sábado, 3 de marzo de 2012

Hidrato de metano

Pese a lo que los afirmacionistas del calentamiento global antropogénico puedan decir, el hombre es capaz de cambiar su modelo energético predominante en función de su tecnología, de su conocimiento y de los recursos disponibles. Nunca una fuente energética es sustituida de forma discreta por otra.

Todo cambio de modelo de fuente energética se solapa con el anterior. Hoy convive el carbón con el gas y el petróleo, y el petróleo y el gas con el átomo. Por lo tanto es absurdo pensar en un agotamiento discreto, tajante, de las fuentes energéticas.

En el constante estudio de nuevas fuentes energéticas susceptibles de ser usadas a gran escala, cruzamos continuamente nuevas fronteras. El desarrollo técnico logra bajar los costes de exploración de nuevas fuentes energéticas e incluso hace que fuentes energéticas conocidas sean susceptibles de explotación en lugares que hace tan solo unas décadas eran impensables.

Aún con esto, hay que reconocer que aunque encontremos depósitos de gas o petróleo en nuevos lugares, su explotación seguiría estando concentrada y, en todo caso, seguiría estando limitada en cuanto a volumen de producción. Ahora bien, ¿y si halláramos combustible fósil en grandes cantidades en prácticamente todo el mundo? Gran parte de los problemas que nos dan el gas y el petróleo vienen derivados de sus lugares de extracción: países hostiles e inestables, que usan sus exportaciones como armas, con la consiguiente montaña rusa de precios que acaba afectando a tu bolsillo.

Fuente: ecofield
El hidrato de metano viene a dar respuesta a esta pregunta. Se estiman reservas de hidrato de metano equivalentes energéticamente al doble o al triple del total de reservas actuales de petróleo y gas. Esta estimación a mi me da bastante igual, porque ni es precisa, ni es tan importante como su segunda característica: el hidrato de metano se encuentra repartido por todo el mundo. En todos los lugares donde se ha explorado o bien en otros lugares con características geológicas similares, encontramos posibilidades de hallar hidrato de metano. Conviene decir que las exploraciones deben basarse en hallazgos reales y no en estimaciones por equiparación, pero las estimaciones son útiles en todo caso, aunque sean para ser tomadas como punto de partida.

Una definición para salir del paso

La descomposición de la materia orgánica en los océanos, produce metano. Este metano a cierta profundidad se ve sometido a cierta presión, que, rodeado de agua a cierta temperatura, lo encapsula en hielo. Las condiciones de presión y temperatura logran estructuras moleculares características, en nuestro caso, una "jaula" de hielo alrededor del metano. Aproximadamente 23 moléculas de agua en estado sólido, encierran cuatro de metano.

En todo lugar que reproduzca las condiciones originales de encarcelamiento del metano, en teoría se puede hallar este hidrato de metano. Hablo del permafrost canadiense y ruso, sí, pero también de la plataforma continental que rodea las costas de todo el mundo. Una razón secundaria para dar relevancia a nuestro nuevo amiguito cristalino, es que Estados Unidos, Alemania y Japón son los países que con más ahínco dedican esfuerzos a encontrar formas de explotación de esta fuente energética. Esos tres países no se caracterizan por hacer el ridículo, así que, aplicando la lógica del aberroncho, "algo tié que haber ahí".

Liberar el metano

El hidrato de metano tiene ciertos problemas dada su naturaleza. Liberar el metano para almacenarlo se puede hacer elevando la temperatura del hielo, cosa que a 300 metros de profundidad (sí, el hidrato de metano puede aparecer a tan solo unos ridículos 300 metros bajo el nivel del mar), esto conlleva de momento altos costes energéticos e incluso la posibilidad de su combustión descontrolada. Otro método, más interesante, es el de reducir su presión. La formación cristalina necesita una alta presión para conservarse, si se "deconstruye", despresurizándolo, se liberaría el gas sin riesgo de ignición.

De todas formas, las diferencias de profundidad en las que se pueden hallar estos hidratos, hacen que probablemente se vayan a utilizar varias tecnologías. También hay que decir que existen reservas sobre tierra firme (bueno, en permafrost que es casi lo mismo). En estos lugares, el metano se libera de forma natural a la atmósfera (¡quien pudiera contenerlo en bombonas!).

Y aquí acabaría el proceso de obtención: al contrario que con el petróleo, el metano no hay que refinarlo, puede ser usado directamente en un motor de combustión (de combustión de metano, claro).

Incluso podemos especular con una posible reducción del coste de transporte: el transporte del hidrato en estado sólido no exige una temperatura tan baja como la del metano líquido (-20ºC frente a -162ºC). Sí que hay que considerar que se transportarían mayores volúmenes (pues la mayor parte del hidrato es agua, pero pensad que en un futuro, de las plantas de energía también salga agua para riego, si fuera kenyata me gustaría el tema).

Resistencia al cambio

Como siempre ocurre con el tema energético, existen resistencias de carácter social y político, aparte de las consabidas de tipo económico y tecnológico. El metano es un gas de efecto invernadero por lo que tan solo nombrarlo supone el ostracismo público y la lapidación. Pero en este caso de lo que se trata no es de liberarlo a la atmósfera, sino de almacenarlo para su uso.

Como nota curiosa, quienes más incentivos tendrán para oponerse al estudio de estas reservas de hidrato de metano son los ecologistas magníficos... y las grandes petroleras. Nuestros obsolescentes políticos están de enhorabuena: ya tienen una posición con la que obtener votos de los ecologistas-fáciles y mantener los jugosos sobrecitos de las petroleras.

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1 comentarios:

Teseo 04 marzo, 2012  

Psss, que no se entere Montoro. Algunos tenemos acciones de Gas Natural.

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