martes, 20 de noviembre de 2012

¿Qué clase de derecha política queremos?

Parece que lo menos importante para un partido político es su programa o sus principios ideológicos. Como se ha visto con UPyD, lo importante es contar con caras que salgan en la tele para atraer a la gente. Pero si no tienes caras que salgan en la tele, lo tuyo no será un partido, sino un club de petanca.


¿Por qué digo esto? Porque creo que mucha buena gente está cometiendo el error de comparar lo que debe ser un partido liberal con un club de petanca. Si se postula por un partido liberal, se debe hacer para ganar representación cuanto antes e incluso para gobernar en algún sitio si cuadra. No se puede decir ni en sueños que como la gente no es liberal, puede que alguien que no sea de tu familia te vote dentro de ochocientos años. Tú debes convencer a la gente. Si el objetivo es que te voten, debes explicar por qué quieres que te voten, qué ves mal, qué quieres cambiar, por qué otros partidos no defienden tus ideas, qué te diferencia... No hablar todo el día con el círculo reducido de gente que ya comparte tus minoritarias ideas.

El contraargumento de esto último es que en el 77 nadie conocía a los políticos que no venían del régimen anterior. Ahí entran en juego los talonarios. Parece que a la gente le da repelús hablar de dinero en política. Primero consigue caras conocidas, después consigue dinero y cuando tengas estas dos cosas, puedes empezar a hablar de política. Pero no de política de club de petanca, de cosas que no le interesan a nadie, ni de descripciones de la realidad poco relacionadas con la realidad, sino de temas que están en el debate público. Puede que en el camino te des cuenta que no hace falta una nueva marca política porque ya existe quien defiende esas ideas. Si es el caso, usa tu motivación para colaborar. Si no acabas de coincidir con otra marca política, pero la gente tiene la percepción de que esa marca política defiende tus ideas, quizás la fórmula del entrismo funcione en pequeñas agrupaciones.


Soy incapaz de presentar una lista de características que logran crear la percepción de que la clase política es uno de los principales problemas de los españoles. E incluso pienso que hay gato encerrado en esa percepción. Si, literalmente, millones de personas piensan que la política apesta, ¿por qué no hay un partido que abogue por la desaparición de los partidos? Arrasaría.

La gente repudia la política española actual, pero no quiere que desaparezca. A la luz de las últimas encuestas, se produce una caída del bipartito y un aumento de otras opciones. Es decir, hay una evolución previsible, pero sigue habiendo una inmensa cantidad de personas que gusta de tragárselas dobladas.


El caso es saber hasta qué punto aguanta la rana en el matraz de agua calentándose. Si por arte de magia aparece una demanda de otra forma de hacer política y de otras políticas, muchos actores se verán obligados a cambiar el discurso.

Lo que no puede ser es que sigamos esperando que sean otros los que tomen la decisión de cambiar o no. El gran ejemplo que tengo en la cabeza es lo del aumento del IVA. No se vosotros, pero yo sigo en estado de shock. Esos manchasábanas llegaron a hacer una campaña nacional. Recorrieron el país recogiendo firmas. Mientras tanto, en el despacho, su primera opción para corregir el déficit era subir el IVA. No podemos permitir que les salga bien la jugada. Porque, incluso tras la subida del IVA trataron de darle la vuelta al argumento y venderse como «responsables»: las condiciones, sabusté, la responsabilidad de gobierno, sabusté, los otros mintieron muchísimo, etc.

No se puede premiar a la mentira. La mentira en política es un fraude público. El único castigo que veo, aparece en las encuestas. Pero ¿qué ocurrirá en las próximas elecciones? Que veremos a unos y a otros y correremos asustados a votar por los que parecen menos mastuerzos. Juegan con eso y, no sé vosotros, pero creo que este juego tiene que ir acabando.

Hay que buscar una forma de escapar del bucle. Lo más sencillo es meterse dentro de la concha de la tortuga y esperar que todo pase. Pero eso justamente es lo que más hará por que nada cambie. Y no sé vosotros, pero un vistazo a fracaso escolar, riesgo de pobreza infantil, la pirámide demográfica, el crecimiento de otros países, las cuentas de la seguridad social, el gasto sanitario por persona mayor, la incapacidad de absorber fuerza de trabajo, el problema energético y tantas otras cosas, son indicativas de que se necesitan proyectos a largo plazo. En este país sacamos una nueva ley educativa cada tres años, en algunos sitios se han congelado las tasas universitarias y en todo el país aumentan las de FP. Parece que mezclo cosas pero es todo lo mismo. He visto a alcaldes cazurros ganar elecciones por levantar farolas una semana antes de las elecciones. Y seguimos para bingo.

Desde la derecha política alguien tiene que hacer la pregunta: «¿por qué queremos gobernar?». No puede ser que la única respuesta sea «para que no gobiernen otros», sobre todo cuando la única opción de la derecha está haciendo no ya una política de izquierda extravagante (con la subida del IRPF, el PP dijo aquello de que habían dejado «descolocada a la izquierda»), sino una que supera a Izquierda Unida (la misma reforma del IRPF es más radical que la propuesta por IU en las últimas elecciones generales). Por la Santa Madre del Amor Hermoso y todos los Coros Celestiales, menuda tropa.

Me da la sensación de que la derecha en este país no solo vive atenazada por el miedo (un miedo irreal, que se basa en un montón de complejos debidos a que partimos de una dictadura calificada como de derechas), sino que evita definir aquellas medidas concretas sobre las que tomar decisiones. Todo el mundo piensa que liberalizar un sector o bajar impuestos son medidas de derechas. Ahora bien, la derecha ha sido especialmente torpe en estos aspectos que son fácilmente vendibles como positivos. Ahí están las últimas subidas de impuestos y sobre la liberalización, parece que va a haber algo porque lo pide el Memorándum de Entendimiento y sobre liberalizaciones pasadas me acuerdo de algo relacionado con un compañero de pupitre de Aznar.

Luego están otros temas, como la inmigración, la relación Iglesia-Estado, la financiación autonómica, las tradiciones... Aquí parece que las grandes líneas discursivas están bien asentadas en la derecha, sin embargo, yo veo que en estos temas puede haber más conflictos entre una sensibilidad conservadora o democristiana y otra liberal. Como el PP lo tapa todo, no hay forma de saber dónde se encuentra cada uno. Se roba un debate a los ciudadanos. Y robar debates a los ciudadanos en este país parece que es bueno, porque se evitan conflictos. Oiga, bienvenidos sean los conflictos que invocan a la capacidad discursiva de las ideas. Bienvenidos sean los choques de ideas de los que podamos sacar puntos en común, porque crean espacios de estabilidad política. Si bien ciertas ideas están en el dominio de las familias de la derecha política, sólo la disciplina de partido consigue que luego se ejecuten unas u otras. Se trampea.


Démonos cuenta de la necesidad de dejar definirse a las distintas derechas. El PP ya cumplió su función histórica de demostrar que era posible una derecha democrática después de Franco. En los próximos años hay que levantar el telón de la gaviota y ver lo que hay detrás. Dentro del propio PP esto no tiene que ser visto como una amenaza, dividir a la derecha puede resultar en una mayor representación (o no, pero eso depende de los electores).

Insisto en la pregunta: ¿por qué debe gobernar la derecha?, ¿qué clase de derecha?, ¿qué medidas concretas, diarias, se deben defender? Si estas cosas no están claras, es que la derecha solo sirve para calentar sillas y hacer lo que hace la izquierda extravagante en un costoso juego de marketing político.


2 comentarios:

Teseo 21 noviembre, 2012  

Mi club de petanca lo haría mejor que la PP y la PSOE.

Yo quiero una derecha como la de Estados Unidos (en serio, no les va tan mal).

Pablo 21 noviembre, 2012  

No les va nada mal.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo