martes, 5 de febrero de 2013

Jugar al despiste

Bárcenas, que es un tipo que ha trabajado durante 20 años para el PP, pero que dice el PP que no tiene nada que ver con el PP, saca tiempo de entre sus líos judiciales para comentar que la letra que aparece en los papeles no es suya, o si es suya, que está manipulada. Obviamente Bárcenas no va a ser tan idiota como para decir públicamente que los papeles son suyos y cuentan la verdad: estaría reconociendo que es un delincuente.

El PP, que tiene todos los incentivos del mundo para decir que la juerga no va con ellos, reafirma lo dicho por Bárcenas: esos papeles son una cosa extrañísima, que varios altos cargos confirmen los asientos contables y el propio sumario del caso Gürtel también, es una coincidencia galáctica curiosísima.


Tan curiosa como que hasta hoy sólo hay indicios de veracidad y ni uno solo de falsedad, salvo el chorizo ese diciendo que es falso y el PP bailando el chotis.

A esto se le suma que El País sólo tiene fotocopias, no los originales, cosa que supongo que nos debe importar, pero, oye, qué quieres que te diga, a mi no me importa mucho.

De lo que se trata es que a efectos judiciales estos papeles supongan que se ha estado cometiendo cientos de delitos contra el fisco o no. Pero es que eso es lo que a mi menos me importa. De hecho, la mayoría ya estarían prescritos.

Imaginemos el mejor de los casos para el PP: la gente enseña sus declaraciones de hacienda y ahí constan esos pagos. Bien. En ese caso «exculpatorio» tan solo tendríamos la confirmación de que empresas que reciben contratos públicos meten dinero en una caja con la que se paga a cargos públicos. Todo perfectamente legal y al mismo tiempo una razón más que suficiente para exigir responsabilidades políticas.

Una cosa es la responsabilidad civil o penal que esta gente tiene que aclarar ante el juez y otra muy diferente la responsabilidad política que tiene que aclarar ante electores y opinión pública. En cualquier país que no se esfuerce por parecer una república bananera, cualquier político debe situarse a un millón de kilómetros de algo que remotamente se pueda parecer a algún indicio extraño de alguna cosa que no está muy clara y que a algún malpensado le pueda hacer pensar en sus sueños más bizarros que quizás, en algún momento, por algún despiste, casi sin querer, tropezó y se encontró un billete de cinco euros.

Eso es lo que no entienden.


Y no, no se trata de una caza de brujas. Si se tratara de una caza de brujas, todos los jueces de instrucción del país abrirían investigaciones de oficio para que por lo menos la gente tuviera cierto acceso a los chanchullos en todos los pueblos y aldeas. Eso no sólo no pasa, sino que además se le da la vuelta a la tortilla, ya sabéis: ¿por qué El País publica eso sin pruebas? ¿por qué no hay manifestaciones delante de las sedes del PSOE? ¿por qué se hace pagar a justos por pecadores?

Todas estas chorradas y juegos al despiste provocan la vergüenza de cualquier persona más o menos normal. Casi tanta vergüenza como Rajoy diciendo que todo es falso salvo alguna cosilla. Con un par. Rajoy convertido en el nuevo Epiménides: todos los cretenses son unos mentirosos, salvo los que están suspendidos en un globo aerostático lleno de caca.

Hay regiones del país que tienen tasas de desempleo similares a las de las zonas precipitadamente desmilitarizadas tras un conflicto bélico. Y me andan con éstas: yo no fui, fue Fulanito. De los seis millones de parados, puede que dos o tres millones jamás vuelvan a trabajar en su vida, ante esto, no es que este gobierno en entredicho reviente las burbujas y haga desfilar por interminables y maratonianas comisiones en el Congreso a miembros del consejo de las cajas de ahorros y a responsables de adjudicaciones públicas de equipamientos dudosos, sino que hace un banco malo para que a los banqueros rescatados con dinero público no les duela mucho la caída de precios de la vivienda (y de paso no afecte mucho a la solvencia de los bancos alemanes que guardan deuda de entidades tóxicas españolas). Es que eso es lo que ve la gente normal. ¿Los papeles de Bárcenas? Por Dios, os mataréis en la caída.

Bancos con participaciones en otros bancos que a su vez son dueños de empresas constructoras que tienen un montón de filiales y acceden a contratos públicos licitados mediante el procedimiento de «oye Paco, yo no voy a este concurso, voy al otro, terreno libre». Empresas que crean sociedades con el único fin de cuadrar balances para no pagar el impuesto de sociedades correspondiente a sus beneficios. Perros y gatos cohabitando. Analfabetos funcionales que hacen todo lo posible para proteger mercados y así seguir succionando. Gente que pretende decirnos dónde está el problema cuando todos vivimos en ayuntamientos cuya única fuente de ingresos es especular con el suelo. Tipos que se ponen medallas por reducir puestos de trabajo en administraciones o empresas que si son públicas están infladas y si son privadas viven a expensas de los impuestos de todos.

Dice Alfonso Alonso que hay una «campaña de linchamiento» contra ellos. No, hombre, si la hubiera, cada vez que nos cruzáramos por la calle con algún cargo del PP, le partiríamos la cara. En los restaurantes, los comensales pedirían chorizos para su mesa. En los aviones, la gente pediría un vasito de plástico, mearía en él y luego lo vaciaría sobre sus caras. No se trata de un linchamiento, se trata de hacer lo correcto: pedir explicaciones. Es lo que en las democracias occidentales se le pide a la gente. No se trata de votar cada cuatro años, sino de pedir explicaciones todos los días. Y si alguien, por algún despiste, se salta un semáforo en rojo, exigir la inhabilitación de por vida a esa persona y a toda su progenie.

Alguien preguntará ¿por qué ser tan exigentes con el PP y no con el PSOE? Pasando por alto la tontería de ver esto como un partido de fútbol, lo cierto es que al PSOE sólo se le debe pedir que se disuelva y entregue las armas. Juegan en otra liga. Tipos que heredan el estado franquista y no cambian nada, salvo por la mera sustitución biológica de sus partes atómicas. Una banda que de la noche a la mañana pasa de la seda a la pana por un consenso muy extraño y con un apoyo evidente de ciertos actores europeos para cerrar el mapa de Europa por el occidente. Que en ningún momento se preguntaron si la lluvia de millones para hacer desaparecer el sector industrial era lo conveniente para un país donde los mascachapas sólo saben hacer dinero comprando barato y vendiendo caro. Que ese dinero no lo emplearon en 25 años para hacer algo más que carreteras. Que ponen a un tamagochi de presidente del gobierno. Que por ejemplo, llevan 30 años gobernando Andalucía mediante la succión y Andalucía crezca menos que el resto de España durante esas décadas. Tipos que no han tenido reparos en plantearse si volar o no la cúpula de ETA. Gente que da lecciones de cultura y sofisticación cuando se han cargado la exigüe cultura española del último tercio del siglo XX a golpe de talonario público. Individuos que han contribuido como nadie a la mercantilización de la política, a asegurarse que en este país no te salgas de un debate público que da vergüenza ajena, promoviendo una dicotomía oficial inexistente en la calle. Ingenieros sociales con posgrado en Marbella que diseñan un Estado del Bienestar que es una mera provisión de servicios públicos en situación de monopolio y con empresas privadas proveedoras que parasitan al Estado. Gente que se les llena la boca con sus conquistas sociales y sus famosos ascensores sociales en un país en que las cuatro familias que lo petaban en 1950 son exactamente las mismas que lo petan hoy. Que cada dos por tres te saltan con una idea de bombero sobre cómo construir una nación de naciones plurinacional y federalizante y sin embargo tienen a Extremadura hecha unos zorros desde tiempos de Isabel II. Tipos que intentan darte lecciones con la cara de cemento armado acerca de cómo tenemos que remar todos en la misma dirección y han estado mercadeando presupuestos generales con una minoría en el Congreso para sobrevivir cuatro añitos más. Unos zascandiles cuyo objetivo vital es tener chalet en la Moraleja y masticar un puro que vale más que el salario semanal de sus criadas dominicanas. Gente que te dice que tienes que criar a tus hijos en colegios pentalingües con pizarra electrónica pero a cuyos hijos mandan a centros privados extranjeros. Babosos que te dicen que lo han cambiado todo en este país por el mero gesto mágico de alzar una bandera con el manido fachas y progres. No merece la pena ni mentarlos.


En esta crisis de régimen, no merece la pena hablar del PSOE. Bueno, salvo en un tema muy curioso: ahora que se le busca sustituto a Rajoy, aparecen listas de candidatos presidenciables. ¿Cuál es el recambio del PSOE? Este tema sí tiene cierto morbillo: todas las figuras conocidas tienen chapapote del tamagochi. Sin ir más lejos, Pepe Blanco quiere ser presidente de la Xunta. ¡Pepe Blanco! Conozco pueblos en los que le pueden linchar de verdad. No con coñitas de echarle pis a la cara, sino lincharle de verdad: algarabía, azadas, rastrillos. Como el final de la película El perfume.

Capitalismo clientelar:




2 comentarios:

Teseo 05 febrero, 2013  

Eres muy injusto con la Pesoe: no hay nada malo en que un zascandil aspire a tener un chalé en la Moraleja (excepto por el mal gusto).

Pablo 07 febrero, 2013  

No hay nada malo excepto si lo haces reuniéndote en gasolineras con empresarios tramposos.

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