jueves, 20 de septiembre de 2012

El precio de la leche en Galicia

Un tema de relevancia en Galicia es el del precio al que las industrias lácteas compran la leche a los productores. Es un tema que nadie va a solucionar porque todos los agentes en disputa tienen incentivos para tirar cada uno por su lado y evitar llegar a consensos. Estos consensos no sólo son imposibles porque los agentes actúan cada uno de forma racional para su beneficio, sino porque además, en el contexto del mercado más intervenido de la historia, es ilegal llegar a esos consensos.

El problema que se plantea es que la leche gallega la compran las industrias a un precio inferior que la francesa. Pero ésta sólo es la cáscara de un problema con mucha más enjundia.

Vía | Eu tomo leite galego

Trataré de exponer la situación de cada agente con datos aproximados, ya que cambian en tiempo real. Adelanto mis conclusiones: es un tema que perjudica a todo el mundo y que mientras la UE no se tome en serio lo que debe ser un mercado libre, no tendrá solución. E incluso así, la solución será dramática y abocará al cierre de muchas explotaciones si no superan su resistencia al cambio, llevará al conflicto comercial si no se igualan las condiciones de acceso al mercado y disparará los precios finales que soporta el consumidor. Es decir, estamos ante un problema en el que para 2015, cuando acabe la cuota láctea, todo el mundo saldrá perdiendo.


Antes de nada: ¿por qué es un tema relevante en Galicia? La producción láctea gallega vive en el contexto de la cuota de producción asignada a España, no desconozco que el tema del precio de la leche es también dramático en Cantabria o Asturias. El caso es que en Galicia se produce el 40% de la leche de España y se firman el 76% de los contratos con explotaciones pequeñas. A pesar de la alta tecnificación de la industria ganadera, se dedican 500.000 ha a pastos forrajeros. De media, las explotaciones gallegas, tomadas individualmente, producen menos que la media española, con lo que al final tenemos casi 11.000 explotaciones. Esas 11.000 explotaciones -entre las que hay prodigios de la tecnificación y economía de escala conviviendo con explotaciones familiares que han cambiado poco en los últimos 100 años-, están dispersas por una orografía que es la que Dios nos ha dado, con lo que probablemente el precio de los combustibles juegue un papel un poquito más importante que en otras partes.

Los productores

Muchas de las pequeñas explotaciones dependen de sociedades cooperativas (la unión hace la fuerza y existe bastante know-how en este aspecto). Estas cooperativas soportan costes de recogida y transporte con los que deben competir con la gran industria. En general, el problema de la economía de escala (veterinarios, revisiones, medicinas, limpieza, transporte...) se pretende compensar con subvenciones. El argumento que se esgrime es que sin ayudas, el campo se muere y se vacía. Es decir, no hay ningún plan para, no sólo la supervivencia competitiva de las pequeñas explotaciones, sino para evitar de otro modo (buscando la rentabilidad del campo con otros mercados), el despoblamiento de la Galicia interior, que a estas alturas ya es un fenómeno demográfico solo comparable a los desplazamientos masivos de pomeranos huyendo del Ejército Rojo.

Dicho esto, las explotaciones no sólo ven primas a la producción que las aferra a modelos productivos no competitivos, sino que además, la administración (europea, española y gallega) también tiene una larga lista de multas por muchas cosas lógicas (tema sanitario que afecte al consumidor, por ejemplo) e ilógicas, como el exceso de producción (que pagan las distribuidoras y repercuten en los productores). Lo repito: la misma administración que prima la producción, multa por exceso de producción... en un sector en el que no puedes predecir tu producción (prueba a decirle a una vaca cuántos litros de leche tiene que dar, a ver si te contesta).

Cuando hablo de aferrar a las explotaciones a modelos productivos no competitivos, estoy hablando de familias obligadas a vivir en un contexto en el que desaparecen las escuelas rurales. Recordatorio: la gente no va a criar a sus hijos en un sitio donde no hay colegios.

Los productores gallegos están vendiendo la leche a 28 o 29 céntimos el litro. Con estos ingresos deben hacer frente a más costes (por los motivos expuestos) que los productores del resto de España y de los franceses, a quienes se la compran a 33 céntimos el litro.

Las explotaciones tienen contratos de proveedor por los que entregan leche y cobran a final de mes sin saber qué precio va a fijar la industria. No hay un intercambio libre por razones que expongo más adelante.

Las administraciones

Un ejército de funcionarios, desde la delegación provincial de la Xunta, hasta la Comisión Europea, pasando por la interminable alfombra roja de programas, observatorios, ministerios y demás, se dedican a cosas buenas (inspecciones sanitarias) y a un montón de cosas malas. Un ejemplo: hay un sistema de trazabilidad de la leche desde la vaca hasta el vaso, que supone nada menos que rellenar 17 solicitudes para que empiecen a escucharte. Diecisiete. Sumadle el resto de permisos, controles, inspecciones, gastos administrativos, gestorías, tasas, impuestos, etc. Esto es un coste que se suma al de la producción. Pero hay más: tenemos un sistema de cuotas, primas y multas básicamente dedicado a que por una parte la leche gallega no inunde el mercado europeo y por la otra a desarrollar la industria láctea gallega. Objetivos contradictorios, sí. Se trata de una de esas políticas europeas que ayudan a unos y perjudican a otros y que aquí implementamos de forma absurda.
Vía | La Voz de Galicia

De hermanos Marx: a partir del inicio del período de tasa láctea en 2006, se entiende como "leche", según la definición del artículo 5.a) del Reglamento (CE) 1788/2003 del consejo por el que se establece una tasa en el sector de leche y los productos lácteos, además del producto procedente del ordeño de una o más vacas, la leche termizada. Correspondiendo el resto de los productos lácteos a los definidos en el apartado 5.b). Esta es la definición que nos da el Fondo Español de Garantía Agraria. Este fondo, dependiente del ministerio de Agricultura, es muy útil, porque distingue entre comprador comercializador, comprador transformador y operador logístico. Cosa fundamental para impedir facilitar las cosas al productor último. Pero no me quedo aquí. Resulta que nuestra legislación establece que aunque la política sobre la tasa láctea dependa del ministerio, quien se encarga de su implementación es la Xunta. Así, tenemos un Fondo Galego de Garantía Agraria que desarrolla el régimen de la tasa láctea.

Para rematar la jugada, la administración incluso hace campañas para fomentar el consumo de leche gallega, recordemos que más barata que la francesa. En un mercado normal, de la publicidad se encarga el propio sector. No incido en esto pero ya sospecháis que todo lo expuesto hay que pagarlo.

No quiero pasar por alto que dentro de las competencias de cada administración, se dejan a unas y otras fijar primas y deducciones que afectan al precio final. De Cantabria a Galicia no hay mucha diferencia con esto, pero de Francia a España sí la hay.

Las industrias lácteas

Fábricas de queso, envasadoras de leche... lo que llamamos industria láctea, sobre la que recaen las culpas de los sindicatos agrarios, son las encargadas de comprar a los productores o explotaciones. Lo hacen pagando a final de mes un precio que marcan ellos. Desde hace años hay denuncias de que estas industrias se comportan como un cártel: pactan los precios para comprar más barato y si no estás de acuerdo... esa leche ya la has vendido, estás atrapado: no puedes repercutir subidas de tus costes de producción en tu precio de venta. De locos.
Vía | Faro de Vigo
Desde luego que la industria niega cualquier tipo de actividad ilícita. Si compran más barata la leche gallega se debe a condiciones objetivas como un mayor coste del transporte, explotaciones más pequeñas, etc. Los sindicatos dicen que todo eso no justifica las grandes diferencias de precio.

Por supuesto que existen tribunales de defensa de la competencia -a varios niveles administrativos-, pero lamentablemente, al ser de facto un cártel, controlan el mercado de forma que te pueden arruinar. Más aún, esta industria tiene más mano en Bruselas y Madrid que un montón de señores subidos a tractores cortando carreteras.

Lo rico.
Es de justicia añadir que existen pequeñas industrias que o bien son sociedades cooperativas agrarias o bien simplemente sacrifican beneficios a costa de pagar mejores precios por la leche. El problema de estas últimas es que jamás podrán competir con las grandes, siempre tendrán mercado reducido y deberán hacer muchos esfuerzos por tratar de aportar un valor añadido a sus productos. Y no dejan de ser empresas en un paisaje social que condena a las empresas por ser empresas. Cualquier tipo de jaleo, subida de impuestos o movimiento de las otras empresas que pactan precios, les afecta terriblemente.

Los sindicatos agrarios

Los sindicatos agrarios llevan tiempo denunciando el acuerdo de precios al que llegan Lactalis (President, Clesa, Lauki, Chufi, La Lechera), Leche Río (Río, Leyma, Cremosita, Solar) y Leche Celta. Estas tres empresas que llenan de color las baldas de los supermercados de barrio, recogen más del 60% de la leche gallega. 

Otros países

En países de nuestro entorno, destinos de nuestras exportaciones, a los ganaderos se les paga bastante más que en Galicia. En Italia se llega hasta los 40 céntimos por litro. Esto se debe a la libertad de cada uno de fijar sus primas. Esto nos lleva a una fatal contradicción: la Unión Europea no es un mercado libre. Parece que la idea que tiene Bruselas de sector primario son unas bonitas granjas holandesas con wifi para que visiten los turistas.


Claro que lo que no tienen en cuenta es que en Holanda caminas diez kilómetros y tienes una escuela (yo sigo erre que erre) mientras en Galicia el campo languidece.

Otra de las razones que explica la diferencia de precios es el valor añadido que se da al producto final (esto depende de los hábitos de consumo). Por ejemplo, en España el 55% de la leche se dedica a leche de consumo y un 14% a quesos. En Italia se dedica un 55% a quesos y solo un 22% a leche de consumo. Estamos perdiendo valor añadido.

Soluciones

Adelanté que no hay soluciones que contenten a todos. Lo que se está haciendo es implantar la obligatoriedad de firmar contratos entre distribuidoras y productores (contrato-tipo homologado). También hay un montón de hilarantes e inútiles propuestas (código de buenas prácticas comerciales) de poner avisos en los envases (como con el tabaco). Está también la creación del Observatorio de Precios (más chiringuitos). En fin, todo un conjunto de medidas en el Plan Estratégico "Horizonte 2015" (ver en PDF) que no van a la raíz de los problemas.

La administración se deshace en buenas intenciones prometiendo el aumento de precios (y efectivamente, aumentan el precio, pero para el consumidor final vía impuestos). Los ganaderos son incapaces de aumentar sus explotaciones (¿os comenté que cada vez hay menos escuelas rurales y que ésta es una buena razón por la que la gente no va a trabajar al campo? ¿os comenté que los bajos precios de la leche impiden concentrar capital para la reinversión?). Las industrias, por su parte, sí se van concentrando cada vez más y por lo tanto tienen vía libre para las prácticas abusivas.

Total, que todo esto está hecho unos zorros. O bien aumentamos las subvenciones detrayendo riqueza de toda la sociedad para compensar costes. O bien simplemente dejamos que las explotaciones no competitivas cierren pasado mañana. Esto último parece atractivo, pero ningún político quiere ser responsable: los mineros asturleoneses eran unos 8.000. Los ganaderos gallegos son unos 60.000. Me decanto porque nadie vaya a variar el statu quo: no es posible diseñar planes de reconversión para el rural gallego. No puedes coger a miles de ganaderos de cincuenta años y pagarles cursos de ofimática que no les servirán de nada.

Mucho me temo que para cuando acabe el sistema de cuotas en 2015, no quede nadie al que le importe quién fue el lumbreras que negoció una cuota de seis millones de toneladas de leche para un país que consume nueve millones. Es que además, si hacemos zoom out, vemos que en la UE se produce más leche de la que se consume (en 2009 era un 10% más) y dependemos de los combustibles de manera absoluta. Estas dos cosas harán menos rentable el sector hasta el infinito.

A no ser que el consumidor cambie sus gustos.

Del latín lac, lactis:



4 comentarios:

Abraxas 20 septiembre, 2012  

Yo bebo mucha leche. Bajo este contexto, y sólo bajo este contexto, he de reconocer que soy un mamón.

Abraxas 20 septiembre, 2012  

Espero que ser un mamón ayude a nuestros ganaderos.

Pablo 20 septiembre, 2012  

Pensaba que los decepticons sólo bebíais energón. Yum!

jose antonio seoane sanchez 09 octubre, 2012  

Mira tú que en esto vamos a estar de acuerdo XD

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