sábado, 23 de febrero de 2013

El Julio Anguita de Turkmenistán

Si le das a un perroflauta poder supremo sobre un país que nada en un mar de petróleo y gas natural, ¿qué crees que hará? Los veinte años de opresiva y excéntrica dictadura de Niyazov vienen a ser la respuesta. No hablo de un tipo que se dedica únicamente a succionar las riquezas nacionales como el dictadorzuelo de Guinea Ecuatorial, hablo de un tipo que hizo eso, sí, pero sin que lo parezca.

Una zona calentita. Y no lo digo por el desierto de Karakum.
El fulano este fue bastante astuto, porque obtuvo la silenciosa aceptación de la comunidad internacional (hasta el punto de hacer aprobar por la ONU una resolución a favor de la neutralidad de Turkmenistán, cosa que celebró con una estatua gigantesca suya de oro sobre un pedestal de mármol no menos gigantesco). Lo hizo mejor que otros dictadores completamente chalados. Eso, un par de medidas de Buen Rollo™ (abolió la pena de muerte) y que nadie sabe nada de Turkmenistán, ayudaron a construir uno de los regímenes más chalados que te puedas imaginar.

Comencemos por el principio. A Niyazov le cogió el gran terremoto de 1948 con ocho años. El terremoto mató a toda su familia así que la consejería de familia le envió a un orfanato. Desde allí, gracias al poco exigente sistema educativo soviético, llegó a graduarse en ingeniería eléctrica. Regresó a la RSS Turcomana y se puso a trabajar en una central eléctrica. Durante veinte años trepó por las filas del Partido hasta que alcanzó el Comité Central. Allí le cogió en buena posición un escándalo de corrupción del dictadorzuelo de turno y fue nombrado líder del Soviet Supremo Turcomano.

Por supuesto, como buen comunista, él era de la línea dura. ¿Perestroika? ¿Glasnost? No le vengais a Niyazov con esas mierdas. Niyazov tenía muy claro lo que el pueblo quería y necesitaba. Tras el golpe de estado a Gorbachov, por supuesto que se puso el primero en la línea de salida de la URSS y proclamó su independencia. El comunismo ya no vale, lo llevo diciendo toda mi vida, soy un demócrata. Para demostrar lo demócrata que era, prohibió el Partido Comunista de Turkmenistán y fundó el Partido Democrático de Turkmenistán. Para no andar con mucha burocracia, todos los miembros del PC pasaron automáticamente al PD.

Aló presidente.
Así, en el año 92, Turkmenistán convoca las primeras elecciones libres de estilo occidental de su historia. Niyazov ganó con el 99% de los votos. En agradecimiento a su pueblo, fundó la Asociación Mundial de Turcomanos para estrechar los lazos de esa comunidad con su país natal. Él por supuesto se nombró presidente de esa asociación, y se añadió un título a su nombre: Turkmenbashi, padre de los turcomanos. Algo parecido a lo que hizo Ataturk.

Una de sus primeras medidas como presidente, líder y padre de los turcomanos fue declarar la neutralidad de Turkmenistán ante cualquier pacto o tratado militar, político y económico. Para demostrar que iba en serio, hizo firmar a 185 países de la ONU una resolución apoyando su decisión. Para celebrarlo levantó un monumento de 80 metros rematado por una estatua suya hecha de oro con un mecanismo que lo hacía girar para mirar siempre el sol. Yeah!

En el Día del Melón, la plaza se llena de colores. Lo del Día del Melón no es una coña.
Una vez que el nuevo súper-palacio presidencial hecho de mármol importado estuvo acabado, se mudó con su madre, la parienta y los críos. Como Carlos III, adecentó la capital, Ashgabat, con parques, avenidas, mezquitas y palacios. Pero a diferencia del rey-alcalde, él no supo parar a tiempo. Cambió el alfabeto cirílico por el latino, cuando murió su madre le puso su nombre al mes de abril (de hecho, quería tanto a su madre, que la palabra "pan" en turcomano, pasó a ser también el nombre de su madre), cambió los nombres de los días de la semana, le puso su nombre a un meteorito, varios aeropuertos, una marca de vodka, varias marcas de colonias, a la ciudad de Krasnovodsk,...

Pero esto era poco para Niyazov Turkmenbashi. Así que decidió cambiar los billetes del país y ponerles a todos su cara, el logotipo de la televisión nacional pasó a ser su cara dorada y sorprendentemente, el pueblo agradecido retiró miles de libros de bibliotecas y librerías para poner muchos ejemplares de su propio libro.

Monumento al libro que escribió. De noche se abre y se proyectan escenas del libro.
El libro que escribió Niyazov (una reescritura de la historia del pueblo turcomano con consejos para la vida diaria y algún poema), tuvo tanto éxito de público y ventas, y resultó tan revelador, que no solo se levantó una estatua al libro, sino que para aprobar oposiciones y el carnet de conducir, caen preguntas sobre el libro. Es más, hasta se aprobó que ese libro figurara al lado del Corán en las mezquitas. Algunos desagradecidos protestaron y sólo lograron cenar lomo a la vara mientras veían cómo se derribaban sus mezquitas.

Niyazov estaba majareta, sí, pero no más que Julio Anguita. Aprobó que la luz, el gas y la sal fueran gratuitos para toda la población e incluso cierta cantidad de gasolina al mes también fuera gratis. Estas medidas ayudaron a la gente a aceptar que cerraran todos los hospitales y bibliotecas del país excepto los de la capital. ¡Viva!

Ah, pero gobernar tan sabiamente no es fácil, aunque tu país tenga la segunda reserva de Gas Natural del mundo. En 2006 el gobierno decidió dejar de pagar las pensiones de jubilación. No sólo eso, sino que exigió que se reintegrara lo pagado durante los dos años anteriores. Para que la medida no repercutiera tanto en la vida de la gente, Niyazov prohibió gastos superfluos como las cintas de vídeo, la ópera, el ballet, mascar tabaco, las barbas, los operadores de internet, fumar, el circo, la Academia de Ciencias, la prensa, los dientes de oro, el maquillaje, el playback, los perros...

Tras tanto duro trabajo, levantó más estatuas suyas de oro.





Un día de verano (el verano turcomano son 40 grados a la sombra, recordad que Turkmenistán cubre el desierto de Karakum), el padre de los turcomanos se estaba abanicando y tuvo una gran idea: construir un palacio de hielo. No una pista de esquí artificial como en los centros comerciales del decadente occidente, sino un palacio hecho de hielo con una pista de hielo en su interior para que 1.000 turcomanos disfrutaran del fresquito. Cómo hacerlo en mitad del desierto es algo que no sabremos, no se llegó a hacer, lo que debió sentar muy mal al bueno de Turkmenbashi.


Cuando no recibía algún premio por ser el turcomano del año o cuando no estaba ocupado cobrando sobornos de directivos de Gazprom, Turkmenbashi tenía tiempo también para modernizar la producción de algodón, mejorar algunas infraestructuras, acordar con China e Irán trazados de gasoductos y revisar la fabulosa fortuna que le guardaban amablemente trabajadores del Deutsche Bank sin hacer preguntas.

Para las elecciones de 2002 sucedió algo horrible, alguien disparó contra el coche del presidente. Las malas lenguas dicen que fue un atentado de falsa bandera pero el presidente, sabiamente acusó a su rival opositor y lo metió en prisión,... y le obligó a presentarse contra él igual en las elecciones (desde prisión). Evidentemente Niyazov ganó con el 99% de los votos y para demostrar que no le guardaba rencor, prometió a su rival que le indultaría si escribía dos redacciones: una, explicando el intento de magnicidio, la otra... explicando por qué Turkmenbashi era el Mejor del Mundo en Todo.

El tipo lo hizo y Niyazov lo indultó. Esto es el poder. El poder omnímodo. Un tipo de poder que deja a Frank Underwood a la altura de los boy scouts.

Con la broma de las estatuas, Turkmenistan tiene una bonita reserva de oro.
Su Excelencia Niyazov Turkmenbashi, Presidente de por vida y Padre de los turcomanos murió de un ataque al corazón en su súper-palacio en 2006. Se convocaron elecciones y su segundo las ganó con un 99% de los votos... Eh, al menos los meses del año vuelven a tener nombres normales y la estatua gigantesca que siempre miraba al sol fue retirada. Además, ahora, curiosamente, el gobierno turcomano está dispuesto a hablar con la UE sobre el gasoducto Nabucco, cosa que rechazaba la anterior administración.

Carrera de caballos bajo la mirada del sucesor electo de Turkmenbashi. ¡Todo bien en Asia Central!


2 comentarios:

Teseo 23 febrero, 2013  

¡Venga ya! Julio Anguita jamás tiraría una mezquita (ni siquiera una basílica).

Ese país tiene un gran futuro, para empezar las calles estan limpias: no ves un solo papel en el suelo y mucho menos cagadas de perro.

Si la familia de Niya murió en el terremoto del 48, ¿cómo pudo trasladarse con su madre al palacete bonito? ¿la tenía disecada como Norman?

El detalle de mandar al líder de la oposición a escribir una redacción contando porque el presidente es mejor en todo es impagable...

Pablo 23 febrero, 2013  

Lo de la madre es una licencia. Murió en 1948.

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