiero tomar al asalto bibliotecas y palacetes franceses. Cuando vinieron los franceses, se lo llevaron todo. No olvidamos.

Las fuentes musulmanas


La primera obra que trata la invasión desde el punto de vista musulmán, es la Historia de los reyes de Al-Ándalus, escrita por el moro Rasis. El problema de esa obra es que no existe. Hay traducciones de traducciones de cachitos de la obra, y lo que tenemos es como muy temprano del siglo XV. Por otras obras del siglo XIII sí tenemos constancia de que ese libro existió, pero... meh.

El Ajbar Mahmuâ, de autor desconocido, trata los hechos de la conquista musulmana. El caso es que fue escrita en el siglo XI, época en que la literatura andalusí brillaba por su imaginación y genio, ergo la veracidad de esta historia habrá que mantenerla a la espera de ser confirmada por más fuentes. No por repetirla en los colegios muchas veces se va a convertir en verdad, aunque si con ello enfadamos a Artur Mas, bienvenida sea.

Bien, pues en esta obra se cuenta cómo las tropas árabes van haciendo la guerra a los bereberes, cuyas plazas caen y se convierten a la nueva religión (nota: los bereberes eran cristianos) y llegan hasta las ciudades de la costa africana que pertenecían al rey de España. A estas ciudades les cuesta más tomarlas, ya que los españoles mandan barcos con tropas de refresco y víveres para protegerlas y guarecerlas. En estas que palma Witiza y Don Rodrigo es elegido nuevo rey. Este nuevo rey viola a la hija de Don Julián, gobernador del norte de África quien ante tal ofensa habla con Muza y le da esas ciudades a cambio de ayudarle a matar a Don Rodrigo. Ojo, todo esto escrito con la datación musulmana, llamando infieles a todos estos y poniendo a los moros y un bando de los godos como buenos.


Ver mapa más grande

Tras una pequeña expedición a Algeciras en la que toman esclavos en el año 90. Los moros regresan en el año 92 con un ejército de 7.000 hombres. Pero usan cuatro barcos. Tienen que pasar semanas trasladando a la tropa. Don Rodrigo, que estaba «combatiendo a Pamplona», se entera de esta invasión y reúne a 100.000 hombres para hacerles frente (y aquí el autor te explica que si no reunió más era por el hambre y la peste que hubo, que mató a la mitad de la población de España). Muza para entonces ya había construido más barcos, le acompañaban 12.000 moros y tenía de su lado a las huestes de Don Julián. Tiene lugar la batalla de Gudalete cerca de un lago de Medina Sidonia. En esa batalla, algunos camaradas de Don Rodrigo le dejan a su suerte. A partir de esa primera victoria, la conquista musulmana (de las ciudades «romanas») es un paseo militar. Van tomando ciudades, a veces por las armas a veces por capitulaciones.

En 110 llegan a Narbona, habiendo conquistado toda España excepto la «sierra de Galicia», donde hay un rey llamado Belay que cuenta con 30 hombres que se alimentaban de miel (que llaman cristianos politeístas). Los musulmanes pasan de estos harapientos ya que el relato se centra en las guerras entre árabes y berberiscos. Luego ya coge Abderramán y las campañas que desde Al-Ándalus hacía contra el norte de África y sus primos levantiscos.

Este relato es el canon en que hoy nos basamos para construir las primeras etapas de la Reconquista. Apuntadas quedan las dudas razonables sobre la veracidad de sus eventos.

¿Y si no hubo invasión musulmana?

Por lo dicho hasta ahora, de lo único que estamos seguros es que hubo una invasión musulmana en algún momento de la segunda década del siglo VIII y en el contexto de cuasi-guerra civil a la muerte de Witiza. Sobre el resto se pueden tener dudas razonables. Bien, pues hay quien a estas dudas razonables, incorpora la negación de la invasión musulmana.

Es el caso del historiador Ignacio Olagüe en su obra «La revolución islámica en Occidente». Su premisa fundamental es que el islam aparece en España por simple intercambio cultural. La Reconquista vendría a ser un conjunto de guerras partidarias y en general, los hispanos abrazarían en gran número y de buena gana a la nueva religión que concordaba bastante con la idea arriana (en las crónicas musulmanas a los cristianos les llaman politeístas, como hacían los arrianos). Olagüe es vilipendiado e insultado por los rigoristas de la academia y por ello, aunque no le pueda dar la razón en su idea esencial, cuenta con mi simpatía. Siempre digo que ejercer de abogado del diablo sirve para aclarar conceptos.

Las tesis de Olagüe se basan en ciertas coincidencias y curiosidades más propias de un polemista que de un historiador. Y es que el relato de medias verdades y el descubrir relaciones donde no las hay, puede dar lugar a best-sellers, pero poco aportan al rigor que se merece un estudio mínimamente serio.

Dice Olagüe que no hubo invasión por los sigueintes motivos:
  1. La producción artística andalusí no es como la de los califas de Damasco. Cualquier invasor lleva consigo sus métodos y paraliza los modos artísticos de la población conquistada.
  2. Es complicado conquistar la península en tres años con media docena de paletos.
  3. La población hispana tenía un sustrato arriano, similar en su fundamento de fe a la nueva religión musulmana.
  4. Los autores cristianos han publicado de forma propagandística y peyorativa sus encuentros con sus enemigos.
  5. Sarracenos, albigenses, arrianos y cátaros eran distintas formas de llamar a quienes no se postraban ante Roma.
  6. La batalla de Poitiers no fue para tanto. Un choque más entre bandas.
  7. No hay fuentes que hablen de la invasión y las que hablan de la invasión tan solo recogen tradiciones orales rifeñas.
  8. La expansión del islam no pudo ser tan rápida porque los lugares quedan lejos unos de otros.
  9. Abderramán era pelirrojo y tenía los ojos azules.
  10. Tarik era Tarico, un godo.
  11. Hay lugares en los que hace frío y hay lugares en los que hace calor, no puede haber una expansión musulmana homogénea por medio mundo al mismo tiempo.
  12. Los árabes no conocían la herradura.
Bueno, con estas ideas vamos tirando. Algunas son fáciles de desmentir: las mezquitas nuevas son similares en Próximo Oriente y en España. Después sí se produce cierta diferencia al mismo tiempo que Al-Ándalus pasa a ser independiente. Es cierto que los invasores son pocos respecto a la población total, pero no es difícil pensar que se produjeran muchas conversiones: el islam es una religión a la que cualquiera se puede convertir sin mucho papeleo.


También está el tema de la posesión efectiva del territorio: los musulmanes nunca tuvieron la posesión de todo el territorio. Como mucho asaltaban lugares y cobraban impuestos. Tampoco olvidemos que a los cien años de Guadalete, el tercio norte ya no pertenecía a la morisma. Ni despreciemos que los primeros instantes de la conquista se producen apoyando los moros uno de los bandos de una guerra civil.

Otra cosa que ha facilitado un rápido establecimiento musulmán fue que la población local de algunas ciudades recibió con los brazos abiertos la instalación de una nueva autoridad. La conversión de palabra de la clase alta pudo servir como ejemplo para el resto de la población. Sobre el arrianismo poco hay donde escarbar: si los arrianos eran más proclives a convertirse al islam, me pregunto por qué donde había más priscilianismo el islam no arraigó. Es más, es que los historiadores musulmanes, durante mucho tiempo llamaron Galicia a la España cristiana y ahí era donde había más priscilianismo.

En fin, que lo de Olagüe es muy interesante para debatir y vender libros, pero poco más. La idea esencial de que no hubo una conquista es que efectivamente no la hubo, hubo una invasión, que es cosa distinta.

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4 comentarios:

Teseo 20 abril, 2013  

La mezquita era en los siglos VI (6) y VII (7) un templo bizantino, la Basílica de San Vicente, también tope exótico.

Unknown 20 abril, 2013  

En los documentos de los concilios de Toledo y demás textos de la época del reino de Toledo no hay ni una sola referencia al arrianismo (que había sido solo seguido por la minoría goda, no olvidemos que la mayoría de la población era hispanorromana) después de la conversión de Recaredo, cien años antes de la llegada de Tarik.
Así que es una especulación aventurada pensar que la población asumió el islam por su similitud con los postulados arrianos, que ya eran historia.
Un saludo

Pablo 24 abril, 2013  

Exacto, es que la población local (los romanos) era católica.

Pablo 24 abril, 2013  

No tengo noticias de la Basílica de San Vicente. Supongo que eso está excavado y requeteexcavado.

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