sábado, 10 de noviembre de 2012

Relacionar autonomías y nacionalismo

Hay gente que cree que las autonomías sólo sirven a los intereses de los partidos nacionalistas. Hay gente que piensa en serio que la existencia de las autonomías sólo se explica como compensación o cesión a los partidos nacionalistas.

Ceremonia de entrega de la patrullera «Conejera» a la Armada Senegalesa (Cartagena, febrero de 2012).
Se trata, creo, de la misma gente que caga sentencias sin mirar los datos o pararse a preguntar.

En Galicia, un 74% de la población no se considera nacionalista. En teoría, siguiendo el argumento de los antiautonomistas mencionados, un 74% de la gente quiere acabar con el estado de las autonomías. Pero el dato nos dice que esa proporción de gente se sitúa en el 21%. Seamos generosos y abramos el campo a la suma de quienes quieren quitar las autonomías y quienes quieren ver reducidas sus competencias. En ese caso estamos ante el 31% de la población.

Qué curioso: un 74% no es nacionalista y sólo un 31% quiere reducir las autonomías. Es decir, dentro de quienes no son nacionalistas, menos de la mitad quieren reducir las autonomías. Dentro de quienes no son nacionalistas, tan solo una minoría quiere acabar con ellas.

¿Por qué?

Especulo: hay dos motivos principales por las que alguien va en contra de la construcción autonómica.
  • El motivo ideológico: España está mal hecha, debemos tender hacia una homogeneización que nos dará felicidad y nos hará «normales» (problemazo: para mi lo normal sería que la Policía Nacional, en Madrid, me hablara en gallego. Báilalo ahora).
  • El motivo económico: La construcción autonómica está mal hecha porque las CC.AA. se encargan de las políticas de gasto y no de las de ingresos, la transferencia de competencias parece infinita y eso crea desigualdad. Además, se tira dinero pagando la construcción de miniestaditos de la señorita Pepis, tenemos universidades en cada provincia y la financiación autonómica es un sindiós.
El motivo ideológico no tiene arreglo. El económico sí. Yo todavía no he visto a esa mayoría de personas que no se hacen oír, exigiendo cambios en la forma del estado autonómico para corregir las ineficiencias del sistema. Desde luego los políticos no pedirán un cambio en este sentido. Para ellos es mejor mantener el Senado tal cual está y que no sea una cámara de representación territorial en la que los senadores, representando a las autonomías, puedan participar en el proceso de creación o veto real de leyes.

Pero ganamos la Eurocopa.
Nadie, en este sentido, menciona el conflicto que supone tener órganos legislativos regionales que chocan constantemente con la legislatura nacional. A nadie se le ocurre que no hay una única solución para resolver estos conflictos -cargarnos las autonomías-, sino que existen otras soluciones que pasan por la reforma del Senado, el cogobierno, la limitación competencial y el poder mágico de nuevas leyes electorales.

Pero, sorprendentemente (¡es la mayoría de la gente!) no veo propuestas en este sentido. Entiendo que la posición fácil es culpar de todo a los malvados nacionalistas que quieren romper esta España mía, esta España nuestra (¡pero eso lo dice una minoría, inferior en número a los propios nacionalistas!). Entiendo que una solución pasa por recentralizar a tope y conceder graciosamente a la gente de provincias su día regional en el que disfruten como animalitos de sus bailes típicos. Lástima que la inmensa mayoría de los españoles no quieran esto, sino otra cosa que no logro identificar (en Galicia, el 47% quieren que no cambie nada, pero al mismo tiempo, la mayoría no está de acuerdo con cómo van las cosas, la clase política, etc).

Y es que el cacao es bastante grande cuando la quinta parte de los españoles hablamos otra lengua española aparte del castellano (por poner el típico ejemplo). En términos políticos, yo mismo no soy ajeno a ese cacao: creo que las legislaturas regionales cuentan con legitimidad democrática y constitucional y no son meras concesiones graciosas de Su Majestad que se pueden dar y quitar a voluntad. Al mismo tiempo, que partidos nacionalistas se presenten en el Congreso nacional, pienso que crean incentivos perversos (la aprobación de leyes se convierte en un mercado persa cuando el gobierno no tiene mayoría absoluta).

Como véis, la cosa está complicada si decidimos huir de esquemas simples.




1 comentarios:

Enrique 11 noviembre, 2012  

Echo en falta alguna mención al efecto "¿qué hay de lo mío?". Partido X gana las elecciones y al día siguiente tiene que colocar a miles de colaboradores en algún puesto donde ni se note ni molesten. Como sillones en el Parlamento Europeo hay pocos, normalmente van al Senado y fundamentalmente a las CCAA. Agencias duplicadas y triplicadas, empresas públicas que no surgen de ninguna necesidad, e instituciones que se dedican a la cultura, lengua, y hasta los bailes regionales.
Ahí radica gran parte del problema, porque diluye la importancia de las instituciones entre multitud de gente con "vacaciones pagadas". Y como a alguno le dé por hacerse el valiente y dedicarse a ejercer sus competencias, incluso es peor. No están ahí precisamente por su capacidad gestora.

Sin ser puramente autonómica, estoy pensando en Bibiana Aído.

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