jueves, 18 de julio de 2019

Hacia una estrategia común en la batalla de las ideas

Nadie que siga la política del país puede ignorar ese gran elefante en la sala que impide a las principales fuerzas democráticas ponerse de acuerdo en cosas básicas. Partidos realmente próximos en todos los temas (impuestos, pensiones, política exterior, etc) y que votan en consonancia en el Parlamento Europeo se nos presentan en España separados por gigantescas barreras de comunicación. Se nos presentan como cosas absolutamente opuestas debido a temas súperimportantes como revolver los huesos del viejo dictador, tener permiso o no para usar la palabra feminismo o poder ir a una fiesta pública de celebración de la ampliación de derechos para los homosexuales.


Si os parece estúpìdo el asunto es que lo es. Ojo, yo no abogo por el kumbayá universal, no creo en la armonía confuciana para nuestra política. Pero hombre, cosas básicas como describir políticas demográficas, establecer una estrategia contra el golpismo y separatismo o decidir la política del agua requieren de planes a largo plazo que a su vez necesitan un entendimiento que salve la Gran Barrera de la Etiqueta Española, única construcción humana que puede ser vista desde el espacio.

Tras plantear un problema como acabo de hacer, yo, como soy de derechas, estaría obligado a echarle la culpa a la izquierda (fijaos cómo cuando hay un problema hay una culpa). Pero es que esto sería arrastrar el problema y como nuestros ríos se secan y nuestros pueblos se vacían me parece que en algún momento hay que plantear una base para el entendimiento.

Este entendimiento demanda la demolición de la Gran Barrera. Es lamentable que recientemente hayamos escuchado a una ministra del gobierno accidental poniéndole más ladrillos a este muro (solamente el PSOE es feminista o una cafrada así dijo la de Cabra) o el caso de la fiesta del Orgullo Gay donde se atentó contra unas diputadas de Ciudadanos.


Como la izquierda ya no defiende nada sólido, lo único que le queda son esas parcelitas de la política identitaria que protegerá con uñas y dientes. Todo el debate político en España orbita entonces en torno a estos caprichos de una izquierda a la que solo le quedan las etiquetas. Esta defensa de las etiquetas algunos la llaman batalla cultural y como son las etiquetas que le importan a la izquierda por eso decimos que la izquierda gana la batalla cultural (son las etiquetas que ellos eligen, por tanto el debate que ellos eligen).

Batalla cultural

Planteada así la cuestión de uno de los males de nuestra vida política nacional no puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico que plantea el profesor Quintana en el Subjetivo. Yo personalmente no le llamaría batalla cultural porque defiendo el derecho a vivir toda la vida sin jamás pronunciar la palabra cultura pero entiendo las convenciones y acordar denominaciones para poder hablar.

A mí esto siempre me ha atraído. Los que somos usuarios tempranos de las tecnologías de comunicación reconocemos la importancia de la forma en que se muestran las cosas e ideas. El lugar donde se cruzan la publicidad, la psicología del comportamiento y el interés político es el campo de batalla. Las armas empleadas son la normalización de lenguaje y comportamiento (creación del marco), la táctica la modificación de la moral... veis por dónde voy: la política en sí misma es secundaria. Ya casi ni se habla de política: solo quedan los gestos, las caras, la metafísica... y es evidente que los de este lado de la orilla vamos perdiendo (a ver, ojo, ganamos en muchas otras cosas muy importantes: hoy la izquierda ya no tiene programa económico por ejemplo y no es poca cosa).

Varias razones explican que vayamos perdiendo:
  • En primer lugar el debate planteado es el debate que plantea el enemigo. Luchamos en un territorio que ha elegido el enemigo y eso desde Sun Tzu es una desventaja. 
  • En segundo lugar, en la derecha históricamente nos ha preocupado menos el problema de la imagen que se da. La izquierda tiene una larga tradición de propaganda: el partido es la vanguardia de la revolución y el partido necesita militantes, de ahí que su principal tarea sea la propaganda. Para la izquierda la promoción es una tarea central y en esto nos lleva ventaja. 
  • En tercer lugar, los artistas —infantería de la imagen que comunica— suelen servir a la izquierda ya que son quienes les cuidan. 
  • En cuarto lugar tenemos el ámbito académico donde a ojo de buen cubero sólo se salvan las disciplinas de Economía y/o Derecho para el bando de los buenos. 
  • En quinto lugar podemos ver los medios de masas: plataformas online y televisión venden productos que crean las referencias populares de imágenes y palabras, estos medios son dirigidos por una élite que se siente muy cómoda y beneficiada cuando la izquierda tiene poder. 
  • En sexto lugar tenemos la historia precedente: existe una resistencia a presentar batalla porque cuando se ha intentado se ha fallado. Aún tengo PESADILLAS por el HUMOR RANCIO de Intereconomía que provocaba cáncer de ojos.
  • En séptimo lugar tenemos a la Iglesia Católica. Me explico: la Iglesia es un gigantesco agente en la sociedad civil que actúa en las prisiones, en los barrios humildes, con los inmigrantes, con los toxicómanos, con las madres solteras, con muchos nichos de población que la izquierda odia (en resumen: los pobres, vulnerables e indefensos) y esta bienvenida gran presencia resta capacidad de asociacionismo de derechas. Nosotros no tenemos 40 asociaciones en el Carabanchel Metafísico, tenemos dos o tres. Entonces cada vez que hay una manifestación o la prensa da una noticia aparecen cuarenta asociaciones comunistas diciendo una cosa y a lo mejor una diciendo la contraria. Que luego en números la cosa está igualada pero en apariencia no. Y la apariencia importa.
  • En octavo lugar existe el problema de olvidar nichos de expansión. Esto ya es entrar en estrategias de partido y allá cada cual se las componga pero es que los chavales de quince años votan en tres ¿qué mensaje les llega? ¿Y qué hay de toda esa gente que jamás votó? Gente que no quiere hablar de política o que con cierta razón piensa que es un pasatiempo para ricos. Si logras que te apoye quien jamás apoyó a nadie, ganas.
De entre todas estas razones que explican el repliegue de la derecha que se me acaban de ocurrir en treinta segundos creo que la más importante es la primera. El mero planteamiento de la batalla de las ideas ya se hace en un terreno minado. ¿Por qué hablar de aborto y no de maternidad? ¿Por qué hablar de inmigración y no de migración interior? ¿Por qué hablar de nacionalidades históricas y no de cuencas fluviales (le pones una frontera a un río y el río se ríe de ti)? ¿Por qué hablar del último berrinche de un coleccionista de cabezas de pigmeo de Hernani y no de acercarnos a Portugal?

Que no digo que no haya que hablar de problemas que plantea la izquierda, claro que sí, pero existen otros temas. Por ejemplo cuando se habló de la gestación subrogada ese fue un planteamiento que cogió con el paso cambiado a la siniestra. O si hablamos de reformar las pensiones igual no hay que estar en la posición tecnócrata y lo que hay que hacer es un ejercicio de pensamiento lateral y decir ok pensiones para todo el mundo pero que sepáis que dejarán de pagarse las exposiciones de pintura con heces humanas y se cerrarán todos los medios de comunicación públicos. O cuando se plantea que nuevas vecinas vistan de forma extraña igual hay que recuperar que los militares puedan vestir como tales fuera de servicio. A ver, pongo ejemplos al azar para ser gráfico. Lo que quiero es romper los temas o plantear nuevos temas.

Y por supuesto el otro asunto es crear nuevas vías de transmisión del mensaje: prensa, música, Internet, podcast, series, televisión, etc. Si os fijáis incluso en la publicidad se cuelan cosas que suman: ese anuncio de un portal de hoteles donde una señora va "a la aventura" o "improvisa una escapada". Ese no me parece bien que sea el estándar. Pues a ver quién es el dueño de esa empresa y por qué hace eso.

Para acabar, algo más prosaico: ¿nadie de derechas conoce a alguien con un poco de dinero? Ya sé que las multinacionales y los grandes empresarios están encantados con la izquierda y la apoyarán hasta el fin de los días pero es que la batalla de las ideas, como todas las batallas, será decidida por gente y dinero.


martes, 14 de mayo de 2019

Divagación sobre la excepcionalidad de Occidente

Desde la estepa kirguisa hasta el desierto de Libia una frontera que no aparece en los mapas se levantó hace miles de años. Dejando a un lado el lejano oriente, esta frontera sigilosa dividió y sigue dividiendo a gran parte de la humanidad.

Estas dos humanidades durante muchos siglos han estado chocando en una especie de empate técnico antropocénico hasta que la Edad Contemporánea firmó la victoria de la parte occidental. Y aun con esta victoria aparece una resistencia por ambos lados a que esta frontera termine de desaparecer.

"Nunca digas nunca jamás" (1983).
Este es un tema clásico ya en las discusiones de la dicotomía Este-Oeste: se trata del famoso choque de civilizaciones y es un pastelito para que deterministas y esencialistas pongan a prueba nuestra paciencia con sus casualidades elevadas a leyes históricas un tanto improvisadas.

Pero es curioso cómo aunque nadie haya dibujado una línea en el mapa la humanidad sí reconoce que ahí hay una especie de barrera. Varias teorías se han expuesto para explicar esta división: instituciones, libertad personal, economía y religión. Hay una teoría más que no he visto en muchas partes: la forma de hacer la guerra.

La forma en que una nación hace la guerra tiene mucho que ver con su economía, su sociedad y su sistema político. Podría decirse que el arte de la guerra es una continuación o una faceta más de la vida de un pueblo. Quizás la forma más directa de comunicarse con otras naciones. De esto creo que ya hablé en otra ocasión pero como es un tema que nos incumbe a todos con independencia del momento y lugar nunca está de más regresar a él.

El arte de la guerra en occidente se distingue por la búsqueda de la gran batalla: concentrar toda la fuerza en un punto y golpear hasta quebrar al enemigo. Para ello se ha confiado a la fiel infantería. En oriente son más taimados. La humanidad vecina hace uso del subterfugio y la velocidad, su mejor combatiente es un soldado móvil, montado que hace un gran uso del arma a distancia. Rodear, copar, cansar, evitar, volver a atacar y así hasta derrotar por agotamiento al enemigo. Una táctica que tiene mucho sentido en la gran estepa y en los desiertos.

"No temas, es tan solo tu sombra".
De ahí que en Gaugamela, una de las batallas decisivas de este choque secular, oriente perdiera por inclinarse a adoptar la forma de combate de occidente. Pero oriente ganó también varias veces en territorio enemigo: las dos incursiones de los pueblos esteparios tuvieron mucho éxito porque fueron acompañadas de un tratamiento extraño del conquistado. La capacidad de elegir muerte o vasallaje en un mundo particularista y dividido dejaba poca opción.

A partir de la Edad Moderna y la extensión del uso del arma de fuego parece que este empate técnico empieza a derrumbarse. El momento de máxima extensión en Europa del Imperio Otomano lo señalamos en el asedio de Viena de 1683 y ahí oriente pierde e inicia su lenta retirada hasta nuestros días.

Ah, amigos, pero al decir esto aparece un problema que los más sagaces ya han detectado. El arma de fuego también estaba disponible para el oriental. ¿Por qué el occidental la usó mejor? En realidad no la usó mejor. Los turcos durante el XVI tuvieron la mejor artillería y otras partes del mundo que no eran Europa empezaron a producir de forma masiva armas de fuego. Tampoco hay ninguna razón biológica para que el occidental tenga mejor puntería que el oriental. De hecho, hasta el "rifling" de los mosquetes en el XIX la puntería nunca fue un factor de batalla (por eso las apretadas líneas de tiradores en la Edad Moderna, para poder darle a "algo").

Tu regere imperio fluctus, Hispane memento.
A partir del XVII hay un cambio que acompaña al uso masivo del arma de fuego. Por ejemplo, en Europa se inventa la tolerancia religiosa y los barcos ya circunnavegan el mundo. Esto no lo hacen otros*. La afluencia de capital reluciente debido al contacto con la masiva hiperpotencia china relega a oriente a un segundo plano. A partir de entonces los enfrentamientos occidente-oriente tienen un denominador común: occidente puede reponerse.

O sea, a partir de entonces occidente todavía combate buscando la victoria decisiva en la gran batalla pero esta vez si la pierde puede volver al ring. Oriente es incapaz de hacer eso. Desde Tartaristán hasta Omán la Edad Moderna es una época de retroceso e introspección, dominados políticamente por la Otomanía, los pueblos musulmanes** dejan de expandirse y recordemos que los imperios son como las bicicletas, en cuanto dejas de pedalear te caes. La conquista rusa de los kanatos de la estepa póntica, las revueltas en los Balcanes, la caída del imperio de piratería de la costa sur del Mediterráneo... Cuando llega la Primera Guerra Mundial los turcos defienden el mar de Marmara con barcos de madera y las aletargadas ciudades árabes muestran poco interés por un gobierno corrupto que roza la blasfemia.

Una última cuestión sobre la que recomiendo no pensar mucho: la historia nunca se acaba. Ojo, partimos de una buena base para mantener nuestra hegemonía pero la capacidad del ser humano para cambiar su universo es siempre sorprendente. Además, la idea de "mantener" la hegemonía es como el comienzo de una derrota (¿veis cómo no queremos pensar en ello?).


*Esto secretamente es muy importante y tanto seguidores como detractores de la excepcionalidad europea nunca le dan la importancia que merece. No apuntamos mejor, no somos más fuertes, no somos más listos, no tenemos más recursos minerales, etc. Hicimos unas cosas y somos resultado de esa historia, de la historia. 
**Empleo "musulmanes" como sinónimo de "los pueblos de los que hablo", la religión musulmana tiene poco que ver con este asunto, el Imperio Aqueménida era zoroastra y fue la hiperpotencia mundial en el VI a.C. En el XVI pocos reinos europeos más "occidentales", avanzados y tolerantes había que el musulmán Imperio Otomano.