miércoles, 26 de septiembre de 2012

Olor a epílogo

Todavía no sé muy bien qué es eso de la «marca España», así que no valoraré cómo le afectan los últimos acontecimientos. No haré como la prensa conservadora, dando vueltas sobre la «marca España» como si estuviéramos hablando de un refresco de cola. No, aquí se trata de España, es decir, de los ciudadanos españoles. Ciudadanos entre los que se encuentran un montón de empleados públicos llamados policías, que la prensa progre pone a parir. Que aquí nadie se salva. Que en este país empieza a dar un poco de vergüenza tener que leer a corresponsales extranjeros para saber lo que pasa.

Los últimos acontecimientos evidencian que esas cosas que no se ven y mantienen a una comunidad unida, hoy están bajo mínimos. Sorprendente es que a la gente le sorprenda que la única empresa común que existe en España a día de hoy, es la protesta contra los políticos y la coyuntura. Con cinco millones de parados, de los cuales dos millones no trabajarán en su vida. Con cientos de miles de jóvenes estabulados en un sistema educativo cuya finalidad es que no anden por los parques mientras pasean los pensionistas. Con una serie de cargos sobre los que no puedes afirmar rotundamente «esto me parece bien», si no estás metido en uno de sus partidos. Con un empobrecimiento general que es evidente. Con una falta de perspectiva de mejora jaleada por una prensa poco seria. Con actuaciones políticas dedicadas a perpetuar el statu quo de miseria económica y política. Con un Jefe de Estado salido de Los Soprano, cuya única reciente declaración pública de enjundia se dirige directamente contra las aspiraciones políticas de parte de sus súbditos. ¿Qué esperaban? ¿Besos y abrazos? ¿Caritas sonrientes?


Las protestas animadas por grupos fanáticos prepolíticos que se aprovechan de la situación miserable son de esperar. A nadie le importa que quienes azuzan a la masa contra el sistema, formen parte del sistema. En una manifestación en la que se pide la dimisión de todos los congresistas, que cuenta con la participación de congresistas, que no abandonen su escaño de forma inmediata, no le importa a nadie. Bienvenidos a Matrix.

Que un gobierno autonómico, que es una institución Estado, reclame la extinción del Estado, es visto casi como algo deseable debido al hastío. Que lo haga como colofón a una gestión en la que deja claras sus prioridades, como forma evidente de escudo político, no le importa a nadie.

Que todo nos haga pensar que el Gobierno sigue la estrategia suicida de la "patada p'alante", continuando exactamente la política por la que fue castigado el anterior Gobierno, no preocupa en Moncloa. Y en caso de preocupar, que no se esfuercen por aclarar la situación, es algo alucinante. Una cosa es ser prudente y otra muerto viviente.


Con estos ingredientes, los discursos fáciles y emotivos, ganan. Que se nos trate de enfangar en guerras de cifras o con insultantes puñetazos en la mesa, es deleznable pero anecdótico. Salir de lo anecdótico es necesario para poder analizar la situación realmente existente: a partidos, sindicatos, empresarios, etc. todavía les resulta más beneficioso no cambiar las cosas, que ver a millones incorporándose a las filas de la miseria.

Y se habla de la fractura entre partidos y ciudadanos. Será una broma. De la fractura había que hablar hace años. Hoy no hay fractura, hoy hay odio. ¿Acaso el ciudadano observa otra respuesta inmediata, que no sea a policías nada profesionales, comportándose como delincuentes? ¿Conocéis algo moralmente deseable que venga de la autoridad últimamente?

Las columnas de la miseria, racionalmente, se unirán a quienes les prometan pan. Llámense secesionistas, neocomunistas o el alcalde cacique del pueblo. «Pan ahora» es el lema que une. Nada importa si lo dice la izquierda o la derecha. Nada importa que sea mentira.


Sin embargo, de lo que se trata es de parar la espiral de miseria sin socavar las libertades civiles.
  • Ni una peseta pública para rescates bancarios. Los principales bancos del país probablemente puedan hacer frente ellos mismos a su situación. Los que no (las ex-cajas), procesos de bail in que conviertan a acreedores en accionistas, absorción por otras entidades o cierre. Lo siento, pero si una fábrica de galletas no vende galletas, cierra. Y quien quiera banca pública para su cortijo, que convenza a la gente de que ponga dinero, compren una ficha bancaria y abran su banco.
  • Cierre de chiringuitos siguiendo un criterio ponderado de necesidades. Antes de cerrar quirófanos, cierras los observatorios de la alcachofa. Para esto entiendo que hace falta un acuerdo político. Recordatorio: en el primer mundo, los partidos acuerdan cosas.
  • No crear empresas en 24 horas, sino en cinco minutos. Entrega de CIF temporal que ponga a la empresa a trabajar mientras arregla su situación. Pero que se pueda poner inmediatamente sin coste. Autorización previa y arreando.
  • Libertad horaria comercial plena en todo el país. En el primer mundo hay ciudades con libertad de horarios comerciales que no han variado mucho los hábitos. Eso sí, quien quiera abrir, puede. 
  • Acabar con los peajes de los servicios profesionales. Noticia de última hora: no estamos en la Edad Media.
  • Ni un duro para sindicatos, asociaciones de empresarios, mercachifles, etc. Tus vicios te los pagas tú.
  • Nada de información institucional en la prensa importante, forma velada de ganar cortesanos. Hay internet. Y por supuesto, ni un duro de forma directa para la prensa. 
  • Reforma de los medios de comunicación públicos hacia un modelo tipo PBS/NPR.
  • Reforma laboral que contemple el contrato único indefinido. Este melón hay que abrirlo, la dualidad laboral -junto a otros factores- está vomitando cientos de miles de chavales sin perspectivas y eso es un suicidio.
  • Crear alguna especie de programa mágico (no sé cómo hacerlo, por eso lo llamo mágico), que asesore a aquellos sectores que piden a gritos un aumento de su productividad. Estoy pensando en el sector primario.
  • Acabar con la amnistía fiscal en el fútbol. Si baja el nivel de la liga, que baje. Es más, quien quiera que su equipo tenga dinero, que le de su dinero.
  • Austeridad no, economía de guerra. Sin descartar sistemas de cupones que no afecten a la deuda pública.
Estas ideas de brocha gorda inciden en aspectos económicos: hay que comer. Pero hay un montón de problemas de índole política que merecen un acuerdo entre partidos políticos y una posterior aprobación popular: la financiación autonómica, la desaparición de las diputaciones provinciales, la fusión forzosa de municipios, la colonización interior, la descentralización y recentralización del Estado...

Mariano, vaffanculo.




1 comentarios:

Lino Moinelo 27 septiembre, 2012  

Buen paquete de medidas, aunque me temo que los que rodean el congreso no son partícipes de ellas, postulo que en una gran mayoría. Quiero decir que el proyecto común de estar hasta las narices de los políticos lo compartimos todos (bueno, casi todos), pero a partir de ahí, seguimos bastante enfrentados. Aunque es un principio.

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