domingo, 10 de marzo de 2013

Geografía física y problema de España

Una de las cosas que encuentro más interesantes cuando leo sobre los tiempos hiperbóreos, es la ausencia de las implicaciones del medio físico en los avatares históricos. Hay cierta obsesión por creer que el medio que nos rodea fue siempre tal como lo vemos. Puede que las grandes referencias geográficas fueran más o menos similares: costas, montañas, ríos... pero los biotopos, por acción del continuo cambio climático y la acción del hombre en el curso de milenios y siglos, sin duda no eran tal como los vemos.


Sería fácil evocar a las aldeas que se quedan incomunicadas varios meses al año debido a la nieve. No iré al ejemplo fácil. Un pueblo como Madrid, hasta el jueves pasado por la tarde, era frecuente que se quedara incomunicado con el norte de España varios meses al año. Las cadenas montañosas, con mal tiempo, tenían que ser rodeadas. La eterna falta de infraestructuras sumaba dificultad a los viajes. El método más rápido para viajar por España, sería en todo caso la navegación. Puede que esto explique en parte por qué los españoles vivimos básicamente en la costa.
En la Sierra de Guadarrama muchos picos pasan de los 2.000 metros. Crúzalos tú con mulas, la parienta y los críos.
Es más, dejando a un lado a la población indígena, las colonias griegas, fenicias y cartaginesas se establecen en la costa. Son pueblos de navegantes que dejan su impacto en la mezcla con la población local. Quizás esto también cause la inclinación española por vivir en la costa y eso que suelen decir los libros de historia antiguos, que España es nación de navegantes y que había una especie de conjura de los dioses para que le tocara a España descubrir el Nuevo Mundo. Bueno, marquemos las distancias con las magufadas de predestinación y demás. Hoy sabemos que la gente se desplaza por querer comer. Y que el desplazamiento es algo costosísimo. Especialmente en el interior.

Hablando de migraciones interiores, creo recordar que durante la Reconquista, mucho rey cristiano daba permisos de explotación de la tierra a veteranos, órdenes de caballería y gentes de malvivir. Algo sospechosísimamente parecido a lo que hacían los romanos con sus legionarios: cuando acababan el servicio, les pagaban dándoles tierras. Que mucha gente parecida viviera junta, creó pueblos y algunos de estos pueblos ciudades. Curiosísimamente, eso mismo se volvió a hacer en el Nuevo Mundo. ¿Se podría trazar una línea de continuidad de la colonización hispana desde el siglo segundo hasta el decimonoveno? Habrá que buscar algún libro sobre la formación de ciudades en el Bajo Imperio, la Reconquista y la colonización de Nuevo Mundo. Todo junto.

Me pregunto también si el espacio físico estaba ligado de forma determinante a la situación de las colonias o asentamientos. Un vistazo rápido al mapa físico de la península Ibérica, nos muestra, de norte a sur, franjas de cordillera-río-cordillera-río. Cualquier tipo de partido de rugby pre-moderno que tuviera lugar en la península, indefectiblemente se daría en el eje sur-norte (o norte-sur, como prefieran).
Se entiende la idea ¿no?
Eso, respecto a los partidos de rugby. Sin embargo, la migración de población en el interior, sería más sencilla de este a oeste o de oeste a este. Puede que eso explique en parte el recorrido del Camino de Santiago. Aunque igual me estoy tirando a la piscina, no sé.

De la masa forestal en el centro de España

La pregunta es: ¿había aquí antes bosques?
Regresando a la variación del espacio biológico en épocas pasadas, tenemos la historia aquella de la ardilla que podía cruzar España saltando de árbol en árbol. Tengo ideas contradictorias al respecto. Veamos:

A favor

La profusión de pueblos en la meseta norte, indicaría la presencia de masas forestales disponibles. Antes del carbón y del petróleo, la gente quemaba mucha madera. Mucha. Recordad: el petróleo es el mejor amigo de los árboles. Los árboles se cortaban para calentar la comida, para construir cosas y casas y para tener espacio con el que alimentar a las bestias. Ah, y para cultivar. Cultivar sin abonos químicos requiere mucha superficie de terreno. Mucha. Y recuerda que también tienes que tener tierras de pasto para obtener proteínas y grasa. Solemos subestimar la cantidad de espacio que requería la labor agrícola preindustrial. Dios salve a los pesticidas y al petróleo.

Este proceso de explotación del suelo derivó en los actuales paisajes sin árboles en un terreno que de por sí es fértil (sólo hay que ver los campos de cereales que todavía no nos ha prohibido la UE).

En contra

Si la meseta era tan rica en bosques como Galicia o Asturias, ¿por qué perdió árboles y estos otros lugares no? Durante la Edad Media, la explotación del suelo era similar en todas partes. Las instituciones que ordenaban las sociedades, también. No tenemos noticias de que ocurriera algo parecido a los elefantes africanos. ¿Pudo ser que el sur fuera colonizado más por gentes de Galicia y Asturias que por gentes de Castilla y León? Es decir, lugares con más presión demográfica son los que expulsan a individuos y por lo tanto se va a explotar menos el suelo.

No me acaba de convencer este argumento: el noroeste peninsular continuó siendo la zona más densamente poblada hasta que llegaron los franceses, por tanto, tiempo después de que se colonizara toda España.

Qué dicen las crónicas

Estrabón, en su Geografía:

La región de que hablamos [Lusitania] es rica y está regada por ríos grandes y pequeños que proceden de Oriente y corren paralelos al Tágos [Tajo]. La mayor parte de ellos son navegables y tienen gran cantidad de placeres de oro.

En la región sita entre el Tágos y el país de los ártabroi [Rías Altas] habitan unas treinta tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos y en ganados, así como en oro, plata y muchos otros metales; sin embargo, la mayor parte de estas tribus han renunciado a vivir de la tierra para medrar con el bandidaje, en luchas continuas mantenidas entre ellas mismas, o atravesando el Tágos, con las provocadas contra las tribus vecinas. Pero los romanos, poniendo fin a este estado de cosas, las han obligado en su mayoría a descender de las montañas a los llanos, reduciendo sus ciudades a simples poblados, mejorándolos también con el establecimiento de algunas colonias entre ellos. El origen de tal anarquía está en las tribus montañesas, pues habitando un suelo pobre y carente de lo más necesario, deseaban, como es natural, los bienes de los otros. Mas como éstos, a su vez, tenían que abandonar sus propias labores para rechazarlos, hubieron de cambiar el cuidado de los campos por la milicia, y, en consecuencia, la tierra no sólo dejó de producir incluso aquellos frutos que crecían espontáneos, sino que además se pobló de ladrones.

Antes de la expedición de Broútos, no tenían más que barcas de cuero para navegar por los estuarios y lagunas del país; pero hoy usan ya bajeles hechos de un tronco de árbol, aunque su uso aún es raro.
Su rudeza y salvajismo no se deben sólo a sus costrumbres guerreras, sino también a su alejamiento, pues los caminos marítimos y terrestres que conducen a estas tierras son largos, y esta dificultad de comunicaciones les ha hecho perder toda sociabilidad y toda humanidad.

Partiendo de la región de Kálpe, cruza la Bastetanía y el país de los oretanoí una cordillera cubierta de densos bosques y corpulentos árboles, que separa la zona costera de la interior. En ella hay muchos lugares con oro y otros metales.

[La Cordillera Ibérica] poco elevada y desprovista de vegetación, cruzando el llamado Spartárion Pedíon; mas luego se entronca con la región selvosa sita tras la comarca de Karchedon [Cartagena, creo] y la zona cercana a Malaka [Málaga].

La vertiente ibérica del Pyréne [Pirineos] tiene hermosos bosques de árboles de todas las especies, singularmente de hoja perenne. La vertiente céltica [«francesa»] está desnuda; pero las zonas centrales contienen valles perfectamente habitables. La mayoría de ellos están ocupados por los kerretanoi, pueblo de estirpe ibérica, entre los que se hacen excelentes jamones, comparables a los cantábricos, lo que proporciona ingresos no pequeños a sus habitantes.

...me parece que los que han contado más de mil ciudades en Ibería, lo han hecho por haber dado el nombre de ciudades a aldeas grandes, pues la naturaleza del país no es apta para dar vida a un gran número de ciudades, siendo como es sumamente mísera, de una situación excéntrica y de un aspecto inculto; por otra parte, ni el género de vida de sus habitantes ni sus actividades (excepto, naturalmente, las ciudades sitas sobre la costa de Nuestro Mar) dan pie para ello. Los pobladores de las aldeas son salvajes y así son también la mayoría de los íberos; las ciudades mismas no pueden ejercer su influjo civilizador cuando la mayor parte de la población habita los bosques y amenaza la tranquilidad de sus vecinos

Ocurrióles [a los romanos en Cantabria] también escasez de otras cosas, principalmente de trigo, teniendo que proveerse del de la Akyitanía [¿Aquitania?], lo que se hacía penosamente por las dificultades del terreno.

Iba a poner algo de la Historia Natural de Plinio el mayor, pero tras leer un pequeño puteo de Estrabón a los autores romanos, me da yuyu. Decía Estrabón que los romanos sólo sabían traducir a los autores griegos y que lo que no sabían, no se aventuraban a investigar. Está bien la puya contra Roma, sobre todo viniendo de un provinciano.

Mapa de Pomponio Mela. Nótese la falta de referencias en el interior de la península, salvo lo que parece el Sistema Central.
Luego está Pomponio Mela, que en su Chorographia describe el medio natural de la geografía conocida. Pero no me gusta mucho esa manía de incluir en el concepto «medio natural», a los pueblos salvajes. La lectura se vuelve pesada, sobre todo porque tampoco se sabe bien qué demonios quieren decir (un pueblo salvaje recibe varios nombres según su ubicación, pero eso no nos aporta ninguna información, como tampoco esos pueblos tienen conocimiento de ser un pueblo (salvo que adoren a los mismos dioses)). Entiendo que sea útil cuando quieres vender un atlas a comerciantes para saber lo que se van a encontrar, pero normalmente se le da más importancia a la geografía humana que a la física y la geografía física es lo que busco.

En la Edad Media hay pocos geógrafos que se dediquen con el nivel de detalle deseable a describir el medio físico. El ceutí Al-Idrisi se encuentra tal vez entre ellos, aunque de él nos ha llegado poca cosa. El atlas que le hace al rey Roger de Sicilia, por ejemplo:

El sur está arriba. La zona oriental y el sur de España están representadas con más detalle que las zonas dominadas por los infieles cruzados.
Luego enseguida termina la Edad Media y al descubrir el Nuevo Mundo, los cartógrafos se dedican a describir el nuevo planeta, con lo que hacen zoom out y se olvida la descripción minuciosa hasta la época de los ilustrados, cosa que no ayuda pues estamos hablando de antes de ayer.

Censos modernos
Antonio Ponz (1725-1794)

Sin llegar a esos maravillosos censos que con espíritu ilustrado imitaban a las abuelas que revisan los anaqueles de la cocina antes de hacer la compra, hubo quien hizo algún que otro viaje científico por España. Tal es el caso del señor Antonio Ponz, director de la Real Academia de Historia de 1792 a 1794. Encargado por el rey de revisar las propiedades de los Jesuitas en España, no perdió la oportunidad de «dar noticia de las cosas mas apreciables y dignas de saberse, que hay en España» (¡qué bien hablaba la gente cuando la gente hablaba bien!). Una pena que en sus viajes no pasara por Galicia, Murcia, la Bastetania y Asturias (supongo que coincidió con época de nieves y los pasos eran infranqueables, cotidiana anécdota que se suele pasar por alto en los relatos de la historia de España... hoy en día cuando el tren entra o sale de Galicia, aún lo hace a 40 por hora. Hoy. Y eso que llevamos doscientos años enviando ministros, presidentes y dictadores a Madrid, manda huevos).

Como ilustrado, don Antonio gustaba de la civilización y no podía dejar de hacer una mueca desagradable ante el pauperismo de las zonas rurales o las viejas costumbres que se resistían a morir:

le interesaba más lo práctico, lo útil, todo aquello que pudiera mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, hasta el punto de contraponer el término de "modernario", creado por él, al de anticuario (Román 1994, 80), ese amigo al que complace dedicándole en su obra las "antiguallas y vejestorios" que encuentra en su camino.

Se inventaba palabras. Je.

Eugenio Larruga (1747-1803), otro ilustrado que se equivocó de país al nacer, compiló la explotación industrial de España a finales del XVIII en una serie de tomos que llevan por título: Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fabricas y minas de España. En la idea de la obra que aparece en el primer volumen, don Eugenio explica que España tiene los mejores recursos para el comercio: puertos, materias primas, clima, población y demás; pero lamentablemente, España no se encuentra en la mejor disposición para explotar estos recursos. Cito literalmente:

...aunque no podamos dudar que se ha mejorado en estos últimos años tanto la administración, como la legislación comerciante, sin embargo restan que remediar algunos vicios ocultos, que nos frustran todas nuestras esperanzas, nos pierden al mejor tiempo nuestros adelantamientos, y siempre nos tienen dependientes de la ley del extrangero en punto de comercio. Si por nuestra felicidad, como lo debemos esperar de nuestro Soberano, y su celoso Ministerio lográsemos el descubrir aquellos vicios y desterrarlos, veriamos poner nuestro comercio en el estado, sino de exceder, á lo menos de contrarrestar la balanza de éste con el de las naciones mas sobresalientes: por depender de nosotros mismos el remedio; y no necesitar de cosa alguna de los estraños que nos lo pueda estorvar.
Es bastante bestia esta obra, ya que toca prácticamente todos los aspectos económicos del país: no sólo la descripción de cada provincia, sino organizaciones de trabajo, actividad de los tribunales, estado de las infraestructuras, productos, manufacturas, agentes de cambio, intermediarios, monedas, reglamentos de artesanos, actividad policial, etc.

Oh, por el camino me van saltando preguntas: ¿se puede emplear el término arbitrista con los ilustrados? ¿Por qué en España para saber de España se lee más a autores extranjeros? ¿Cuáles son los «vicios ocultos» de los que hablaba Larruga? Ah, misterios. Continuaremos investigando, pero hoy no, ¡mañana!

Referencias

1 comentarios:

Teseo 11 marzo, 2013  

Lo de la ardilla tiene su explicación. Hace muchísimos años (en 1981 o así) en la U.H.F. echaron una serie de dibujos animados llamada "Erase una vez el Hombre". En uno de los capítulos contaba que un rey (Felipe II) se dedicó a construir barcos de madera para invadir Inglaterra. Resulta que se quedó sin árboles, perdió la guerra por esta causa y además dejó a los paisanos cansados de tanto cortar.

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