sábado, 31 de enero de 2015

Subir el IRPF a las rentas más bajas

Vayan por delante algunas prevenciones: aquí no voy a tratar de cuentas económicas sino de política. Los datos serán aproximados porque no busco el resultado de una tabla de Excel sino la política que inspira hacer la tabla de un modo u otro. Creo que me explico.

Hay que decir que el IRPF es un invento muy reciente. Su origen se remonta a menos de hace 40 años cuando se aprueba la Ley sobre Medidas Urgentes de Reforma Fiscal. El IRPF aparece por tanto como una "medida urgente" en un periodo concreto de la historia de España. Y tal como se planteó así quedó. Las innumerables reformas posteriores no cambiaron un ápice el "espíritu de la ley".

Los típicos funcionarios de Hacienda.
Para construir el IRPF se ordenan las rentas obtenidas a lo largo de un año por todas las personas físico-químicas con residencia en España. Siempre se hizo así y por ahí se empieza. A todas esas personas se les aplican los tipos progresivos, se les calculan las deducciones y se marca cierto mínimo exento para los que menos declaran.

Pongamos que hay 20 millones de personas que declaran su renta a los Oompa Loompas de la Agencia Tributaria. Sumando las partes general y del ahorro de las bases imponibles que declaran esos 20 millones de fulanos, por los ordenadores de Hacienda desfilan unos 400.000 millones de euros. Lo que significa una media de rentas de 20.000 euros por Pepito.


Aquí viene mi primera bola número ocho: si en lugar de colocar sobre un eje lo que declara la gente, se colocara a la gente, la perspectiva cambia. El Pepito número 10 millones ¿cuánto creéis que declara a la Agencia Tributaria? ¿Unos 20.000 euros? Si está en la mitad del eje, declarará sobre la mitad del eje ¿no? Clase media in da house ¿verdad?

Pues no. Y aquí viene la nota importante. El Pepito número 10 millones declara unos 15.000 euros. Media y mediana están notablemente separadas. A falta de una explicación mejor, yo sospecho que de aquí parten algunos de nuestros pegajosos problemas. La distribución de rentas tiene poco que ver con una distribución normal en la que media y mediana coinciden. La distribución de rentas se parece más bien a una distribución gamma.

Distribución gamma.
Como los tipos son progresivos existe un desequilibrio fundamental al tener a la inmensa mayoría de la gente declarando por debajo de la media. Cuando el legislador además lo acaba de arreglar con un mínimo exento que roza la mediana, acabas el día con que en este país pagan impuestos cuatro gatos. Pero no quiero precipitarme.

Datos aproximados del 2011 (pdf). Más de la mitad de los contribuyentes declaraban rentas por debajo de los 16.500 euros y aportaban el 21% de la recaudación de este impuesto. Solamente de esta frase puede escribirse un libro. La clase media en España es un mito, es una sombra. Un fulano que declaraba en 2011 22.000 euros, estaba en el límite exento. Y más de la mitad de la gente declaró menos de eso.

Vía ICTlogy
Está bien, el IRPF no establece lo que es clase media y lo que no. Pero huele un poquito a tostado que más de la mitad de la gente esté —con caracter general— exenta de pago del IRPF. No haré aquí una valoración económica y ni siquiera la haré ética. Haré una consideración política. Yo creo que tiene consecuencias políticas que más de la mitad de la población viva ajena al pago de impuestos directos. Es cierto que la cuarta parte de la población activa está desempleada —y esos ya son la mitad de los exentos del IRPF—, pero no entro aquí en los problemas prácticos.

A la hora de establecer un debate público o tenemos la distribución de rentas del país en la cabeza o mejor vamos a pescar fanecas. Cuando hablamos por ejemplo de políticas públicas y del coste del estado del bienestar no estamos teniendo en cuenta la distribución de ingresos. Y de forma secundaria aparecen además otros problemas, como que estemos lejos en este país de ser una comunidad de intereses compartidos porque simplemente la mayoría de la población vive ajena al coste de la comunidad. No hablo aquí de la bobada de "hacer gasto y no aportar" (es razonable que quien no aporta haga más gasto, suelen ir de la mano estas cosas). Hablo de los incentivos desviados que se generan, de las externalidades negativas. Supongo que no soy el primero en ver una relación entre la costumbre política de su país y su distribución de rentas.


Simplemente tener al 60% de la población reclamando servicios y derechos sin que les toquen ni una micra los costes crea una costumbre política que nos mata. Nótese que no me meto con estas personas: al fin y al cabo actúan de forma racional. Me meto con la respuesta que provocan en el legislador. Ante una gran masa electoral que vive ajena al concepto de impuesto directo, el político responde a sus demandas estirando a una minoría que aporta la mayoría del ingreso.

Vale, sé que el IRPF no es la única fuente de ingresos del estado, sé que todo el mundo paga IVA y que existen innumerables tasas, además de otros impuestos especiales. Continúo.

Volviendo al 2011. El 81% de la gente declaró rentas inferiores a los 30.000 euros. Es decir, si ganas 30.000 euros brutos estás en el exclusivo grupo del 19% de ricos de este país. Para ser gráfico: cambiar de automóvil cada diez años y comprate un televisor en color te coloca en un grupo exclusivo de ricochetis.

Me temo que no, amiga.
Declarar 30.000 euros no es ser clase media, es estar en el cuartil superior con Amancio y el espíritu de Jaime de Mora y Aragón. Y mi punto es que esto no lo reflejan nuestras leyes del IRPF. Si hay una línea que puede orientar lo que es la clase media, es la mediana de las declaraciones de rentas (15.000 euros).

Cada situación personal es un mundo y se conocen las diferencias de rentas por unidades de consumo y por hogares. No es lo mismo ser un trendy-single-hispter-pesado que tener dos niños y a la suegra con gota empantanada en el sofá. Aunque esos dos hogares declaren 15.000 euros, parece que el primero lo tiene mejor que el segundo (de hecho, el segundo hogar del ejemplo está por debajo del umbral de pobreza).

Si eres español y crees que esto es barato, perteneces a un minúsculo porcentaje de la población. Enhorabuena.
¿Qué hay de los megarricos? Volviendo a los datos de 2011, un 0,29% de las declaraciones fueron superiores a los 600.000 euros. Este grupo significó el 2,2% de la base imponible de aquel ejercicio. En España no parece haber muchos ricos... porque los ricos están ganando 40.000 pavos y los metemos en la clase media. En España no tenemos muchos ricos porque no llamamos ricos a los ricos, los llamamos clase media para así poder llamar clase media a los que están por debajo. Todo el mundo es clase media ¡viva la clase media!. Hemos llegado a una situación en que cambiar de coche en un tiempo razonable es un privilegio.

Nos hacemos trampas al solitario al meter en el mismo furgón a quienes declaran 15.000 y a quienes declaran 30.000. Si definimos la clase media como la clase de personas cuyos ingresos se acercan a la media, esa clase media está sobre los 20.000... y ya prácticamente no paga impuestos.


De lo que se trata, si de verdad queremos dejar de trampearnos a nosotros mismos, es de poner negro sobre blanco la realidad de nuestra situación. De 20 millones de personas que declararon su renta a Hacienda en 2011, el límite exento —con caracter general— mandaba a su casa al 70% de la gente. Dicho de otro modo, 6 millones fueron lo bastante ricos como para pagar IRPF. ¿Con estos hilos queréis hacer una manta? Nos hundimos.

Resumen

Mi bala de plata es la cosa más odiosa y menos debatida que habréis leído en vuestra vida: subirles los impuestos a los más pobres. En idioma políticamente correcto sería algo así como flexibilizar la universalización de las contribuciones de caracter general de las personas físicas. Se trataría de algún modo de bajar el límite exento e incluso establecer un nuevo tipo para las nuevas rentas más bajas, que según el ejercicio de 2011 podrían colocarse en el 20% de las declaraciones (a partir de 5.000 euros).

Sí, ya sé que hay hogares que ingresan 35.000 euros y las pasan canutas y no tengo que imaginarme lo que sucede en los casos en que la renta anda por los 16.000, vivo en una comunidad en la que definimos la clase media por ferrados y fanegas. Es evidente que ante rentas tan bajas deben existir deducciones y exenciones con caracter especial. Pero con caracter especial, que más gente pague impuestos directos debería ser la norma.


Básicamente la razón importante que doy para subir los impuestos a las rentas más bajas, es que en este país las rentas son más bajas. Y los impuestos no tienen una única función de recaudación, sino también la función de crear la comunidad política. Si el número de personas a las que les duele ese nuevio macrofestival de la rotonda canina aumenta en solo un millón de personas, los resultados de las elecciones sufrirían un dramático cambio. Y yo creo que ese cambio sería para bien. Que más gente esté implicada en el sostenimiento del estado del bienestar y de los servicios públicos de caracter general, evitaría en el futuro algunos de los problemas del pasado y cambiaría los incentivos para la clase política.


viernes, 30 de enero de 2015

Desequilibrios europeos

Echar la culpa a otros de lo que responde únicamente a tu voluntad, es una actitud tan vieja como el ir a ver por dónde mean las gallinas. La creación ideológica de una supuesta división en bloques de la Unión Europea entre una Europa del norte, afanosa pero sin corazón, y una Europa del sur, con corazón pero sin cabeza, es uno de los ejercicios de vagancia intelectual más descollantes de los últimos años.


Esos pretendidos bloques que se pretenden levantar por medio del triunfo de discursos políticos que se basan en echar balones fuera, descargar la responsabilidad de la audiencia y confortar con el tribal mensaje de unidad de la manada que les acompaña son un monumento de pésimo gusto a la estupidez humana.

No se trata tan sólo de la queja que se levanta en la Europa mediterránea sino que a este juego también contribuyen desde el norte, con sus pigs y su xenofobia velada. En cierta manera, las explicaciones culturalistas y el prejuicio siempre tuvieron un rincón en el debate político, pero es hoy, que andamos como pollos sin cabeza, cuando más éxito tienen. Y ese éxito también es transversal en la política europea: partidos extremistas a los que cualquier individuo con dos dedos de frente no concede el mínimo crédito, viven momentos de gloria a un lado y otro de los Alpes.


La pugna de este debate impostado lo vemos estos días con el resultado de los atemorizados griegos dejando a un lado el partido de la izquierda tradicional y votando a otro partido con un discurso metido de lleno en este juego (recordemos que en las elecciones el partido que antes estaba en el gobierno no fue castigado y la victoria neocomunista se debe únicamente a un trasvase de votos en la izquierda).

Cualquier descripción del escenario que leamos en la prensa estos días, ofrece una visión que responde de forma cristalina a quienes compran el discurso norte-sur. Grecia lo pasa fatal porque tiene muchas deudas y la troika sólo sabe endeudarla más y obligarla a privatizar empresas públicas y recortar servicios sociales. Parece que la búsqueda de la eficiencia económica está reñida de manera irreconciliable con la voluntad plebiscitaria del sabio e infalible pueblo. Así las cosas, el debate norte-sur, se convierte también en el debate austeridad-democracia. Como si no pudiera haber una sin la otra.


Estas etiquetas tan fáciles de esgrimir son la comidilla diaria de esos partidos extremistas. Sin nadie que les enfrente otro discurso, los nuevos políticos —que en condiciones normales permanecerían en la irrelevancia—, cambian súbitamente el lenguaje, los referentes y los discursos a un lugar donde se sienten cómodos. Nadie hace tan sólo una década tomaría en serio a ningún tarado que hablara de nacionalizar una compañía aérea porque simplemente la experiencia empírica demuestra que la liberalización de ese sector significa bajada de precios y creación de empleo. Sin embargo hoy surge desde la oscura charca de la irrelevancia política el discurso opuesto que pretende afianzarse como "el nuevo normal". Si fuera inglés podría poner de ejemplo el discurso anti-inmigración para explicar lo del nuevo normal.

Como decía, parece que se dan las condiciones óptimas para que las bacterias se multipliquen en la placa de Petri de las ideas políticas y Grecia es un gran ejemplo.


El discurso extremo podríamos resumirlo como un cuento en el que los griegos estaban muy tranquilos sin meterse con nadie y de pronto unos malvados Klaus les obligan a tomar decisiones a cambio de prestarles dinero y en el proceso matarlos con los intereses del préstamo. Ahí está la destrucción de la soberanía griega y los malvados tecnócrtas europeos imponiendo su agenda. Que la realidad no tenga ninguna relación con este cuento parece no importar, al fin y al cabo se trata de eso, de un cuento con el que sumar voluntades y vender un mensaje. Cocacola hace lo mismo en sus anuncios. El problema es que cocacola no se presenta a las elecciones y los revolucionarios del iPad sí.

Que Grecia estuviera en recesión y su deuda pública no cotizara en los mercados por estar calificada de bono basura, parece que hoy no tenga nada que ver con el primer rescate soberano que aprueba la troika en mayo de 2010. Que esa misma troika sea una reunión ad hoc de representantes de la UE, del BCE y del FMI y por tanto responda a intereses políticos, parece que no importa para quienes insisten en culpar a "los mercados" de la "puñalada en la espalda" que supuestamente han dado a Grecia.

Akropolis, Leo von Krenze. Hubo una época en que los alemanes estaban fascinados con Grecia y el mundo antiguo.
Y es que la realidad es aburrida y prosaica y no deja en buen lugar a los nuevos redentores políticos que por la vía de cerrar las fronteras, no pagar las deudas y echar la culpa a los demás, prosperan —insisto— a ambos lados de los Alpes.

Ni es cierto que se dio ninguna puñalada en la espalda a Grecia, ni es cierto que los problemas económicos de la Europa del sur (más Irlanda y Holanda, por ejemplo, que supongo que están en el sur también) tan solo respondan a nuestra indolencia para el trabajo y a nuestro conformismo con vivir de pagas públicas.

La "explicación total" del problema de los desequlibrios europeos depende de a quién le preguntes. Yo cada vez que me formo alguna idea sólida al respecto me encuentro nuevas ideas que ponen en aprietos a mis hipótesis de partida. Como resultado, tengo muchos hilos pero no tengo la manta. Por el camino además me encuentro con un gran volumen de explicaciones de caracter económico que no me satisfacen (desde la explicación marxista de la acumulación del capital hasta las teorías libertarias sobre el papel de la banca central en el abaratamiento de los tipos de interés y la promoción del endeudamiento).

Creo que cuando muchos echan la culpa a "los mercados", simplemente ignoran que "los mercados" se mueven en el ambiente que los políticos les dejan. Y quienes culpan en exclusiva a los políticos parecen ignorar que en el momento en que un país comercia con su deuda, sus dueños ya no son exclusivamente sus ciudadanos (recuerdo que algunos patres patriae americanos hablaron mucho de este tema). Por cierto, ya que hablamos de "los mercados": el mayor fondo inversor del mundo es el Fondo del Petróleo que paga el Estado del Bienestar noruego. Digo esto porque cuando se empieza a hablar del tema algunos siempre acaban mencionando extrañas conspiraciones de gobiernos en la sombra.


No me quiero quedar en una posición intermedia y podría señalar cómo el coste de la reunificación alemana cayó sobre todos los europeos (más de dos veces el PIB de España para traer a 16 millones de personas del tercer mundo al primer mundo en tiempo récord). Cómo el precio a pagar ese astronómico coste tuvo como contrapartida varias reconversiones industriales. Sin duda Alemania es en parte responsable de los actuales desequilibrios europeos. Pero quiero llamar a más personas al estrado, señoría.

El eterno problema del paro español, que parece que sólo baja a niveles aceptables con boom crediticio o emigración masiva. Es cierto que los datos de desempleo en España tienen una prima del 33% debido a quienes tienen ingresos pero aún así figuran como parados, sin embargo contando esa prima el paro sigue siendo muy alto de forma estable en el tiempo. Llama la atención este fenómeno cuando la productividad en España es superior a países con tasas de paro inferiores. Puede que la culpa sea precisamente de la productividad: quizás en España se trabajen demasiadas horas y eso repercuta en un mayor desempleo. El problema entonces sería de regulación del mercado laboral. Y a su vez entonces habría que buscar el origen de las descompensaciones del mercado laboral. Muro. Aquí con la Iglesia Sindical hemos topao, media vuelta.


Si hablamos de desequilibrios en Europa podemos buscar cosas en común que tengan los países para poder agruparlos. La teoría que nos pintan es que hay un norte rico y un sur pobre. La pregunta que se haría un niño de doce años es: ¿qué hacen bien en el norte y qué hacemos mal en el sur? Responder a esta pregunta con un amplio debate público es lo que devolvería a los extremistas de última hora a las cloacas de las que salieron. Pero no veremos ese debate porque la respuesta simplemente no la queremos oir.

¿Qué tenemos en común países como Portugal, Italia, España y Grecia? Un economista respondería aludiendo a nuestra insana tradición de los déficits crónicos, al problema del desempleo estructural, a la mala regulación económica, al bajo nivel de exigencia educativa. Como yo no soy economista, a mi se me ocurren otras cosas que tenemos en común.


Los cuatro países hemos tenido una historia reciente de grandes desequilibrios interiores que provocaron importantes migraciones interiores y exteriores. Migraciones en aluvión. Los cuatro países han estado recaudando tarde, mal y a rastras los impuestos. Puede que debido a esto ninguno de esos países haya corregido sus propios desequilibrios internos: hallamos diferencias de renta y de acceso a servicios públicos superiores a las diferencias que pueda haber a nivel nacional entre las medias de por ejemplo Portugal y Finlandia. Dicho esto, también es verdad que no existe un especial problema de desigualdad de rentas en estos países (puede que debido a que tenemos pocos muchimillonarios por tener pocas multinacionales, es más, de estos países sólo Italia y España cuentan con empresas multinacionales (en una proporción muy inferior a por ejemplo Holanda)).

Los aficionados a las explicaciones culturalistas también verían similitudes en el nivel de religiosidad y en el hecho de tener recientes dictaduras (o la cosa esa que tenían en Italia que no era una dictadura pero tampoco un régimen político homologable a los actuales).


Una consecuencia secundaria de los desequilibrios europeos que nadie pone sobre la mesa es que los países del sur somos lugares de paso para la inmigración. La "pobreza" del sur está facilitando el auge del nuevo extremismo del norte. Si los políticos tradicionales en el norte no quieren competir con bocachanclas, les interesará que no exista una Europa de dos velocidades.

¿Qué hacen bien en el norte? Aparte de venir aquí a tomar el sol y dormir pedos sobre sus propios vómitos, algo que parece que hacen bien es eliminar la competencia para ser lugar de compras del sur. Al menos esa es la historia que hoy nos repiten incesantemente los malos. El caso es que no sería la primera vez que se deslocalizan fábricas de lugares más baratos que España para traerlas a España. En el norte da la impresión que sus instituciones son más fiables. No sólo porque da la sensación de que allí recaudan mejor, sino porque la esfera de las organizaciones sociales —i.e. universidades, sindicatos— parece que cumplen con la labor para la que son creadas. Aquí y en Francia nos sorprende que la actividad de un sindicato no sea sacar a pasear cada jueves a cuatro barbudos con un megáfono. Las universidades no parecen ser tampoco el coto privado donde prosperan favores políticos y justificaciones de aumento del gasto público sin mucho sentido.

Pero para ver estas diferencias tampoco hace falta apelar al "norte". En España, por ejemplo, hay comités de empresa que funcionan para lo que han sido creados y curiosamente los encontramos en las fábricas que mejor funcionan (pienso en industria pesada y sector de construcción de automóviles y aviones, cosas que aquí se nos dan de fábula).

También encontramos en España escuelas por encima del nivel finlandés y en cuanto a calidad de vida medida en términos de resultados sanitarios, parece que no es necesario recordar que España destaca para bien en todos los baremos.


De todos estos hilos surgen varias intuiciones: cuando nos ponemos a hacer las cosas bien, somos tan buenos como el mejor. Y de eso tratan al final los desequilibrios europeos, aquí no nos condena ni la historia ni la Kultur, la parte de los problemas que podemos resolver por nosotros mismos tiene que ver con nuestras instituciones, con la falta de involucramiento de la sociedad en los asuntos públicos y con incentivos manifiestamente equivocados para quienes se cuelgan de los presupuestos. Si tengo razón, la cosa es muy fácil de resolver: que más gente pague impuestos. No que los que ya pagan paguen más, sino que los que no pagan paguen algo, que les duela. A continuación, cortar el cordón de los jirones que cuelgan de los presupuestos. Los presupuestos públicos tienen que servir para poquitas cosas: ayudar al que lo necesite ante causas sobrevenidas, una justicia y seguridad funcionales y tener a punto bonitos cazas de combate. Punto, nada más. Nada de rotondas para poetas que nadie lee ni nada de boinas enroscadas. Y si alguien quiere eso, que lo pague, es decir, descentralización de presupuestos que se pueda llevar a cabo mediante una mayor descentralización política. Si en tu pueblo queréis celebrar el cumpleaños de Cthulhu, en tu pueblo pagaréis una tasa extra.

Es evidente que hay una parte de estos problemas que vienen de fuera. La culminación del famoso proyecto europeo se ha dejado por el camino porque supongo que la UE es una semi recta (¡malditas semi rectas!). Antes de que holandeses e irlandeses pagaran los mismos impuestos en la misma oficina, los pusieron a compartir moneda para traer a esos 16 millones de alemanes que no habían visto un tanga en su vida al primer mundo. Gol de Señor.


Claro, tú llegas a un pueblo de Holanda y les dices que van a pagar impuestos conjuntamente con los desdentados borrachines de Cork, y te corren a tulipanazos porque saben perfectamente lo que eso significa en última instancia: pagarles las pensiones a los irlandeses. Si ya nos cuesta aquí que los nazis de ERC quieran pagar servicios a sus primos de Extremadura, imaginad a nivel europeo.

La única forma de convencer al público europeo de la necesidad de una futurible unión política fue esposarles a la misma moneda. Ahora no hay tu tía. No creo que pueda resistir eternamente el euro sin una unión política que lo respalde. Y los problemas no han hecho nada más que empezar. Sin embargo son problemas que tienen solución: si los problemas de un país son sentidos por otro país, existirá el incentivo para arrimar el hombro. Yo creo que los desequilibrios europeos tendrán una solución política. El problema de las soluciones políticas es que irremediablemente habrá una parte perjudicada. Procuremos no ser nosotros esa parte.


martes, 27 de enero de 2015

Auschwitz y lo que eres capaz de hacer

Hay algo que está mal en la conmemoración del setenta aniversario de la llegada del Ejército Rojo a Auschwitz. Es más, hay algo sórdido en los actos de conmemoración y recuerdo del Holocausto. A ver si me explico: está bien conmemorar hechos del pasado, el problema es que Auschwitz no es el pasado, sino el presente. Y el futuro.

Supongo que es el típico grafiti a favor de los palestinos. O algo.
No me refiero a las lecciones —que también— ni a las comparaciones que podamos hacer de esos lugares y esas personas que tratan de construir el infierno en la Tierra. Todo eso me parece bien. Existe un evidente valor pedagógico en hacer esas comparaciones y en denunciar la persecución, muerte y tortura que afligen a millones de personas en nuestros días. Ahí están las persecuciones contra cristianos en Oriente Medio y África. Las persecuciones contra musulmanes en Birmania y China. Las persecuciones contra judíos en Europa, Oriente Medio e Hispanoamérica. El mundo tiene muchos lugares horribles y una excesiva ración de mal puro. Tenemos ahí al Estado Islámico, a los terroristas del Magreb, a Hamas y una nueva hornada de antisemitismo en Europa para nuestra vergüenza colectiva.

Ahí tenemos, sorprendentemente, cómo de nuevo adquieren vigor ideas supuestamente políticas que buscan la desaparición de la política para sustituirla por un mero compendio estadístico que cree entidades políticas ajenas a la ciudadanía legal. Ahí están nuevamente la tribu y el tótem para construir identidades alternativas a la simple ciudadanía (que tan solo explicita la dignidad intrínseca de la persona por ser persona sin atender a religión, lengua o color favorito. No hay que olvidar tampoco que el Holocausto fue la culminación de un proceso de nueva definición de ciudadanía en la Alemania nazi).


No me refiero por tanto a que hoy existe Auschwitz en el desierto sirio, en los suburbios de Amsterdam o en las cloacas de Riad. Me refiero a que las leyes de nuestro universo físico hacen que la flecha temporal vaya en una dirección con el resultado matemático de que es y será imposible para ningún ser humano vivir en un universo en el que no exista Auschwitz.

Me acuerdo cuando en cuarto o quinto de EGB nos enseñaron lo que era una semi recta. Aquello me pareció uno de los inventos más imbéciles del mundo. Una recta que tiene un principio y no tiene un final. La única aplicación práctica que le encuentro a la semi recta de las narices es su conversión en línea temporal. Y esta aplicación sólo halla acomodo en el Big Bang —origen del tiempo en sí mismo— y en Auschwitz.


Ya es imposible encontrar un planeta Tierra, una humanidad, en la que no exista Auschwitz.

Las flores ya no tienen aroma, la comida ya no tiene sabor, la música ya no tiene compás, la poesía ya no rima. De Auschwitz en adelante los seres humanos tratamos de sobrevivir viendo a nuestro enemigo en el espejo.

Porque no fueron alienígenas los que levantaron Auschwitz, ni fueron personas totalmente locas. Tampoco —ojalá me equivocara— fue gente que destacara por su maldad. El establecimiento de la producción industrial de muerte humana fue uno de los mayores proyectos de compleja ingeniería de su época. Ferrocarriles, industrias, fábricas; millones de personas implicadas en varios niveles de la maquinaria tecnológica e industrial de destruir seres humanos. Y lo de derivar recursos militares en plena guerra para llevarlo a cabo. Las órdenes son órdenes. La prioridad. La prisa.

«El tipo que diseña los crematorios con extremo cuidado, quiere hacer un buen trabajo». Análisis morfosintáctico de la oración.
Como en todo gran proyecto de ingeniería, su última fase es la de implementación o puesta en marcha, pero antes hay otras fases. Está el diseño: diseño arquitectónico para los campos, patentes de crematorios y de industrias químicas, talleres mecánicos para las herramientas, kilómetros de alambre de espino, grupos electrógenos, esos trenecitos tan originales que tienden vías de ferrocarril... Y antes del diseño tenemos la fase de análisis: la construcción de la identidad, el nosotros, la víctima propiciatoria, la famosa puñalada en la espalda de Versalles, libros y más libros, toneladas de revistas científicas impresas con estudios eugenésicos. Conferencias, columnas de periódicos, mítines políticos.

Ya no hay vuelta atrás. No existe un no-Auschwitz.

Si alguien pregunta por lo que el hombre es capaz de hacer, nos alegramos con poder responder con una sinfonía, una nave espacial, un procedimiento quirúrgico, una marca olímpica. Y todos asentimos. Pero allá al fondo, en aquel rincón al que no queremos mirar, está Auschwitz. A partir de Auschwitz, Auschwitz es la única realidad del hombre, su única certeza, la gran losa que lo define.

Que nos define.

De Tesalónica a Auschwitz hay 1.600 kilómetros. De París a Auschwitz hay 1.500 km.
Porque la gran trampa de Auschwitz es el no volverá a suceder y el yo nunca lo haría. Eso da igual, vivimos en un mundo en el que Auschwitz ha pasado y no podemos volver atrás. Existirán pozos de oscuridad inmisericorde en el mundo. Algunos nos preocupan más que otros. Pero ante todos ellos asumimos una aséptica posición de objetividad, dejamos que se nos cuelen discursos y modos que recuerdan a la fase de análisis de la Solución Final porque colocamos a Auschwitz en un rincón. No nos gusta lo que ese lager dice de nosotros. Nos negamos a aceptar lo que el hombre es capaz de hacer.

Todos los pasos que llevan a Auschwitz comienzan con un primer paso, una primera excusa, una primera razón o un primer argumento. Cuando dejamos que existan definiciones del "nosotros" que vayan más allá del número del DNI ya estamos un metro más cerca de Auschwitz. Más allá de la política, toda identidad colectiva, todo "nosotros" se construye definiendo un "ellos". Y ahí ya estamos perdidos.

Huelga de Menphis del 68.
Cuando las SA comienzan a dar palizas a judíos, a humillarlos y a asaltar sus medios de vida, las personas normales podían racionalizar su comportamiento. Al fin y al cabo las SA estaban formadas por delincuentes, gente con problemas de autoestima, arribistas y tarados. Eso podía cortarse de raíz muy fácilmente. Lo que es completamente diferente y no tan fácil de cortar es cuando existe un "nuevo normal". Cuando en la prensa, en las conferencias científicas, en los libros se habla de un "ellos" y se cubre con una capa de cientifismo de moda para unos y con otra capa de viejas tradiciones para otros. Cuando el "ellos " ya está definido en el "nuevo normal", uno ya está a tiro de piedra de Auschwitz. Y a partir de ahí el último que cierre la puerta.

No digamos que Auschwitz fue un hecho del pasado que ya no va con nosotros, no digamos que podemos tolerar las nuevas construcciones del "nosotros", no digamos que "oh, yo sería incapaz de hacer esas cosas horribles". No digamos ninguna de esas imbecilidades porque Auschwitz nos está mirando y nunca dejará de hacerlo.


domingo, 25 de enero de 2015

Se puede eliminar el fanatismo de millones de personas

Tras la victoria sobre la parte alemana de la oscuridad que cubrió Europa, no sólo se modificaron las fronteras de Alemania —aunque menos de lo que pedían algunos— sino que además, aliados y soviéticos quedaron como potencias ocupantes durante varios años. Tras 1870 y 1914, la idea era que el mundo de 1945 no repitiera errores del pasado pesaba mucho sobre los que ganaron la guerra.

Pero más allá de los problemas que da la ocupación de un país de tamaño medio que acaba de salir de una guerra (y con países que le rodean arrasados también por esa guerra), está la cuestión de la población. Una lección que hay que saber de la naturaleza humana es que en la Alemania de 1932 había muchísimos menos nazis que en la Alemania de 1946. Ese era un gran problema para los ocupantes: todo el mundo entiende que se pueden reconstruir las fábricas, se pueden levantar los puentes e incluso se pueden volver a plantar los campos, lo que la gente no suele creer es que se puede eliminar el fanatismo de millones de personas.


Claro que ese proceso es muy costoso, acarrea muchas decepciones y no es agradable para la población de los países de origen de las fuerzas ocupantes. Este proceso es el que vivió Alemania entre 1946 y 1951, aunque después de 1951 siguió habiendo fuerzas de ocupación porque al otro lado del telón de acero existía la seria amenaza de una nueva guerra.

En 2015, de los 65.000 soldados americanos desplegados en Europa, 40.000 están en Alemania. Ojo, que Alemania hoy es un país muy bonito. No saben comer, pero es bonito. Y hacen unos automóviles estupendos. A lo que voy es que el número de fuerzas de ocupación durante el periodo de desnazificación superó con creces el millón de soldados y diferentes generaciones de personal civil y militar se fueron turnando durante los últimos setenta años. Es decir, hablamos de un plan para todo un siglo que involucra a millones de personas. Dadle vueltas a ese pescado.

Burgsteinfurt era un pueblecito de Renania del Norte-Westfalia el 30 de mayo del 45. Al oficial británico al mando se le ocurrió proyectar en el cine local un Movietone sobre la liberación de Buchenwald y Bergen-Belsen. La gente del pueblo parece que no estaba muy por la labor de ver la película así que el oficial británico decidió sacarlos de las casas a punta de fusil y obligarles a ir al cine.Se puede ganar, pero hay que querer ganar.
Durante los años de la lenta, costosa y necesaria desnazificación, los aliados hicieron numerosos estudios de opinión (las encuestas son útiles para saber si una política funciona, no basta con mirar el precio del Euribor, la política es algo más que las páginas salmón de los diarios, pero ése es otro asunto). Aquí traigo algunas de ellas, (Public Opinion in Occupied Germany. The OMGUS Surveys. Urbana, IL, 1970) que tienen cierto interés para quienes se niegan a creer que eliminar el fanatismo de millones de personas es posible.

Preocupaciones de los alemanes en la AMZON (zona de ocupación americana):


Oct 45 - feb 49. Inmediatamente tras la guerra, la mayor preocupación de los alemanes era la comida y la ropa, algo que parece razonable. El caso es que este problema fue en aumento hasta el 20 de junio de 1948, día en que de noche y a oscuras se introduce el marco como moneda, se levanta el control de precios, se alivian las cuotas de producción y se le dan 60 marcos a cada alemán. A partir de entonces, desaparece el mercado negro y las preocupaciones de los alemanes pasan a ser las económicas en términos generales. Básicamente, si dejas que la gente compre y produzca lo que necesita en un país al que el falta de todo, la gente actúa en consecuencia.

Economía alemana al estilo 1946.
Si tuviera que vivir bajo el comunismo o el nacionalsocialismo, ¿bajo qué gobierno preferiría vivir?


La pregunta se las trae porque es como si te dan a elegir entre cianuro y cicuta, pero no deja de ser interesante cómo de los dos tercios que en 1946 no desean ninguno de entre esos dos gobiernos, esa opinión cae al 50% dos años después.

Encuesta de actitudes políticas, invierno del 46

Trümmerfrau o señora de los escombros.
El número de alemanes que veían a su país capaz de gobernarse a sí mismo cayó del 61% en enero al 47% en marzo. Un 63% abogaba por limitar el número de partidos políticos —¿resquicio de Weimar?— y un 11% abogaba por un régimen de partido único. El partido con más simpatía en aquellos meses era el SPD, con un 33% de apoyos.

Entre aquellos que habían pertenecido al NSDAP, un 52% apoyaba a partidos de derecha (CDU, CSU, etc.) y un 28% a partidos de izquierda (SPD, KPD, etc). Este grupo —ex-miembros del NSDAP — era el más dispuesto a votar en unas elecciones.

Entre las razones que daba la gente para ir a votar, las más importantes eran:
  • Sentido del deber: 35%
  • Necesidad de liderazgo: 23%
  • Ayudar a la reconstrucción: 12%
  • Votar contra el Partido Comunista: 5%
  • Expresar una opinión: 4%.
En Alemania Occidental no dejaron que hubiera elecciones hasta el verano del 49.

Actitud alemana ante los juicios de Nuremberg (nov 45- ago 46)


En la primera encuesta, un 29% de los alemanes dice haber conocido los campos de concentración en los juicios de Nuremberg. En la segunda encuesta, ese número sube hasta el 57%. En esa segunda encuesta, un 30% dice haber tenido noticia del Holocausto por los juicios. En la primera, nadie dice haberse enterado del Holocausto por los juicios.

Un 80% (de media) cree que los juicios son justos (porcentaje que sube entre quienes se informan en los periódicos) frente a un 4% que cree que no. Un 16% no tiene una posición sobre el asunto.

Un 70% cree que todos los acusados son culpables. Entre aquellos que creen que hay alguno que no es culpable, la mayoría nombra a Hess.

Actitudes sobre los refugiados

A finales de los 40, había en Alemania Occidental alrededor de 8 millones de refugiados. En su mayoría, gente que huyó de la zona conquistada por los soviéticos, pero también alemanes que vivían fuera de las nuevas fronteras.

Entre los refugiados que fueron reubicados en Alemania, el 40% encontraba hostilidad en sus nuevos vecinos. Sus mayores preocupaciones eran la vivienda, la ropa y el trabajo.

Entre los locales que acogían a los refugiados como vecinos, un 28% los veía como extranjeros, sentimiento que aumenta en relación directa al nivel de estudios. Alrededor de un 80% no veía problema en que los refugiados pudieran participar en política, ese porcentaje caía según era mayor el nivel de estudios.

Antisemitismo, diciembre del 46

"Vuestra culpa".
La encuesta realizada utiliza una escala de Guttman que acaba dividiendo a la población alemana occidental en cinco grandes grupos según sus posiciones sobre el racismo y el antisemitismo:
  • Prejuiciosos 20%
  • Nacionalistas 19%
  • Racistas 22%
  • Antisemitas 21%
  • Antisemitas exaltados 18%
Por nivel educativo, los que caen en las tres categorías más extremas son un 48% entre aquellos con doce años de educación y un 63% entre aquellos con siete años de educación. Por nivel de renta, los de mayor nivel económico son los que muestran menos prejuicios (53%, ocho puntos por debajo de la media nacional). Por religión, los católicos estaban en la media (61%) y los protestantes por encima (69%). Entre quienes acuden regularmente a los servicios religiosos, estos porcentajes disminuyen (y se mantienen los protestantes como más prejuiciosos que los católicos).

Entre los aptos para el trabajo, los hombres se muestran menos prejuiciosos (50%) que las mujeres (69%).

Entre aquellos que participaban de la desnazificación, el número de gente extremista descendía. El mismo resultado se obtuvo entre aquellos que conocían el Holocausto.

También se encuentra correlación entre posiciones racistas y aquellos que pensaban que la ocupación era una humillación nacional.

Por su interés: extracto del "programa Ahlen" de la CDU (febrero del 47):


El sistema económico capitalista no ha servido ni al Estado ni a los intereses vitales (sic) del pueblo alemán. Tras el terrible colapso político, económico y social que resultó del gobierno criminal, se requiere de un nuevo orden que debe ser construido desde cero.

Un orden económico socialista debe proporcionar al pueblo alemán un marco económico y social que concuerde con los derechos y la dignidad de la persona, que sirva al desarrollo intelectual y material de nuestra nación y que asegure la paz en el país y en el extranjero.

(a continuación se detalla un programa político que incluye nacionalizaciones masivas de la industria, el apoyo al cooperativismo, la participación sindical en la dirección de las empresas, etc).

Por interés análogo: extracto del programa "Reconstruir la organización del partido" (SPD, junio del 45):

Hitlarious!
Por culpa de Hitler (sic), nuestro pobre y atormentado pueblo debe pasar por una miseria indescriptible y un profundo valle de sufrimiento. Queremos ayudar a ponerlo de nuevo a la altura de la cultura humana (sic) y a la amistad con todos los pueblos del mundo.

(a continuación el programa incluye nacionalizaciones masivas de la industria y los recursos naturales, la prohibición de los alquileres, limitaciones a las rentas del capital, un programa de construcción de viviendas y la petición de importar comida).

El informe McCloy

En 1950, el Alto Comisionado para la Alemania Ocupada, general McCloy, escribe un informe sobre el estado del programa de desnazificación. En él encontramos algunos de los problemas que surgieron por el camino. Si al principio la desnazificación se limitaba a prohibir la actividad del partido nazi y entidades afines así como a sustituir a nazis por antinazis en posiciones de responsabilidad pública (directivas 24 y 38), esta estrategia pronto se reveló como poco práctica. Sencillamente había millones de nazis con aptitudes para las que no se podían encontrar sustituto. Y además había otro problema, al apartar a los nazis, se estaba creando un nuevo grupo social de "ex-nazis" que lo tendrían más fácil para volver a organizarse.

Así, a los americanos se les ocurrió (marzo del 46) la idea de montar los Spruchkammerverfahren, tribunales especiales de desnazificación ante los que se llamó a todos los alemanes adultos. Algunos de estos juicios fueron sonados, como el de un industrial llamado Thyssen, que nos suena de algo. En ellos, se aireaban trapos sucios y las más de las veces se hacía pagar al culpable con dinero, embargos o trabajos forzados. Británicos y franceses imitaron el modelo americano. Los soviéticos lo hicieron de forma distinta: prohibieron la actividad nazi, sí, pero se conformaron con amnistiar a ex-miembros del partido a condición de que trabajaran para el nuevo partido (una historia poco conocida es la de las personas arrestadas y torturadas por nazis y por comunistas, como el cardenal Mindszenty).

"Nuevos profesores para nuevas escuelas" (en Alemania Oriental se contrató a 16.000 nuevos profesores sin título académico para el curso 45/46).
El caso es que viendo el nivel de involucración (y beneficio) de cada adulto, los americanos acabaron por delimitar el nivel de nazismo de los alemanes en cinco categorías:
  1. Importante culpable
  2. Culpable
  3. Culpable menor
  4. Seguidor
  5. Exonerado
En las zonas británica y francesa, estos subtipos variaban su significado. En la británica además, los de las categorías 1 y 2 eran juzgados por vía militar, con lo que no entraban en las estadísticas. En la zona francesa es donde se dio mayor cantidad de exonerados, cosa que no nos sorprende porque los franceses y los nazis ya se sabe.

El típico currículum.
De los trece millones y medio de personas (!) estudiadas en la zona americana, cuatro millones fueron encontradas acusables. A los seis meses, no pareció práctico poder juzgar al 27% de la población, así que se exoneró directamente a todos los nacidos después de 1918. En la Navidad del 46 se aprobó una nueva amnistía según el nivel de renta (que descartaba a aquellos que no pudieron lucrarse del régimen nazi) y el grado de discapacidad.

Para finales de septiembre del 48, se había amnistiado a 2,7 millones de personas y se había juzgado a casi un millón (en los casos menores, a partir del 48 simplemente se enviaban multas por correo).


Nótese que en 1950 ya existe un gobierno alemán (llevaba un año) y se empiezan a aprobar leyes que levantan ciertas restricciones a las categorías 3 a 5. Estos ciudadanos no tendrán plenos derechos políticos, económicos y laborales hasta bien entrado 1951.

El informe del general McCloy trata extensamente el tema de la reincorporación de ex-nazis a puestos de responsabilidad pública. Defiende la posición de que se trata de gente que ha pasado por un proceso legal. También trata un asunto que llama "los grandes nazis y los pequeños nazis". Parece que una queja habitual del público alemán de la época era que las penas a los industriales nazis que colaboraron con el partido eran menores que las penas que recibían pequeños funcionarios, carteros, etc. El general dice que en esos juicios se solía llamar a testigos (vecinos, compañeros de trabajo) y que las más de las veces el contacto con la vida diaria de los grandes nazis era muy inferior al de los pequeños oficiales, responsables, a nivel de calle, de soplos a la Gestapo y denuncias.

Para el año 56 ya se había normalizado lo de los ex-nazis (y este comentario no tiene nada que ver con ninguna madre de nadie que aparezca en la imagen).
Finaliza el general su informe diciendo que el asunto queda ya en manos de los propios alemanes, en quienes encuentra todos los elementos para que culmine la desnazificación. Valora el general que los alemanes del año 50 están más convencidos de que un nacionalismo chauvinista es peor para sus intereses que una mayor integración en una comunidad europea.


La banalidad del mal y la negación del pensamiento:



jueves, 22 de enero de 2015

Autómata (2014)

Esta película es una mezcla de la versión extendida del videoclip de Björk Guðmundsdóttir All is full of love y de los sueños más sórdidos y oscuros de la sucia y vengativa mente de Antonio Banderas. ¿Por qué es importante esto? Bueno, pues porque es la última película que rodaron juntos. Él también fue productor y ella muere sin venir a cuento. Y luego el guión le exige flirtear con una robota. No me extraña que la loca le pidiera el divorcio.


Pero no perdamos más tiempo en la introducción y vamos al asunto.

De qué va

Escenario distópico. El mundo se va al carajo por una serie de tormentas solares que provocan mucha radiación y se cargan las condiciones de vida óptimas para los humanos de un nivel científico-técnico del siglo XVIII. Estamos en el XXI y sorprendentemente la gente se vuelve medio lela y la humanidad se va extinguiendo poquito a poco.

Afortunadamente la excusa de la película no es el calentamiento global antropogénico, que ya empieza a ser un setting dificil de vender para los consumidores de ciencia ficción y las amas de casa cuarentonas fans de Antonio Banderas, públicos a los que va dirigido el filme.


La historia sucede en una ciudad inspirada en Blade Runner. Es una ciudad amurallada para impedir que la invada el desierto y tras cuyos muros se extienden muchas favelas, champas o cerros. Recuerda un poco a la imagen de Sao Paulo o Caracas. No sin razón, la producción es española aunque la cinta fuera rodada en Bulgaria. Es curioso cómo ya no se pueden rodar películas en España cuando en cierta época aquí se rodaron las mejores películas de la historia del cine. Cada vez que pienso en esto, recuerdo un capítulo de Los Simpson en el que rodaban una película en Springfield y el alcalde se inventaba un impuesto sobre los pantalones bombachos.

Banderas hace de agente de seguros que trabaja para la compañía que fabrica los robots que necesita la humanidad para hacer trabajos ya que la población se reduce igual que en Galicia. Sí, aunque no haya muchas comas habéis leído bien: sólo hay una compañía que fabrica esos robots que son omnipresentes en la vida de la gente. Muy parecido a la US Robotics de Asimov. Como parecidas son las leyes de la robótica que deben cumplir los robots de esta película. Como las de Asimov, son leyes recursivas, ya que los programadores entienden que diseñar rutinas recursivas es algo más eficiente:
  1. Un robot no puede dañar a un ser vivo.
  2. Un robot no puede alterarse a sí mismo o a otros robots.
La segunda ley me gusta mucho porque aunque no lo veamos en la película, su cumplimiento implica que en las fábricas de robots no pueden trabajar robots.


El caso es que Banderas se encarga de investigar si las denuncias que recibe la compañía por mal funcionamiento de sus productos son reales o no. Un bendito día debe investigar por qué un policía mata a un robot. El policía dice que el robot se estaba alterando a sí mismo y de ser cierto la compañía perdería la exclusividad de las reparaciones y mucho dinero. Ya vais oliendo un fallo gordo de la película —y que comparten casi todas las películas de robots—: que el producto más util de la humanidad sea un monopolio no parece una muy buena idea.

Banderas comienza a investigar el origen del robot y por el camino se va encontrando robots que se comportan de forma bizarra. Como la compañía es malvada, en lugar de apoyar a su empleado, se pone en su contra para tapar todo el asunto. Tras unos dimes y diretes Banderas acaba en las favelas encontrándose con Melanie Griffith, cuya recauchutada faz aparece dos minutos en pantalla antes de ser asesinada por dos chiquillos pagados por la compañía. Muy juguetón el Banderas.

"Anchonio, tenemous que hablar..".
Durante el ataque al taller de la ex de Banderas, el malagueño es rescatado por una robota-pilingui. Desafortunadamente queda inconsciente y se despierta en mitad del desierto con la única compañía de la pilingui y otros robots un poco tocados. Veinte minutos de aburrimiento introspectivo después llega el policía neoludita y se empieza a cargar a los robots y Banderas se lo carga a él por alguna razón.

Total, que al final llegan los dos al Escondite de los Robots y allí Banderas se entera de lo que es una máquina de Von Neumann. Pero la compañía es muy malvada y guarda un horrible secreto: los robots no los diseñó la compañía sino el primer robot que fabricaron, que no estaba coartado por las leyes de la robótica. Y para seguir guardando ese secreto no tienen mejor cosa que hacer que enviar a unos esbirros junto a la mujer de Banderas y su hija recién nacida (¿?).

Hay tiros y pasan cosas y al final todo sale bien.

Media película es esto.
Ideas buenas

Que el resultado de la película sea irregular significa que hay ciertas cosas interesantes. Los robots construyen a otro robot juntando piezas de lego y pilas alcalinas (¿?). El resultado es una especie de armadillo que no habla español. Para una película que tienen que ver humanos es una idea muy loca, pero para los robots tiene sentido que no hable. Ese robot no está pensado para interactuar con los humanos.

En general el diseño de los autómatas es el ideal: pese a que de forma mágica resuelven el problema de las baterías (hoy no tenemos robots-mayordomo porque no todavía sabemos cómo miniaturizar las baterías y que disipen el calor sin quemar a nadie), se nota que son toscos y se nota cómo se mueven las partes mecánicas. Yo no les pondría ojos ni cabeza, pero no se puede tener todo.

Fembots: es una idea con mucho sentido. La humanidad desarrollará androides porque necesita astronautas, buceadores, soldados o porque se cansa de la parienta.

La mayor parte de los guionistas son hombres.
Por otro lado hay muchas cosas que no me convencen.

Ideas no tan buenas
  • Involución tecnológica: este fenómeno sólo tiene sentido por requisitos del guión, pero si tratas de hacer ciencia ficción dura, es poco creíble que la involución permanezca en el tiempo. Por supuesto que hay involución si se extingue casi toda la humanidad, pero una vez superada la crisis y encima con mano de obra esclava (los robots), no parece muy creíble que la gente continúe utilizando buscas y no sepa fabricar aviones. Estamos hablando de un mundo en el que la humanidad se reduce a los 21 millones no a los 21 murcianos.
  • Corporación Malvada: este cliché tuvo su momento de gloria en los 80, airearlo hoy se debe más a guionistas vaguetes que a otra cosa. Aunque los teóricos de la conspiración fantaseen con un mundo dominado por multinacionales, esa creencia no parece muy relacionada con la realidad: las multinacionales son multinacionales porque tienen detrás a estados fuertes que las apoyan. Y sus inventos y desarrollos dependen de una gran red de conocimiento que involucra a muchos agentes que no trabajan en esas multinacionales. No veremos en los próximos años a grandes multinacionales en Belize o Kenya precisamente porque carecen de la infraestructura de tecnología y conocimientos que requieren.
  • Zona Prohibida: también conocida como Zona Muerta o Zona Radiactiva, otro tropo de guionistas vagos. En esta película hay radiación en una zona a la que los humanos no puden acceder porque se olvidaron de cien años de experiencia tratando con la radiación por alguna razón. La Era Atómica molaba, pero ya no vivimos en ella y la radiactividad no parece hoy algo que temer porque sabemos lo cara que resulta la guerra atómica y en el momento en que alguien inyecte combustible en un ICBM hay cuarenta países que lo detectan.
  • Megaciudad Malvada: otro lugar común explotado hasta la náusea. En una escena de la película, la mujer de banderas va a un hospital a dar a luz y el médico le pide antes la tarjeta del seguro porque en lugar de ser médico supongo que se trata de alguna especie de psicópata. Igualmente, vemos las favelas fuera de la ciudad y a los mendigos que se acercan al muro les pegan un tiro porque... porque sí. No tiene mucho sentido que una parte de la población viva más o menos bien y otra muy mal sobre todo cuando la humanidad se reduce a la población de Rumanía. Y también sobre todo porque ese escenario parece que tiene poco que ver con el lugar al que se dirige la humanidad.
Conclusión

Meritoria para los aficionados al género. La película contradice a quienes dicen que no se puede hacer cine en España sin gusto a Hollywood.


martes, 20 de enero de 2015

Sobre regeneracionistas en las próximas elecciones locales

En el funeral de UPyD yo me imagino a Gorriarán diciendo que la culpa fue de Albert Rivera. Y esta frase define, según mi parecer, en qué punto está el tema del partido rosa lepidóptero. Sospecho que no requiere un alto grado de sofisticación política apuntar a que tal vez, con la desafección que tenemos en España, no es una estrategia deseable dedicar energías a insultar a un partido que tiene tanto poder como mis zapatillas, esto es, a Ciudadanos. Y aún así, algunos de los diputados y caras más visibles de UPyD insisten en la estrategia.


No creo que Ciudadanos esté matando al proyecto rosa, eso es como decir que con cinco goles en contra la culpa es del árbitro. Existe un punto estético poco estudiado en lo que a preferencias políticas del público se refiere. Y UPyD pierde esa batalla no por ninguna conspiración, sino por ser peor. He ahí todo el misterio del asunto: si quieres ganar, sé mejor. ¡Qué manía de explicar los fracasos por lo que hacen los demás!

De la necesidad de algún tipo de pacto entre los dos partidos, se ha pasado a cierta impresión de que UPyD a día de hoy puede ser una rémora. Claro que ésa es una impresión subjetiva y se necesitan politólogos para analizar las fuentes de voto, las preferencias de los votantes, sus perfiles, las tendencias de opinión, etc. Pero vamos, no creo ser el único que piensa que atacar a Ciudadanos es una mala estrategia. Más aún, con la popularidad de Albert Rivera, llamarle corrupto como hace Gorriarán se parece a un suicidio político. No creo que el público tenga esa imagen de Albert Rivera y además Ciudadanos continúa siendo un partido minúsculo fuera de Cataluña. A nadie le gusta que se metan con los pequeños.


Y esto nos lleva a otro asunto. Con el partido regionalista andaluz, antes conocido como PSOE, fuera de combate, muchos tratan de vendernos el escenario electoral a día de hoy como una pugna entre el partido de la Gürtel y el partido de las productoras de televisión. Sin duda el PP hará todo lo posible por allanar el terreno en las próximas elecciones locales para coger impulso hacia las generales. Ya sabéis: la manida recuperación y el que vienen los rojos. Por su parte, el partido de los pijos defraudadores repetirá hasta la saciedad los aforismos de su librito de respuestas fáciles y llevará por los pueblos a sus famosos de la tele para explicar a campesinos desdentados su versión del artículo 231 del Tratado de Versalles.

No se cambian tendencias de voto consolidadas durante años sin causar algunas bajas por el camino y en este sentido a Ciudadanos le vienen muy mal los tiempos. Ciudadanos, como Pablemos, desearía que la primera cita electoral no fuera local, sino nacional (y darían un ojo y un pulmón por que esa cita fuera con circunscripción única). Las inminentes elecciones locales serán por lo tanto un espejismo de lo que pasará en las siguientes elecciones nacionales. Salvo en Madrid y Barcelona, no creo que la lectura en clave nacional vaya a ser la correcta. Pero ojo, eso no le quita interés al asunto local. Máxime en el Borde Exterior, donde Pablemos desestabiliza a quienes creen que el eje izquierda-derecha es más importante que el centro-periferia.

A favor del bien y en contra del mal.
Así, el primer experimento proto-pablémico lo tenemos en la cosa de Beiras: una extraña alianza entre IU y revenidos del BNG, en cuyas disputas internas (creo que de siete diputados han perdido a dos por el camino, no sé: yo, como el 99% de los gallegos no tengo ni puñetera idea de lo que hace el Parlamento de Galicia) se repiten los mismos ataques que veremos en campaña entre pablemitas redentores y nacionalistos redentores.

Y si pensáis que gente como Esperanza Aguirre o Jiménez Losantos se mete con los pablemitas, es que no habéis visto las palabras que les dedican los nacis. Por decirlo suavemente, la forma que tienen de hablar de Pablemos los estalinistas de la UPG hace que Losantos parezca un tío que piense en votar a Pablemos. Ah, la vieja contienda entre estalinistas y trotskistas. Qué pesadez, qué bucle.


Y lo mismo ocurrirá, supongo, en Cataloonia y el otro sitio (del que ya no se habla porque en la Corte lo dan por perdido).

El caso es que los regeneradores se ven obligados a hacer campaña en lugares donde esos partidos son partidos de famosos que salen por la tele. El día a día de una campaña implica pisar la calle con simpatizantes que llevan jerseys de rombos y aparato dental y en ese terreno mucho me temo que el Pepé —prietas las filas— todavía lleva las de ganar. Diría que el PSOE también, pero reconozcamos que tras las locales de 2011 el PSOE hizo un Lehman Brothers. Ni está ni se le espera, que diría el otro.

El día del PASOK.
Así que a cinco meses de las locales, mi pronóstico se resume en la frase "un montón de pollos sin cabeza". Con el paso del tiempo, es de prever que la situación se vaya decantando. Y si somos puristas y esperamos que los partidos tengan programas locales para las elecciones locales, podemos esperar sentados. Cada vez más los resultados de las elecciones de tu pueblo dependen más de lo que digan los famosos de la tele en Madrid. Eso sí que es transversal y les iguala a todos. No hay nadie —de momento— que diga cómo quiere ver a su ciudad para los próximos diez o quince años. Toda lectura se hace en clave "nominaciones de Gran Hermano" y la política se ha dejado de lado. En serio, yo todavía veo a partidos que dicen que los centros comerciales perjudican al pequeño comercio. Es alucinante, pero todavía hay gente así. O partidos como el PSOE coruñés que un día promete bajar las tasas y al día siguiente crear más empresas municipales. Muchachos, ou vaca ou boi. Y luego están las minicastas locales que son las que posibilitan el acceso al área de decisiones. Por mucho que nos moleste, nadie llega a María Pita (o a tu ayuntamiento), sin contar con los fulanos que llevan treinta años en ciertos puestos clave de la ciudad: asociaciones, colegios profesionales, sindicatos, etc.

Y ojo, que preguntas a la gente y a todo el mundo le parece mal que esto sea así, sin embargo, casi todo el mundo pertenece a algún grupo que se ve beneficiado por una situación que perjudica a todos. Es la paradoja de Abilene trasladada a la política. «Hay que cambiar las cosas, pero lo mío no me lo toques». En algún momento hay que romper ese círculo vicioso. Y como somos simios, lo de quitar el plátano no funciona: para que el mono suelte el plátano hay que ofrecerle otra cosa.