miércoles, 10 de octubre de 2012

Más capitalismo popular

Siempre son tiempos difíciles, siempre cualquier tiempo pasado fue mejor y siempre el futuro será maravilloso y lloverá maná del cielo. Siempre. El caso es que como en cualquier «siempre», no nos resistimos a tener una visión general de la situación concreta en que vivimos.

«No es una crisis, es una estafa», «esta crisis no la pagamos», «crisis sistémica», «crisis del Estado del Bienestar», «crisis del capitalismo», «crisis de la política». Todo el mundo apela a sus demonios personales, a sus ideas preconcebidas, a su formación,... Es inevitable ya que la gente cuenta con una serie de componentes, operaciones y procesos mentales que son los que son. Yo también, ojo. Y tú.


Inevitable también es conocer lo que ha fallado para evitar que se repita en el futuro. No insistiré aquí en el origen de la crisis. Tan solo insistiré una vez más en que no se están poniendo las piedras que eviten una nueva burbuja de las puntocom (que no será de las puntocom, sino de otro sector: energías renovables, funerarias, algo que todavía no conocemos...), tampoco se está tratando de evitar la planificación central del mercado del dinero: seguimos con un sistema bancario dependiente del poder político-económico. No hay ningún paso conocido que se esté dando para que el control del mercado del dinero no esté en unas pocas manos. Sí es cierto que algunos neocomunistas reivindican un «control democrático» de este mercado mediante comisarios políticos. Yo no veo gran diferencia con el sistema actual. La clave sería introducir la competencia en el mercado del dinero, liberalizar este mercado. Claro que en las actuales circunstancias lo veo poco probable: es casi imposible que un estado o una unión de estados ceda el control de la economía. Sobre todo cuando existen intereses mutuos de Estados, en forma de deudas.

Quienes pensamos en la necesidad de abrir el mercado del dinero (siento ser críptico, pero me refiero a algo largo de explicar: moneda privada respaldada sin circulación forzosa) tenemos dos grandes métodos para hacerlo. Dos grandes métodos con muchas derivaciones y subsistemas, claro, pero no profundizaré debido a mis propias limitaciones.

Un método es ir de arriba a abajo y el otro de abajo a arriba. El objetivo final es aumentar el espacio de soberanía del individuo. Ya véis que para mi se trata de resolver por la política un problema político. La parte financiera de la crisis es consecuencia de acciones políticas. No digo que sea mala la política, digo que tal como están las cosas, me gustaría que cambiasen. Lo que constituye en sí, una declaración política.

La aproximación de arriba a abajo tiene el primer problema de saber dónde está arriba, cuál es el tope. ¿El BCE? ¿Bruselas? ¿El Gobierno de España? Como la UE está mal hecha en este sentido (el de la delimitación de la soberanía), vamos a poner que el límite esté en el Gobierno de España. Se trataría de analizar no sólo la causa del pago de elevados intereses (falta de confianza, desempleo, clase política horrorosa, expolio fiscal, mal reparto, etc.), sino también meter en el debate si nos conviene la actual construcción de la unión monetaria. Ver qué margen de actuación tenemos. En este punto hay quien lo tiene muy claro: parar la sangría por las bravas.

Parar la sangría por las bravas

Que el Reino de España declare suspensión de pagos no es algo nuevo. Causará caos durante un tiempo indeterminado, pero el caos pasará. El caos siempre pasa. El problema más inmediato reside en la negociación de la quita y en la percepción de la deuda. España no es un país muy endeudado, el problema lo tiene en las cuentas (déficit). La ineptitud a la hora de cuadrar las cuentas públicas, hace caer la confianza y aumenta los intereses de la deuda, lo que a su vez descuadra todavía más las cuentas, cosa que aumenta la desconfianza, con lo que se descuadran todavía más. Etc. Negociar la suspensión de pagos con nuestros acreedores debería ir dirigido a negociar los plazos de la deuda para pagar menos intereses en cada ejercicio (ampliar plazos), cosa que ayudaría a cuadrar las cuentas durante un periodo razonable de tiempo durante el que se harían las reformas necesarias para reducir el paro (aumentar los ingresos). Wishful thinking.


Este plan tiene demasiadas trampas. Aunque suponga un balón de oxígeno en las arcas públicas, no se afronta el problema de fondo. Tan solo se reparte la mierda por más superficie de terreno para que la montañita no sea tan elevada. Además, son difíciles de prever las consecuencias políticas dentro de la Unión (¿y si Italia sigue nuestros pasos?). Y tampoco esto impide que lo que nos llevó aquí, vuelva a suceder.

Salir del euro

Pisemos el acelerador: a la suspensión de pagos añadámosle la salida del euro. La salida del euro se puede hacer por dos vías: salir de la zona euro manteniendo en circulación el euro (con lo que nuestro estado necesitaría aumentar sus reservas para fijar sus tipos de interés conociendo que estaría al albur de los tipos marcados por el BCE) o salir del euro de verdad de la buena adoptando una nueva moneda (el caso óptimo sería aceptar la circulación de varias monedas, incluso privadas). De lo que se trata aquí es de tener la soberanía monetaria. Lamentablemente, conociendo a la bochornosa clase política, esta soberanía no repercutiría en una liberalización de la moneda, sino en una devaluación de la nueva-moneda-forzosa-pública respecto al euro para competir mejor en el mercado, etc.

El problemón de esto no es el corralito, tampoco el riesgo de que salgan los tanques a la calle, el problemón es la disciplina en el precio del dinero. Con nuestra soberanía monetaria pública, la tendencia a la inflación sería inhumana. De darse este caso, habría que huir del monopolio público de la banca central. La alternativa sería contar con varios bancos centrales privados. Pero estamos en España, así que descartemos este escenario. A lo sumo volveríamos a la situación de 1995, en que se hizo la última devaluación de la peseta.

Otro problema que le veo a esto, es que si al decirle al mundo que somos un país pobre, somos más competitivos, los políticos no tendrán incentivos para llevar a cabo reformas de calado y los sindicatos y patronal seguirían con su congelado mercado laboral bulímico. (¿Me pregunto, cuánto puede aguantar el país con tasas de paro del 20%?). Volvemos a la casilla de salida.

La aproximación de abajo a arriba

Dotar de soberanía al individuo partiendo del propio individuo. Bien. Como siempre que sucede al hablar del comportamiento individual, no podemos predecir nada, así que habrá que manejar presunciones. Dentro de lo que ahora mismo puede hacer un peatón, tenemos un abanico limitado de posibilidades. Doy por sentado que el peatón elegirá aquellas opciones políticas que hagan un análisis correcto de la crisis y propongan medidas para salir de ella (pinchar la burbuja estatal, bajar los impuestos, reformar el mercado de trabajo, eliminar privilegios a los grupos concretos, combatir la corrupción y el fraude, reformar la estructura de poder, bombardear La Meca, aumentar los ingresos... por el medio os he colado un buen gol ¿eh?). Pero no solo se trata de elegir una opción política, sino que en muchos casos, dentro de las posibilidades de cada uno, hay que meterse en política. Meterse en política no se trata únicamente de afiliarse a un partido y participar en él, sino de escribir a los periódicos, hablar con la gente, pedir hojas de reclamaciones en los sitios malvados, participar en asociaciones, buscar cooperación en el ámbito empresarial, señalar a quienes defraudan, asistir a los plenos locales con tomates pochos, formarse, relacionarse con quienes comparten tus inquietudes, fomentar un boicot activo contra algo como forma de protesta y comprar acciones como forma de participación democrática en la economía. En resumen, se trata de mejorar las cosas no sólo fomentando la cultura política, sino también participando en el capitalismo popular.

Imaginaos que diez millones de personas inviertan una media de 1.000 euros cada una, en acciones o en proyectos de crowdfunding al año. Imaginaos que en un año adquieren la formación suficiente para no dejar el tema en manos de su gestor. Ahí se estaría creando una autonomía al margen de las decisiones políticas o de la prima de riesgo. Quienes manejan dinero gordo pasan del fulanito que tiene en un fondo 1.000 euros, pero cuando se las tienen que ver con un sistema complejo en el que hay varios miles de millones de euros, la cosa cambia. Imaginaos que a la gente le diera por invertir dinero en aquellas empresas que tuvieran fábricas en su ciudad. ¿Qué modelos de predicción del comportamiento habría? ¿Y si de pronto la película mejor financiada de España no fuera una que contara con subvenciones sino una que hacen dos fulanos pidiendo colaboraciones y encima es un éxito? ¿Y si un acto público organizado por un ayuntamiento contara con menos público que otro acto a la misma hora organizado por un grupo de vecinos? ¿Y si la Agencia Tributaria se encontrara cada día decenas de miles de peticiones de investigación a los clubes de fútbol? No se trata de ser revolucionario, se trata de aprovechar el propio sistema para mejorarlo desde dentro.

Tenemos un régimen de libertades y un sistema (casi) capitalista. Hasta ahora sólo hemos usado (mal) uno. Usemos los dos.

Más:
  • La indómita naturaleza del capitalismo popular - Cito: «Individualmente la clase media apenas tiene poder ni capacidad de influencia, pero en su conjunto, las dimensiones del capitalismo popular arrojan unas cifras globales tan importantes, que no hay entidad capitalista que pueda contrarrestar sus efectos sobre el sistema económico. Ningún inversor institucional ni ninguna entidad pública, ni siquiera los bancos centrales, son capaces de equilibrar los mercados cuando la mayoría toma la misma decisión de compra o de venta...».
  • Manifiesto de la anarquía - Cito: «El poder es instituido; vosotros os habéis puesto (todo el país se ha puesto, gracias a vuestros adorables consejos e iniciativas) a disposición de algunos hombres. Estos hombres usan la fuerza que les habéis dado; la usan contra vosotros. ¿Y vosotros os compadecéis? ¿Qué pensabais? ¿Que se servirían de ella contra sí mismos? No pudisteis pensar esto; por tanto, ¿de qué os quejáis? El poder debe necesariamente ejercitarse en provecho de aquellos que lo tienen y en perjuicio de los que carecen de él; no es posible ponerlo en movimiento sin dañar a una parte y favorecer a la otra». (La última frase es discutible, pero bueno).
  • Discurso de la servidumbre voluntaria (Étienne de La Boétie) - Cito: «Dicen algunos que ellos siempre han estado sometidos, que sus padres también han vivido así. Piensan que están hechos para soportar el mal y se persuaden de ello por medio de ejemplos, consolidando ellos mismos, con el paso del tiempo, la posesión de aquellos que les tiranizan. Pero el paso de los años no otorga el derecho a actuar mal. Por el contrario, acrecenta la injuria. En verdad, hay algunos que, mejor nacidos que otros, sienten el peso del yugo y no pueden evitar intentar sacudírselo, ni se adaptan nunca al sometimiento, y que, al igual que Ulises buscaba por tierra y mar volver a ver el humo de su casa, no han olvidado sus derechos naturales, sus orígenes, su estado primero, y aprovechan cualquier ocasión para reivindicarlos. Dado que tienen el entendimiento limpio y el espíritu clarividente, ellos no se contentan, como los ignorantes, en ver lo que está bajo sus pies sin mirar hacia atrás ni hacia adelante. Rememoran las cosas pasadas para juzgar el presente y prever el porvenir. Disponiendo de una cabeza bien colocada, la han afinado aún más con el estudio y el saber».

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