miércoles, 6 de febrero de 2013

Que los expertos tomen las decisiones

La idea que algunos tienen del cambio político que se supone necesita este país, es de un sofisticado que te rilas. Resumiéndolo mucho consiste en acabar con los problemas políticos, acabando con la política (y que parezca un accidente).


Cuando alguien te suelta cosas como que las cuestiones públicas deben corresponder a expertos. O cuando alguien te niega que existe una batalla de ideas enfrentadas en varios frentes que se plasman en una representación más o menos fiel en una cámara. O cuando te dicen que para tomar decisiones hay que consultar constantemente a la ciudadanía, no puedes sino echarte las manos a la cabeza, salir corriendo con algo escrito por Cicerón, agarrar una escopeta, e irte a vivir a una cueva.


El camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Como los políticos «no saben nada», es mejor que las decisiones las tomen expertos. Ésa es la idea. Una idea que debe no pocos motivos de existencia al desconocimiento no ya sólo de la tradición política, sino de la misma administración e incluso si se quiere, de la dialéctica de estados.

Sí es cierto que existe un desarrollo teórico que se llama anarquía, que vendría a ser la carencia de un gobierno. No me refiero a esto, sino a la idea de que el gobierno sea una especie de computadora humana que tome las decisiones «correctas» en favor del «bien común». ¿Quién puede rechazar esto...? A bote pronto diría que lo pueden rechazar aquellos cuyo bien particular (sea individual o colectivo) choque con el «bien común».

Además, estos proyectos voluntariosos bizarros chocan con la base fundamental de la política: no existen decisiones en el ámbito del gobierno de un país que no sean decisiones políticas. La contradicción es de nivel de Pocoyó. Incluso a la hora de elegir una forma de gobierno, se está decidiendo políticamente.

Claro, lo que te dicen es: «se trata de que la población participe más en política, que tome decisiones basándose en criterios de expertos en cada área». Lo dicen como si actualmente no fuera así. Pondré un ejemplo: el petróleo de Canarias. ¿No vemos hoy opiniones del lobby medioambiental y opiniones de expertos en defensa? Son opiniones expertas y no contradictorias que dan resultados distintos. El analista de defensa no contradice al ecologista cuando dice que las plataformas son feas. El ecologista no contradice al analista de defensa cuando alerta escandalizado de nuestra dependencia energética exterior de países no muy fiables.


¿La solución de los cazadores de unicornios? Que opine el pueblo. Opinionlandia. Supongo que soy una persona aborrecible cuando, en el marco de la dialéctica de Estados, de seguridad nacional, de política energética, etc, digo que hay cosas que no pueden depender del sentir coyuntural de la gente. Dicho de otro modo: me parece un riesgo asumir que la opinión de una generación en unas condiciones particulares, comprometa a varias generaciones futuras. O si queréis: me resulta escandaloso que una política dependa de una campaña de marketing. Porque esa es otra: ¿cómo construimos nuestra opinión las personas? Ninguno de estos voluntariosos entra ahí.

Si recabar la opinión de expertos (que nunca será única, luego no existe una opinión objetiva sobre ningún tema, salvo para los católicos por ejemplo y ni siquiera para nosotros a lo largo del tiempo) fuera el súmun de la ciencia política, Carlomagno hubiera sido un gran demócrata, recabaría la opinión de expertos, informaría a sus vasallos y estos elegirían lo mejor, pero hoy no tendríamos hornos microondas, probablemente. Encuestas del CIS del siglo VIII, je. ¿Alguien no pensaba en el Aquisgrán de Carlomagno que habían llegado a la cúspide de la civilización? ¿Por qué hemos de pensar lo mismo hoy, cuando todo apunta a lo contrario? Los cazadores de unicornios deben de pensar que la «opinión experta» es estática en tiempo y espacio. Una especie de nube de éter invariante llena de ideas flotando por el espacio interdimensional. O algo.


Kudos a Elentir.

Además, está el problema de esa nueva nomenklatura de expertos. ¿Los «expertos» son máquinas que no se mueven por incentivos? Lo dudo. En La Unión Soviética esto lo sabían bien y por eso (y otras razones) creaban naukogrados: sé experto, pero no saltes la verja.

Sospecho que la presunción última es que el sistema político funciona mal. Presunción con la que casi todo el mundo está de acuerdo. Pero se trata de un sistema político representativo. Es decir, ¿las cosas no funcionan bien o no te gustan? Participa, organízate con otros y haz ruido. Es complicado. Mucho. Pero quizás menos complicado que pretender cambiar no ya el gobierno, sino la forma de gobierno haciendo una wiki y compartiendo en facebook.

Retranca yanqui:




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