viernes, 15 de marzo de 2013

Del comercio de la lana en el siglo XV

España entra en la modernidad con dos ideas muy medievales tatuadas en la frente. La primera, el precio de venta debe ser un precio justo, objetivo, identificado con el coste de producir esa cosa. La segunda, los préstamos sólo se pueden conceder para aliviar una situación sobrevenida, por lo tanto, no puede haber interés, ya que sacar partido de la desgracia de otro es usura.

Estas dos ideas marcan el movimiento de dinero cuando Colón descubre el Nuevo Mundo. Pero estas ideas no eran las ideas «naturales» que salían de la práctica comercial cotidiana. Estas ideas fueron puestas en práctica y de obligada observancia a partir de Concilio de Vienne en el que se condenó la actividad bancaria de la Orden del Temple. Así, la economía no debía de producir plusvalías, por lo tanto, no se podía invertir ni había incentivos para buscar un valor añadido a la actividad comercial.

Sello templario.

La actividad comercial predominante era el comercio de lana. Ya vimos que debido a la caballería ligera musulmana, los norteños se acostumbraron a basar su economía en la ganadería. En la Baja Edad Media esto no era ninguna tontería. Castilla era el reino más rico de Europa (adivinad cuál era el segundo), porque la lana era el petróleo de la época. O los microchips de los siglos XIII-XV. Tal era así, que el lobby más importante de aquella época era el Honrado Concejo de la Mesta y las políticas del reino procuraban beneficiar a los ganaderos en detrimento de los agricultores. No estaba mal: la marina mercante castellana competía de tú a tú con la flota de la Liga Hanseática. Un puesto comercial castellano en Amberes era un lugar muy serio para la época. Las cocas llegaban a Rusia cargadas con lana de Medina del Campo. Y los potentados lanares de Bilbao (cuando Bilbao era el puerto de Burgos) o Valladolid, eran los Bill Gates de la época.

Podemos superponer el mapa de la lana a un mapa de densidad de población y ver algún tipo de correlación.
La deducción básica cuando tu país vive prácticamente de un monopolio de exportación de producto no elaborado, es que esa dependencia es tu propia condena. Esto, la gente antigua que vestía calzones, lo sabía. Hubo muchas medidas para proteger a los fabricantes de paños. Ojo, no se trataba de proteger a los exportadores de lanas frente a las importaciones de lana inglesa. El mercado de lana en España no tenía competidor extranjero. Se trataba de proteger los intereses de los fabricantes de paño españoles. ¿Cómo? Instaurando el derecho de tanteo (Enrique IV, Reyes Católicos, constantes ordenanzas) y aranceles (Tributo nuevo de las lanas, 1558). Así, los fabricantes de paño tenían prioridad a la hora de comprar lana frente a las exportaciones.

Pero esto no funcionó. España continuó exportando mucha más lana que elaborando manufacturas. Los paños extranjeros invadieron el mercado y como la pescadilla se muerde la cola, aumentó la dependencia de las exportaciones de lana, condenando al país a la miseria, la despoblación (bueno, las levas ayudaron) y al retraso en la mecanización de la industria textil.

¿Por qué los españoles prefirieron vender sus mejores lanas a los pérfidos extranjeros?

Tengamos muy presentes las dos reglas de oro de la economía tradicional española:
  • Precio de venta debe ser igual al precio de fábrica.
  • Los préstamos sólo se otorgan por circunstancias sobrevenidas y sin interés.
Sí amigos, eso unido a los confiscatorios impuestos al comercio en el XVI, parece el programa electoral del 15M. Banda ancha para la miseria. Los ganaderos tenían que pagar «las yerbas» (impuestos y alquileres por el uso de dehesas) religiosamente sin que a Solchaga o Montoro les importase su nivel de liquidez. Los mesteños no podían acceder al crédito en España (menos aún tras la expulsión de los judíos), así que la única forma de poder pagar «las yerbas», era pedir dinero adelantado a sus clientes extranjeros.

Los malvados herejes protestantes no tenían problema en practicar la usura. Y tampoco le hacían ascos a mantener en la cuerda floja la recaudación tributaria española, ya que lo habitual era que los tercios se pasearan por su país como los marines por Iraq, y eso no gustaba a la gente. Desagradecidos.


Los mercaderes extranjeros visitaban las plazas castellanas y pagaban por adelantado la producción del año siguiente. Los fabricantes de paño españoles, con su derecho a tanteo, nunca pagaban por adelantado. Llegado el momento podían adquirir, al precio convenido por su competencia extranjera, hasta un tercio de la producción de la plaza. Claro, este solía ser el precio pactado el año anterior, con lo que a efectos prácticos, los fabricantes de paño se beneficiaban de intereses negativos.

Los ganaderos, como se ha dicho, tenían una preferencia irremediable por hacer negocios con los extranjeros. Tan inteligente era la hacienda pública por aquellos siglos, que cobraban los impuestos antes de la temporada de esquileo. Pero los ganaderos tampoco eran víctimas, aparecen en el Registro del Sello numerosos testimonios de quejas contra los ganaderos por inflar los precios (y no precisamente para pagar impuestos o hacer frente a gastos inesperados... se construyeron bonitas casas en aquella época... y los botellones eran épicos).

El especulador

En Lo que el viento se llevó, hay un capítulo en el que habla de los especuladores. Me parece una figura literario-artística muy bonita. A partir del XV-XVI, cualquier libro de historia de España tiene que dedicar un capítulo a los especuladores (o intermediarios o revendedores, Pedro de Burgos les llamaba «regatones»). Si no se lo dedica, es que es una basura de libro y se lo podéis hacer comer a su autor. Los especuladores españoles comenzaron a competir con los exportadores extranjeros y los fabricantes de paño locales por la producción lanar.

Feria General del Reino. Medina del Campo.
Eran una nueva clase de gente. Tenían gran movilidad laboral, sabían idiomas, conocían la ley e influían en el poder. España empezaba a perder aquellas ideas medievales (¿influjo de la Escuela de Salamanca?). Como eran comerciantes que no fabricaban nada, recibieron muchas quejas y alguno salió en cajón de pino de algún pueblo. El caso es que estos regatones compraban por adelantado toda la lana de un obispado, y luego la revendían más cara a los telares reales o a los productores locales.

Las Comunidades

La revuelta de las Comunidades protestaba entre otras cosas contra esta práctica. Sin embargo, quienes vendían el producto no tenían más remedio que colaborar con regatones y exportadores si es que querían sobrevivir a los impuestos y alquileres. Era muy fácil que algunos reclamaran la prohibición de exportar, sin embargo eso habría supuesto la desaparición del comercio lanar.

La situación se resolvió en falso con una guerra, la de las Comunidades. España empezaba a ser un país moderno que no podía permitir situaciones levantiscas, sobre todo en el lugar donde más impuestos recaudaba. Descubrir el Nuevo Mundo, la llegada de Carlos y las nuevas guerras de religión, cambiaron el foco de atención.

El problema de la lana no se resolvió nunca. España siguió exportando grandes cantidades hasta que los ingleses comenzaron a inundar el mercado textil con algodón que recogían sus esclavos.

Y esta es —por sus consecuencias— la parte más importante de la historia económica de España. Pero hay más. En el momento de cerrarse en falso esta crisis de la lana, comenzaron a llegar metales preciosos en gran cantidad. Aunque esa es otra historia.

Bruno de Heceta, en 1775, explorando Alaska. Dramatización.
Inciso

Un inciso de An Introduction to the History of the Principal Kingdoms and States of Europe, de Samuel von Pufendorf, Joseph Sayer y Antoine Augustin Bruzen de La Martinière (c.1750):

La condescendencia, avaricia y crueldad de los españoles, les hace odiosos a los ojos de las naciones sujetas a ellos. Como España está poco habitada y en consecuencia es incapaz de formar grandes ejércitos de a pie, es difícil que mantengan sujetos sus extensos dominios. Hay varias razones para esto. Sus mujeres, golpeadas por el aire seco y caliente, no son tan fértiles como las de los países del norte. En el interior hay lugares incapaces de producir lo necesario para albergar vida.

Otra razón puede ser el gran número de eclesiásticos que toman el voto del celibato. Las guerras de esta nación en Italia y en los Países Bajos en gran medida han reducido el número de sus habitantes. Pero nada ha contribuido más al vaciamiento de España, que sus colonias americanas, a las que los españoles son muy aficionados a ir, ya que con pequeños comienzos pueden lograr bonitas sumas.

A todas estas razones se les puede añadir la desaparición de los moros de España por Fernando y Felipe.

(...)

...aunque los españoles no son malos políticos ni malos soldados, este Reino no se muestra formidable ante sus vecinos sino al contrario, aparenta mantenerse a sí mismo malamente [fcarce fupport itfelf]. La razón principal de esto, es que los habitantes de la Vieja España [Old Spain] no son lo suficientemente numerosos como para mantener sus extensas provincias, propensas a la tranquila sedición [prone to Sedition quiet], y al mismo tiempo hacer frente a un enemigo poderoso. Esto no se puede hacer de forma segura, ya que es necesario disuadir a los países sujetos del valor y la habilidad militar para que sus habitantes no estén en condiciones de deshacerse de su yugo. Y cuando es necesario hacer levas en aquellos países, nunca se les confía la defensa de su propio país sino que se emplean lejos y bajo mando español.

La gran lejanía de sus dominios es otra desgracia de este Reino. Le resulta imposible al Rey saber cómo se comportan sus gobernadores, y a la gente de esas tierras, cuando oprimida, apelar a su Rey.

(...)

...los españoles son por lo general intolerantes y hay muchos jesuitas entre ellos.
Referencias:
  • García Sanz, Ángel. Competitivos en lanas pero no en paños: Lana para la exportación y lana para los telares nacionales en la España del Antiguo Régimen, “Revista de Historia Económica”, XII/2 (1994).
  • Diago Hernando, Máximo. El problema del aprovisionamiento de lanas para la manufactura pañera castellana a fines de la Edad Media. Anuario de Estudios Medievales, Vol 38, No 2 (2008).
  • El blog del mundo lanar - Fiesta de la trashumancia de Medina del Campo.


4 comentarios:

Drizzt 15 marzo, 2013  

Precio de venta debe ser igual al precio de fábrica

No conocía esa historia. Me pregunto cuanto esa manera de rechazar el margen (la plusvalía diría Marx años más tarde) hizo que jamás se desarrollara nuestra industria y cuánto daño causó a la economía española.

Teseo 15 marzo, 2013  

El segundo más rico, el reino de Aragón. Fijo.

Pablo 15 marzo, 2013  

Drizzt, creo que fue eso lo que impidió que apareciera antes la revolución industrial en España. En todo caso, no es asunto baladí.

Enrique 16 marzo, 2013  

Me encanta ese paralelismo con el programa electoral del 15M. Resulta cómico porque precisamente gente que es abiertamente anticatólica defiende lo mismo que venía defendiendo la Iglesia en el siglo XV. ¿Que los beneficios son moralmente inaceptables? ¿Que hay que repartir el dinero y el trabajo? ¿Que somos todos iguales? ¡Enhorabuena! Han inventado ustedes la caridad cristiana. Ahora, para tener la Iglesia medieval al completo, sólo tienen que montar un ritual para cada vez que se reúnan, pedir dinero para la causa, convocar cruzadas contra los no creyentes... Ups.

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