lunes, 28 de mayo de 2012

La pesadilla demográfica gallega

La demografía gallega es de esas cosas que te pueden provocar un ataque de pánico en cualquier momento. Es público y notorio que tenemos una población no solo dramáticamente envejecida, sino que además, los gallegos no tenemos hijos.

Voy a ir soltando datos para que se os vaya abriendo el apetito. Empezaré por las proyecciones. Se pueden ver las de los presupuestos de la Xunta para 2012 que hacen proyecciones a corto para el periodo 2012-2015 y compararlas con las del IGE, donde hay proyecciones hasta el 2021.

Bien, el índice de envejecimiento mide la relación de los mayores de 65 años entre los menores de 20 sobre base 100. Dicho de otra forma, este índice es una división de mayores entre jóvenes. Si el índice es de 50, hay la mitad de personas mayores que jóvenes. Ese número nos lo fundimos en 1986. Si el índice es 100, es que existe la misma cantidad de jóvenes que de mayores. Todo lo que sea superar 100, es tener una población envejecida.

Fuente: IGE.

Así, en 1975, el índice de envejecimiento era del 37,9. Es decir, los menores de 20 eran aproximadamente tres veces más cantidad que los mayores de 65. A finales de siglo, ese dato se había duplicado.

Durante la primera década del siglo XXI, la generación del baby boom, que no afectó a Galicia tanto como en otros sitios por la emigración, empezó a alcanzar la edad de jubilación.

Fuente: IGE.
Bien, ahora estamos alrededor de un índice de 140. Es decir, 1,4 mayores por cada joven. Y la cosa no deja de aumentar. Vosotros diréis que tener hoy 65 años no es lo mismo que hace treinta. Y es verdad. En estos años la edad de jubilación va a aumentar hasta los 67 y no descartemos que en la próxima década, cuando desaparezca el actual sistema de Seguridad Social, la jubilación esté entorno a los 70 años.

Y como los de 70 años serán alegres y joviales, manejamos otro índice que es el de sobreenvejecimiento. Este índice indica la cantidad de mayores de 85 años, entre aquellos que ya tienen más de 65 años. Un índice inaplicable en muchas partes de África.

Fuente: IGE.
Que la quinta parte de los mayores de 65 tengan más de 85 años, es algo normal en un lugar con una de las esperanzas de vida más altas del mundo. En concreto, la esperanza de vida en Galicia está sobre los 83 años. Si rascamos un poco, la esperanza de vida en los hombres es de unos 79 años y de las mujeres unos 86 años. Si seguimos rascando y nos adentramos en las tinieblas demográficas de Galicia, vemos que la esperanza de vida a los 80 años es de... diez años (datos de 2010 y creciendo).

Si cogemos todos los datos anteriores y desglosamos por sexo, vemos que en Galicia abundan las ancianas. Esto en principio no es ni malo ni bueno, ya que cocinan bien aunque sean un poco pesadas. Pero si al mismo tiempo tenemos en cuenta que las mujeres cobran pensiones más bajas, están menos alfabetizadas, una parte nada desdeñable vive en un entorno disperso, etc., la cosa cambia. Houston, tenemos un problema.

Ver datos de la proporción de gente mayor entre gente joven, ya es indicativo de la pirámide poblacional. Al tener mucha gente mayor, no es raro que la tasa de mortalidad también vaya elevándose. ¿Cómo influye ésta en la población total? Las proyecciones del IGE nos hablan de un crecimiento vegetativo negativo en 111.000 personas durante esta década. Bueno, tal vez, el crecimiento migratorio lo compense. No: para el mismo periodo se estima en 23.500 personas. En total, el crecimiento neto de población en Galicia para la próxima década se estima en unas 88.000 personas menos. Lamentablemente, para tener más datos, haría falta ver qué tipo de inmigración recibimos. Con la de emigrantes gallegos que retornan, no sería difícil pensar que muchos de estos inmigrantes ayudarán a cimentar los índices de envejecimiento y sobreenvejecimiento. En general, Galicia tiene en los últimos años tasas de inmigrantes inferiores a la mitad de la media española (los últimos datos del INE son de 2007).

Por otra parte, para saber quién va a cuidar (no solo pagar pensiones) a tantos ancianos, hace falta mirar cuántos niños se incorporarán a la madurez durante la próxima década. Ya os adelanto que la tasa de fertilidad es de las más bajas del mundo. La tasa de reposición está en 2,1 hijos por mujer. Lugo y Ourense no llegan a uno. La tasa de natalidad, que indica el número de nacimientos por 1.000 habitantes, va a pasar del 8 por mil en 2011 hasta el 6,3 en 2020. Con independencia de los índices de envejecimiento, si esta tasa se corrigiera, quizás dentro de veinte o treinta años habría alguien para soportar los costes sociales de una población alarmantemente envejecida. Pero ni eso: todo lo que puede salir mal, está saliendo mal.

Kolmanskop, Namibia
Cónstese que para no meteros aún más miedo, no me meto en el desglose por provincias. Podría contaros historias horribles sobre índices de envejecimiento cómodamente asentados por encima de los 220 puntos en las provincias orientales. O tasas de dependencia (población menor de 15 años y mayor de 65) del 66% en el interior (y presumo que en esta década habrá muchos ayuntamientos con tasas de dependencia del 100%, directamente). Me acuerdo de alguno que comentaba que la renta per cápita lucense podría aumentar gracias a los pensionistas. Ahora, con los recortes en las pensiones, ya no será posible.

La verdad es que no me explico cómo no se insiste en enseñar estos datos. Poco a poco nos despoblamos y a corto plazo nos vamos quedando con una población receptora neta de ayudas. Eso significa gasto social y sanitario (y ojo: el gasto por persona está aumentando por encima del crecimiento de personas atendidas: según el Sergas, el gasto en camas hospitalarias se había duplicado entre 2001 y 2008, el gasto farmacéutico por pensionista también aumentó de forma extrema). Y para más inri, no hay a la vista absolutamente nada que nos haga pensar que se va a cambiar la tendencia.

Olvidémonos por un momento del Banco Central Europeo, de Merkel y de la reforma laboral. Si en Galicia no empezamos a tener hijos como conejos, nos extinguimos. Si no abrimos las puertas para que vengan parejas jóvenes a establecerse, nos estaremos suicidando. Hay que conseguir un entorno favorable para la educación de los niños, para tener un hogar seguro, y oportunidades para ganarse la vida. Hace falta vender a Galicia no sólo como destino turístico, sino como un lugar donde tener un proyecto de vida. La promoción debe empezar a orientarse en este sentido y aquí no hablo de la Xunta, sino de la empresa gallega: es ella la primera interesada en tener productores y consumidores, por mucho que estemos variando nuestra economía para ser fuertemente exportadora. Como en aquella película del oeste, puede que acabemos ofreciendo un acre de tierra, una vaca y una casa a aquellas familias que quieran establecerse. Bueno, y en ciertos ayuntamientos, a quienes tengan un niño, el alcalde en persona les debería ir a hacer de canguro como mínimo. Al menos de payasete en los cumpleaños.

Bromas aparte, lo cierto es que los costes de los servicios públicos no dejarán de crecer y los ingresos que pueden aportar personas y empresas se irán reduciendo. Puede que la cosa se vaya compensando con políticas redistributivas a nivel estatal, pero viendo la situación actual (en concreto los datos de déficit por autonomía y el total estatal indican que Galicia es una comunidad de las que mejor afrontarán los próximos ejercicios), harán falta nuevas e imaginativas fórmulas para costear unos servicios públicos que se dan por garantizados (no soy fan del actual sistema pero reconozco que a quienes ya han cotizado toda su vida, se les debe dinero).

Relacionado

En Detroit también hay problemas de despoblación (yo tiendo a pensar que la fijación de población en un territorio responde a las expectativas, capacidades y anhelos individuales), es interesante ver lo que están debatiendo.

4 comentarios:

Jonsy Gaviota 28 mayo, 2012  

A lo mejor las políticas de inmersión lingüística tienen algo que ver con el hecho de que nadie quiera ir a vivir a Galicia....

Pablo 28 mayo, 2012  

Puede ser, aunque no conozco datos al respecto, claro que toda barrera que se imponga, no ayuda.

Es curioso que viendo el grado de inteligibilidad entre gallego y castellano y comparándolo al de alemán-castellano, haya mucha más gente que, pese a la barrera del idioma, decida ir a Alemania. Esto quizás indique que la cuestión lingüística no sea determinante (al menos, frente a otros factores), claro que, insisto, no tengo datos al respecto.

Saludos.

Elentir 29 mayo, 2012  

Muy buena entrada, Pablo.

Yo tampoco creo que la cuestión lingüística tenga relación con esto, estoy de acuerdo con lo que apunta Pablo. El problema, tal vez, es que Galicia ha sido tradicionalmente una de las tres regiones más pobres de España. Muchos amigos míos se han ido a trabajar a otros sitios, por ejemplo a Madrid. En Galicia no encuentran tantas oportunidades como allí.

Por otra parte, me pregunto qué tienen que decir a esto los socialistas que criticaban las políticas de apoyo a la maternidad del actual gobierno gallego dando a entender que esas políticas son de ultraderechistas. Por lo que parece, los socialistas están empeñados en llevarnos a un suicidio demográfico.

Pablo 30 mayo, 2012  

Así es, yo también creo que afecta mucho esa cultura de "salir de Galicia a buscarse la vida".

Las ayudas a la maternidad debían ser la base de cualquier política social gallega.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo