lunes, 8 de octubre de 2012

Afganistán, difícil salida

Ante el cercano repliegue de las tropas de la OTAN de Afganistán, conviene reflexionar sobre los propósitos de la misión y las resistencias con que se encuentra. 

En primer lugar, la guerra de Afganistán es un producto que se vende mal. No sólo se vende mal porque no se muestren resultados tangibles, sino también debido a la nula cultura de defensa que hay en la mayoría de los países aliados. Existe una inevitable sensación de que tras el repliegue, Afganistán caerá todavía más en el caos.


En la Misión de Entrenamiento, la OTAN se dedicó a sumar cuadros a la policía y el ejército afganos. Puede que con demasiada alegría. Afganos poco o nada fiables, fueron equipados y recibieron instrucción militar para ser una rápida carne de cañón frente a los narcotalibanes. De 2009 a 2011, el ejército afgano dobló sus filas pasando de 70.000 a 140.000 soldados y oficiales. La policía afgana tuvo un incremento similar. No es casualidad, por tanto, que los atentados realizados por miembros de estos cuerpos contra personal de la OTAN comenzasen a ser preocupantes. No fue inoportuno en ese momento, que la Misión de Entrenamiento cambiara su estrategia.

Tener a un montón de analfabetos (sólo el 14% de los reclutas sabe leer y escribir) uniformados y armados, no es lo mismo que tener un ejército. La OTAN, ante la imposibilidad de crear una estructura estable y autónoma simplemente dando instrucción militar, empezó a formar a los reclutas. La mayoría reciben clases equivalentes a las que reciben los niños de seis años (leer, escribir, decir la hora...). Unos pocos, dedicados a puestos de apoyo logístico (encargados de almacén, jefes de cocina...) reciben clases equivalentes a las de los niños de ocho años (multiplicar, dividir...).


Por otra parte, los carros blindados de la OTAN son el único transporte posible para llevar ayuda humanitaria a muchos lugares. Esta actividad es denunciada desde el exterior como una interferencia de los militares en la actividad de organizaciones humanitarias. El deficiente estado de las infraestructuras y las emboscadas con lanzacohetes supongo que serían evitados fácilmente por cuatro colgados en un volkswagen.

Del mismo modo, se critica la formación que está dando el ejército aliado a los agentes de policía. Esta formación no sólo incluye control de aduanas, formación legal, primeros auxilios, enseñar a muchos chavales lo que es un pasaporte, conducción extrema o idiomas. Si sólo fueran ese tipo de cosas, se podrían dar los cursos a distancia. El problema es anterior: antes de estas dificultades secundarias, hay cosas como evitar la corrupción, enseñar que el imperio de la ley está antes que la lealtad al que te da la paga...

La problemática es totalmente nueva en la historia de la humanidad.

Cuando los aliados ganan la guerra, tras los consabidos programas de desnazificación, montan el nuevo ejército alemán con no pocos miembros del ejército nazi. No tenían que enseñarles los rudimentos básicos de un estado de derecho o del imperio de la ley. La disciplina, la gestión de almacenes, la eficiencia económica y demás, se dieron por supuestas y no hubo problemas para que en muy poco tiempo, oficiales alemanes entrenaran a las nuevas incorporaciones.

En Afganistán se trata de un tema totalmente distinto. Dos generaciones de afganos no han conocido otra cosa más que el caos, la escasez y la guerra. El dinero y poder que se adquiere fácilmente por la vía del narcotalibanismo es incomparablemente más atractivo que un salario mensual y la sensación de estar traicionando a tus vecinos. Esto también es parte de la misión de la OTAN.


¿Cómo convences al electorado de la necesidad ética de no dejar en un país medieval, armas del siglo XX? Máxime, cuando al mismo tiempo no existen programas de desislamización. O cuando la OTAN carece de más medios para proteger el establecimiento de infraestructuras, escuelas y rutas comerciales. O cuando los oficiales afganos no piden suministros hasta que vacían un almacén. O cuando la alternativa de implicación extranjera es una Rusia que se limitará a darles excesos de stock armamentístico y dejar que se maten. O cuando la propia seguridad de nuestras tropas se ve comprometida por reglas de enfrentamiento y materiales francamente mejorables.

Carezco de motivos de peso para pensar que un repliegue de la OTAN, con Afganistán patas arriba, no vaya a provocar un estado de guerra latente en un desierto en el que florecerán las amapolas y los campos de entrenamiento terrorista. Por otra parte, cambiar Afganistán conlleva el cambio en Pakistán, Uzbekistán... cosa que tiene que ver con el cambio cultural en esos países.

Es terrible saber que no se puede hacer nada y que al mismo tiempo no hacer nada no sea una opción.

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