jueves, 8 de noviembre de 2012

El sueño húmedo del socialismo chileno

Quienes profesan la fe de la posibilidad del cálculo económico socialista, tienen en el proceso de datos a un gran aliado. Si existiese un sistema que recopilara en tiempo real toda la información económica de un país, hiciera proyecciones y dotara a los científicos socialistas de capacidad de decisión para corregir desviaciones, tendríamos ante nosotros el Valhalla Cibersocialista.

Así, llama la atención que los socialistas reales no se esfuercen por conseguir mejoras en la captación, transmisión y proceso de datos. Quizás en el fondo sepan que la acción humana hace imposible cualquier tipo de cálculo perfecto de la economía de un país. Otros pensarán que simplemente esa pornografía tecnosocialista nunca se intentó.

Pues sí que se intentó.

El Chile de 1971 era una país con una historia democrática más estable que Francia o Alemania. Con el gobierno de Allende, sin embargo, comienza a haber mucha protesta, huelga, nacionalizaciones, escasez, etc. Las quejas de sabotaje de la CIA no colaban y algo había que hacer. El gobierno de Allende, deslumbrado por la ciencia socialista, estaba al día de los avances tecnológicos e incluso contaba con gente joven muy motivada para crear un estado socialista que no cayera en los errores de otros (en aquel tiempo llegaban noticias escalofriantes de China, por ejemplo). Así, una vez nacionalizadas un montón de empresas, con el objetivo de controlar la economía y hacer que todos los chilenos vivieran mejor y alcanzaran la felicidad, decidieron aplicar la última tecnología informática al sistema de toma de decisiones.

Por aquel entonces, un tal Anthony Stafford Beers había desarrollado un modelo teórico de transmisión de información en la empresa, el Viable System Model (VSM) que consistía en obtener datos de producción, comunicarlos a quienes toman las decisiones, devolver la información y a su vez volver a devolver el feedback para corregir desviaciones. Hoy en día este tipo de sistemas de gestión en las empresas están más desarrollados y todo el mundo entiende que son positivos y aportan eficiencia, pero en ningún momento nadie piensa que un modelo así sirva para controlar la economía de un país. En la época del LSD, la gestión informática estaba en pañales, así que se pensó que el sistema podía ser válido para aprehender el futuro.

Se entiende la idea, ¿no?

El plan

El maravilloso plan consistía en conectar las empresas del país a un centro de control donde los científicos socialistas verían todos los datos y tomarían decisiones, enviando órdenes directamente a las empresas. En concreto, se establecieron varios proyectos:
  • Cybernet: una red de transmisión de información entre las oficinas del gobierno. Una especie de internet chilena setentera.
  • Cyberstride: un software que traducía la información que producían las empresas a datos crudos que serían enviados a la Sala de Control Central en la que media docena de científicos controlarían el presente y el futuro de millones de chilenos.
  • Checo: (chilean economy) un programa de simulación económica futura.

Problema de implementación

Lamentablemente, la tecnología iba un poco por detrás de los sueños húmedos de la ciberplanificación estatal. Se instalaron 500 máquinas de telex en fábricas y empresas. Cuando la información llegaba al Centro de Control, los informáticos debían introducir a mano los datos en el ordenador (un IBM 360/50). Este proceso conllevaba un retardo considerable que ni se tuvo en cuenta, ya que sobre el papel, los terminales de las empresas estaban conectados directamente al ordenador central.

Una máquina de telex.
Otro problema residía en decidir qué información había que transmitir. En principio, cosas sencillas como ingresos y gastos, pero nada de huelgas, paradas por mantenimiento, etc. Es decir, se manejaba poca información y mucha de la información que no se manejaba tampoco se podía prever.

Total, que en el momento en que en la Sala de Control se tenía un cuadro de la economía, esa economía ya había cambiado. Esto me recuerda a las batallas en alta mar de la época moderna: en ocasiones los países firmaban la paz pero sus capitanes todavía no lo sabían, con consecuencias hilarantes, claro.

Problema de la necesidad de propaganda del socialismo

Otro problema que ningún informático puede prever, es la necesidad de los socialistas de venderse al público. Cybersyn construyó una Sala de Control más parecida al puente de la nave Enterprise que a un sitio donde tomar decisiones. De hecho, en la sala ni siquiera había un maldito teléfono, no digamos ya lápiz y goma.

Factor cinco, señor Sulu.
En los paneles de las paredes se veía información que era colocada manualmente por los burócratas que estaban detrás. Los esquemas eran dibujados a mano y en general nada funcionaba de forma computerizada. Los botones de las sillas sólo servían para avisar al ejército de funcionarios que debían de cambiar algún panel. Eso sí, para los fotoperiodistas aquello era delicioso.

Una pequeña victoria

Sería injusto no reconocer que Cybersyn sí tuvo una aplicación práctica. En la huelga de transportistas de octubre de 1972, la comunicación por télex sirvió para que 200 camiones controlados por el gobierno pudieran sortear a los piquetes. Es decir, el mayor éxito del cibersocialismo fue... reventar una huelga.

El fin

Los nostálgicos acusan a la dictadura chilena de destruir Cybersyn porque representaba algo mítico y sagrado. Lo cierto es que el sistema era inútil para su propósito y redundante para la simple comunicación (que se podía hacer por teléfono). Además, aunque la propaganda esgrimiera el alto nivel de sofisticación del sistema, en realidad necesitaba una legión de trabajadores para tratar los datos, es decir, resultaba caro tenerlo por la pura propaganda.

Por su parte, Beers acabó desconectando del mundanal ruido y se trasladó a vivir al campo para escribir poesía (con los bolsillos llenos, eso sí).

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