lunes, 25 de marzo de 2013

Eurocresía

De los Pirineos al Vístula, diferentes países sólo tienen Europa como plataforma continental. De ahí que el discurso a favor de «más Europa» tenga cierto sentido para ellos. El caso es que encuentro hipócrita ese discurso.


El presidente alemán insistía hace poco en construir una identidad europea. Ya sabéis: una unión política más fuerte que se asiente sobre ciertos constructos culturales que la gente sienta como propios. En resumen, podríamos decir que el presidente alemán aboga por la creación de una especie de nación europea (algo que es tan inoperante como pretender una «nación mundial»). El bueno de Gauck echa de manos la falta de un mito fundacional común (imposible no dejar de pensar en lo alemán que es pensar en el mito como cimiento/cemento nacional).

Es cierto que no hay un mito fundacional europeo. Al contrario, hay un hecho fundacional europeo que es el único que sirve de excusa (o argumento) a la Unión. Ese hecho se llama Auschwitz. Y constituye no sólo el único pilar sobre el que basar la Unión Europea, sino además, la política mundial y las relaciones internacionales para todas las épocas futuras.

«Sin una política fiscal y económica común, una moneda común lo tendrá muy difícil para sobrevivir»*, es dificil no estar de acuerdo con esta afirmación. Ahora bien, cabe preguntarnos por qué si todos estamos de acuerdo en eso, de las dos alternativas que hay para que los estados miembros no quiebren, siempre se escoge la que supone «menos Europa».


Me explico: no dejar quebrar a un país da lugar a dos vías de actuación por parte de la UE. La primera: rescate conjunto del FMI, el BCE y la UE (es decir, un rescate que además de dinero europeo, necesita dinero americano, ruso, árabe, chino y japonés). La segunda: un rescate exclusivamente europeo por medio de la mutualización de todas las deudas soberanas de los estados miembros. Sabemos que la UE sólo se plantea la primera de las opciones. Esto quiere decir que el manido discurso de «más Europa», tiene una letra pequeña del copón.

Más Europa hasta cierto punto, más Europa sólo si no perdemos por el camino, más Europa pero con el FMI de la mano, más Europa pero a los bajitos y morenos los sentamos al fondo de la mesa. En serio, ¿nos vamos a tragar este discurso europeísta cuando sus actos indican una dirección opuesta? ¿Cómo nos vamos a fiar de los eurófilos utopistas, si ellos mismos no se creen su perorata?

Capitalismo clientelar.
Todo el mundo entiende que hay que hacer sacrificios: los pobres políticos mafiosos que especularon con la vivienda en España, los pobres multimillonarios del norte que sufrieron muchísimo en sus carnes una década de ajustes para pagar la incorporación de Alemania Oriental al primer mundo, las pobres grandes cuentas de Goldman que vieron cómo bajaba el valor de sus opciones sobre estimaciones de posibles valores futuros, y una larga lista de víctimas de esos cabrones del sur de Europa que querían tener unas bonitas vacaciones mientras nadie les alertaba de nada. Claro, todo el mudo se ha visto perjudicado por esta crisis, de acuerdo. Si Europa, como proyecto común de la gente que por casualidad ha nacido en este lugar del mundo, vale para las duras, me pregunto por qué no vale para las maduras.

Da que pensar, la verdad, que las noticias muestren estas horrorosas medidas de la troika, Zapatero, Rajoy, Pasos Coelho y similares, como si estuvieran afectando a todo el mundo por igual. El continente que sufre en común. El mito fundacional que necesita Europa. Las mismas protestas en todas partes. Es todo tan de a-be-cé que hasta da vergüenza verbalizarlo. El sectarismo europeo de hablar de proyecto común cuando hay cuatro gatos que se lo llevan crudo, o de hablar de libre circulación de personas, capitales y servicios, cuando pensamos en el eurocorralito y a los rumanos y búlgaros se les trata de apestados... Pero hombre, libre circulación habrá de las grandes empresas anticapitalistas con el sudeste asiático, más o menos, y de ella sacan ganancias cuatro listos. Pero al 90% de la población la empobrecen, en un mercado profundamente controlado y con unas expectativas de futuro muy limitadas. Y cuando hablo del 90% de la población, me refiero de España, Chipre, Alemania y de todas partes. La distribución de la riqueza en los diferentes países es algo como para alquilar balcones: es la misma siempre. Ahí sí que hay integración: en el reparto de la miseria y la extracción de la prosperidad. Acabáramos.



* Tengo una pregunta que a lo mejor es muy tonta: ¿cómo es posible que las mentes más brillantes de la economía europea propusieran una moneda común sin antes establecer una fiscalidad común y unas instituciones de gobierno comunes? Llevamos veinte años preguntándonos esto. Y digo yo, ¿y si las mentes más brillantes no fueran tan tontas? ¿Y si se buscó adrede primero hacer una moneda para DESPUÉS hacer aparecer la demanda de instituciones políticas comunes? Echad un vistazo a Europa, ¿cómo íbamos los europeos a demandar una unión política desde cero? Nos tuvimos que tragar el euro y ver lo mal que funciona para ahora reclamar la unión política. Y bueno, desde el punto de vista de un español, esto es algo de lo que se suda bastante (Europa es una fantasmagoría que flota por el aire), pero imaginaos cómo convencer a un polaco de recibir órdenes de un alemán. Je.

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