sábado, 28 de mayo de 2011

La división del trabajo fue el milagro de la Edad de Piedra

Una de las cosas que más me llaman la atención de la (pre)historia de la humanidad es ese punto en que la antropología, la geología, la economía y la arqueología se unen para dar explicación a hechos no muy conocidos pero asombrosos.

Restos fósiles de hace treinta mil años -más o menos, no seamos estrictos- nos dan una información que nos debe dejar a todos fascinados. En algún punto del paleolítico medio, se produce el mayor invento de la historia del hombre: la división del trabajo. Hay restos de enterramientos con objetos que no podían estar en ese lugar. De la actual Ucrania hasta Alemania, de la estepa Siberiana hasta Asia Central. ¿Cómo fue posible el traslado de piezas elaboradas, ornamentos y herramientas a cientos de kilómetros de un enterramiento? Otra preguntita: ¿cómo es posible que en la tumba de un niño se encuentre una camisola cubierta de "lentejuelas" de marfil de mamut en un lugar donde no había mamuts?

El testimonio del pasado nos hace volar la imaginación para poder explicar un comportamiento y una organización social en los que hombres tapados con pellejos de animal y alpargatas en los pies, caminaban por un mundo sin caminos. Esos tipos barbudos y con mal aliento crearon los primeros caminos caminando. Llegaban al encuentro de otros tipos e intercambiaban objetos (o los robaban al asalto, pero probablemente habría más intercambios que asaltos). Al principio serían objetos propios de un lugar, después fueron objetos elaborados. Es decir, de forma natural y a lo largo de siglos, se fue extendiendo la idea (¿o es una idea innata?) de que merecía la pena trabajar para otros para obtener un beneficio. 


El hombre de la edad de piedra sabía más de economía que los actuales profesores de economía de esas universidades cuyos despachos huelen a marihuana. Mucho más que Miguel Sebastián.

Viajemos un poco en el tiempo gracias al milagro de la palabra escrita y la imaginación que te supongo, amable lector.

Groj y su pandilla cazan venados. Usan lanzas de madera con la punta endurecida por el fuego. Es un trabajo afanoso, pero el producto en calorías de su trabajo, hace que le merezca la pena. Si en lugar de cazar un venado y quedarse sentados hasta que se agote la carne, continúan cazando, consumirán más carne, pero obtendrán antes más venados. El chamán de la tribu, Rubolkoba, viene de un viaje con un regalo: una lanza con punta de piedra afilada. Groj lo prueba en una batida de caza. Su punta es la única que no se rompe. Si toda su pandilla usara ese tipo de puntas, no tendrían que dedicar tiempo a construir nuevas lanzas de madera. Rubolkoba sabe que en donde obtuvo la lanza no hay venados.


Un día a Rubolkoba se le ocurre decirle a su tribu que intercambien medio venado con aquellos que hacen puntas de piedra. Es una decisión complicada y arriesgada ya que medio venado son tres días de buena comida para la tribu. La buena noticia para nosotros es que Groj es un arrebatado y para demostrar su hombría decide llevar el medio venado e intercambiarlo por cuatro puntas de lanza.

Lo mejor de todo es que la tribu de Groj sabe cómo hacer esas puntas de lanza. Incluso las hace mejores y más rápido que la otra tribu. Pero son infinitamente mejores cazando así que les compensa comprar las malas puntas de piedra a la otra tribu.

¿Consecuencia de esto?

La otra tribu varía su dieta y obtiene más calorías per cápita. La tribu de Groj comienza a tener ingentes reservas de comida. Ambas tribus han salido ganando. Unos se especializan en la caza y otros en la construcción de puntas de lanza. Llega un momento en que sus productos son intercambiados con otras tribus más lejanas. Obtienen ropa, bayas, canastos, collares de conchas...

Miles de años después, Groj es especialista en poner demandas al ayuntamiento. No sabe cazar, no sabe qué es un electrón, pero cuando llega a casa ve la nevera llena. En ocasiones, la nevera está vacía, pero a cien metros de su casa hay un súper muy cutre que tiene más alimentos, más variados y más baratos que los que podía obtener cualquier ser humano en los miles de años de historia precedente.

¿Son el comercio y la división de trabajo un producto de la civilización o condiciones sine qua non para que exista civilización? Ahí lo dejo, amigos.

11 comentarios:

Von Manstein 28 mayo, 2011  

Pues para mi , la division es realmente necesaria para la aparicion de la civilizacion. Claro , que a este paso , y con esta gente mandando , esto se acaba.

Con permiso , te pongo en mi lista de blogs.

http://ausdembunker.blogspot.com/

Grüße aus dem Bunker

pepeblai 28 mayo, 2011  

Las mujeres de la edad de piedra estaban requetebuenas. Eso ha quedado demostrado.

Teseo 29 mayo, 2011  

Cuando hablas de la (pre)historia, estas hablando de la Edad de Oro de la humanidad.

Otra posibilidad para la historia es que Groj, Rubolkaba y su pandilla (de prehistóricos capitalistas) entren a saco en el poblado rival (de prehistoricos y serviles proletarios), les roben las puntas de piedra, los minerales y las mujeres (que eran todas como Raquel Welch) y los pongan a trabajar por un salario miserable.

No. Esto es imposible. Me lo he inventao. To er mundo é güeno.

Pablo 29 mayo, 2011  

@Von Manstein: Tiene usted mi permiso, yo encantado. Yo también creo que antes fue la gallina que el huevo.

@pepeblai:Totalmente. Ya no hay mujeres como las de la Edad de Piedra.

@Teseo: Lo de robar ocurrió. Claro que sí. Pero no fue lo único que ocurrió. En mayor medida hubo un juego de suma uno. La interpretación de suma cero es un error sumamente marxista y equivocado. Me baso en evidencias arqueológicas, no en suposiciones abstractas de despacho de universidad. No, no es que todo el mundo sea bueno, es que el beneficio propio significa en muchas ocasiones el beneficio de otros. Cambiar esta idea preconcebida es fundamental para acabar con ese pensamiento progre que inunda nuestro día a día y que nos mantiene en una miseria intelectual y material insoportables.

Marzo 29 mayo, 2011  

Ay, Teseo, craso error: el comportamiento que describes es perfectamente socialista, y su versión recta es que los heroicos proletarios Groj, Rubolkoba y compañía expropiaron a los capitalistas opresores industriales del otro poblado y los mandaron a campos de trabajo y reeducación. Sin salario aun miserable, por supuesto, para que sus puntas de flecha mejoradas fuesen de provecho a la comunidad en su conjunto y no a su vil codicia individualista.

Teseo 29 mayo, 2011  

@Pablo: Si es ¨mayormente¨ lo que ocurrió, entonces no es un juego de suma uno (ni tampoco de suma cero). A lo mejor a los trogloditas no les importa tanto la cantidad de beneficio, sino la rapidez en conseguirlo.

Para evidencias arqueológicas, también está V.V.Struve (vale, es de la edad Antigua). Y este si que estuvo de moda en la uni.

En juegos como el Civ, es más rápido ganar siendo militarista y expansionista, que comercial e industrioso (excepto en las últimas versiones, que no molan tanto).

Hey, no has dicho nada de los dioses que vuelan en carrozas doradas y enseñaron al pueblo industrioso a construir puntas de flecha!

@Marzo: También mola esa versión. Una revolución roja, dirigida por Groj y Rubolkoba que expropie a los capitalistas opresores del otro poblado y los ponga en centros de trabajo y de reeducación... en Siberia.

Pablo 30 mayo, 2011  

@Teseo: "A lo mejor a los trogloditas no les importa tanto la cantidad de beneficio, sino la rapidez en conseguirlo." ESO ya es BENEFICIO.

No se produce un intercambio porque sí.

Teseo 31 mayo, 2011  

Me referia a que es más rápido obtener las flechas por la fuerza, que convenciendo al cacique de la tribu vecina a que te las cambie por unas cuentas de colores (y de paso hacerse con los minerales y las señoras). Los acuerdos internacionales suelen ser largos y pesados.

Por cierto, a lo mejor la auténtica división del trabajo es la que se produce cuando las mujeres prehistoricas se encargan de perseguir y dar caza a los mamuts, mientras los hombres se quedan en la cueva lavando los platos de piedra, cuidando de las crianzas y regando las plantas. Observa lo politicamente correcto que he sido. O no.

Pablo 03 junio, 2011  

Siempre es más costoso obtenerlas por la fuerza. Tu capital son tus armas y tus hombres. En aquella época no eran elementos fácilmente sustituibles.

Paradójicamente hoy sí.

Teseo 03 junio, 2011  

Da igual el coste, lo que importa es la velocidad. Esos fulanos palmaban de viejo a los 34 años (en plena adolescencia). Si dos trogloditas se paraban a discutir el mejor sistema económico para intercambiar Mamuts por flechas de piedra, alguno de ellos se cansaba antes y se llevaba la caza, los minerales y las tias, aunque en la lucha la tribu quedara reducida a la décima parte.

Lino 24 noviembre, 2011  

@Teseo, a mi también me parece que es más costoso conseguir las puntas de flecha por la fuerza y luego mantener a la población esclavizada para que las fabrique, que actuar en colaboración.

Y otra cosa, en aquella época no morían a los 34 años, ni parecido. La media de edad de muerte era esa, pero es debido a la altísima mortalidad infantil. Sólo tienes que leer a Arsuaga para conocer que una persona podía llegar a a los 65 años y estar en perfecto estado físico.

@Pablo, en efecto. Lo que comentas es lo que se conoce como modelo colaborativo, en contraposición al competitivo. Actualmente se está demostrando en las empresas que es mucho más eficaz aquel que el clásico competitivo.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo